Acerca de la conveniencia del celibato sacerdotal

Sacerdote

Es notorio que se está hablando mucho en la Iglesia de la posible supresión del celibato sacerdotal obligatorio, que no es obligatorio porque se obligue a nadie a ser célibe, ya que no se obliga a nadie a ser sacerdote.

En ese sentido queremos exponer algunas solamente de las razones por las que una medida así nos parecería altamente inconveniente.

De entrada hay que notar que ambas vocaciones, matrimonio y sacerdocio ministerial, absorben totalmente a la persona, si se las toma en serio, obviamente. Eso hace muy difícil, por decirlo suavemente, que la misma persona pueda asumirlas a ambas y vivirlas en plenitud.

De cada una de esas dos vocaciones se puede decir lo que dice el Evangelio: para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todas las cosas son posibles.

Ahora bien, juntar esas dos vocaciones en una sola persona, y presumir que esa reunión en sí misma tan rara de dones se va a dar con cierta regularidad como para instituir un sacerdocio casado, no parece ser algo razonable.

Obviamente, se puede objetar que ya hay en algunas circunstancias de la Iglesia sacerdotes casados. No dudamos que la gracia de Dios puede hacer que desempeñen dignamente todas sus obligaciones, pero sí dudamos, por lo dicho y por lo que diremos a continuación, que se pueda esperar que eso sea lo normal en la Iglesia. 

Y si se nos dice que sólo se está pensando en abolir la obligación del celibato para algunos casos muy especiales, respondemos que en la práctica es muy dificil que eso no lleve, más pronto que tarde, a que el celibato sacerdotal sea algo puramente opcional en la Iglesia Católica

Debemos partir además del hecho de que el Sacramento del Orden no confiere ninguna gracia específica para el estado matrimonial. De ahí se sigue que para hacernos una idea de lo que sería un sacerdocio casado alcanza con mirar el estado de los matrimonios católicos actuales.

Nada nos autoriza a pensar que el porcentaje de adulterios, divorcios, problemas con los hijos, etc., de los sacerdotes casados sería significativamente menor que el que se da en esos matrimonios.  

Con el agravante de que cada una de esas situaciones sería inmediatamente pública para el consiguiente escándalo de los fieles y de los no fieles.

Ver, por ejemplo, a un sacerdote litigando con su “ex” mujer acerca de la tenencia de sus hijos, o de los horarios de visitas, etc., sería muy poco edificante para los fieles y ofrecería material sobreabundante para los ataques de los enemigos de la Iglesia.

Pensemos solamente en la gran cantidad de matrimonios católicos que viven en estado objetivo de pecado grave por no hacer caso de lo que se enseña en la encíclica “Humanae Vitae” de Pablo VI. Nada nos autoriza a pensar que sería distinto ese porcentaje en el caso de los matrimonios de los sacerdotes.

Esos sacerdotes subirían habitualmente al altar a ofrecer el santo sacrificio de la Misa en estado de pecado grave. No es que hoy día eso no suceda algunas veces, lamentablemente, pero aquí se estaría añadiendo un nuevo título por el cual sucedería algo así, que ahora no existe.

Consultemos además nuestra experiencia acerca de la situación familiar de muchos de los católicos más comprometidos y fervorosos en su participación en la misión de la Iglesia. En estos tiempos tan difíciles que vivimos, no es raro ver a los padres, hermanos, cónyuges o hijos de tales católicos en situaciones abiertamente contrarias a la fe o a la moral católicas.

Eso quiere decir que nada garantiza, tampoco, sino que por el contrario es bastante improbable, que la esposa y los hijos del sacerdote casado sean en la mayor parte de los casos creyentes, practicantes, y que se esfuercen por vivir en todo de acuerdo con la moral natural y cristiana.

Esas situaciones serían además fácilmente de público conocimiento.  

La institución de un sacerdocio casado conllevaría en mi opinión unas cuantas injusticias.

Ante todo, injusticia para con el sacerdote mismo, al cual se le debería exigir que estuviese a la altura de dos vocaciones, cualquiera de las dos imposible de afrontar sin la gracia de Dios y suficiente para ocupar a una persona normal por toda la vida.

También injusticia para con la mujer del sacerdote, la cual, salvo en la hipótesis de que estemos pensando solamente en un funcionario de alguna especie de burocracia eclesial, debería inevitablemente compartir a su marido con un “rival” más absorbente y exigente incluso que ella misma: la Iglesia, los fieles, la vocación sacerdotal, el llamado a dejarlo todo para seguir a Jesucristo en el anuncio del Evangelio.

