La alegría cristiana (y III)

Vengan y comparen, hagan el favor. A ver dónde encuentran ustedes más alegría, en un matrimonio cristiano, que anda por los caminos del Evangelio, o en el que vive según el mundo. Díganme dónde hallan la verdadera alegría, en un sacerdote o religioso que vive solo para la gloria de Dios y la santificación de los hermanos, o en otro que vive «abandonado a los deseos de su corazón» (Sal 80,13; Rm 1,24); en unos jóvenes que, gracias a Cristo, están sanos de cuerpo y alma, o en tantos otros que «están muertos por sus delitos y pecados» (Ef 2,1). Es que no hay comparación.

Quedamos en que el paganismo es triste y el cristianismo alegre (I), y que la alegría cristiana debe ser guardada y acrecentada constantemente por la oración y el empeño ascético espiritual (II). Veamos ahora finalmente (III):

Los motivos principales de la alegría cristiana

La causa principal de la alegría de los cristianos es sabernos amados por Dios. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito» (Jn 3,16): lo entregó a los hombres en la Encarnación, en la Cruz, en la Eucaristía. «Él nos amó y envió a su Hijo, víctima expiatoria por nuestros pecados» (1Jn 4,10). «Dios probó (sinistesin, demostró, acreditó, garantizó) su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8). Los cristianos somos felices, estamos alegres, vayan las cosas como vayan a nuestro alrededor o en nosotros mismos, porque sabemos que ninguna criatura de arriba o de abajo «podrá arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro» (8,39).

La alegría de los cristianos es continua, porque Dios, por puro amor, habita en nosotros como en un templo. La Iglesia es el templo de Dios entre los hombres, pero cada uno de nosotros, personalmente, es «templo del Espíritu Santo» (1Cor 6,15.19; 12,27). Hemos pasado, pues, de la soledad –una de las mayores penalidades del hombre–, a la compañía de las Personas divinas. «Si alguno me ama, mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada» (Jn 14,23). Ya nunca estoy solo, pues somos siempre cuatro: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y yo. ¿Es o no es como para estar «alegres, siempre alegres en el Señor» (Flp 4,4)?   

Hemos pasado de las tinieblas a la luz, de la mentira a la verdad, gracias a Cristo. Ya no estamos a oscuras, en las tinieblas, perdidos, dándonos golpes con las cosas, tristes, sin saber ni de dónde venimos ni a dónde vamos, sin entender nada de lo que pasa en el mundo o en nosotros mismos. Cristo nos liberó del influjo del «Padre de la Mentira», el diablo (Jn 8,44), el príncipe de las tinieblas. Y ahora estamos alegres porque somos «hijos de la luz» (12,36).  «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» (8,12). Oscuridad-tristeza, luz-alegría.

Hemos pasado del egoísmo a la caridad, pues gracias a Cristo «el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la fuerza del Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). Ahora podemos amar a Dios y al prójimo con la fuerza misma sobre-humana del amor divino. Y ya sabemos que así como lo que más entristece al hombre es no amar, amar poco, amar mal, lo que más le alegra es amar mucho, amar bien y amar a todos. 

Por la caridad, ya no estamos sordos y mudos ante Dios y ante los hermanos. Nos alegra la oración, el diálogo con Dios: «dichoso el pueblo que sabe aclamarte, Señor, caminará a la luz de tu rostro. Tu Nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo» (Sal 88,16-17). Y nos alegra el diálogo con los hermanos, pues la caridad nos libra de ser para ellos como sordos y mudos por la falta de amor.

Hemos pasado del pecado a la gracia. Cristo nos libra de vivir aplastados bajo el peso de nuestras culpas. El pecado entristece, debilita, destruye al pecador. «No tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados. Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas. Mis llagas están podridas y supuran por causa de mi insensatez. Voy encorvado y encogido, todo el día camino sombrío, no hay parte ilesa en mi carne. Estoy agotado, desecho del todo» (Sal 37). Así es: «la maldad da muerte al malvado» (33,22). En realidad, «la única tristeza es la de no ser santos» (León Bloy). Y toda la alegría está en la gracia, en la unión con Dios y en la santidad. «Tu gracia vale más que la vida» (62,4).

