En torno a una auténtica conciencia cristiana
© Alexas/Pixabay

En torno a una auténtica conciencia cristiana

Para concluir podemos afirmar que la conciencia del cristiano de hoy puede recuperarse en plenitud si se funda en la tradición viviente, lo cual supone profundizar las verdades ya poseídas aunque no plenamente conocidas.

Si cualquier fiel católico se dejase guiar por el iluminado mundo del periodismo (alimentado, obviamente, por usinas de pensamiento que tienen en la actual Iglesia Católica a no pocos representantes), debiera llegar a la conclusión de que la fe católica ha sufrido un cambio sustancial de tal envergadura que se ha convertido en una realidad totalmente diversa respecto de aquella que pregonaba la Iglesia hasta no hace mucho tiempo. Este sentimiento no es novedoso ya que hace bastante tiempo que se ha instalado dentro de la propia Iglesia y surge, de tanto en tanto, con mayor o menor virulencia según sean las circunstancias.

Más que abundar en la descripción de este hecho, nos interesa preguntarnos por su causa. ¿Qué ha sucedido en conciencia cristiana para que haya perdido, casi por completo, una inteligencia de la fe que haga posible la presencia de una praxis auténticamente cristiana? ¿Qué ha acontecido para que el católico haya abandonado totalmente el campo de la praxis y se lo haya entregado a una visión inmanentista de la historia la cual se le presenta como la única opción?

Esta situación por la que atraviesa la conciencia católica es de antigua data y tiene que ver, fundamentalmente, con una inadecuada lectura de la modernidad la cual la ha conducido a moverse pendularmente entre la condena y laadhesión plena, que es como decir, entre la reacción y el progresismo. Muy pocos se han ocupado de cuestionar esta idea de modernidad acuñada por pensadores iluministas; es más, ni los propios progresistas (cosa bastante rara) han llevado a cabo una crítica a este concepto. Por el contrario, tanto ellos como los que se denominan reaccionarios, han asumido, de modo totalmente acrítico, esta vertiente ideológica de la modernidad.

Veamos: la corriente a la que aludimos corre paralela a una interpretación equivocada de Descartes, la cual pone la esencia del hombre en la libertad entendida como absoluto poder de negación. De este modo, esta línea de pensamiento plantea una dialéctica aut-aut entre libertad y verdad, entre libertad y autoridad.

Ahora bien, Del Noce ha mostrado, con total claridad, que esta dialéctica opositiva es producto de una opción inicial, de una apuesta, al modo del pari pascaliano. La misma consiste en plantear que Dios no debe existir si es que el hombre quiere ser libre.

Aquí, libertad es entendida como ausencia de todo vínculo con una realidad diversa de mi voluntad. Esta lectura acrítica de la modernidad ha sido incapaz de mostrar que, suscribiendo esta postura, se asume un punto de partida carente de toda prueba: hay que apostar por la no existencia de Dios para que el hombre sea auténticamente libre y creador. De esto se colige lo siguiente: si el tiempo moderno es el tiempo en el cual el hombre se ha convertido en alguien plenamente adulto (porque ha recuperado su auténtica libertad, su capacidad creadora), entonces este tiempo será también el de la muerte de Dios.

Los progresistas, mostrando una total sumisión a esta interpretación de la modernidad, se han ocupado, de modo sistemático, de quitar de la Iglesia Católica todo aquello que sea refractario a esta visión inmanentista de la historia. Y como la metafísica, en tanto búsqueda del orden eterno de las cosas, se encuentra en la vereda contraria a la de una visión de la realidad esencialmente cambiante, era preciso demolerla. Hacer la revolución en la Iglesia supone, entonces, tachar el elemento griego (léase, la metafísica) para convertir la doctrina católica en una realidad esencialmente cambiante, perfectamente adaptable a lo que piensa y quiere el hombre de cada época histórica.

