(InfoCatólica) La Conferencia Episcopal Nórdica ha dirigido una carta a todos los sacerdotes de sus territorios en la que reafirma de forma taxativa que ningún católico puede ser masón, establece que los fieles que pertenezcan a logias deben abstenerse de recibir la comunión y otros sacramentos, y prohíbe a parroquias e instituciones católicas cualquier forma de colaboración con la masonería.
La carta, fechada el 29 de junio de 2026, solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, lleva la firma de los seis obispos de la conferencia y de su secretaria general, y va acompañada de un resumen del documento que la Conferencia Episcopal Alemana publicó en 1980 sobre la incompatibilidad entre fe católica y masonería. El pronunciamiento se inscribe en una serie de intervenciones recientes del Vaticano y de conferencias episcopales que reiteran la condena universal de la masonería y la imposibilidad de que los católicos masones reciban los sacramentos.
Sesenta años de confusión en los países nórdicos
Los obispos nórdicos explican que durante años, «si no décadas», se ha extendido en los países nórdicos la opinión de que las logias masónicas de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia presentan características distintas que podrían permitir la pertenencia de los fieles católicos. Esa suposición, reconocen, «ha dado lugar a muchas preguntas de naturaleza pastoral y sacramental» y ha provocado «inquietud, e incluso conmoción, en nuestras iglesias locales, donde muchos de nuestros fieles proceden de países en los que la enseñanza de la Iglesia sobre la masonería está bien establecida».
La confusión tiene raíces antiguas. En octubre de 1966, los propios obispos nórdicos emitieron una declaración según la cual, dada la naturaleza supuestamente distinta de la masonería escandinava, cada obispo de la región podía determinar por sí mismo qué logias seguían proscritas por las normas canónicas y cuáles podían tolerarse para los fieles católicos. Aquella declaración fue corregida formalmente en 1981 por el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Franjo Šeper, quien calificó la premisa de que las logias masónicas son sustancialmente distintas en distintos países y regiones como una interpretación «falsa y tendenciosa» de la ley. La carta de hoy cierra, por tanto, un ciclo de sesenta años.
Consulta al Dicasterio para la Doctrina de la Fe
Para resolver la cuestión de forma definitiva, la conferencia mantuvo una reunión con superiores y oficiales del Dicasterio para la Doctrina de la Fe durante una asamblea plenaria celebrada en Roma del 1 al 5 de septiembre de 2025. La respuesta del dicasterio, afirman los obispos, «fue absolutamente clara».
Sobre la base de esa respuesta, los obispos declaran que no existe ninguna excepción, norma particular ni dispensa que distinga la pertenencia a la masonería en los países nórdicos de las disposiciones del derecho universal de la Iglesia. Recuerdan que la orientación más reciente del dicasterio fue la Nota para la Audiencia con el Santo Padre del 13 de noviembre de 2023, que reafirmó la vigencia de la Declaración sobre las asociaciones masónicas del 26 de noviembre de 1983, firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger como prefecto de la congregación. Aquella declaración estableció en términos inequívocos que «los fieles que se inscriben en asociaciones masónicas se encuentran en estado de pecado grave y no pueden recibir la sagrada comunión».
El origen de la confusión canónica
La perplejidad que la carta nórdica pretende disipar tiene una causa técnica precisa. El Código de Derecho Canónico de 1917 mencionaba explícitamente la masonería e imponía excomunión latae sententiae a los católicos que se inscribieran en ella. Cuando entró en vigor el nuevo Código de 1983, la referencia explícita había desaparecido. La comisión encargada de la revisión del Código decidió suprimir el término no para levantar la prohibición, sino por el motivo exactamente contrario: temía que mantener la mención expresa de la masonería indujera a pensar que solo las sociedades masónicas estaban prohibidas por la ley. La paradoja fue que el cambio generó la confusión inversa: en algunos territorios y entre ciertos canonistas se extendió la impresión errónea de que la pertenencia católica a la masonería había dejado de estar universalmente prohibida.
Cuatro disposiciones pastorales y sacramentales
Las disposiciones concretas de la carta nórdica son cuatro.
- En primer lugar, todo católico que sea al mismo tiempo masón o miembro de una logia debe ser animado a abandonar esa pertenencia.
- En segundo lugar, mientras mantenga esa doble adscripción, debe abstenerse de recibir la sagrada comunión y tiene prohibido recibir otros sacramentos.
- En tercer lugar, un masón que solicite el bautismo en la Iglesia católica o desee entrar en plena comunión con ella debe poner fin a su pertenencia a la masonería antes de ser bautizado o recibido.
