Palabras del P. Richard Baawabr, de los Padres Blancos, ante el sínodo africano

«La mujer africana tiene un papel precioso para obrar la reconciliación entre las personas y las etnias»

«Caminos de paz han sido abiertos por los Pastores, las personas consagradas, las Comunidades Eclesiales Vivientes, los laicos, individualmente o en asociaciones. Permanecen todavía algunos obstáculos por superar... La Iglesia ha participado, a distintos niveles, en el restablecimiento de la paz en un cierto número de países, gracias a la enseñanza y la acción de sus Pastores. En los Grandes Lagos, por ejemplo, las Conferencias Episcopales han trabajado para construir la paz favoreciendo la cercanía de los jóvenes de los países en conflicto». Está escrito en el Instrumentum Laboris de la Segunda Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para África (n.63, 67). Estas afirmaciones encuentran una confirmación personal en las palabras del padre Richard Baawabr, sacerdote ghanés de los Padres Blancos (Misioneros de África), presentes en África desde 1868 y comprometidos concretamente en la evangelización y el diálogo con el Islam en 22 países africanos.

(Fides/InfoCatólica) “La Iglesia ha tenido siempre un papel fundamental de mediación entre los actores en conflicto – dijo el padre Richard a la Agencia Fides – tanto a nivel nacional como regional y local. Es sobre todo el trabajo cotidiano en contacto con la vida de las personas que puede dar frutos. Hemos visto que la lectura de la Palabra de Dios y la oración en común motivan muchísimo a las personas para buscar vías de solución a los conflictos y a las tensiones étnicas”.

Las vías de la evangelización en estos siglos de encuentro del Evangelio con los pueblos africanos han recorrido diversos caminos. Parece que la más eficaz hoy es la de las pequeñas Comunidades eclesiales de base. “Las pequeñas comunidades de base – explica el misionero – están formadas por pequeños grupos y están guiadas por personas adecuadamente formadas y responsables por la fe del grupo. Se crea un clima de familia y de conocimiento muy profundo, por lo que el espíritu de caridad y de asistencia recíproca es muy espontáneo e inmediato”.

Se realiza así el deseo expresado en el Instrumentum Laboris en el n. 84 y 88: “Fuerza de cohesión y de construcción de comunidades cristianas y de sociedades más justas y más fraternas, la Palabra de Dios redinamiza y revivifica a los miembros de nuestras comunidades. Es importante por lo tanto escuchar, meditar y profundizar la Palabra, lugar privilegiado en el que se realiza el proyecto maravilloso de Dios sobre la persona humana y sobre la creación. Las experiencias de ciertas familias en las que la Biblia está al centro de su vida y sirve a la educación de los hijos y a las relaciones entre los padres, muestran que la Palabra de Dios restablece la armonía y la concordia en la casa, y fortalece los vínculos familiares...

La imagen de la Iglesia como Familia ha puesto de relieve los valores familiares africanos de solidaridad, compartir, respeto del otro, cohesión”. También en África la diferencia social y económica entre ciudades-metrópolis y zonas rurales tiene consecuencias sobre la realidad de la familia. “El valor de la familia – sigue el p. Richard – es todavía muy fuerte en África, pero ciertamente en la ciudad se ha convertido en un vínculo más débil, frágil y sometido a fuertes presiones y tensiones negativas. En cambio en los pueblos los matrimonios y los vínculos familiares son todavía robustos”.

En este contexto, la realidad africana debe aún crecer en relación al respeto de la mujer, tanto en el ámbito de la vida familiar como eclesial y civil. “Cada uno debe asumir su lugar y hacer su parte. Debe estar en capacidad de poderla hacer – afirma el misionero ghanés – ya que las mamás dentro de la propia casa, las religiosas en la iglesia y las mujeres en general en la sociedad civil deben ser más escuchadas y valoradas. La mujer tiene un papel precioso para obrar la reconciliación entre las personas y las etnias que hace más creíble el mensaje de Cristo”. Las guerras fratricidas son uno de los males más escandalosos y trágicos de muchos países africanos. “Lamentablemente – explica el misionero – las causas residen en factores externos, como las naciones ricas que se aprovechan de las guerras para dar trabajo, para crear y mantener la confusión social y política, en modo de controlar y actuar mejor a favor de sus intereses propios, y en factores internos, determinados por la incapacidad de los actores políticos y sociales para consolidar un tejido social y económico sano”.

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