El cardenal O’Malley: «El antídoto contra el aborto es el amor»
El cardenal Seán O’Malley, arzobispo emérito de Boston, pronuncia la homilía en la Misa de clausura de la Vigilia Nacional anual de Oración por la Vida. Fuente: Captura de Youtube

Marcha por la Vida en Washington

El cardenal O’Malley: «El antídoto contra el aborto es el amor»

En la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, el cardenal Seán P. O’Malley presidió la Misa que clausuró la Vigilia Nacional de Oración por la Vida, en la mañana del 23 de enero de 2026.

(EWTN/InfoCatólica) El cardenal Seán P. O’Malley, arzobispo emérito de Boston, presidió el 23 de enero de 2026 en Washington la Misa que puso fin a la Vigilia Nacional de Oración por la Vida, celebrada en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en la mañana previa a la Marcha por la Vida. La liturgia estuvo marcada por plegarias por el movimiento provida y por un llamado a renovar el compromiso de defender la vida humana frente a la cultura del descarte que normaliza el aborto.

Al dirigirse a los fieles, el cardenal reconoció el cansancio y los sacrificios de quienes acudieron a la vigilia y a la Misa. Les aseguró que su presencia tenía un sentido providencial: «Sé que muchos de ustedes están cansados y han hecho muchos sacrificios para estar aquí. Les aseguro que no podrían estar haciendo nada más importante que estar aquí hoy. Y su presencia no es un accidente. El Señor, en su providencia, nos ha traído a todos aquí hoy».

O’Malley enmarcó su homilía en la gravedad moral del aborto, al que describió como una tragedia de escala enorme: «El aborto es la mayor crisis moral que afrontan nuestro país y nuestro mundo. Es una cuestión de vida o muerte en una escala inmensa». Y añadió un testimonio personal de perseverancia: «Ha sido una alegría y un privilegio para mí estar en cada Marcha por la Vida aquí en Washington durante los últimos 53 años».

El cardenal también subrayó el carácter religioso y penitencial de la Marcha, insistiendo en que no nace de consignas, sino de la oración: «Es una gran alegría estar con ustedes aquí hoy en esta Marcha por la Vida. Esta es una peregrinación por la vida, y comienza con la oración, aquí, en el santuario de María. Doy gracias a Dios por todos ustedes».

En su reflexión, O’Malley abordó el lema de la Marcha por la Vida 2026, «La vida es un don», y lo calificó como un tema especialmente poderoso. Señaló, sin embargo, que la vida no siempre es acogida como un regalo: «Qué tema tan poderoso. Lamentablemente, la vida no siempre se ve como un don. Para algunos, parece una carga o una maldición». Frente a esa mentalidad, insistió en una visión cristiana de la existencia: «La vida es un don, un don dado por un Dios amoroso. La vida es hermosa, especialmente cuando se recibe con gratitud y amor».

En ese contexto, citó un sondeo reciente que, según afirmó, arrojaba un dato inquietante: por primera vez en la historia del país, la mayoría de los estadounidenses dicen que no quieren tener hijos. O’Malley describió ese resultado como «una estadística alarmante», y lo conectó con la urgencia de reevangelizar la mirada sobre la vida, el matrimonio y la familia, para que la paternidad y la maternidad no sean presentadas como un estorbo, sino como una vocación y una bendición.

La respuesta cristiana, según el cardenal, pasa por imitar el modo de amar de Dios: «Debemos amar como Dios ama. Debemos amar primero, perdonar primero, dar primero. Por eso estamos aquí en esta Misa por la vida». Recalcó que la gratitud por el don de la existencia exige un anuncio explícito del Evangelio de la vida: «Estamos aquí porque la vida es un don. Dios nos ha dado este don precioso. Debemos estar agradecidos y expresar nuestra gratitud proclamando el Evangelio de la vida».

O’Malley recordó que lleva décadas implicado en la causa provida y que, en tiempos pasados, los adversarios del movimiento pensaban que los defensores de la vida «desaparecerían», pero constató con firmeza que siguen presentes: «Todavía estamos aquí, proclamando el Evangelio de la vida». Al mismo tiempo, rechazó reducir la causa a mera estrategia política: «Nuestra misión no es una cruzada política. Es una respuesta al mandamiento de Dios de amar y cuidar unos de otros». Y celebró el relevo generacional que ve en las nuevas convocatorias: «Y Dios nos bendiga, la multitud se está volviendo cada vez más joven. Ustedes son hermosos».

De modo particular, el cardenal insistió en que el trabajo provida debe tener un rostro de misericordia y de sanación, no de condena. Para terminar con el aborto, dijo, «nuestra tarea no es juzgar a los demás sino llevar sanación», y pidió ser «mansos» como lo fue Cristo con distintas personas del Evangelio, a quienes mencionó expresamente: «la mujer samaritana, el pobre, el recaudador de impuestos, la mujer adúltera, el buen ladrón».

En una parte de su homilía, O’Malley advirtió que ciertas heridas sociales agravan el clima que favorece el aborto incluso después de la caída de Roe contra Wade, señalando factores como la polarización política, el racismo y la injusticia económica. A su juicio, si una sociedad abandona a los más vulnerables, termina aceptando también la eliminación del no nacido. Por eso, definió la tarea provida como la construcción de un orden social que cuide de todos: «Nuestra tarea es construir una sociedad que cuide de todos, donde cada persona cuente, donde cada vida sea importante».

El cardenal conectó además este esfuerzo con un llamado a la unidad y a la paz, afirmando que el mundo está sacudido por divisiones y violencia. En ese marco, sostuvo que el Papa León está invitando a ser mensajeros de unidad y de paz, y advirtió que quienes defienden la vida no deben estorbar ese mensaje con actitudes que contradigan el Evangelio.

En la conclusión, O’Malley resumió su propuesta en una frase central: «El antídoto contra el aborto es el amor». Y precisó cómo se manifiesta ese amor: «El amor se manifiesta en comunidad, compasión y solidaridad». Desde ahí, proclamó una visión radicalmente afirmativa de la dignidad humana: «La vida es un don. Cada persona es un don. Cada persona cuenta. Todos son importantes». Finalmente, expresó la meta que, según dijo, debe orientar el trabajo de la sociedad: «Nuestra misión es trabajar para que ningún niño se quede atrás. Cada bebé será bienvenido, amado, cuidado, nutrido y protegido».

Con palabras de acción de gracias, cerró su homilía poniendo el centro en Dios, fuente de toda vida y de toda caridad: «Gracias a Dios por el don de la vida. Gracias a Dios por el amor. Gracias a Dios por ustedes».

1 comentario

Maximiliano
Con el amor a los seres humanos claro que llegaría pero no es una realidad . Añadiría la " educación, el apoyo a las FAMILIAS y la promoción de políticas que protejan la vida. Que un poco más desarrollado serían la educación y concienciación sobre la vida prenatal, ayuda a las mujeres y familia en situaciones difíciles y políticas que promuevan la política y el bienestar de la juventud ".

24/01/26 3:54 PM

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