Hemos pasado del miedo continuo a la confianza filial en nuestro Padre celestial, en su providencia amorosa. Cuántas tristezas vienen de la ansiedad, del miedo a qué pasará en esto y en lo otro. Cristo nos lleva a la alegría del abandono confiado en la Providencia divina, paternal, amorosa, solícita. «Todas las cosas colaboran para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). «Aunque pase por valle de tinieblas no temeré mal alguno, porque tú vas conmigo» (Sal 22,4)  El justo «no temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor, su corazón está seguro, sin temor» (112,7-8) ). Para los cristianos, pase lo que pase, todas las noticias son buenas noticias, porque continuamente son evangelizados por las vicisitudes penosas o gozosas de la vida.

Hemos pasado en Cristo de la muerte a la vida, es decir, de la enfermedad, de la vitalidad espiritual escasa y triste, a la vida sana e inmortal. «Yo he venido para que tengan vida, y vida abundante» (Jn 10,10). «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (6,51). «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba... Ríos de agua viva correrán de su seno» (7,37-38).

Ya no vivimos odiando el dolor, sino amando la Cruz. Los hijos de las tinieblas, que con sus pecados han atraído sobre ellos las siete copas de la ira, gimen abrumados bajo el sufrimiento. «Pero no se arrepintieron, y blasfemaron contra Dios» (Apoc 16), acrecentando así sus dolores. Es cierto que también el cristiano, atravesando este «valle de lágrimas», ha de sufrir a veces noches oscuras, deficiencias psíquicas muy penosas, grandes dolores por los pecados del mundo: «arroyos de lágrimas bajan de mis ojos por los que no guardan tu voluntad» (Sal 118,136). Pero sufre siempre con paz y esperanza, al pie de la Cruz salvadora, seguro de que, siendo miembro del cuerpo de Cristo, sus propios sufrimientos son realmente sufrimientos de Cristo, y participan así ciertamente de su virtualidad expiatoria y santificante: «ave Crux, spes unica». «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras penalidades» (2Cor 1,3-4).

Por Cristo dejamos atrás las interminables contrariedades de la propia voluntad, entrando en la fidelidad continua a la voluntad de Dios. Nosotros, como Cristo, no hemos venido a este mundo a hacer nuestra voluntad, sino a cumplir la voluntad de Dios (Jn 6,38). Hacer día a día la Voluntad divina es «nuestro alimento» (4,34). En realidad, pues, nunca sufrimos «contrariedades», ya que todo nuestro empeño está en que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios providente: «hágase tu voluntad». Incondicionalmente: «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí» según Su voluntad. Y de este modo, sin apegos desordenados de la voluntad, guardados en la humildad, ya no sufrimos las muchas penalidades que proceden de la soberbia, de la vanidad o de la ambición desordenada. En la humildad de Cristo vivimos en la esperanza con paz y gozo.

Los cristianos estamos alegres porque aspiramos a las cosas de arriba, no a las de abajo, y «no tenemos puestos los ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles, pues las visibles son temporales, y las invisibles, eternas» (2Cor 4,18). Los otros, los que viven «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2,12), los que tienen «a su vientre por dios, y no piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3,19), siempre están sufriendo por cosas vanas, y son como niños que lloran sin consuelo por un juguete roto, por una inyección, por tener que irse a la cama. Pero nosotros, que estamos en el mundo «como forasteros y emigrantes» (1Pe 2,11), «somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20), y «buscamos las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios» (Col 3,1).

Objeción. «Dice usted, gratuitamente, que los cristianos estamos alegres, etc. etc., y todo eso suena muy bien. Pero no querrá negarnos que tantísimas veces esto no es así». Respondeo dicendum: Los cristianos no están alegres cuando no viven cristianamente. Es decir: están alegres en la medida en que viven el Evangelio de Cristo. Quod erat demonstrandum.

Vengan y comparen, hagan el favor. A ver dónde encuentran ustedes más alegría, en un matrimonio cristiano, que anda por los caminos del Evangelio, o en el que vive según el mundo. Díganme dónde hallan la verdadera alegría, en un sacerdote o religioso que vive solo para la gloria de Dios y la santificación de los hermanos, o en otro que vive «abandonado a los deseos de su corazón» (Sal 80,13; Rm 1,24); en unos jóvenes que, gracias a Cristo, están sanos de cuerpo y alma, o en tantos otros que «están muertos por sus delitos y pecados» (Ef 2,1). Es que no hay comparación.

