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18.06.19

¿Una ciudad "humana" sin Dios? Parte II o "por lo eclesiástico".

“Lo prometido es deuda", dice el refrán; y aquí estoy para la segunda parte; porque, en mi opinión, la debía haber.

*Ante este panorama de las sociedades “modernas” -es decir, sin Dios- ¿qué tenía que decir la Iglesia en base a la Revelacion divina, que es su fuente de entendimiento, enseñanza y gobierno? Mucho y todo bien. Lo dijo y lo escribió.

Así terminaba la parte Iª. Y a esto respondo ahora.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una única preocupación, una preocupación absolutamente esencial y primaria: ser fiel a su Fundador: Jesucristo. Para esto recibió en Pentecostés al Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, y así hechó a andar ese mismo día. Por cierto: con tres mil bautizos de una sola tacada. Nada “proselitista", por supuesto: los apuntaban a un campamento para aprender a recoger plásticos. Nada de recordarles que “Ese Jesucristo, a quien vosotros habéis matado, ha resucitado. Y nosotros somos testigos de estas cosas".

Fiel a ese Espíritu -el Espíritu de Diosenviado por el Padre y el Hijo-, y de cara a los hombres a los que se la había enviado -para los que debía vivir en orden a su salvación: “el hombre es el lugar de la Iglesia”, nos escribió el papa san Juan Pablo II-, se empeñó en dedicarse a todo hombre -sin distinción de raza, cultura, posición, sexo o religión-, en todos los órdenes de cosas: desde lo más material -"la atención de las mesas", por ejemplo-, hasta lo más espiritual: la Catequesis, los Mandamientos, la Plegaria y los Sacramentos. 

Porque, como nos escribe san Juan: Este Mandamiento tengo recibido de Dios: que quien ama a Dios, ame también a su hermano. Siempre las dos cosas -Dios y el hombre, lo espiritual y lo material, lo terreno y lo sobrenatural, lo presente y lo futuro-, juntamente y de la mano.

Y esto, no solo en el ámbito personal; sino también en el familiar y en el social: como no podía ser de otra manera. Siempre, como es lógico, desde las perspectivas de las sucesivas épocas de la Historia.de la humanidad -porque la Iglesia no solo no es ajena a ellas, sino que las ha configurado en grandísima manera-, y de la misma Historia de la Iglesia. Historias que, sin ser las mismas, coincidan en el tiempo y en muchos de sus personajes.

La Iglesia tenía su papel perfectamente definido y asumido: Mater et Magistra (Juan XXIII. Roma. 15-V-1961). Hasta las mismas puertas del CV II. Pero ahí perdió los papeles, y se metió un gol en propia puerta, sólo comparable al de aquel portero que sacó el balón con la mano… ¡y se metió gol a sí mismo! Nunca se había visto, y nunca se ha vuelto a ver.

El “caballo de Troya” -en realidad han sido varios, pero ahora voy a hablar únicamente de uno: el más demoledor en mi opinión, como el tiempo ha demostrado- fue la palabra mágica que le “abriría” supuestamente al mundo y a los hombres como nunca hasta ese momento: ¡DIÁLOGO!

Iba a ser el “ábrete Sésamo” a las grandes y mejores riquezas que el mundo y el hombre albergaban en su corazón: ¡y la Iglesia Católica no se las podía perder bajo ningún concepto! Si quería ser fiel a Jesucristo, debía dar ese paso, y pronunciar hasta lo más hondo su “¡ábrete Sésamo!", o sea: ¡DIÁLOGO!

Pero, con eso, se metía en una múltiple problemática, pues perdía su sitio; y, en consecuencia, su misión. Y esto, tanto respecto a Cristo -lo primero y más importante-, como respecto al mundo y a los hombres. Porque la Iglesia no fue enviada a “dialogar", sino a ENSEÑAR: Id por todo el mundo… y proclamad el Evangelio; …y proclamad la Buena Nueva; …y haced discípulos;  …y predicad el Evangelio. Y esto, tal como aparece REVELADO en los distintos evangelios, no parece que quiera decir “dialogar". Creo yo.

La Iglesia debía, como Madre y Maestra, ENSEÑAR. ese era su Lugar, y esa era su Misión, tanto de cara al mundo como de cara a los hombres. Y de cara a sí misma, para decirlo ya todo. Con el famoso “diálogo", perdió todos los papeles, y todos sus “poderes": todos divinos.

Porque, para mayor “caballo de Troya” -de ahí los “troyanos” al uso- el diálogo que la Iglesia debía asumir ´¡y ha asumido!-, era el “diálogo” con la carga semántica “moderna” del término: es decir, SIN VERDAD PREVIA: sin Verdad, y menos DIVINA, de la que partir, porque sería “prepotente": es la acusación “moderna” también contra la Iglesia; y los acelesiasticos acomplejados de turno, que los hay, siempre se achantan con estas cosas. Por tanto, “se dialoga” desde CERO, renunciando a lo que Dios mismo te ha dado, que es Él mismo, para llegar… A LO QUE EL MUNDO QUIERA IMPONERTE, porque en esas estamos. 

Así es como en la Iglesia se han asumido, en los útlimos casi sesenta años. tantas y tantas cosas, absolutamente “modernas", o sea: MUNDANAS.

Ahí están los intentos -reales: casi de auténtica fijación morbosa- de asumir la homosexualidad, la comunión en pecado mortal, la primacía de la conciencia individual por encima de cualquier Ley Moral y Eclesiástica, la aceptación de los “casos particulares” hasta contra la misma Palabra de Dios si se tercia, el triunfo de la “Pastoral” contra la Teología y la Moral, el desmantelamiento del gobierno eclesial -entre el “colectivismo jerárquico” cuando hace falta, o el “echarse al monte jerárquico” cuando también hace falta-, el sinsentido de los Mandamientos, de los Sacramentos y del Catecismo Universal después de desaparecidos los diocesanos, la desacralización de todo lo desacralizable: desde la Santa Misa hacia abajo… todo lo que se ponga por delante, la desaparición de los signos visibles de lo sagrado y de Dios mismo, los curas “casados", y la “tolerancia cero". Podría alargarme; pero ¿para qué?

¿Consecuencias? Las mismas que en el mundo “civil” y en los gobiernos “democráticos": la MENTIRA como sistema, que trae la CORRUPCIÓN por sistema. Como lo que sobran son ejemplos, me los ahorro.

La Iglesia “sin Dios” es tan imposible como la ciudad y la sociedad “sin Dios". Como el hombre “sin Dios". Los hay, aunque no aportan nada que le sirva al hombre, al mundo y a la Iglesia. Pero los intentos y sus “conquistan” ahí están.

¿O me lo he inventado?