(Catholic Herald/InfoCatólica) La Cámara de los Comunes del Reino Unido aprobó recientemente el proyecto de ley denominado «Terminally Ill Adults (End of Life) Bill», que permitiría que adultos con enfermedades terminales, y con una expectativa de vida inferior a seis meses, puedan solicitar asistencia médica para poner fin a su vida.
La propuesta fue aprobada por un estrecho margen y establece que el solicitante debe ser mayor de 18 años, demostrar plena capacidad mental, firmar declaraciones juradas y ser evaluado por dos médicos antes de recibir autorización para acceder al procedimiento.
Tras su aprobación en la cámara baja, el proyecto ha sido remitido a la Cámara de los Lores, donde deberá ser examinado en detalle. En esta instancia parlamentaria se debatirán posibles enmiendas, se revisarán las garantías contempladas en el texto y se valorarán los riesgos que la nueva legislación podría suponer para los más vulnerables, como ancianos, personas dependientes o pacientes con enfermedades incapacitantes.
Si finalmente fuese aprobado, el Reino Unido introduciría en su legislación por primera vez la posibilidad del suicidio asistido, acercándose a modelos ya existentes en otros países europeos.
La Iglesia Católica en Reino Unido ha expresado un rechazo firme al proyecto de ley. Según la doctrina católica, la vida humana posee una dignidad inviolable que debe ser respetada desde la concepción hasta la muerte natural. Por ello, considera que cualquier normativa que permita provocar intencionadamente la muerte de una persona es moralmente inadmisible. Además, los obispos británicos advierten de que la aprobación de esta ley podría presionar a hospitales y hospicios católicos a colaborar en prácticas contrarias a su misión, o incluso verse obligados a cerrar. Para la Iglesia, la respuesta ética ante el sufrimiento no es la eliminación de la vida, sino el acompañamiento, los cuidados paliativos y la atención integral del enfermo.