- En cuarto lugar, ninguna parroquia, instituto de vida consagrada, sociedad de vida apostólica ni organización o institución católica puede establecer acuerdos de colaboración con masones o logias masónicas, ni utilizar propiedades de estas.
Los obispos subrayan que la firmeza de la Iglesia «no es un juicio negativo sobre la buena voluntad o las buenas obras de las personas», sino que «nace de la conciencia de que los principios teológicos y filosóficos de la masonería son incompatibles con la confesión de la fe católica».
El precedente filipino
La carta nórdica no es un caso aislado. En noviembre de 2023, una nota doctrinal firmada por el papa Francisco y el prefecto del dicasterio, el cardenal Víctor Manuel Fernández, abordó el problema de la masonería en Filipinas, donde la pertenencia y la simpatía hacia las logias son, según el dicasterio, «muy significativas». La nota identificó «un gran número de simpatizantes y asociados personalmente convencidos de que no existe oposición entre la pertenencia a la Iglesia católica y a las logias masónicas».
El pronunciamiento romano fue una corrección de una declaración pública emitida ese mismo año por la comisión doctrinal de la Conferencia Episcopal de Filipinas, que había expresado «apertura a la situación de los católicos individuales (caso por caso)» que hubieran ingresado en logias, al tiempo que reiteraba la oposición canónica y teológica de la Iglesia. La respuesta vaticana no admitió ninguna acomodación ni apertura, ni siquiera caso por caso, y recordó a los obispos que «los que están formal y conscientemente inscritos en logias masónicas y han abrazado los principios masónicos caen bajo las disposiciones de la Declaración» de 1983.
Varden: la verdad objetiva frente al relativismo
En su presentación de la carta, Mons. Varden señaló que «ser cristiano es tomar decisiones fundamentales» y que la palabra del cristiano «ha de ser "sí, sí" o "no, no" (cf. Mt 5,37), no "un poco de esto y un poco de aquello"». El presidente de la conferencia agradeció a los obispos alemanes «haber hablado con tanta claridad hace 46 años sobre la verdad objetiva de la enseñanza católica» y haber denunciado «como falsedad la noción de que una supuesta "revolución copernicana" habría, con el Concilio Vaticano II, reemplazado la noción de verdad objetiva por una noción de dignidad humana según la cual cada individuo se consideraría facultado para evaluar subjetivamente qué es y qué no es la verdad».
«La verdad que libera y salva es la verdad revelada por Dios en Cristo, ninguna otra», concluyó Varden.
El precedente alemán: doce razones de incompatibilidad
Junto a la carta, los obispos nórdicos difunden un resumen del documento elaborado por la Conferencia Episcopal Alemana tras un proceso oficial de diálogo entre la Iglesia católica en Alemania y la masonería alemana que se prolongó de 1974 a 1980. Aquellas conversaciones, coordinadas entre la conferencia episcopal y las Grandes Logias Unidas de Alemania, buscaban determinar si la masonería había cambiado lo suficiente en la posguerra como para que los católicos pudieran pertenecer a ella.
El examen de los tres primeros grados de la masonería arrojó una conclusión inequívoca: «subsisten contradicciones fundamentales e insuperables entre la Iglesia y la masonería». El documento enumera doce razones que sustentan esa incompatibilidad.
Entre ellas figuran la cosmovisión relativista de la masonería, que niega la posibilidad del conocimiento objetivo de la verdad; su comprensión de la religión como intentos en competencia por expresar una verdad divina inalcanzable; el concepto deísta del «gran Arquitecto del universo», que excluye la noción de un Dios personal; el rechazo de la Revelación; una concepción de la tolerancia que obliga a aceptar cualquier idea, por contradictoria que sea; unos rituales que se asemejan a los sacramentos y pretenden transformar objetivamente a la persona; y una pretensión de totalidad sobre la vida del masón que no deja espacio a la misión de la Iglesia.
El documento alemán subraya que la incompatibilidad no depende de la actitud de cada logia hacia la Iglesia: «La investigación se ha basado, precisamente, en la masonería bien dispuesta hacia la Iglesia. Incluso aquí la incompatibilidad de la fe católica y la masonería es de naturaleza fundamental».
Los firmantes
La carta está firmada por Mons. Varden, prelado territorial de Trondheim y administrador apostólico de Tromsø; el vicepresidente, Mons. Raimo Goyarrola, obispo de Helsinki; Mons. David Tencer, obispo de Reikiavik; el cardenal Anders Arborelius, obispo de Estocolmo; Mons. Czeslaw Kozon, obispo de Copenhague; Mons. Fredrik Hansen, obispo de Oslo; y la secretaria general, Sor Anna Mirijam Kaschner.