Sigan a Cristo, tomando la cruz de cada día, y conocerán «la perfecta alegría», la de Jesús, la de San Pablo, la de San Francisco de Asís y la de todos los santos.

José María Iraburu, sacerdote

 

 

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19 comentarios

Luis Alberto
Gracias de nuevo, Padre Iraburu, por sus enseñanzas y por la inyección de optimismo que nos inocula, no sólo en esta serie de artículos sobre la alegría cristiana, sino a través de todos sus escritos y conferencias.
25/05/09 11:20 PM
anarico
Como tenemos que estar de todos para que haya algo de equilibrio, y hay tantos de "gracias padre"; yo voy a ver las cosas desde otro punto de vista.

Es evidente que al hombre de nuestro tiempo, yo creo que al de otros tiempos tampoco, no se llega tan a la ligera, y la prueba es que nuestra sociedad está más desorientada de lo soportable. Las "cuestiones" para que lleguen tienen que tener... lo que durante mucho tiempo ha faltado.: vida vivida. Y no digo más.
26/05/09 11:37 AM
Diego +
Sí, la Alegría del Señor es nuestra Fortaleza. La tristeza es arma propicia del "Enemigo de humana natura": "muerde, contrista y desola el ánima con falsas razones, apartándonos de la Voluntad del nuestro Criador y Señor"" (San Ignacio de Loyola, EE)
26/05/09 9:07 PM
Andrés
Y que se supone que se deba entender por "vida vivida"???

Y que es eso de decir que es "a la ligera"?. Me parece que lo que ha escrito el Padre Iraburu, como todo lo que he leído de su persona, no tiene nada de "ligero".

Y: Gracias Padre por sus excelentes textos, como siempre. A tantos nos sirven muchísimo para crecer en la vida cristiana.
27/05/09 1:23 AM
anarico
Se pueden repetir palabras muy bonitas como lo hace un papagayo, pueden sonar más o menos bien, pero esas palabras de papagayo valen muy poco o nada, pues no vienen cargadas de la vida que les da la inteligencia del que conoce su inteligencia.
Todos los días oimos palabras del Evangelio, etc; pero son puro rollito facilón amañado y sonoro: No tienen el orden que tienen las vivas y están sin vida, y de las ocurrencias no quiero decir nada, pero sólo abonan la confusión.

Sin la verdadera experiencia espiritual todo es rollo. Vuelvo otra vez a decirlo: Hay que aprender de los ilustrados, ejercitados y experimentados en la materia, y dejarse de cuentecillos bobos.
La Iglesia tiene grandes genios de los que hay necesariamente tomar lección empezando desde el principio. Y recordar que desde que el pueblo elegido salio de Egipto hasta llegar a la Tierra Prometida pasaron 40 años. Es decir, que no es cosa de un día a la ligera.

La cabeza de una sociedad son sus sacerdotes, y como dice S. Juan de Ávila son los culpables de las desgracias que sufre el pueblo. En este caso son muchas. saludos.
27/05/09 10:35 AM
Herr Doktor
ANARICO. Es imposible estar en desacuerdo con Ud. Para ello sería preciso entenderle. Pero apenas se entiende nada de lo que dice.
27/05/09 12:11 PM
Ataulfo
Herr Doktor, me quedo más tranquilo. Pensaba que era el único que no conseguía entender lo que decía anarico. Ahora veo que no sólo me pasa a mí.
27/05/09 12:19 PM
anarico
Hay en lacerante despiste en gente que se autoengaña con la religión. Por ejemplo, creen que los místicos son gente de poco fust. Ahora bien, cualquier juntaletras "sonoras" ya se tiene o lo tienen por místico. Detrás de todo está que consideran la religión como una charlatanería de la que suelen vivir muchos cobardes. En muchos casos será así; pero la verdad no es así. Misticismo y religión son la misma cosa. Y otra cosa es otra cosa.
Yo cuando hablo de religión, me refiero a lo que dicen lo que saben de religión porque tienen EXPERIENCIA, que nada tiene que ver con la palabrería que se oye todos los dias con voz impostada y ojos de besugo. Así que yo sí os comprendo a vosotros, pues estoy muy acostumbrado al vocabulario corríente y moliente, al buen rollito y a todas esas cosas.
"la religión es un negocio que se efectua en la consciencia" S. Juan de Ávila. "El Reino no es cuestión de palabras es poder" S. Pablo.

