León XIV cierra su viaje a España con una Misa en Tenerife dedicada a la acogida y regresa a Roma en el avión del Rey tras una avería
Screenshot YT VaticanMedia

«Ningún ser humano es una isla»

León XIV cierra su viaje a España con una Misa en Tenerife dedicada a la acogida y regresa a Roma en el avión del Rey tras una avería

«Ningún ser humano es una isla»: el Papa clausuró en Tenerife un viaje de siete días con una homilía centrada en la riqueza de los pobres y la vocación de acogida. Un imprevisto técnico propició un último gesto de Felipe VI y una ocasión de ahorrarnos el minuto de gloria de los periodistas en el avión.

(InfoCatólica) En la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, León XIV cerró su viaje apostólico a España con una Misa multitudinaria en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife en la que exhortó a los canarios a vivir su vocación de acogida sin reducir «todo a comercio y beneficio» y a dejarse «evangelizar» por los migrantes que llegan a las islas tras rutas marcadas por «peligros y violencias inenarrables».

La jornada concluyó con un imprevisto: una avería en el avión de Iberia obligó al Pontífice a regresar a Roma en una aeronave de la Fuerza Aérea Española cedida por el Rey Felipe VI.

La Providencia nos ha ahorrado el minuto de gloria de los periodistas en el avión.

Nacidos para el encuentro

Ante más de 40.000 fieles congregados junto al mar, el Papa articuló su homilía en torno al Corazón de Jesús como clave de la vocación humana. «Frente a nosotros el mar evoca el infinito, y así lo hace también el cielo; pero infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos», afirmó, enlazando la geografía insular con la teología de la solemnidad.

«Ningún ser humano es una isla», proclamó el Pontífice, subrayando que la propia situación de la diócesis atestigua que «hemos nacido para el encuentro» y que «no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje». Sea permaneciendo toda la vida en un mismo lugar, sea eligiendo o estando obligados a partir, «nadie permanece nunca quieto. Este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro».

A partir de 1 Jn 4,9, León XIV señaló que el Corazón de Jesús revela un dinamismo que no es estéril: «Hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío». Citando su encíclica Magnifica humanitas, recordó las palabras del Concilio Vaticano II: el ser humano «está llamado a la comunión con Dios» y no encuentra «su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo», siendo su vocación más profunda «entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido».

No reducir «todo a comercio y beneficio»

El Papa interpeló directamente la vocación turística de Tenerife retomando palabras de su predecesor Francisco en Laudato si', donde advertía del «profundo desequilibrio» que empuja a las personas a «hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas», atropellando «todo lo que tienen a su alrededor», incluido el medio ambiente.

«¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa?», preguntó León XIV, instando a no reducir la relación con los visitantes a un mero intercambio de intereses. Citando de nuevo Laudato si', recordó que «quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen», y que son capaces de «disminuir las necesidades insatisfechas y reducir el cansancio y la obsesión». «Interpreten así, queridos hermanos y hermanas, su vocación a la acogida», concluyó.

La riqueza escondida de los pobres

León XIV vinculó el Evangelio del día con la realidad migratoria de las Islas Canarias. Jesús bendice al Padre porque «es a los pequeños, que en el contexto significa a los mínimos, a los que nadie estima capaz de pensamiento y de palabra, a los que Dios se ha revelado a sí mismo», enriqueciéndolos «de aquello que permanece escondido a quienes están rodeados de admiración y de éxito».

El Papa enlazó esta reflexión con su exhortación apostólica Dilexi te, con la que quiso «prestar atención a ese lugar privilegiado de los pobres en la Revelación divina y en la misión de la Iglesia», un misterio que, a su juicio, «resuena de modo totalmente específico en estas islas», centro de rutas migratorias y lugar de primera acogida de personas cuyo viaje «está generalmente expuesto a peligros y violencias inenarrables».

