(InfoCatólica) La nueva presidenta de Costa Rica, Laura Virginia Fernández Delgado, comenzó oficialmente su mandato encomendando su gobierno a Dios y a la Virgen de los Ángeles, patrona nacional del país.
Como parte de una promesa personal, la mandataria acudió el 9 de mayo a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles junto con miembros de su gabinete para participar en una Misa presidida por Mons. Javier Román, obispo de Limón y presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica. Durante la ceremonia, Fernández colocó su banda presidencial a los pies de la Virgen, como símbolo de que confiaba su gobierno a la protección de Nuestra Señora.
La nueva presidenta es orgullosamente católica y provida. Ya en su primera conferencia de prensa tras las elecciones, celebradas el 2 de febrero, Fernández agradeció «a Dios y al pueblo de Costa Rica» el resultado electoral y afirmó: «deposito mi confianza en Dios, que sé nos va a acompañar en cada día y en cada minuto del próximo gobierno».
En la homilía, Mons. Román subrayó que las responsabilidades públicas no podían sostenerse únicamente con las propias fuerzas humanas y destacó la necesidad de buscar ayuda en Dios. El obispo pidió especialmente oración por las nuevas autoridades para que tengan fortaleza, serenidad y sabiduría ante los desafíos del país.
Mons. Román habló sobre la importancia de vivir la fe públicamente. Señaló que actualmente muchas personas reducen la religión al ámbito privado, y por eso consideró significativo que las nuevas autoridades decidieran comenzar su mandato con una celebración religiosa y bajo la protección de la Virgen María.
Según el obispo, la fe puede servir como guía moral para ejercer el poder con honestidad, ética y respeto por la vida humana. Además, recordó el ejemplo de Santo Tomás Moro como modelo de gobernante íntegro y coherente. También destacó que Fernández se convierte en la segunda mujer en la historia de Costa Rica en asumir la presidencia, señalando el valor de la sensibilidad y humanidad femenina en el ejercicio del poder político.
El prelado también hizo referencia a la situación social de Costa Rica, marcada por el aumento de la violencia, el narcotráfico, la inseguridad y los homicidios. Señaló que muchas familias vivían afectadas por el miedo y que los jóvenes tenían que enfrentarse a multitud de tentaciones, en particular la de la desesperanza, por lo que pidió al Espíritu Santo que iluminase a los gobernantes para que actuaran siempre buscando el bien común.
La ceremonia concluyó con un llamamiento a la unidad nacional y con la promesa de seguir rezando por la presidenta y por el país. Mons. Román encomendó el futuro de Costa Rica a la protección de la Virgen de los Ángeles para que acompañase al nuevo gobierno y ayudase al pueblo costarricense a vivir siempre en la verdad, la justicia y la esperanza.