Injusticia para con los Obispos, que verían la disponibilidad de sus sacerdotes limitada por las exigencias familiares, por ejemplo, en materia de nuevos destinos parroquiales o misionales, que exigirían cambios y traslados posiblemente en conflicto con los proyectos y las expectativas familiares del sacerdote, de su cónyuge o de sus hijos.

Injusticia para con los fieles, que inevitablemente tendrían un sacerdote “part time”, cuya mente y corazón estarían muchas veces absortos en sus problemas familiares en vez de concentrarse en los problemas y necesidades de su grey.

Injusticia también para con los sacerdotes que optasen por el celibato, que pasarían cada vez más a ser los “raros” y que sufrirían cada vez más presiones para casarse ellos también.

Pensemos que aún dentro de todo lo que es la debilidad humana, el hecho de que el celibato sea obligatorio para el sacerdote ministerial pone de entrada una especie de barrera de protección para el sacerdote célibe ante las posibles aspiraciones de algunas de las fieles o de alguna otra mujer en general. Quitada esa barrera, cada sacerdote célibe estaría en principio más expuesto a tener que dar explicaciones una vez sí y otra también acerca de porqué opta por el celibato, pudiendo casarse.

Son de prever además en ese sentido los naturales conflictos entre la esposa del sacerdote y las parroquianas más habituales y comprometidas, que muchas asumen papeles relevantes dentro de las parroquias, como todos sabemos.

Es inevitable, además, que para el sacerdote casado el tema económico pase a primer plano, ya que tiene una familia que mantener. En ese sentido, la promesa sacerdotal de pobreza que se hace en la ordenación sacerdotal quedaría bastante problematizada y se podría preguntar cuál sería aún su significado.

En todo caso, sería una nueva injusticia obligar a la esposa y los hijos del sacerdote a vivir en un nivel económico significativamente inferior al de las familias católicas puramente laicales, por así decir.

Y es de temer que en la práctica, muchas veces al menos, nada de eso sucedería, sino precisamente lo contrario, de donde surgiría un nuevo e inagotable manantial de acusaciones contra los sacerdotes en general por parte tanto de los fieles como de los infieles.

En el caso de los fieles, ello se agravaría por la conciencia que éstos tendrían de ser en parte al menos los que sostienen económicamente no sólo al sacerdote, lo cual es lógico y explicable, sino también a su familia, con la cual muy posiblemente además estarían muchas veces en diversos conflictos nacidos de la misma dificultad de conciliar en una sola persona dos vocaciones absolutamente exigentes.

El propio sacerdote se vería muchas veces tensionado ante la necesidad de atender económicamente a su familia y la igualmente urgente necesidad de destinar ese mismo dinero a su parroquia, por ejemplo. Podría llegar a darse el caso, muy probablemente, de que los fieles sospechasen que el dinero que se les pedía para obras parroquiales iba destinado en realidad a la familia del sacerdote.

De hecho, en muchos casos las colectas parroquiales no serían suficientes para la manutención de una familia, con lo cual sería el Obispado, por ejemplo, el que tendría que aumentar sus gastos por ese concepto.

A no ser que a alguien se lo ocurriese la brillante idea de que el sacerdote dedicase parte de su tiempo a otro oficio más con el cual pudiese completar lo necesario para atender las necesidades de su familia.

Se puede responder que obviamente que la mujer del sacerdote también trabajaría. Eso abre un nuevo campo de posibilidades que no son todas ellas halagüeñas. Trasladando a este caso la experiencia de otros que no tienen por qué ser, como ya dijimos, esencialmente diferentes, podríamos tener a la esposa del sacerdote trabajando en alguna empresa u organización sostenedora de principios abiertamente contrarios a la fe o la moral cristianas.

O podríamos tener también que todos los cargos remunerados en una diócesis, por ejemplo, estuviesen “a priori” destinados a las esposas de los sacerdotes, más allá de las competencias efectivas que pudiesen tener.

Además, esto podría traer, muy probablemente, un nuevo problema vocacional, en el sentido de que los hijos de los sacerdotes podrían pensar que la ocupación de su padre es una buena fuente de ingresos y concebir por esa razón el deseo de ser sacerdotes también ellos.

