Cuando la ideología imposibilita cualquier pacto educativo
Firma de los acuerdos entre España y la Santa Sede

Cuando la ideología imposibilita cualquier pacto educativo

El Gobierno ya ha creado las condiciones para dar por terminados los Acuerdos con el Vaticano, instaurando un nuevo tipo de relaciones. Y lo hace por la vía impositiva, por la fuerza mayor.

Se lamentaba García Morente del alejamiento cada día mayor en las regiones de lo imposible del ideal educativo del pasado siglo, que quería extender a todos el beneficio de una cultura integral, entendida en sentido alemán como Kultur, como servicio a las cosas últimas. Y lo peor no es que por irrealizable se prescinda de tal empeño, sino la deformación monstruosa del conocimiento castrado por la ideología cuando se impone la tendencia simplificadora en detrimento doloroso de la intelección completa. ¿De qué puede servir el conocimiento vaciado de sentido?

La comparecencia del secretario y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, después de la reunión mantenida con la ministra Isabel Celaá para abordar la situación de la enseñanza en relación al Anteproyecto de Ley Orgánica de Educación, manifiesta la crónica anunciada de que la coincidentia oppositorum sólo es posible en el infinito: entre lo infinito verdadero y el infinito creado no hay ninguna coincidencia. Advertido del laicismo ideológico de Estado, en su pretensión de expulsar la asignatura de Religión del ámbito académico, Argüello se aferra a la Constitución y a los Acuerdos Iglesia-Estado como «el marco de referencia» para el diálogo sobre el pacto educativo o cualquier modificación de la legislación vigente.

La realidad, sin embargo, es mucho más sencilla. El Gobierno ya ha creado las condiciones para dar por terminados los Acuerdos con el Vaticano, instaurando un nuevo tipo de relaciones. Y lo hace por la vía impositiva, por la fuerza mayor. El diálogo, «desarrollado en un ambiente franco y cordial», según Argüello, ha sido abierto por la Iglesia, pero las puertas estaban selladas por la ideología y el consenso no ha existido, algo suficientemente grave cuando se trata de un asunto de política de Estado. El Gobierno impone de un modo tácito un marco (superar el contenido en la Constitución y los Acuerdos) y la Iglesia recuerda cuál es el marco, fuera del cual no es posible el diálogo. El Gobierno desprecia lo que la res publica ha definido de manera legítima y debe ser, quiérase o no, respetado, negando así la condición secundaria del Estado respecto a la actual demanda social de una escuela concertada y el derecho de los padres a que sus hijos reciban formación religiosa. El predominio del diálogo es el marcado por el pensamiento estratégico, un «diálogo técnico», en opinión de Martin Buber, el reclamado sólo por la necesidad de un entendimiento objetivo en el que la Iglesia, el sujeto imprescindible del diálogo, es colocada entre paréntesis para luego declararla desaparecida.

Pensaba Romano Guardini que el hombre ha desarrollado un poder inconmensurable, pero nadie se responsabiliza de él ni lo guía. Ha roto sus ligaduras y se dirige contra el hombre mismo, entregando así un orden debido devorado por la ideología. Si el propósito en materia tan sustantiva como la educación sólo consiste en pagar el peaje de pactos políticos, la democracia, lejos de buscar el bien común, colapsará en la manipulación y el imperio de la injusticia; si la escuela y la Religión se convierten en un terreno de lucha por la hegemonía, el Gobierno, obligado a garantizar las condiciones objetivas de respeto a la Constitución, se transformará en instrumento impositor de la propia ideología; si el pacto educativo se encuentra de un modo secular sometido a la intervención y al mangoneo político, a una disciplina de partido sin posible resistencia, será el Estado quien se atribuya el privilegio de reconocer la existencia de cualquier comunidad, dotando su personalidad ficticia de verdadera personalidad desde un nomen juris otorgado por el propio Estado que ahora absorbe el poder de la comunidad educativa y sus legítimos representantes para detentar cualquier poder en la autoridad soberana del Estado.