No hace falta que me entandáis a mí muy bien; pero sí que sería bueno para vosotros y para vuestros prójimos que entendieráis y os ejercitaráis en la "Subida al Monte Carmelo" de S. Juan de la Cruz, por ejemplo. Sería bueno para muchas cosas.
27/05/09 12:45 PM
Diego +
Estimado Anarico:
Soy un pobre seguidor del Doctor Místico. Con el buen fraile he comprendido algo de la Luz y la noche, del Todo por la nada, del dolor de Amor. La experiencia mística hunde sus raíces en la fe trasmitida y custodiada por los apóstoles y sucesores. Acuérdese de la monja andariega que en sus raptos y transportes no daría nada por cierto sin confrontarlo con su director espiritual, esto es, con la Iglesia. El espíritu es libre pero no va por libre. La experienca mística es propia, personal, intensa, agónica, gozosa, pero no es, gracias a Dios, lo primero. "Él nos amó primero", " Vivo en la fe de Áquel que murió y se entregó por mí".
La experiencia mística forma parte de la vida cristiana, de la vida en el Espíritu. Lo que ocurre que muchas almas son pudorosas de sus experiencias íntimas y espirituales. Pero, según sus afecciones y modos propios, todos viven estas realidades inefables en la medida del Don: "Si conocieras el Don de Dios".
27/05/09 5:10 PM
naftul
Jope anarico!! , eres un fenomeno. No me vas a creer, pero no se te entiende nada y además me temo que cuando te vuelvas e explicar vamos a seguir sin entenderte, porque no hay nada que entender. El Padre Iraburu tan interesante como siempre. Y yo le entiendo todo.
27/05/09 5:26 PM
José Manuel
Anarico: Sé que es estrellarme contra una pared, porque Ud. parece sordo y ciego, pero demuestra una soberbia impropia de la inmensa humildad que caracterizó a quien tanto nombra (S. Juan de la Cruz). Espero que le pida al Señor que le cure de su soberbia. Yo ya lo hago por la mía, y creo que me escucha. También le pido a diario por los que, con su pensamiento, palabra y obra le niegan ante sus hermanos. ¡Que Dios le ilumine!
27/05/09 6:30 PM
Luis Fernando
Oh, excelso anarico, perdona a estos simples mortales, gusanos que nos arrastramos por el submundo del cristianismo de andar por casa, de ese que consiste en intentar vivir en fidelidad a Dios en el día a día, y que no riscamos por las cumbres de la mística. Somos tan obtusos que nos creemos que la religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo.

Y ya con eso somos felices, pues feliz es quien en la paz y la gracia de Dios está.
27/05/09 6:34 PM
anarico
Queridas eminentes excelencias segurian ustedes geniales si el catolicismo consistiera en hacer reir y autoengañarse.
Pero entre otras cosas de mayor importancia, los tiempos que corren son más de tragedia que de comedia. Los comediantes tienen su tiempo y su lugar, no creo que las cosas de la Iglesia sean para tomárselas a chunga, aunque a veces el humor viene bien.

Yo padezco cuando veo que se rien y con razón de los católicos.Qué le vamos a hacer. Claro, debe ser en consideración a los geniales católicos, que ponen el primer mandamiento primero y los otros detrás.

