El cardenal Fernández induce a error
Imágen de Kelly en Pexels

El cardenal Fernández induce a error

Hacemos bien en sentir compasión por las personas atrapadas en situaciones pecaminosas. Pero la compasión no es una autorización para minimizar, o para excusar, o para bendecir los comportamientos destructivos implicados en esas situaciones.

Joseph Ratzinger, más conocido como Papa Benedicto XVI, dejó el ministerio pontificio en 2013. Pero antes de hacerlo había empezado a redactar una encíclica sobre la naturaleza de la fe cristiana. Su objetivo era completar sus reflexiones sobre las tres virtudes teologales –fe, esperanza y caridad– y sus implicaciones para el verdadero desarrollo humano. Para Benedicto, la fe es el fundamento y la energía que informa las otras dos virtudes. Y pudo ver con agrado cómo el recién elegido Papa Francisco asumió el borrador de Benedicto al acceder al cargo. Francisco añadió «algunas contribuciones propias» y a continuación publicó el texto resultante, Lumen Fidei («La luz de la fe»), su primera encíclica y el documento inaugural de su pontificado.

Dados los acontecimientos posteriores, es revelador que algunos de los más firmes partidarios del nuevo Papa no mostraran gran entusiasmo con el estilo y el contenido de Lumen Fidei. Y es comprensible. El texto es una obra clásicamente ratzingeriana. En sus anteriores funciones como peritus (experto) en el Concilio Vaticano II y de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger fue una de las grandes mentes cristianas del siglo pasado. Lumen Fidei es una reflexión magistral sobre la naturaleza de la fe, su papel en la búsqueda de la verdad por parte de la razón y el modo en que nos guía en la vida cristiana.

Éstas son las buenas noticias. La otra noticia es la siguiente: la notable calidad de Lumen Fidei contrasta desgraciadamente con cualquiera de los demás documentos del pontificado de Francisco. Es un juicio doloroso, pero cierto. Y en este punto, para ser justos, hay que añadir algo de contexto.

Muy pocos estadounidenses viven en la pobreza que es común en otras partes del mundo. Por lo tanto, nos resulta difícil comprender el sufrimiento que conlleva una vida de incertidumbre constante. Es fácil –demasiado fácil– considerar la hostilidad del Papa Francisco hacia el capitalismo moderno, y hacia la visión materialista que genera, como si fuera una forma de ignorancia pseudomarxista. Pero su compasión por los pobres, su atención a las personas olvidadas de las periferias del mundo y su énfasis en la prioridad de la misericordia no son sólo totalmente católicos. También son una admonición y una catequesis necesarias para los que vivimos en las naciones «desarrolladas». La evidente aversión del Papa hacia los líderes de la Iglesia y hacia la vida católica de Estados Unidos puede deberse a una falta de conocimiento, y es profundamente frustrante. Pero su actitud crítica hacia las naciones ricas del Norte Global, y especialmente hacia Estados Unidos, no es injustificada.

En defensa de Francisco, también debemos recordar que, a lo largo de su vida, un sacerdote escuchará miles de confesiones. Muchas serán de personas sinceras que luchan con circunstancias sumamente complejas. Francisco está muy atento a estas situaciones. En estos casos, limitarse a citar el catecismo ofrece poco consuelo. También carecería de humanidad. La tentación de confirmar, o al menos de tranquilizar, a personas bienintencionadas en sus comportamientos y relaciones pecaminosas puede ser intensa.

Esto ayuda a explicar las frecuentes quejas del Papa sobre el atraso, la rigidez y el «fijismo» del pensamiento católico. Explica sus numerosas críticas a un clero supuestamente implacable. Explica su aversión por los «doctores de la ley» y su enfoque laxo en cuestiones canónicas. Explica su irritación ante la seriedad intelectual y la precisión de sus predecesores inmediatos. Explica su estudiada ambigüedad en ciertas cuestiones de doctrina y disciplina eclesiástica. Explica su negativa a vivir en el Palacio Apostólico del Vaticano, su desdén por algunas de las formalidades asociadas a su cargo y su costumbre de alimentar la confusión con comentarios públicos imprudentes e incluso provocadores. También explica su peculiar hostilidad hacia la antigua Misa en latín y los supuestos reaccionarios que se «aferran» a ella; algunos de ellos, sí, amargados adictos a la nostalgia, pero muchos otros que son simplemente jóvenes y familias que buscan belleza, estabilidad y alguna conexión con el pasado de la fe en su culto litúrgico.

