(InfoCatólica) La Comunión de Iglesias Protestantes en Europa (CIPE) y el Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (DPUC) han suspendido temporalmente sus conversaciones teológicas formales, según un comunicado conjunto difundido el miércoles. La moratoria, acordada por ambas partes, tendrá una duración aproximada de dos años.
La decisión fue discutida en un encuentro de los mandatarios y responsables de ambas delegaciones celebrado en Roma el 9 de diciembre de 2025 y ratificada posteriormente por el Consejo de la CIPE en su reunión del 29 de mayo de 2026 en Doorn (Países Bajos).
Una pausa, no una ruptura
El comunicado conjunto subraya que «la pausa no significa el fin del diálogo» y que su finalidad es «permitir una evaluación de la experiencia acumulada hasta ahora y clarificar las condiciones para una posible continuación del diálogo». No se ha fijado una fecha concreta de reanudación, aunque se prevé un encuentro en 2027-2028 para determinar cuándo y en qué formato podrían retomarse las conversaciones.
Ambas partes reconocen que el trabajo realizado «no ha carecido de frutos: ha profundizado la comprensión recíproca y ha ayudado a ambas partes a formular con mayor claridad importantes afirmaciones teológicas que pueden ser reconocidas conjuntamente, así como a identificar las cuestiones que requieren ulteriores aclaraciones».
La complejidad protestante como obstáculo
El diálogo fue decidido en la asamblea general de la CIPE celebrada en Basilea en 2018, con el objetivo de llevar al terreno del diálogo con Roma el modelo de comunión eclesial surgido de la Concordia de Leuenberg. Aquel documento de 1973 permitió que las Iglesias luteranas, reformadas y unidas, separadas entre sí desde la Reforma, alcanzaran un acuerdo sin precedentes: sus diferencias doctrinales (sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía, la predestinación o la cristología) no fueron eliminadas, sino que dejaron de considerarse motivo de ruptura eclesial. En la práctica, eso significó la declaración de comunión de púlpito y eucaristía: desde entonces, un pastor luterano puede predicar en una iglesia reformada y un fiel reformado puede comulgar en un servicio luterano sin restricción alguna. Posteriormente se sumaron también las Iglesias metodistas.
Sin embargo, esa misma pluralidad interna se ha revelado como el principal obstáculo para el avance del diálogo con la Iglesia católica. La presidenta de la CIPE, la teóloga suiza Rita Famos, describió las conversaciones como difíciles. «Roma nos pregunta: ¿quiénes sois? No sois ni luteranos, ni reformados, ni metodistas», afirmó Famos. La Iglesia católica mantiene tradicionalmente diálogos bilaterales con interlocutores confesionales definidos, y la naturaleza mixta de la CIPE no encaja en ese esquema.
Un modelo de comunión que Roma no reconoce
La idea original era precisamente presentar ante Roma el modelo de la Concordia de Leuenberg como propuesta eclesiológica. «Pero para Roma eso es difícil: el Vaticano no sabe cómo tratar con una comunión eclesial confesionalmente mixta», explicó Famos. «Nosotros decimos: eso es exactamente lo que nos define».
La CIPE es una comunión eclesial que agrupa a 96 Iglesias luteranas, metodistas, reformadas y unidas en más de 30 países de Europa y América del Sur, y representa en conjunto a unos 40 millones de fieles protestantes. A diferencia de una Iglesia o una confesión, la CIPE no tiene una doctrina unificada ni una autoridad central: es una red de Iglesias que se reconocen mutuamente pero conservan sus propias tradiciones teológicas y estructuras de gobierno. Esa arquitectura, concebida como «unidad en diversidad reconciliada», es precisamente lo que el Vaticano no logra encajar en su modelo de diálogo bilateral con confesiones definidas.