El Gobierno debe ajustarse a la Constitución y al Acuerdo sobre Enseñanza y Asuntos Culturales de 3 de enero de 1979, donde se afirma que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones», y que los planes educativos incluirán la enseñanza de religión católica en todos los Centros de educación «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales», siendo asimismo un deber de la Administración Pública procurar que desaparezca el antagonismo entre el sistema escolar estatal y el concertado.

Si no se respeta el habea corpus estipulado por la propia sociedad democrática cuando se trata de la resolución del problema educativo en el que tantas personas se sienten profundamente implicadas, el Estado, lejos de preservar el bien común, buscará fortalecerse en el debilitamiento y la vulnerabilidad de otros cuerpos comunitarios, eliminando así el potencial democrático de poder de la sociedad civil, con el peligro de ser traicionado a sí mismo cuando no se respeta el espacio creado por la libertad, convirtiendo la cultura no ya en la negación de las cosas últimas sino en la destrucción de la civilisation, en la demolición de la misma comunidad política, en la negación del reconocimiento del propio hombre y en la constatación del fracaso de la ruptura de su relación con los demás.

Roberto Esteban Duque

 

6 comentarios

josep
lo que necesitamos: formación integral.
6/12/18 12:04 PM
pedro de madrid
Existen partidos políticos que resultan ser totalmente falsos, no les importa ni la constitución ni los tratados internacionales, esperamos que no se salgan con la suya, lo que observarán otras naciones como falta de credibilidad de un gobierno, ante casos que puedan ser semejantes
6/12/18 7:02 PM
Pedro Amate
La solución es una C.E.D.A. ; un frente común de Todas la Derechas para combatir políticamente a la Ideología de Género ,y a la estrategia política de las izquierdas.
7/12/18 11:07 AM
Pedro Amate
Para que este Frente Común de todas las Derechas españolas sea verdaderamente efectivo ,se necesitan las derechas vasca y catalana ; y para que esta estrategia sea eficaz para LA IGLESIA ; religiosos y laicos,de toda la Península Ibérica, Baleares y Canarias ; es imprescindible la colaboración de " TODOS LOS OBISPOS " ; Es mucho pedir ?...

Si nos fijamos bien,y hacemos un análisis Profundo de la problemática espiritual y moral que tenemos en éste País ,todavía llamado España ; es Fundamentalmente un problema que tiene que ver con la TOTALIDAD de los obispos de LA IGLESIA. No todos somos tontos.
7/12/18 11:22 AM
Yolanda
Pedro Amate:

Un estudio poselectoral de 40dB (no puedo poner el enlace a los datos técnicos, pero es fácil encontrarlos; solo decir que se podía señalar hasta tres motivos) el 41,6% de los votantes de Vox en Andalucía, lo han votado por su discurso sobre los extranjeros. Un 30 y pico % por el tema de la unidad de España; 20 y tantos % por estar hartos de las autonomías etc.

Solo el 7,3% por las propuestas económicas de la formación.

Menos aún, 5,6% , por su defensa de la familia tradicional. Y solo un 2,8% por la defensa de los valores católicos.

Como ese porcentaje de votantes por razón de defender valores católicos y la familia natural, en el PP es aún menor , y en Ciudadanos inexistente, tu CEDA iba a ser paganísima. Así que ojalá no salga ningún otro obispo a decir ridiculeces como las que ha dicho Don Demetrio de Córdoba.
10/12/18 12:18 AM
Chimo de Valencia
Yolanda, desconocía que existía algo así como el 40dB que no sé ni quien es ni quienes son, y se de lo que hablo, trabajo en el ámbito de la estadística.

Lo que sí le puedo decir es que lo que importa en el ámbito de la política no es lo que presuntamente piensen los electores de VOX o de cualquier otro partido, sino lo que piensan sus socios y dirigentes.

Y lo que resulta evidente es que para los socios y dirigentes del VOX, o en su mayor parte, la defensa de los principios católicos sí es fundamental y prioritaria, así lo entiende el partido, y sobre todo, así lo entienden sus adversarios políticos y mediáticos.

Así que Don Demetrio Fernández tiene razón en sus valoraciones, como también la tiene monseñor Munilla. No falte el respeto a nuestros obispos.


13/12/18 10:23 AM

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