E incluso podría ser que su padre viese con buenos ojos ese proyecto “vocacional”, y lo apoyase según sus fuerzas, con lo cual estaríamos más cerca de la creación de una verdadera casta sacerdotal en la que el “empleo” de sacerdote pasase de padres a hijos.

En general, la lógica y natural tendencia de los padres a preocuparse preferencialmente de la suerte de sus hijos no podría no tener consecuencias muy negativas en el caso de los sacerdotes casados en su relación con su comunidad parroquial, por ejemplo, y con la Iglesia toda.

Tradicionalmente ha existido en la Iglesia el problema del “nepotismo” por el cual incluso muchos Papas ponían escandalosamente a sus familiares en altos cargos eclesiásticos para los cuales no tenían ni vocación ni capacidades. El matrimonio de los sacerdotes sólo podría extender ese problema en la Iglesia.  

En todo caso, todo este tema del problema económico de la familia del sacerdote casado sólo puede tener como efecto que la cuestión de la “pobreza” pase inevitablemente a un segundo o tercer plano para estos sacerdotes, a no ser que la consecuencia sea una escandalosa división entre lo que se predica y lo que inevitablemente se debe practicar.

Obviamente además que quien habla de sacerdotes casados habla también de Obispos casados, aunque más no sea porque algunos de esos sacerdotes serán ordenados Obispos, pues obviamente no se los va a querer “discriminar” en ese sentido. Y con ello todo lo que hemos dicho arriba será elevado a una potencia de exponente superior

Y sin duda que nuestra imaginación no ha podido sugerirnos todas las eventualidades ruinosas que surgirían con toda probabilidad del hecho de un sacerdocio casado.

No hemos entrado, tampoco, como ve, en las razones propiamente teológicas que avalan la conveniencia del celibato sacerdotal, a no ser que lo hagamos hecho indirectamente, al considerar los efectos probables de un sacerdocio casado.

Digamos solamente que sin duda que el celibato en el Nuevo Testamento es un valor altísimo, recomendado tanto por Nuestro Señor Jesucristo como por sus Apóstoles, notoriamente San Pablo, y que cualquier discusión sobre el celibato sacerdotal que no parta de esta perspectiva neotestamentaria está absolutamente fuera de lugar.

Recemos a la Madre de Nuestro Señor para que interceda por nosotros, para que la Santísima Trinidad, contrariamente a lo que merecen nuestros pecados, nos conceda en su infinita Misericordia que no se elimine el celibato sacerdotal obligatorio en su Iglesia.

13 comentarios

  
Rafa
No sé si con la exposición hecha se agotan los argumentos existentes. Para mí hay uno muy claro, y es la disponibilidad absoluta para "las cosas de Dios y de su Iglesia". No lo sé, pero dudo de que en la práctica esa disponibilidad fuese total si el sacerdote estuviese casado y con hijos; me parece que en la práctica introduciría muchos condicionantes en su entrega total y absoluta a Dios y a la Iglesia y, en sentido contrario, a su familia carnal. El sacerdote, si de verdad trabaja, lo normal es que no tenga tiempo para nada, salvo unas pocas horas al cabo del día para reponer fuerzas. Al menos es lo que veo en mi entorno; ahora bien si no "trabaja"... El sacerdocio ejercido no tiene horario.

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En efecto, así es.

Saludos cordiales.
09/02/20 5:20 PM
  
Adriana
Reproduzco acá el comentario que hice en el bloc del Padre Leandro Bonnin:
No es tan sencillo en cuanto a disponibilidad. Como colombiana reconozco que en la conquista que hizo España, en su evangelización lo pudieron hacer gracias a misioneros célibes. Conozco y se de la iglesia oriental, y no es tan fácil el tema misionero, porque las esposas y sus hijos, en muchos casos por temas de educación de la familia, se reduce la movilidad. Otro aspecto que hay que tener en cuenta son los sacramentos. Los protestantes los abolieron, pero un sacerdote católico tiene una atención más personalizada por tener que administrarlos. También conozco muy de cerca este tema, aquí hay muchas sectas evangélicas y tengo familia en ellas. El sacramento de la confesión y la unción de enfermos exige cercanía sacerdotal y estar disponible, y ni decir si hacen dirección espiritual y consejería. Y en las Iglesias orientales los que vayan a ser Obispos, son solteros....
Estoy de acuerdo con el manejo del término "conveniencia". ¿Se imaginan ahora, con la persecución a los católicos chinos, que los sacerdotes fueran casados? Si los chantajean actualmente persiguiendo a sus familiares, sería pero que secuestraran y torturaran a sus hijos y esposa....
NO se trata de ser célibe por miedo, se trata de ser célibe por entrega total y disponibilidad a Jesucristo.

