(NC/InfoCatólica) Mientras el congreso SEEK 2026 continúa a lo largo de la semana en Columbus (Ohio) —una de sus sedes junto con Denver y Fort Worth—, numerosos universitarios, entre las múltiples sesiones disponibles, llenaron una sala para escuchar al P. Robert Spitzer, SJ. El sacerdote jesuita abordó un terreno que, en la cultura dominante, suele presentarse como incompatible con la fe: el cruce entre ciencia, razón y milagro. Su intervención se centró en investigaciones relacionadas con milagros eucarísticos y con la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe.
Spitzer, conocido por su trabajo sobre la relación entre fe y razón, es presentador de un programa en EWTN y fundador del Magis Center. En su exposición también mencionó MagisAI, una herramienta de inteligencia artificial lanzada por el Magis Center en 2025 y orientada a responder preguntas sobre teología, moral, Sagrada Escritura y ciencia. El eje de la sesión, sin embargo, no fue tecnológico, sino profundamente doctrinal: la Eucaristía y la Presencia Real de Cristo.
Al comenzar, Spitzer quiso dejar claro el propósito de lo que iba a exponer: «Quiero ser muy claro. Mi objetivo es ofrecer buenas evidencias científicas de la Presencia Real de Jesús en la Eucaristía». Con ese marco, explicó que su charla se centraba en tres milagros eucarísticos concretos: Buenos Aires (1996), Tixtla, México (2006), y Sokółka, Polonia (2008). Señaló además un matiz importante: cada caso ha sido investigado con rigor por científicos independientes, pero solo algunos cuentan con reconocimiento eclesial local, y ninguno está aprobado formalmente por el Vaticano.
Buenos Aires: una hostia y un análisis cardíaco
Al describir el caso de Buenos Aires, Spitzer relató que una hostia consagrada, que había sido abandonada en un candelero, fue recogida y colocada en agua para que se disolviera conforme al protocolo de la Iglesia. Según los relatos locales citados en la explicación, los fragmentos no se disolvieron en una semana como cabría esperar, sino que permanecieron en gran parte intactos incluso después de más de tres años. Con el tiempo, apareció en la superficie una sustancia extraña, con rasgos morfológicos característicos del músculo cardíaco humano.
Spitzer indicó que el análisis científico —aprobado entonces por el arzobispo Jorge Mario Bergoglio, posteriormente Papa Francisco— implicó al Dr. Ricardo Castañón Gómez. Según lo presentado, Castañón Gómez concluyó que el tejido era realmente músculo cardíaco humano del ventrículo izquierdo y que, de modo asombroso, contenía glóbulos blancos vivos, cuando lo habitual es que esas células mueran a las pocas horas fuera del organismo.
La investigación incluyó además el envío de muestras al Dr. Frederick Zugibe, descrito como un cardiólogo y patólogo forense de renombre. Según la exposición, Zugibe confirmó los hallazgos de Castañón Gómez sin saber que el material procedía de una hostia consagrada. Spitzer subrayó el impacto de ese dato con una frase atribuida al propio Zugibe cuando se le comunicó el origen: «Cuando le dijeron que procedía de una hostia eucarística, afirmó que los hallazgos eran científicamente inexplicables».
Tixtla: sangre, tejido vivo y ausencia de descomposición
El segundo caso tratado fue Tixtla, en México. Spitzer explicó que, durante la Misa en 2006, una hostia consagrada pareció sangrar. En la investigación posterior, en la que también participó Castañón Gómez, se habría encontrado tejido cardíaco vivo incrustado en la hostia, con sangre fresca que emanaba del mismo. Los análisis moleculares e histológicos, según lo expuesto, señalaron que el tejido contenía fibras cardíacas y glóbulos blancos desempeñando sus funciones inmunológicas habituales.
Spitzer presentó estas conclusiones como nítidas y difíciles de encajar en una explicación naturalista corriente: «Era tejido cardíaco humano vivo, produciendo sangre viva, sin ninguna señal de descomposición. Estos fenómenos son desconcertantes desde un punto de vista naturalista». Añadió, además, que una reevaluación años después habría mostrado que la hostia continuaba exhibiendo signos de vida.
Sokółka: unión microscópica entre pan consagrado y tejido cardíaco
El tercer caso abordado fue Sokółka, en Polonia, donde se informó de una hostia que sangró durante la Misa en 2008. Spitzer indicó que, según lo reportado, el examen mediante microscopía electrónica reveló que las moléculas del pan consagrado y el tejido cardíaco estaban fusionados a nivel microscópico, hasta los filamentos de las miofibrillas. El sacerdote insistió en que, tal como se presentó el hallazgo, no podría ser producido por medios biológicos, químicos o mecánicos conocidos por el ser humano.
Al llegar a este punto, Spitzer quiso insistir en la finalidad de estos signos extraordinarios. No los presentó como un “sustituto” de la fe, sino como un apoyo para una fe razonable, capaz de dialogar con la evidencia sin rendirse al orgullo racionalista ni al fideísmo. Resumió la idea con estas palabras: «Su conclusión fue impactante. Aunque se informa que estos hallazgos son inexplicables desde un punto de vista naturalista, su propósito no es coaccionar la fe, sino mostrar que la fe y la razón son complementarias».
