El Vicariato de Santiago, para católicos de lengua hebrea
Padre Zelazko - Foto: Patriarcado Latino de Jerusalén

Unos 1.200 en Israel

El Vicariato de Santiago, para católicos de lengua hebrea

En Tierra Santa, la gran mayoría de los católicos son de lengua árabe. Sin embargo, existe también un pequeño grupo de católicos de lengua hebrea y para ellos se creó un vicariato particular, de manera que pudieran rezar a Dios en su idioma.

(National Catholic Register/InfoCatólica) Como informa Michele Chabin, el pasado 2 de mayo, el Vicariato de Santiago en Jerusalén celebró su 70º aniversario conmemorando la primera misa católica en hebreo celebrada en el Estado de Israel. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, presidió la Misa junto al padre Piotr Zelazko, sacerdote polaco y vicario patriarcal del vicariato.

En una región donde la gran mayoría de los católicos hablan árabe como primera lengua, el Vicariato de Santiago ofrece a los católicos de rito latino de lengua hebrea algo único en Oriente Medio: un hogar espiritual arraigado en la cultura israelí, que reconoce las raíces judías del cristianismo.

La comunidad cuenta con aproximadamente 1.200 miembros repartidos en siete congregaciones por todo Israel, especialmente las ciudades de Jerusalén, Tel Aviv, Haifa, Bersebá y Tiberiades. Entre sus miembros se encuentran judíos conversos al catolicismo, descendientes de católicos nacidos en Israel, familias mixtas judeocristianas, inmigrantes e incluso un pequeño número de familias árabes católicas cuyos hijos asisten a escuelas de lengua hebrea. La mayoría de los jóvenes son hijos de trabajadores extranjeros, generalmente filipinos, nacidos en Israel.

«Los niños son culturalmente israelíes», declaró el padre Zelazko al Register. «Nuestro vicariato tiene una hermosa mezcla de personas de diversas procedencias».

El vicariato surgió como una simple asociación de fieles a mediados de la década de 1950, pocos años después de la fundación de Israel. Ya en aquella época, antes del Concilio Vaticano II, los católicos solicitaron permiso a la Santa Sede para rezar en hebreo. Tomaron como patrono a Santiago, el pariente del Señor, por haber sido el primer obispo de Jerusalén.

Algunas de las prácticas litúrgicas del vicariato están influenciadas por su ubicación en Israel, donde aproximadamente tres cuartas partes de la población es judía. La misa se celebra en hebreo moderno y, curiosamente, el Adviento comienza después de la festividad judía de Simjat Torá («alegría de la Ley», una celebración con la que concluye la Fiesta de los Tabernáculos), que suele caer a finales de septiembre o en octubre y marca la conclusión del ciclo anual de lecturas públicas de la Torá. Por lo tanto, el Adviento en el Vicariato puede durar entre siete y trece semanas, en función de las variaciones del calendario hebreo, que es lunar.

«Pero, en general, por supuesto, somos parte integral del Patriarcado Latino, aunque con cierta autonomía», señaló el padre Zelazko.

Inmersos como están en la sociedad israelí, algunos miembros del vicariato sirven en las Fuerzas de Defensa de Israel. Se trata de una particularidad que los distingue de muchas de las otras comunidades católicas en Israel, aunque no de todas. En efecto, un pequeño pero creciente número de católicos de habla árabe del norte de Israel también opta por realizar el servicio militar o el servicio civil nacional.

«Tenemos jóvenes en el ejército. Bendecimos a estos jóvenes cuando se alistan», dijo el padre Zelazko al Register. «Tenemos una oración muy hermosa que dice: ‘Que siempre conserves los valores que aprendiste en la Iglesia y en tu familia’, que son valores cristianos».

Los católicos de habla hebrea también se consideran constructores de puentes, no solo entre judíos y cristianos, sino también entre católicos de habla hebrea y árabe. Con ese fin, el vicariato organiza festivales juveniles que reúnen a jóvenes católicos de habla hebrea y árabe de parroquias latinas de todo Israel. «Oramos juntos para demostrar que somos una sola Iglesia y que, a pesar de las diferencias que podamos tener, somos una sola familia», dijo el padre Zelazko.

Lamentablemente, los puestos de control israelíes han imposibilitado que los jóvenes del vicariato se reúnan con sus compañeros de Cisjordania, añadió. «Ellos no pueden venir a Israel, y nosotros no podemos ir a Cisjordania».

En Israel, «los cristianos somos una minoría, y los católicos una minoría dentro de la minoría cristiana», explicó el sacerdote, señalando que la mayoría de los 185.000 cristianos de Tierra Santa son ortodoxos. «Y, como católicos de habla hebrea, somos una minoría dentro de una minoría, incluso entre los católicos latinos».

Aun así, insiste en que ser una comunidad unida tiene sus ventajas. «Formamos comunidades muy familiares, donde todos se conocen. Se crea un ambiente de verdadera fraternidad. Nuestros sacerdotes se dan cuenta enseguida cuando alguien falta a misa. Puedes llamar enseguida y decir: ‘No te vi en la misa del domingo, ¿necesitas algo? ¿Quieres que te lleve una sopa caliente?’ ».

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