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Muy cierto. Saludos cordiales.
09/02/20 6:19 PM
  
Tulkas
Todos los argumentos más fuertes son a favor del celibato, de eso no hay duda.
El problema es que vivir el celibato requiere unas condiciones concretas. Realmente el celibato es simplemente la renuncia al matrimonio y a la familia natural. Pero muchas veces el celibato va acompañado de una soledad muy injusta para los sacerdotes.
Yo tengo la opinión de la superviencia del celibato sacerdotal dependerá de que los sacerdotes vivan en pequeñas comunidades.
En las parroquias de una ciudad grande de hecho ya es así, y suelen vivir tres o hasta cuatro sacerdotes juntos, que es lo lógico: pequeñas comunidades de presbíteros.

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El celibato no se puede entender sin motivos sobrenaturales, y el sacerdote que es fiel a su vocación sacerdotal nunca está solo, lo acompañan la Santísima Trinidad, la Virgen y todos los santos y ángeles, al mismo tiempo que ora cotidianamente por él toda la Iglesia en el sacrificio de la Misa.

Eso no quiere decir que el celibato no conlleve sufrimiento, como es normal en toda vida cristiana llamada a tomar sobre sí la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

Y eso dicho, sí, obviamente que todo medio humano que pueda positivamente ayudar al celibato sacerdotal ha de ser bienvenido en principio, aunque sería ilusorio poner la confianza ante todo en esa clase de medios.

Saludos cordiales.
09/02/20 6:26 PM
  
Horacio Castro
Néstor. Coincido plenamente en que “obviamente, se puede objetar que ya hay en algunas circunstancias de la Iglesia sacerdotes casados. No dudamos que la gracia de Dios puede hacer que desempeñen dignamente todas sus obligaciones, pero sí dudamos, por lo dicho y por lo que diremos a continuación, que se pueda esperar que eso sea lo normal en la Iglesia. Y si se nos dice que sólo se está pensando en abolir la obligación del celibato para algunos casos muy especiales, respondemos que en la práctica es muy difícil que eso no lleve, más pronto que tarde, a que el celibato sacerdotal sea algo puramente opcional en la Iglesia Católica”. Ahora bien, al tenor de todas las dificultades expuestas a continuación de ese párrafo, reitero mi convicción acerca de que en los casos de divorciados por la ley civil justos, ante la inexistencia de un matrimonio sacramental, Dios otorga la gracia para contraer verdadero matrimonio. Cordial saludo.

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Bueno, esos divorciados por civil, o son bautizados, o no, y si son bautizados, o se casaron por Iglesia, o no.

Si son bautizados, o uno de ellos lo es, para ellos el único matrimonio válido es el sacramental.

Por tanto, si sólo estaban casados por civil, en realidad no estaban casados, y tampoco son en realidad "divorciados", son solteros, así que se pueden casar por Iglesia con alguien más sin problemas.

Si son bautizados, y se habían casado por Iglesia, entonces no pueden casarse con otra persona en vida de su cónyuge legítimo, a menos que consigan una declaración eclesial de la invalidez de ese matrimonio.

Saludos cordiales.
09/02/20 6:34 PM
  
Parmandil
Néstor, ¿a qué se refiere con "promesa sacerdotal de pobreza"? ¿No eran solamente los religiosos los que hacen voto de pobreza?

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Los sacerdotes religiosos hacen votos. Los sacerdotes del clero secular prometen a su Obispo pobreza, castidad y obediencia.

Saludos cordiales.
09/02/20 6:52 PM
  
Albert Peez
El celibato sacerdotal se entiende perfectamente cuando se dan las condiciones que el Señor quiere para que el sacerdote viva un ministerio de realización apostólica. Como dice muy bien el artículo, la vocación sacerdotal absorbe todas las energías de la persona, así como la vocación matrimonial las absorbe también para el que viva esa vocación como el Señor quiere.