LF: a ver si arreglas la parte técnica del portal (de belén) para que sea más fácil escribir. Antes habia más facilidades.
27/05/09 6:57 PM
Benigno Soto
ANARICO. Le recomiendo que busque en AUTORES, pinche en Iraburu, y busque sus artículos TROLLS, REVENTADORES (I y II). Ahí se podrá ver Ud. a sí mismo como en un espejo. Retratado al natural. Un troll, entre otras cosas, NUNCA TRATA DEL TEMA DEL ARTÍCULO QUE COMENTA. Aquí el P. Iraburu escribe el pobre una, otra y otra vez sobre LA ALEGRÍA CRISTIANA (I, II y III). Y Ud. no hace el más mínimo caso a lo que dice. Relea Ud., si le da la paciencia para ello, sus propios comentarios, los de ANARICO, y dígame qué tienen que ver, siquiera de lejos, con el tema de LA ALEGRÍA CRISTIANA. Nada de nada de nada. Por tanto, ya lo sabe: la próxima vez que se confiese, no olvide decirle al cura: “Padre, me acuso de que soy un troll-reventador”.
27/05/09 8:33 PM
anarico
Benigno Soto:
No escribo con ánimo de contradicción con D. José María ni todo lo contrario. Yo hablo de lo que me preocupa. Y me preocupa mucho que haya tantos eclesiásticos, que lo que dicen cada día: todos los días, no se parece en nada a la buena doctrina de los doctores de la Iglesia. Y pueden usar muchas veces palabras parecidas, o incluso las mismas, pero conceptualmente no se parecen en nada, a la doctrina cristiana que han enseñado los grandes maestros de nuestra religión; con lo cual la confusión está servida; con la confusión viene la duda; con la duda: ésos catolicos dubitatibos neuróticos y sin valor para nada: resultando unos hombrecillos sin hombría que no sirven para nada, que son un cachondeo y que por lo tanto en nada pueden servir en beneficio de la buena causa. ¿Cuánto dista ésta situación de la de "vengo para que tengáis vida y vida abundante". ¿Algo se habrá hecho mal durante mucho tiempo, o no? Te pongo lo más palpable de la situación; y sin poner las personas "ejemplares" de esta desgracia para ellos y para el prójimo. Pues sí, sí se han hecho y se hacen cada día muchas cosas mal; y la peor es inventarse un cuento cada día utilizando las palabras de Evangelio.
Hay que volver a la fuente de aguas claras, aunque sólo sea para encontrar remedios de urgencia. a tanto disparate y tanta locura, y en asuntos que no son los más troncales, pero que requieren también remedios con urgencia. saludos
27/05/09 9:59 PM
Benigno Soto
ANARICO. Insisto. No olvide en la confesión decirle al cura: "Me acuso, Padre, de que soy un troll-reventador reincidente. Y soy incorregible. Nunca en mis comentarios (por llamarles de alguna manera) comento el tema del artículo en cuestión. A mí me interesa solo hablar de lo que me interesa a mí. Y además lo hago largamente. No sé si tengo propósito de la enmienda. Me da la impresión de que no. Impóngame, por favor, una penitencia bien pesada, a ver si se despierta mi conciencia moral y no sigo incordiando a los lectores. Por favor". Ten ánimo. No eres irremediable. Todos podemos corregirnos con la gracia de Dios.
27/05/09 11:09 PM
Andrés
No te preocupes Benigno al darle ese consejo...que por lo que dice este "cristiano" , no creo que crea en el sacramento de la confesión (o penitencia), por que de "seguro los hombres malvados de la Iglesia actual, no siguen lo que dijo Cristo o los Padres de la Iglesia...", o al menos "ahora todos son dubitativos, neuróticos, etc...". Como si los propios Padres de la Iglesia y los Santos no amaran a la Esposa de Cristo a pesar de sus defectos y hablaran de ese modo de ella...
28/05/09 4:33 AM
anarico
Andresito:

Yo le debo mucho a la Iglesia; a partir de este reconocimento creo que se deberían inferir otra clase de conclusiones. Pero es que hay que estar ciego total para no ver como es nuestra sociedad. Y lo dicho, los curas como cabeza de la sociedad son muy responsables. Incluso se les puede atribuir la paternidad intelectual de los zp que etc etc. Yo sólo he señalado por donde viene el mal a la Iglesia y a nuestra sociedad. El zapaterismo, el ro buen rollito, el rollito facilón, la incompetencia solemne, hace mucho años que aposentó sus reales en los eclesásticos. Y eso es todo.
28/05/09 9:43 AM
juanma
a mi personalmente,me alegra mas un texto del padre iraburu,que un golazo de messi,y el que no lo vea asi le recomiendo,segui sus textos y abrir sus ojos bien abiertos.
27/12/11 6:52 AM

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