(LNB/InfoCatólica) El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid y uno de los últimos grandes purpurados del pontificado de Juan Pablo II, ha concedido una entrevista a Nico Spuntoni en La Nuova Bussola Quotidiana en la que aborda cuestiones centrales para la vida de la Iglesia: desde el reciente viaje de León XIV a España hasta el futuro de la sinodalidad, pasando por la liturgia antigua y las amenazas contra la vida y la familia en Europa.
A sus casi noventa años, el cardenal de Vilalba, que presidió la Conferencia Episcopal Española durante los años del enfrentamiento con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en defensa de la familia, se muestra firme en sus convicciones. Sobre la sinodalidad, Rouco Varela defiende que «va entendida como un modo de ejercer la caridad dentro de la Iglesia», pero sin alterar la naturaleza eclesial ni la historia canónica del Sínodo de los Obispos. Se muestra especialmente preocupado por el Camino Sinodal alemán, al que considera contrario a la constitución divina de la Iglesia.
Respecto al viaje papal a España, el cardenal destaca el discurso pronunciado por León XIV en el Parlamento como «una obra maestra del ejercicio del magisterio de la Iglesia a propósito de la concepción cristiana del Estado». Y sobre la liturgia, aboga por poner fin a los abusos litúrgicos y por una actitud de comprensión hacia quienes desean el rito antiguo, sin exceso de reglamentación.
A continuación, la entrevista completa traducida del italiano.
El Papa y los consistorios
Eminencia, ¿está contento de la frecuencia con la que León XIV os convoca a los cardenales para los consistorios?
Ha sido una sorpresa muy agradable para nosotros. En la historia moderna, los consistorios extraordinarios no eran muy frecuentes. Fue Juan Pablo II quien empezó a convocarlos con mayor regularidad. Al convocarnos con tanta frecuencia, León da un signo de confianza hacia nosotros, los cardenales. Demuestra, además, tener interés por el colegio cardenalicio en su totalidad, confiando en él para ser ayudado en su ministerio.
El viaje del Papa a España
La hemos visto junto a él en Madrid. ¿Esperaba tanto entusiasmo por el viaje del Papa a España?
Sí, porque percibía que había una «sed» de Papa. Una ocasión así faltaba desde 2011.
¿Qué fue lo que más le impresionó?
El discurso pronunciado en el Parlamento es una obra maestra del ejercicio del magisterio de la Iglesia a propósito de la concepción cristiana del Estado. O mejor aún: a propósito de la concepción éticamente humana del Estado, tal como había emergido de la gran catástrofe de la Segunda Guerra Mundial.
¿Puede decirse que le tiró de las orejas al gobierno Sánchez en los temas éticos?
No se dirigió directamente a un partido político, pero se expresó con toda claridad contra aquellas legislaciones que permiten la eutanasia, el aborto y donde la institución de la familia ha desaparecido de hecho. El discurso del Papa fue clarísimo. He observado que se levantaron todos y aplaudieron durante siete minutos. ¡Veamos si ahora se convierten!
Sinodalidad y derecho de voto de los laicos
Volviendo al Consistorio, se ha hablado de nuevo de Sínodo. ¿Cómo debe declinarse la sinodalidad para no ser difusos?
El Papa lo dijo en la sesión final: es un estilo espiritual. Va entendida como un modo de ejercer la caridad dentro de la Iglesia. Luego, traducirla en normas constitucionales es otra cuestión.
¿Hay que continuar por el camino del derecho de voto de los laicos emprendido en 2023?
El Sínodo de los Obispos es una institución nacida del Concilio Vaticano II y puesta en práctica por Pablo VI. Y así fue puesto en práctica, de manera idéntica, durante todos los años 80 y 90 hasta 2023. Aquel cambio no es normativo porque el Papa no modificó la constitución sobre el Sínodo. Por tanto, no ha cambiado nada. Los laicos siempre han participado en los Sínodos; lo que no podían hacer era votar. Yo tengo cierta experiencia, habiendo sido también relator general de la Segunda Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos. Lo que debemos hacer es permanecer fieles a la historia canónica de la institución del Sínodo de los Obispos.
¿Cuál es su recomendación sobre los Sínodos?
Los Sínodos se han hecho siempre, no son una novedad. Se trata de una tradición que debe mantenerse viva, pero no cambiando la naturaleza de la Iglesia.
El Camino Sinodal alemán
¿Qué opina del Camino Sinodal en Alemania?
Esa es otra cuestión. Allí creo que la legislación canónica se ha saltado un poco.
¿Le preocupa la situación?
Mucho, porque influye en los aspectos fundamentales de la fe.
¿Qué habría que hacer?
Hay una cosa que debemos hacer: rezar. Porque demasiadas veces pensamos que los hombres pueden hacerlo todo, incluso decidir la vida de la Iglesia. ¡No, no podemos!
¿Qué juicio le merece ese Comité Sinodal que pone al mismo nivel a laicos y obispos y para el cual la Iglesia alemana querría la aprobación de Roma?
Mientras solo quieran reunirse y hablar, se queda en el terreno de preguntarse si vale la pena o no. Pero si lo consideran un organismo que ejerce autoridad en la Iglesia, entonces van contra la constitución divina de la Iglesia. Por tanto, va contra la Iglesia.
La liturgia y el «rito antiguo»
Pasemos a uno de los temas que debía estar en la agenda del Consistorio: la liturgia.
Creo que se debe poner fin a los abusos de la liturgia que niegan las enseñanzas del Vaticano II. La liturgia del Vaticano II debe celebrarse como es debido. Y luego hace falta comprensión para quien desea el rito antiguo.
¿Cómo resolver las tensiones en curso sobre la liturgia antigua?
Permaneciendo fieles a lo que establece el Concilio Vaticano II, con un poco de respeto por la libertad de los fieles dentro de la comunión de la Iglesia. Es decir, no reglamentando.
¿Cómo acogió usted el Summorum Pontificum de Benedicto XVI en Madrid?
Positivamente. Era una medida muy comprensiva, creo que era buena. En Madrid hay una iglesia donde el rito antiguo todavía se celebra. Los fieles deben tomarlo en serio, no convertirse en propagandistas de ello.
La crisis de fe y el futuro
Eminencia, ¿qué le preocupa de verdad por el futuro de la Iglesia?
La crisis de fe, sobre todo en Europa. Y luego la institución de la familia y el derecho a la vida amenazados. ¿Nos damos cuenta de cuántos millones de niños han sido asesinados desde que se introdujeron las legislaciones abortistas? Este desprecio por la vida es una consecuencia de haber abandonado a Dios. Pero también soy optimista. Pensemos en las Jornadas de la Juventud: ¿qué grupo humano, qué escuela de pensamiento, cultura, política puede reunir a dos millones de jóvenes en una celebración de la Eucaristía?