Resulta difícil evitar la conclusión de que un trasfondo de resentimiento es una de las marcas distintivas y más lamentables del pontificado de Francisco. Lamentable, porque daña la dignidad del oficio petrino. Lamentable, porque genera críticos y enemigos, en lugar de reconciliarse con ellos. Lamentable, porque socava la tarea central de todo pontificado: proporcionar una fuente creíble y fiel de unidad católica. Y los asesores, apologistas y escritores en la sombra que rodean a este pontificado han contribuido decisivamente a agravar el problema.

Lo que nos lleva a la persona del cardenal Víctor Manuel Fernández. Teólogo y ex rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Fernández fue arzobispo de La Plata. También es un estrecho colaborador, consejero y a veces escritor en la sombra del Papa Francisco, quien lo nombró prefecto del Dicasterio (antes Congregación) para la Doctrina de la Fe (DDF). La DDF ocupa un lugar especial en el firmamento vaticano. Tiene la tarea de proteger la integridad de la enseñanza y la práctica católicas, un deber vital para la vida de los fieles. La razón de su preeminencia debería ser obvia: la Iglesia católica es una comunidad tanto doctrinal como sacramental. Lo que creemos –sobre la Eucaristía, por ejemplo, o sobre la naturaleza y finalidad de la sexualidad humana– y cómo entendemos y aplicamos lo que creemos, constituye el «pegamento» que une a los católicos como un pueblo distinto de los demás. Fernández ocupa, pues, un cargo de singular importancia, como antes lo hizo Joseph Ratzinger. Pero tanto en su pensamiento como en su sustancia, Fernández es un hombre muy diferente de su gran predecesor.

Ya se ha hablado mucho del polémico libro de Fernández de 1995, Cúrame con la boca: El arte de besar. No es necesario volver sobre él. No es un título que uno asociaría usualmente con el jefe doctrinal de la Iglesia católica. Pero tachar de superficial el pensamiento de Fernández sería un error. Tiene una obra importante en su haber. Su pensamiento no es superficial. Simplemente está equivocado en algunos aspectos cruciales, lo que tiene grandes implicaciones.

Pero, ¿cómo de «equivocado», exactamente? Nadie ha desentrañado los problemas del pensamiento de Fernández de forma más respetuosa, persuasiva y exhaustiva que el sacerdote y teólogo español José Granados. Ex vicepresidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II de Roma para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia –antes de que el Papa Francisco cambiara su enfoque–, Granados es superior general de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María y cofundador del Proyecto Veritas Amoris. En el número de invierno de 2023 de Communio: International Catholic Review, Granados evalúa metódicamente la comprensión de Fernández de la caridad y su aplicación a situaciones morales complejas. El artículo, «La caridad edifica» (1 Cor 8:1), pero ¿qué caridad? Sobre la propuesta teológica de Víctor Manuel Fernández, a pesar de su farragoso título, constituye una lectura esencial.

Granados señala que el cardenal Fernández insiste en el «contexto inmediato ineludible» de la teología. Así, para el cardenal, las circunstancias importan grandemente, lo mismo que el hacer teología menos desde alturas teóricas y más desde situaciones humanas concretas. En palabras de Granados:

[Fernández] sostiene que el pueblo cristiano, especialmente los sencillos y los pobres, poseen una especial penetración en las verdades de la fe, a pesar de su escaso poder especulativo o racional. Hay formas de conocimiento de Dios que escapan a los estudiosos y que el pueblo sencillo es más capaz de captar a través de la experiencia vivida del misterio divino… Esta valoración del contexto popular lleva a Fernández a escribir que, en lugar de sensus fidelium [el sentido de los fieles], sería mejor hablar de sensus populi [el sentido del pueblo]. La razón de este cambio es que con la expresión sensus fidelium los «creyentes» pueden verse a sí mismos como separados unos de otros y perder así el conocimiento que proviene de su unidad como pueblo. Porque hay elementos de conocimiento que no son accesibles a la persona aislada, sino sólo a la persona en relación con toda la cultura.