El problema está en que ahora no se dan en absoluto las condiciones para que el sacerdote viva su ministerio adecuadamente. El sacerdote, y en especial el pequeño sacerdote, ha quedado reducido a un mero peón clónico de la institución eclesiástica, quedando anuladas (con la acusación de autorreferencialismo del sacerdote) todas las posibilidades personales que el Señor puso natural y sobrenaturalmente en la persona del sacerdote.

Propiamente se podría decir que los sacerdotes no son tanto “célibes” (por el Reino de los Cielos) sino “castrados” (es decir, ni Cielo ni Tierra), y se entiende de esta manera el celibato como un “escape” para el sacerdote.

En estos términos, la medida será absolutamente un fracaso, como lo es en las demás iglesias protestantes que lo han puesto en práctica.

Que la institución eclesiástica deje de oprimir y bloquear la realización apostólica del sacerdote en su ministerio, y ya verán como los sacerdotes viven más plenamente su ministerio, aumentan las vocaciones sacerdotales, y se acaban los planteamientos simplistas acerca de la “crisis sacerdotal”.

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Capaz que sería bueno que Ud. definiese esa famosa "opresión" que realiza la Iglesia, porque hay mucha gente que cree que es "opresión" que Dios exista, que haya una ley de Dios, grabada por la Creación en la misma naturaleza humana, que el hombre está obligado a obedecer; que Dios se haya revelado en Jesucristo y nos haya dado a conocer su plan de Salvación, y que haya fundado a la Iglesia para que esa Revelación divina se preserve intacta entre nosotros hasta el fin de los tiempos.

Es decir, la obediencia de la fe está en el centro mismo de la fe cristiana, y no es opresión alguna. Obviamente, si yo no creo que Jesucristo haya fundado una Iglesia, no voy a aceptar la "opresión" de ninguna Iglesia, pero es lógico también que si yo creo lo contrario, entonces la Iglesia para mí no va a ser ninguna opresión, sino una autoridad legítima.

En cuanto a la plena realización personal del sacerdote, no puede ser distinta de la de Nuestro Señor Jesucristo, que consistió fundamentalmente en obedecer a su Padre hasta la muerte, y muerte de Cruz, como dice San Pablo a los Filipenses.

Saludos cordiales.
09/02/20 7:21 PM
  
Xt
Totalmente de acuerdo con que los motivos del sacerdocio-celibato son principalmente sobrenaturales, aunque además las razones logísticas, creo yo, hablen por sí solas.
¿Qué vocación no conlleva cruz?. ¿Vamos a renegar de ella, ser sus enemigos?.
Jesús dijo que quién quiera ser discípulo suyo... todos sus discípulos, entiendo yo. Solo faltaba que los sacerdotes no tomaran la suya. Los laicos cogemos las nuestras. ¡Vaya ejemplo que iban a dar!. ¿Qué creen, que los laicos no sufrimos y nos encomendamos a Dios y Él nos da la fuerza para todo?. Todo se puede llevar con Él.

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Muy cierto. Saludos cordiales.
09/02/20 7:24 PM
  
claudio
Estimado Néstor el Sacramento del Orden toma sentido del Sacramento de la Eucaristía y en el mismo el presbítero existe y actúa en personificación sacramental del mismo Cristo.
El sacramento del Orden Sacerdotal “configura con Cristo mediante una gracia especial del Espíritu Santo a fin de servir de instrumento de Cristo en favor de su Iglesia. Por la ordenación se recibe la capacidad de actuar como representante de Cristo, cabeza de la Iglesia, en su triple función de sacerdote, profeta y rey” (Catecismo de la Iglesia Católica (CIC), 1581).
El sacerdote, por lo tanto, representa –en sentido real– a Jesucristo Cabeza de la Iglesia.
Es lo dice la expresión, patrística, que el sacerdote actúa in persona Christi: en la persona o en el nombre de Cristo, por el carácter indeleble del Sacramento Canon 1582, “son sellados con un carácter especial, y se configuran con Cristo Sacerdote de tal modo que pueden actuar en la persona de Cristo Cabeza” (decreto Presbyterorum Ordinis, 2).

Desde ese punto de apoyo, mantenerse célibe como promesa a Dios por respeto a Cristo, es además una forma especial de castidad esencial integrante del Sacramento.