La tilma de Guadalupe y el “lenguaje” de la ciencia
Tras los milagros eucarísticos, Spitzer abordó la tilma de Nuestra Señora de Guadalupe, que, según afirmó, ha sobrevivido cerca de 500 años. Describió el soporte como fibras de cactus de agave, un material que normalmente se descompone en pocas décadas. Sin embargo, según lo presentado, la imagen no se ha agrietado ni se ha desvanecido, y sus colores estarían incrustados en las fibras, sin trazos de pincel, imprimaciones ni capas protectoras.
Spitzer añadió un detalle sobre el comportamiento óptico del color: dijo que «los colores se comportan ópticamente como las alas de mariposa, cambiando con los ángulos y la distancia», y sostuvo que no existirían pigmentos —ni en su tiempo ni hoy— capaces de explicar ese fenómeno tal como se describe.
También habló de estudios con gran aumento sobre los ojos de la Virgen, en los que, según afirmó, se habrían detectado reflejos de la escena ocurrida cuando Juan Diego desplegó por primera vez la tilma, incluyendo al propio Juan Diego, al arzobispo Zumárraga, a un intérprete y a otras personas presentes. Y añadió otro elemento que presentó como particularmente preciso: que las estrellas del manto corresponderían exactamente al cielo nocturno sobre México el 12 de diciembre de 1531, desde una perspectiva que ningún observador humano podría haber tenido.
Spitzer insistió de nuevo en que estos fenómenos, tal como los expuso, no se presentan para “arrancar” adhesiones, sino para mostrar que Dios puede actuar en la historia de formas extraordinarias. En ese marco, pronunció una frase que resume su enfoque ante una cultura escéptica: «Parece que Dios está hablando a una generación científicamente escéptica en el lenguaje mismo de la ciencia». Y añadió: «Sin la ciencia moderna, nunca habríamos sabido nada de esto. Y quizá ese sea el punto».
Conversación posterior: ciencia, Dios y libertad
Tras la conferencia, en conversación con CNA, Spitzer amplió el alcance de su argumento. Se refirió a una idea muy extendida en el mundo contemporáneo: la pretensión de que la ciencia habría “desmentido” a Dios. Su respuesta fue tajante: «Hoy existe un punto de vista muy extendido según el cual la ciencia ha refutado a Dios de algún modo. Nada podría estar más lejos de la verdad. De hecho, hoy hay más evidencia científica que apunta a Dios que nunca antes».
En ese contexto mencionó encuestas recientes que, según indicó, muestran que el 68% de los jóvenes científicos cree en Dios o en un poder superior, frente a alrededor de un 15% que se identifica como ateo. A partir de ahí, enlazó esa credibilidad social de la ciencia con una lectura providencial del momento presente: «Por la credibilidad que hoy tiene la ciencia, Dios está permitiendo que los descubrimientos científicos abran nuevas puertas hacia la fe». Como ejemplo, aludió al propio Castañón Gómez, presentado como un antiguo ateo que se convirtió al catolicismo tras lo que descubrió en sus investigaciones.
Spitzer, sin embargo, se cuidó de no convertir la evidencia en un mecanismo de imposición. Volvió a subrayar la centralidad de la libertad en el acto de fe: «No se puede forzar la fe, y no se puede probar de un modo que anule la libertad». Y precisó el tipo de ayuda que, según él, puede ofrecerse honestamente: «Pero sí se puede aportar evidencia suficiente para que una persona que quiere creer pueda hacerlo de manera razonable y responsable».
San Carlo Acutis como modelo para jóvenes
En esa misma conversación, Spitzer destacó la figura de san Carlo Acutis, recordando que el joven catalogó en internet los milagros eucarísticos del mundo antes de su muerte en 2006. Para el sacerdote, ese ejemplo resulta especialmente elocuente para quienes participan en un congreso juvenil como SEEK: muestra que el amor a la Eucaristía no está reñido con el rigor intelectual ni con el uso de herramientas contemporáneas al servicio de la verdad.
Spitzer lo expresó con una afirmación de fondo: «Él nos enseña que la fe y la ciencia no son contradictorias; de hecho, son profundamente compatibles. La ciencia ha hecho que toda esta información sea accesible y convincente, y eso la convierte en una aliada poderosa en la búsqueda de la fe». Y remató con una tesis que toca el corazón mismo de la tradición católica: «La fe y la razón, en último término, deben ser coherentes porque proceden de la misma fuente: Dios mismo».
En esa línea, concluyó que san Carlo ofrece a los jóvenes una síntesis que el mundo secular intenta romper: «la santidad, el compromiso intelectual y el amor a la Eucaristía pueden —y deben— ir juntos perfectamente». Con su conferencia, el P. Spitzer presentó precisamente esa propuesta: no arrodillarse ante el cientificismo, sino usar el lenguaje de la razón para señalar, con humildad, hacia el Misterio que la Iglesia adora en el altar.