Sin embargo, tal y como sostiene Granados, «la expresión sensus populi por sí sola es insuficiente, ya que ignora la centralidad de la fe». Conlleva el riesgo de que «la visión sociológica del pueblo se anteponga a la revelación como fundamento de nuestro conocimiento de Dios». Lo que Fernández propone, en efecto, es «no tanto una teología del pueblo como una teología desde el pueblo». Este planteamiento contradice «el verdadero contexto, inmediato e ineludible, de la teología católica [dada] por la Iglesia como Cuerpo de Cristo, que a su vez hunde sus raíces en la Eucaristía y en la red de relaciones que la Eucaristía establece».

Granados continúa observando que Fernández, «al describir la caridad, insiste en que su principal manifestación externa es ayudar al prójimo a mejorar sus necesidades materiales». Pero para el cristiano, aunque las necesidades materiales de una persona son importantes, no son el centro primordial de la caridad. La auténtica caridad, y su expresión misericordiosa, consiste en «ayudar [a los demás] a vivir en unión con Dios, lo que incluye también actos externos como la corrección fraterna». Además, «para el Aquinate, la virtud de la obediencia, en cuanto que a través de ella ofrecemos nuestra voluntad a Dios, es mayor que todas las virtudes morales, incluida la misericordia». Hacemos bien en sentir compasión por las personas atrapadas en situaciones pecaminosas. Pero la compasión no es una autorización para minimizar, o para excusar, o para bendecir los comportamientos destructivos implicados en esas situaciones.

La crítica de Granados a la teología del cardenal Fernández es más extensa y convincente de lo que puede recogerse aquí. Pero a fin de cuentas, demuestra lo inadecuado de las opiniones del cardenal Fernández para labor para la que ha sido nombrado en el DDF: alimentar y defender la doctrina católica y la fe de los creyentes católicos. También plantea incómodas preguntas sobre la prudencia de su nombramiento.

Blaise Pascal, el matemático, científico y filósofo católico del siglo XVII, suele ser recordado por su comentario de que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce». El corazón humano es nuestro contrapeso frente a la brutalidad de la fría lógica y la verdad sin amor. Pero no es infalible. Y los sentimientos -incluida la compasión-, cuando se convierten en soberanos en el discernimiento del bien y del mal morales, pueden ser guías peligrosamente defectuosos. Ningún «nuevo paradigma» o «desarrollo de la doctrina» puede resultar en una coartada para el pecado a la luz de la Palabra de Dios y la sabiduría de la larga experiencia de la Iglesia.

El corazón tiene ciertamente sus razones. Y a veces están equivocadas.

 

Charles J. Chaput, franciscano capuchino, es arzobispo emérito de Filadelfia.

Publicado originalmente en First Things.

 

19 comentarios

maru
Así es monseñor , al cardenal Fernández, el cargo le viene grande, o mejor dicho, muy grande .
15/03/24 1:32 PM
Eliana
no lo justifiquen mas.

Es penoso.
15/03/24 4:20 PM
Pedro de Madrid
Pues si, Jesús dijo algo comprensible "pobres SIEMPRE los tendréis con vosotros" y unos por unas razones y otros por otras
15/03/24 5:38 PM
Juan Mariner
Errare humanum est, sed perseverare, diabolicus.
15/03/24 6:19 PM
Monica Martinez Bazas
¡Viva Cristo! ¡Viva el Papa Francisco!
15/03/24 9:08 PM
Lector
He intentado ver dónde dice este señor que Fernández induce a error, pero había que surfear primero tanta melaza, que al final me he reventado. Así que he cogido la tabla de surf y adiós...
16/03/24 8:36 AM
Luis Ignacio
"Resulta difícil evitar la conclusión de que un trasfondo de resentimiento es una de las marcas distintivas y más lamentables del pontificado de Francisco. Lamentable, porque daña la dignidad del oficio petrino."

