Dios nos regala, todo el tiempo, sacerdotes fieles, ortodoxos y llenos de pasión por el Evangelio que, como otros Cristos, llevan la dulce fragancia del Señor a todas partes. Uno de ellos fue el inolvidable Monseñor Jorge Schoeffer, fallecido en olor de santidad el 4 de enero de 2014; quien nos edificó, a los entonces curas y seminaristas de La Plata, con su audacia misionera. Sin vehículo propio, en la calle, en un micro, en un tren y apelando, incluso, al autostop («a dedo», como decimos en Argentina), evangelizaba a tiempo completo, con amor y alegría desbordantes. Me brota espontáneamente, entonces, el agradecimiento al Señor por habérnoslo dado; cada vez que me encuentro en una situación similar.
Me acaba de ocurrir. Iba caminando para tomar un micro a Buenos Aires, cuando escuché un grito desde un auto.
- ¡Qué sombrero te echaste, cura!
- Sí, está buenísimo. Se llama teja o saturno. Y nos recuerda que debemos buscar «las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios» (Col 3, 1). ¿Me puedes llevar a la Terminal?
El conductor, sorprendido, y ya con otro tono, me dijo: «Sí, padre. ¡Cómo no! ¡Con todo gusto! ¡Suba!». Iba con una mujer a su lado. Y, tras las presentaciones de rigor, rezamos un Padre Nuestro, y bendije el viaje.
- ¡Padre! ¡Es la primera vez, en años, que rezamos!
- ¡Y espero que no sea la última! ¿Están casados?
Me miraron con indisimulable sorpresa. Y respondieron, juntos:
- Estamos en «pareja»...
- ¿En concubinato?
- Sí, bueno...
- ¿Los dos son solteros?
- Sí, sí, claro...
- ¿Y por qué no se casan, como Dios manda?
La mujer volvió a mirarme con asombro. Y, con un gesto de su cabeza, me dio a entender que ella está dispuesta, pero él se escapa...
- Mira, hija. Antes los varones tomaban la iniciativa, y proponían matrimonio... Ahora, en no pocos casos, son las mujeres las que deben hacerlo. Y escuchar un montón de excusas, como la falta de plata, el trabajo precario, y cosas por el estilo... Sólo fe y amor son imprescindibles. Lo demás se arregla... ¡La fiesta grande puede reemplazarse, llegado el caso, con algunas empanadas, y un poco de vino...!
Carcajadas sonoras, fin del aparente hielo, y una catarata de referencias, para seguir dándose a conocer. Él tomó la posta:
- Hace 75 años que mi familia llegó a Ensenada. Siempre vivimos cerca de Sagrado Corazón de Jesús, de Cambaceres.
- Yo estuve allí diez años de párroco. Y nunca te vi en Misa...
- Un tiempo fuimos a la iglesia San José, con el padre Ortuondo. Pero hace años que nos alejamos un poco de la Iglesia...
- ¡Es hora de volver, entonces! ¿Por qué creen que Dios los puso en mi camino? Para pedirles, en su Nombre, que vuelvan a su Casa. ¡Los esperamos, y los necesitamos!
- Gracias, padre. Ya llegamos. Si quiere lleve los limones que están a su lado. Son de cosecha propia, del patio de casa...
- Muchas gracias, hijo. Vienen muy bien, para estos días de frío. ¡Que ninguna acidez de la vida nos aleje de Jesús! En las horas amargas, más que nunca debemos tomarnos de Él y de la Virgen María.
Fuerte apretón de manos, bendición para cada uno, y regalo de la tarjeta que imprimí, con un poema, para mis 65 años. «Aquí tienen mis datos. Pueden contactarme, en cualquier momento. ¡Con mucho gusto les daré el cursillo, y los casaré! ¡Dios les pague por el regalo de los limones! ¡Los curas vivimos con hambre, sueño y deudas!».
Nuevas sonrisas, y palabras de despedida. La Terminal platense me daba la bienvenida a una nueva aventura apostólica.
Al subir al micro, rumbo a la ex «Reina del Plata» (ahora convertida en «de lata»), el chofer no quiso cobrarme con la tarjeta Sube. «Pase, padre, yo lo invito. Fui su alumno en la secundaria, hace diez años. Todo sea por las veces que lo hice renegar, con mi vagancia...». Sonrisas generosas, y renovada gratitud. Y, ahí nomás, le regalé un Rosario que traje, el año pasado, del Vaticano.
Luego de bendecir el viaje, y acomodarme en el asiento, le volví a dar gracias a Dios por todos sus regalos. Y por darme la posibilidad de agarrar todo lo que viene «de arriba». Menos el rayo, por supuesto... El Señor siempre es fiel. Solo debemos buscar su Reino, y su justicia; ya que lo demás nos viene como añadidura (cf. Mt 6, 33). El problema está cuando sólo buscamos la añadidura...
+ Pater Christian Viña.
La Plata, jueves 21 de mayo de 2026.
San Cristóbal Magallanes, y compañeros Mártires Cristeros.








