(InfoCatólica) Una decisión histórica del Tribunal Superior de Bangladés ha prohibido determinar y revelar el sexo del feto durante el embarazo en el país. La decisión tendrá un efecto considerable contra el aborto, aunque no parta de consideraciones morales, sino feministas.
En efecto, el tribunal considera que conocer el sexo del niño por nacer favorece la discriminación contra las niñas, porque fomenta el aborto selectivo, por el que los padres que prefieren tener un hijo varón abortan a las niñas durante el embarazo. Por consiguiente, ha determinado que revelar el sexo del feto viola principios constitucionales como la dignidad humana, la igualdad y el derecho a la vida.
Según informa Asia News, la sentencia fue dictada por las juezas Naima Haider y Qazi Zeenat Haque. En el fallo, las magistradas sostienen que revelar el sexo del bebé antes del nacimiento contribuye al infanticidio femenino y altera el equilibrio social, especialmente en sociedades donde existe preferencia cultural por los hijos varones. También reconocen que Bangladés no había aplicado controles eficaces para impedir estas prácticas y reclaman sistemas de vigilancia y supervisión más estrictos.
El tribunal cita además diversos artículos de la Constitución bangladesí y compromisos internacionales de derechos humanos relacionados con la protección de las mujeres y la igualdad de género. La decisión se inspira parcialmente en medidas similares adoptadas en otros países asiáticos, especialmente la India, donde existen restricciones para evitar abortos selectivos basados en el sexo del bebé.
Edward Pallab Rozario, presidente de la Asociación de Médicos Católicos de Bangladés, calificó el fallo como “histórico” y afirmó que puede salvar la vida de muchas niñas que podrían ser abortadas por presión familiar o social. A la vez, insistió en que toda vida humana, sin importar el sexo, debe ser protegida desde la concepción.
En Bangladés, el aborto está teóricamente prohibido excepto para salvar la vida de la madre. Sin embargo, en las últimas décadas han ido permitiéndose prácticas abortistas bajo diversos eufemismos. El principal es la “regulación de la menstruación”, que produce de hecho el aborto en las 10-12 semanas posteriores al comienzo del embarazo. Ya sea mediante píldoras de mifepristona y misoprostol o mediante métodos físicos como la aspiración por vacío, el resultado buscado es el mismo: acabar con la vida del niño no nacido.
Una vez más y como en el resto del mundo, se pone de manifiesto que las prácticas abortistas se basan en la hipocresía más evidente, desde el uso de eufemismos para maquillar la muerte de un niño no nacido hasta la asombrosa idea de que abortar a una niña es infanticidio femenino, pero matar a un niño está bien y los tribunales lo amparan. También de forma semejante a lo que sucede en otros países, poderosas organizaciones no gubernamentales occidentales, como el Instituto Guttmacher, se afanan por promover la liberalización total del aborto en Bangladés.
En cualquier caso, si bien el fallo del tribunal parece estar basado en razones muy dudosas, es posible alegrarse de que, al menos, es probable que reduzca el número de abortos en el país.