Quizás sea una de las razones por las que la Virgen de Fátima insiste tanto en que debemos rezar por el Santo Padre, quienquiera que sea. Nunca pidió que rezásemos por sus intenciones.
16/03/24 9:02 AM
África Marteache
El Arzobispo Chaput es sociólogo y escribe como tal, lo que implica que algunos no le entiendan. Lo que está diciendo es que, tanto en el Papa Francisco como en el Tucho Fernández, puede haber un poso de rencor hacia los paises ricos por proceder de países pobres, o de clases sociales pobres, que no viene del Cristianismo sino de circunstancias sociales. Algo así como que el pobre entiende a Dios porque es pobre y su conocimiento de Dios le viene "vía cordis", es mirado por Dios sin exigencia alguna porque bastante tiene con el peso de su propia existencia, y en ese sentido los ricos, pero también los sabios, están alejados de la Verdad.
Esto es muy propio de la teología sudamericana, eternamente dependiente de la "superioridad" norteamericana, pero no se da en gentes aún más pobres como los asiáticos o los africanos, que no entienden que ellos tengan ninguna prebenda ante Dios por el mero hecho de ser pobres.
La pobreza, en la manera que lo ven,
justifica cualquier cosa como derivación de las circunstancias adversas y por eso con los pobres se debe utilizar otra medida: compasión, comprensión, no utilización de reglas morales como los Mandamientos, etc...Él ve esa lógica en el Pontificado de Francisco y yo también.
Lo que ocurre es que yo también procedo de familia no rica y no sabia y a mi me enseñaron que los Mandamientos son para todos con el mismo rigor, tal vez porque mi familia no tenía ningún poso de rencor hacia los ricos, porque esa es la madre
16/03/24 5:00 PM
Germán
Cien por ciento de acuerdo con la reflexión y comentario del Arzobispo Chaput, esa es la pura verdad.

El cardenal Fernández, no tiene la competencia intelectual y menos teológica católica de sus antecesores y por supuesto que lo menos que hace es confundir, tratando de justificar ambiguamente lo injustificable.

Rezo por el Papa Francisco, para que confirme a sus hermanos, en la fe de Jesucristo de hace más de dos mil años y no haciéndose eco de los modernistas 
16/03/24 5:12 PM
Angeles Wernicke
Valioso artículo, como todo lo que proviene de Monseñor Chaput... y muy valiosos los comentarios de lectores. Gracias y que Dios bendiga a ellos y a Infocatólica, gran prensa católica
17/03/24 12:36 PM
Pedro de Torrejón
El Señor ha venido para que tengamos vida ,y vida en abundancia .

"Bienaventurados los pobres de espíritu ; porque serán saciados. "..... " Los mansos heredarán la tierra "...

La miseria moral ; siempre lleva a la mísera material. Y la riqueza espiritual conlleva la riqueza material ; y todo para mayor gloria de Dios ,y para Dios.

Mi bisabuela materna decía :" en la casa que a diario se reza el Rosario ; nunca falta lo necesario " . Y ésta es la mayor riqueza de un cristiano . "No es más rico el que más tiene ; sino el que se apaña con lo que tiene " ; decía mi padre.

El Señor Nuestro Dios ha venido a salvarnos de la maldición de la pobreza espiritual y material. Un hijo de Dios es heredero de Dios y coheredero con Cristo. | Y a Dios pertenece el Honor ,el Poder ,la Riqueza y la Gloria !
19/03/24 10:00 AM
Maximiliano
Hay Pastores que carecen de vergüenza, y el olvido de que su objetivo es dar testimonio de CRISTO, siendo a la vez con su ejemplo testigos de la salvación y confirmando a los fieles en la FE. Quieren experimentar con el " buenismo " del todo vale, y deformando la doctrina. El Modernismo teológico se define como el intento de acomodar el mensaje cristiano a las exigencias del pensamiento y de la ciencia de los tiempos modernos. San Pío X lo definió en la encíclica “Pascendi” como un sistema filosófico-dogmático que deforma la esencia del cristianismo.