Frente a quienes «especulan con la desesperación», el Pontífice pidió a los cristianos no limitarse a ofrecer asistencia, sino dejarse transformar: «La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos, que reconozcamos la misteriosa sabiduría de Dios escrita en su misma carne». Citando la exhortación, añadió que los pobres, «crecidos en la extrema precariedad», han «aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón» y que «sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida».

«¡Abran a todos este mar de amor!»

En el tramo final de la homilía, León XIV agradeció al pueblo de Tenerife por hacer de la isla «un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas». Pidió una atención especial a adolescentes y jóvenes, ricos y pobres, residentes y visitantes, pues todos «necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos».

«Que se respire entre ustedes que "Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él"», exclamó citando 1 Jn 4,16. «Este es el corazón del Evangelio, el corazón de Cristo. Quien se sumerge en él ya no vive para sí mismo. ¡Abran a todos este mar de amor!».

Tras el saludo del Obispo de San Cristóbal de La Laguna, mons. Santiago Eloy Alberto Santiago, el Papa pronunció su agradecimiento final. Expresó su gratitud a «todos los que me han acogido y que, de mil maneras, han colaborado en la preparación y la realización de los distintos momentos en Madrid, Barcelona y Montserrat, y aquí, en las Islas Canarias», y confesó regresar a Roma «conmovido por el gran afecto» y «reconfortado por los testimonios de fe y de amor a la Iglesia, expresiones del gran corazón católico de España».

Desde el puerto «que lleva el nombre de la Santa Cruz», extendió su pensamiento «al mundo entero y a sus heridas» y repitió el lema del viaje: «¡Alzad la mirada!». «Dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera», concluyó, invocando a María como «la Madre de todos los que sufren».

El avión del Papa, averiado

La jornada deparó un último imprevisto. Concluida la ceremonia de despedida en el Aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna (Los Rodeos), donde el Rey Felipe VI había recibido al Papa y ambos habían mantenido un encuentro privado, León XIV abordó el Airbus A320 de Iberia dispuesto para el regreso. Sin embargo, una avería en un motor impidió el despegue.

Según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su canal de Telegram, el Rey puso a disposición del Pontífice la aeronave en la que él mismo había viajado a Tenerife, un Falcon T.18 de la Fuerza Aérea Española. El Papa prefirió esperar inicialmente para comprobar si la avería podía repararse, mientras el monarca le acompañaba en la sala de autoridades del aeropuerto. Cuando se confirmó que la reparación no sería viable en un plazo razonable, León XIV aceptó el ofrecimiento.

El vuelo papal despegó finalmente a las 18:08 (hora de Canarias), con casi dos horas de retraso sobre el horario previsto, y tenía previsto aterrizar en el Aeropuerto de Roma-Fiumicino en torno a las 23:00 (hora de Roma). El personal de la Santa Sede y los periodistas acreditados en el vuelo papal, que habitualmente acompañan al Pontífice y participan en la tradicional rueda de prensa a bordo, regresaron en las horas siguientes en otra aeronave facilitada por Iberia. El Rey, por su parte, permaneció en Tenerife a la espera de que el Ministerio de Defensa le enviase otro avión.

Balance del viaje y posible cita en Santiago

Con este episodio concluyó un viaje apostólico de siete días, desarrollado entre el 6 y el 12 de junio bajo el lema «Alzad la mirada», que llevó al Papa a cuatro provincias (Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife). A la ceremonia de despedida asistieron, entre otras autoridades, los ministros de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, y de Inclusión, Elma Saiz, así como el presidente de Canarias, Fernando Clavijo.

Según El Debate, durante la despedida oficial, al saludar al coordinador de la visita, Yago de la Cierva, se le oyó decir: «Entonces nos vemos el año que viene en Santiago, los tres, ¿no?», lo que apuntaría a que el Rey y el Papa manejan ya la posibilidad de una nueva visita a Santiago de Compostela en 2027, coincidiendo con el Año Santo compostelano.

 

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