(LSN/InfoCatólica) La activista provida británica Isabel Vaughan-Spruce ha recibido la Medalla de la Libertad de Pensilvania, una distinción que le ha sido concedida por el senador estatal republicano Doug Mastriano. La propia Vaughan-Spruce anunció el reconocimiento en la red social X y expresó su gratitud por un gesto que presentó como un respaldo a la verdadera libertad. «Es un gran honor y un gesto muy amable y considerado. Gracias a todos los que reconocen, sostienen y defienden la verdadera libertad», afirmó.
El premio llega después de años de acoso policial y judicial contra Vaughan-Spruce en el Reino Unido, donde su nombre se ha convertido en uno de los casos más notorios de persecución contra los provida. A comienzos de este mismo mes, Mastriano había llamado la atención sobre su situación con un mensaje en el que resumía con claridad el abuso padecido por la activista. «En el Reino Unido, Isabel Vaughan-Spruce fue detenida por la policía por estar de pie ante un centro de abortos. No gritaba. No bloqueaba a nadie. No llevaba carteles. Simplemente estaba rezando en silencio en su mente».
En 2025, Vaughan-Spruce fue acusada por la Policía de West Midlands y por la Fiscalía de la Corona por el simple hecho de permanecer en las proximidades de un centro de abortos. Su causa se convirtió en la primera en la que una persona ha sido acusada de vulnerar la nueva ley británica de «zonas de seguridad» en torno a los centros de aborto, en vigor desde octubre de 2024 en virtud de la sección 9 de la Public Order Act 2023.
Esa norma prohíbe «influir» en la decisión de acceder, prestar o facilitar abortos dentro de un radio de 150 metros alrededor de un centro de abortos. Sin embargo, el texto legal no menciona expresamente la oración silenciosa. Aun así, Vaughan-Spruce se enfrenta a consecuencias penales precisamente por haber permanecido en silencio, sin dirigirse a nadie y sin exhibir carteles, en un caso que ha puesto en evidencia el alcance represivo de esa legislación.
Mastriano quiso dejar constancia de ese reconocimiento también en las palabras incluidas en la distinción concedida a la activista. «Con tus esfuerzos, has marcado una diferencia profunda en tu comunidad y en toda Pensilvania, dejando un legado que resuena a través de las generaciones y hasta la eternidad», se lee en el texto del galardón.
En una publicación posterior en Facebook, el senador explicó además que William Penn, fundador de Pensilvania y también inglés, habría respaldado una causa como la de Vaughan-Spruce. «Penn comprendió algo que los gobiernos modernos olvidan cada vez más: la fe no es un privilegio concedido por los gobernantes. Es un derecho otorgado por Dios», escribió. Y añadió una conclusión de fondo que resume bien lo que está en juego en este caso: «Cuando la oración es tratada como un crimen, la propia libertad está bajo ataque».
La activista no es una desconocida para la policía. En noviembre de 2022 fue arrestada mientras permanecía en silencio en una acera de Birmingham. Cuando los agentes la interrogaron, explicó con toda claridad lo que estaba ocurriendo: «Puede que esté rezando en mi cabeza, pero no he dicho nada en voz alta». Aquel arresto, grabado en vídeo, se difundió rápidamente y provocó indignación internacional.
Pocas semanas después volvió a ser detenida, otra vez por la oración silenciosa. En aquella ocasión acudieron al lugar seis agentes, y uno de ellos le confirmó sin rodeos el motivo de la actuación policial: «Has dicho que estás rezando, y esa es la infracción». La frase resumía con crudeza la deriva de unas autoridades que, en nombre de la protección de los abortorios, han terminado tratando la oración interior como si fuera materia penal.
El caso de Vaughan-Spruce volvió a cobrar fuerza cuando se conoció la nueva acusación formulada bajo la ley de «zonas de seguridad». De ese modo, su situación dejó de ser solo un episodio escandaloso de abuso policial para convertirse también en el primer caso abierto al amparo del nuevo marco legal británico. La persecución ya no aparece así como una extralimitación aislada, sino como la aplicación concreta de una legislación que castiga de hecho la mera presencia serena de un provida junto a un centro de abortos.
La distinción concedida en Pensilvania reconoce, por tanto, algo más que la trayectoria personal de una activista. Reconoce una resistencia pacífica frente a la criminalización de la oración, una defensa perseverante del no nacido y un testimonio público que no ha cedido pese a detenciones, interrogatorios y acusaciones. En tiempos en que tantos gobiernos occidentales se inclinan a blindar el aborto mientras arrinconan la libertad religiosa, el caso de Isabel Vaughan-Spruce se ha convertido en un recordatorio incómodo y elocuente de hasta dónde puede llegar la persecución contra quienes no renuncian a dar testimonio de la verdad.