Intentan - tentados - dar paso a una continua mundanización que penetra en los muros de las conciencias, los muros de los monasterios e Iglesias. Juan Pablo II en el año 1982 dirigía sus oraciones para que los Presbiteros no entristeciesen al Espítu con el " secularismo o con la conformidad a este siglo. La secularización, que parecía un progreso de la civilización, se presenta hoy como el peligroso declive que conduce al secularismo, a la mutilación de la parte inalienable del hombre que afecta a su identidad profunda: la dimensión religiosa. Unido a la ausencia de práctica religiosa junto a la indiferencia y a la ignorancia de las verdades de la fe. De ahí brota una verdadera desertización espiritual de la existencia, que priva a la persona de sus razones de ser y de vida, y lo deja sin guía y sin esperanza. Malvados.
19/03/24 10:05 PM
Ele Caso
¡Gracias, Monseñor!
23/03/24 1:40 PM
Enrique McDougal
Mons. Chaput, debe ir al fondo: Francisco refuta sistemática a Jesucristo desde su "magisterio" ordinario y, se supone, que debe recibir ahí asistencia del E.Santo,CIC.892(lo refuta con:E.Gaudium2013,A.Leatittia2016-autoriza el sacrilegio de comulgar a los divorciados(1Cor11,27-29)-,F.Supplicans y más). Sabemos que Infalible es Jesucristo que prometió que "las puertas del infierno" jamás derrotarán a su IglesiaMt. 16,17-19, que oró por Pedro para que fuese garantía de la Fe "confirma tus hermanos"Lc.22,31-32, y que le confió a Pedro sus ovejas,"apacienta mis ovejas"Jn.21,17; por tanto, como nuestro Señor Jesucristo jamás puede fallar si es verdadero Vicario de Cristo, nunca puede refutar al Señor de Cielo y Tierra, pues el Maestro no falla. Por tanto, no es papa. La explicación reside en la" renuncia" a todas luces inválida del Papa Benedicto XVI (anula la elección de Francisco), tal como se sostiene(Benedicto XVI, ¿Papa Emérito?EstefaníaAcosta;CódigoRatzinger,AndreaCionci;Manifiesto,PadreFco.Vegara y más...). Esa es la verdad.
24/03/24 1:27 PM
Gregory
Muy buen análisis sin caer en tremendista y con mucha sensatez.
Por lo demás las criticas al capitalismo tienen sólido fundamento guste o no.
24/03/24 10:05 PM
gustavo pérez
Excelente , muy preciso y por demás incisivo el artículo del arzobispo Chaput. Qué lamentable que estos obispos eméritos tengan que esperar a esta coyuntura de edad o de propia renuncia por otras circunstancias para pronunciarse como lo ha hecho Monseñor CAHPUT y de la manera clara e incisiva sobre los fallos muy grandes, peligrosos y lamentables de este pontificado absolutamente en materia doctrinal y lo dice sin pelos en la lengua parangonando, por ejemplo, la notable calidad de Lumen Fidei, texto dejado por RATZINGER, "que contrasta desgraciadamente con cualquiera de los demás documentos del pontificado de Francisco. Es un juicio doloroso, pero cierto. Y en este punto, para ser justos, hay que añadir algo de contexto". Quiere decir que para Francisco el respeto por la parte doctrinal, y desde luego, por la defensa de la fe no vale gran cosa y por eso se ha ido por los fáciles vericueto del facilismo y el "buenismo" y por la concepción unilateral de la misericordia alejada en un todo por la "caritas in veritate" de san Pablo.
24/03/24 10:49 PM
Jose
Imposible justificar lo injustificable por más que se intente.
Además... la Verdad es la caridad.
25/03/24 6:17 PM
Gregory
Hay una realidad que muchos olvidan esta a la altura del Cardenal Ratzinger el Cardenal Fernández pues no,ahora Levada, y Levada lo estaban tampoco solo Muller estaba mas cerca.
Sus documentos ya como papa tambien son de alta calidad incluso los de San Juan Pablo II no en vano fue tantos años su mayor colaborador. Me agrada mucho el escrito de Monseñor Chaput mucho mejor que otros que andan por ahí.
25/03/24 7:54 PM
alvaro orozco carballo
Santo Tomas de Aquino especifica que la Iglesia debe orar por los pecadores.
Las bendicviones a lkos hoosexuales son eso oracionres por los peadores.
Nota: Sean pecadores por pecado solamente material o formal.
28/03/24 8:26 PM

Dejar un comentario



Los comentarios están limitados a 1.500 caracteres. Faltan caracteres.

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas, a los bloggers o al Director.

Los comentarios no reflejan la opinión de InfoCatólica, sino la de los comentaristas. InfoCatólica se reserva el derecho a eliminar los comentarios que considere que no se ajusten a estas normas.

Los comentarios aparecerán tras una validación manual previa, lo que puede demorar su aparición.