Un estudio de Nature concluye que la caída de la natalidad en EE.UU. se concentra en la población de orientación progresista
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La Segunda Transición Demográfica no es ideológicamente neutra

Un estudio de Nature concluye que la caída de la natalidad en EE.UU. se concentra en la población de orientación progresista

Un estudio de la Universidad de Viena publicado en Scientific Reports demuestra que el desplome de la natalidad en EE.UU. lo protagonizan los ciudadanos de izquierda, mientras los conservadores mantienen la fecundidad en el nivel de reemplazo.

(InfoCatólica) El declive demográfico estadounidense no es ideológicamente neutro. Quienes se identifican con posiciones conservadoras mantienen tasas de fecundidad en torno al nivel de reemplazo, mientras que la natalidad entre los ciudadanos de orientación progresista se ha desplomado muy por debajo de ese umbral desde mediados del siglo XX. Es la conclusión principal de un estudio publicado en Scientific Reports, revista del grupo Nature, que analiza la fecundidad completada de más de 22.000 estadounidenses nacidos entre 1903 y 1982.

La investigación, firmada por Martin Fieder y Susanne Huber, del Departamento de Antropología Evolutiva de la Universidad de Viena, utiliza datos de la General Social Survey (GSS), la encuesta social de referencia en Estados Unidos, recogidos entre 1970 y 2022. Todos los participantes superaban los 40 años de edad, lo que permite trabajar con cifras de fecundidad prácticamente definitivas.

Una divergencia que se abre a partir de los años cuarenta

El análisis por cohortes de nacimiento revela que, hasta el grupo nacido entre 1943 y 1947, las diferencias de fecundidad según orientación política eran estadísticamente insignificantes. A partir de esa cohorte, sin embargo, se abre una brecha creciente: los individuos situados a la derecha del espectro mantienen tasas de fecundidad próximas o superiores a 2,1 hijos por mujer, el nivel de reemplazo generacional, mientras que los situados a la izquierda experimentan un descenso pronunciado que los sitúa claramente por debajo de ese umbral. Quienes se definen como de centro muestran valores intermedios, más cercanos al reemplazo pero inferiores a los de los conservadores.

Para cuantificar esta dinámica, los investigadores aplican el modelo de gradientes de selección de Lande-Arnold, un instrumento habitual en biología evolutiva que permite estimar la intensidad y dirección de las presiones selectivas sobre un rasgo fenotípico. Los resultados muestran un coeficiente de selección direccional cada vez más favorable a la orientación política conservadora a medida que avanzan las cohortes. En la cohorte nacida entre 1978 y 1982, el gradiente de selección para la orientación política de derechas alcanza su valor máximo (0,1411), muy por encima de los registrados para la asistencia religiosa (0,0490) o la educación (-0,0292).

Religiosidad, educación y raza

El estudio confirma dos asociaciones ya documentadas en la literatura demográfica: la asistencia religiosa se relaciona de forma consistente y positiva con el número de hijos, mientras que el nivel educativo muestra una asociación negativa persistente. No obstante, a medida que crece el efecto de la orientación política, el peso relativo de la religiosidad tiende a disminuir en las cohortes más recientes.

Un hallazgo relevante es que el patrón descrito se verifica exclusivamente entre los estadounidenses blancos. Cuando los investigadores analizan por separado a los ciudadanos negros, la divergencia de fecundidad según orientación política resulta débil e inconsistente. Fieder y Huber apuntan a una posible explicación metodológica: las etiquetas ideológicas «liberal» y «conservador» no funcionan del mismo modo en ambos grupos raciales. Los autores citan investigaciones que muestran que los afroamericanos que se identifican como «conservadores» no siempre comprenden la escala ideológica en los mismos términos que los blancos, lo que debilita la fiabilidad del instrumento de medida en ese segmento.

Los mecanismos: valores, anticoncepción y polarización

Los autores identifican varios mecanismos que podrían explicar por qué la orientación política se ha convertido en un predictor cada vez más potente del comportamiento reproductivo. En primer lugar, las orientaciones autodenominadas progresistas se asocian con un mayor individualismo, una mayor aceptación de los estilos de vida sin hijos y una tendencia a retrasar o renunciar a la maternidad. Las orientaciones conservadoras, por el contrario, enfatizan los valores familiares, la religiosidad y los roles familiares tradicionales, factores que favorecen una fecundidad más alta.

En segundo lugar, el estudio señala diferencias en el uso y la función de la anticoncepción según la orientación ideológica. Entre los progresistas, la anticoncepción tendería a utilizarse con mayor frecuencia para prevenir nacimientos no deseados o limitar la fecundidad global; entre los conservadores, cumpliría más bien una función de planificación del momento de los nacimientos deseados.

En tercer lugar, Fieder y Huber inscriben sus hallazgos en el marco de la Segunda Transición Demográfica (STD), el modelo teórico que vincula la caída de la fecundidad por debajo del reemplazo con procesos de individualización, secularización y transformación de las normas familiares. Su contribución específica es mostrar que esta transición no es ideológicamente neutra: los individuos de izquierda aparecen como los más afectados por los cambios de valores asociados a la STD, mientras que los de derecha resisten parcialmente esas tendencias.

¿Selección natural en sociedades modernas?

El estudio plantea una hipótesis de largo alcance: si las diferencias de fecundidad persisten a lo largo de varias generaciones y se combinan con la transmisión intergeneracional de las orientaciones políticas, tanto por vía social como genética, podrían contribuir a desplazar gradualmente la composición ideológica de la población hacia posiciones más conservadoras. Los autores fundamentan esta posibilidad en investigaciones previas que documentan tanto la heredabilidad parcial de las actitudes políticas como la notable estabilidad de la orientación ideológica a lo largo de la vida adulta.

Fieder y Huber subrayan, no obstante, que sus resultados no deben interpretarse de forma determinista. El diseño observacional del estudio no permite establecer relaciones causales definitivas, y los gradientes de selección estimados describen diferenciales de fecundidad, no procesos genéticos directos. Reconocen también que la paternidad puede inducir desplazamientos moderados hacia posiciones más conservadoras, aunque la literatura longitudinal indica que estos efectos operan sobre predisposiciones relativamente estables formadas en etapas tempranas de la vida.

Un patrón que trasciende las fronteras estadounidenses

Los hallazgos del estudio son coherentes con investigaciones previas realizadas tanto en Estados Unidos como en Europa. Trabajos anteriores de los propios autores documentaron que, en el ámbito europeo, los conservadores tienen más hijos y más nietos que los progresistas. Otras investigaciones han mostrado que los individuos situados en la extrema derecha del espectro tienen entre cuatro y cinco puntos porcentuales más de probabilidad de expresar intención de tener un hijo en los tres años siguientes, incluso después de controlar variables como la religiosidad, la educación y los ingresos.

El estudio concluye que el declive de la fecundidad en Estados Unidos a largo plazo no es políticamente neutro y que las dinámicas demográficas, los valores políticos y los procesos evolutivos se intersectan de maneras relevantes para la comprensión de las sociedades contemporáneas.

A la luz del estudio, para los partidarios de las distintas variantes de la selección natural, los resultados pueden resultar difíciles de asimilar por las implicaciones que tiene respecto a quiénes son los más adaptados y quienes suponen una línea «evolutiva» que no merece la pena seguirse.

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