Pero lo que está en juego es la apertura no al "celibacy less" sino a la posibilidad que se haga algo en la creencia que la ordenación de diáconos permanentes con familia establecida y reconocidos por la comunidad en amazonia sirva para superar la falta de vocaciones cuyo origen no es el celibato (ni el silbato) sino que es la falta total de búsqueda de las mismas mediante la oración Rogad al dueño de la mies...oración, permanente, con Fe y fervor, única e irrepetible fórmula de obtener pastores, que Dios los envíe.

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El celibato no es tampoco esencial al Sacramento del Orden, porque de hecho en algunos ritos y jurisdicciones de la Iglesia Católica hay sacerdotes casados. Sí es algo muy conveniente, de cuya supresión, o del hecho de dejarlo solamente como opcional en la Iglesia en su conjunto (a lo que se llegaría eventualmente si se suprime su carácter obligatorio para algunas regiones) se seguirían los graves daños que intento señalar en el "post", y seguramente muchos otros más.

Si todo el asunto amazónico queda en la ordenación de diáconos permanentes, miel y hojuelas, como se dice, pero lo veo poco probable, porque la posibilidad de ordenar diáconos permanentes ya existe en la Iglesia, y el problema de la celebración de la Eucaristía no se arregla con diáconos permanentes, y para eso no hacía falta un sínodo (para lo otro tampoco, entiendo, obviamente).

Saludos cordiales
10/02/20 1:14 AM
  
Oscar Alejandro Campillay Paz
"Eso no quiere decir que el celibato no conlleve sufrimiento, como es normal en toda vida cristiana llamada a tomar sobre sí la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo"

La venerable Margarita Occhiena, apenas ordenado su hijo San Juan Bosco, le dijo: "Juan ya eres sacerdote! Recuerda siempre que comenzar a celebrar Misa, es empezar a sufrir"

Cómo pretender mejor suerte que aquel que dijo de sí:
"las raposas tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza"

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En efecto, así es. También es verdad que el sacerdote ministerial tiene una gracia de estado especial y que el Orden lo pone en una relación única con Nuestro Señor Jesucristo.

Saludos cordiales.
10/02/20 10:10 AM
  
Tulkas
Néstor:

No niego la necesidad de la gracia, pero yo no iba por ahí.

El celibato no es un aspecto intrínseco del orden sacerdotal en tanto que sacramento. Hay otros aspectos que sí son intrínsecos al orden en tanto que sacramento, como es la comunidad. El orden es un sacramento para la salvación de otros y exige al menos tres comunidades: 1-la comunidad de los fieles a los que sirve, 2-la comunidad con el obispo y 3-comunidad presbiteral.

Una defensa demasiado unilateral del celibato no puede hacer olvidar el carácter comunitario del orden sacerdotal. Un cura solo es una rareza, y la vocación eremítica es una vocación no intrínseca al sacramento del orden. No se puede cargar al orden sacerdotal con elementos que le son extrínsecos (como el celibato) si eso pone en riesgo real su naturaleza comunitaria intrínseca.

Recurrir a la gracia es muy socorrido, pero la gracia no destruye la naturaleza y mucho menos destruye la naturaleza de los sacramentos.

En la Escritura y en la propia Tradición hay más argumentos a favor de la naturaleza comunitaria del orden presbiteral que del celibato, para empezar el envío que hizo el Kyrios "de dos en dos" y para continuar el testimonio paulino y neotestamentario de comunidades de presbíteros en todas las iglesias.

Lo que no es intrínseco al sacramento no se puede consagrar hasta tal punto que lleve al detrimento de lo que sí le es propio.

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En cuanto a la naturaleza comunitaria del Sacramento del Orden, ante todo se cumple porque el sacerdote es miembro de la Iglesia, que es la comunidad de los bautizados. Las otras dimensiones comunitarias son reales, pero no parece que sean tan esenciales que sin ellas no se esté dando lo esencial del Sacramento.

Por ejemplo, el sacerdote religioso tiene con el Obispo una relación más bien oblicua, pues su obediencia se dirige ante todo a los superiores de su orden o congregación.

Lo mismo en cuanto a la relación del sacerdote con el presbiterio. Pensemos en San Francisco Javier muriendo "solo" en una isla frente la costa de China, o en el P. Damián viviendo "solo" entre los leprosos en Molokai.

Saludos cordiales.
10/02/20 5:36 PM
  
Miguel Antonio Barriola
Repito aquí, por su congruencia con el tema, un comentario, que ya he hecho respecto a algún otro artículo de "Infocatolica".
Recuerdo cómo, en el Seminario de Montevideo, invitamos en una ocasión a varios "Diáconos permanentes y, por tanto, casados".
Fueron explicando su forma de vida, dificultades, etc,
A uno de ellos le pregunté: ante tantas urgencias: horarios de trabajo, bullicio de los niños en casa y tantos otros problemas, cómo hacían para preparar las homilías, cuando tenían que predicar.
Respuesta: "Me encierro en el cuarto de baño, donde nadie puede molestar".
"Bendito Celibato!", comenté para mis adentros.
Además, en las Iglesias, en las que se admite sacerdotes casados...¿son tan numeroso los misioneros que van a tierras lejanas, como Africa o Asia?

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Teniendo en cuenta además que el diácono no tiene todas las responsabilidades del presbítero!

Saludos cordiales.
10/02/20 8:15 PM
  
Albert Peez
La Voluntad de Dios no es opresion en absoluto, ni para el sacerdote ni para nadie. Es fuente de bendicion.

Otra cosa muy distinta es la opresion de la institucion eclesiastica, que esa si es opresion para sacerdotes y para todo el mundo. Por eso el Senor mismo se rebelo contra la opresion de la institucion eclesiastica de su tiempo ("raza de viboras, sepulcros blanqueados...").

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Jesús le dice a Pedro que sobre esa piedra edificará su Iglesia, así que mal puede ser esa Iglesia fundada por Cristo una fuente de opresión, y mal puede identificarse esa Iglesia de Cristo con los fariseos y escribas del tiempo de Jesús, que además distinguió entre ellos y la institución religiosa judía, pues los distinguió de la cátedra de Moisés en la que estaban sentados, hasta el punto de que mandó hacer lo que ellos decían, pero no imitar lo que hacían. Jesús veneró y defendió el Templo de Jerusalén, predicó en las Sinagogas tras haber hecho la lectura en ellas según allí se estilaba, recibió la circuncisión al nacer como todo niño judío, fue en peregrinación al Templo de Jerusalén con sus padres mientras estuvo sujeto a ellos, dijo que ni una coma ni una tilde de la Ley dejaría de cumplirse y que él no había venido a abolirla, sino a llevarla a plenitud. Etc.

Saludos cordiales.
12/02/20 2:27 AM
  
Tulkas
La naturaleza comunitaria del Orden sacerdotal está asegurada por la sacramentalidad del mismo, no por su ejercicio.

La dimensión comunitaria en tanto que bautizados es la misma que la de cualquier bautizado, como lo es también el sacerdocio no ministerial de todos los creyentes, que también tienen los ordenados.

Ya he dicho que un cura solo es una rareza, y tú, efectivamente, sacas a colación excepciones circunstanciales. La relación del consagrado con su obispo puede ser oblicua, sí, pero es que ahí entra en juevo un llamado especial que asegura el celibato por otra vía: el seguimiento más estricto de los consejos evangélicos dentro de su comunidad de consagrados.

Exigir a un cura la soledad alegando la gracia es, poco más o menos, como exigirle a un casado la soledad alegando la gracia, en tanto que ambos son sacramentos ordenados a la salvación de otros.

En el momento en el que la exigencia del celibato demande la soledad del sacerdote algo se está entendiendo mal.

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No es que el celibato exija la soledad del sacerdote, es que tampoco exige absolutamente que el sacerdote viva en comunidad con otros sacerdotes, como se prueba por el ejemplo de muchos santos sacerdotes a lo largo de la historia.

Por ejemplo, el Cura de Ars. Para lo que sirvió el vicario pastoral que al final le pusieron fue para amargarle la vida y aumentarle las cruces. Mientras estaba solo en la parroquia luchando de noche con el demonio convirtió al pueblo entero de Ars.

Y es el santo patrono del Clero.

La comparación con el casado no sirve, porque la Esposa del sacerdote es la Iglesia, y vaya si tiene vida comunitaria por ese lado, donde le toque atender a una parroquia, más bien debe estar suspirando por tener un momento de soledad y tranquilidad para poder rezar y esas cosas.

Es claro que es bueno el ideal de una comunidad de sacerdotes, pero en la práctica suele tener sus dificultades. San Juan Berchmans, novicio jesuita que no llegó a ordenarse sacerdote por su temprana muerte, tiene la frase famosa: "mi máxima penitencia, la vida común".

Saludos cordiales.
12/02/20 9:18 AM

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