Ya hemos expresado en otros apuntes que la dupla verdad-error, bien-mal ha sido sustituida por la de nuevo-viejo, progresista-conservador. El progresista, entonces, es aquel que siempre, en su pensar y en su obrar, está de acuerdo con la historia, que es lo mismo que comulgar con el progreso, con lo nuevo. Los auténticos creyentes jamás asumieron esta falsa dicotomía sino la de verdad-error, bien-mal. Siempre se afanaron por buscar la verdad y el bien, sin identificar jamás a ninguno de los términos con determinado tiempo histórico. Como creyentes creían y sabían que la verdad y el bien son trans-históricos.

Los denominados reaccionarios también asumieron esa falsa idea de la modernidad a la cual se opusieron de un modo radical. Todo lo moderno merece una condena absoluta; en consecuencia, el auténtico creyente debe aislarse de un mundo el cual está esencialmente corrompido. Y así como los progresistas se hicieron eco de la dialéctica aut-aut entre libertad y verdad, sacrificando la existencia de esta última, los reaccionarios también la suscribieron perdiendo, en lugar de la verdad, la libertad del hombre.

Para concluir podemos afirmar que la conciencia del cristiano de hoy puede recuperarse en plenitud si se funda en la tradición viviente, lo cual supone profundizar las verdades ya poseídas aunque no plenamente conocidas. Esta tarea implica una verdadera evolución, un verdadero progreso que debe ser homogéneo: las virtualidades de la verdad que se conquisten deben hallarse en perfecta armonía con aquellas otras verdades explícitas que forman parte del depósito de la tradición.

Esta recuperación de la conciencia cristiana hará posible la existencia de una verdadera praxis cristiana (educativa, cultural, pastoral, etc.) que enseñe al hombre de hoy que su valiosa libertad se hace plena en la aceptación de la verdad; que su sabiduría y felicidad dependen de su discernimiento entre verdad-error (y la elección por el primer término del binomio); finalmente, que tanto su progreso personal como el progreso de la historia dependen del crecimiento de su conciencia en el conocimiento de la verdad.

 

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15 comentarios

Marcelo Bs As
Excelente!
28/09/22 7:54 PM
hornero (Argentina)
El pensamiento moderno con sus variantes y matices, pretende sustancialmente negar la capacidad de la inteligencia para conocer la verdad de la realidad.

Tal prejuicio es un absurdo, que coloca al racionalismo fuera del orden racional, de ahí su nihilismo-ateo. El racionalismo no constituye un sistema filosófico, sino una aversión a la verdad y al ser que la sostiene.

Lo precede un movimiento del alma de rebelión al orden del pensamiento aristotélico-tomista, encubierto por arbitrarias argucias con apariencias racionales.

Desde el momento que Descartes duda de la evidencia de la realidad presentada por la inteligencia, se coloca fuera del orden de ésta, renuncia al primer acto de la inteligencia. Así, todo lo que le sigue es pensamiento espúreo, pretensión sin títulos racionales, irracionalidad que declina necesariamente hacia una creciente disolución del orden del pensamiento, que aún es invocado por cierta inercia infundada.

La negación de la inteligencia está en la raíz de la negación de la realidad del mundo y del hombre. Un suicidio ontológico anima al anti-pensamiento moderno contra el ser.

El anti-ser niega la realidad y reniega de sí mismo en un salto hacia el imposible feudo del no-ser; desde allí reclama sus derechos a arrasar el mundo del hombre y del universo. Sólo desde la óptica del misterio de iniquidad puede entenderse el absurdo del racionalismo y su violenta acción diluyente.

Por eso es necesario, para salir de esta ciénaga que ha contam
28/09/22 11:01 PM
hornero (Argentina)
Por eso es necesario, para salir de esta ciénaga que ha contaminado a una gran parte de la Iglesia y de la humanidad, desenmascarar la falacia de un pretendido pensamiento moderno que se niega a sí mismo, niega al hombre y niega el mundo real.

Es necesario además, afirmar la realidad de un universo cuyos procesos se han orientado desde su inicio, hace miles de millones de años, a la constitución del sistema solar, y mediante éste, a la constitución de la Tierra como planeta preparado para albergar la vida vegetal, animal, y al hombre-inteligente-moral, imagen y semejanza del Creador.

Pero ante todo, la Tierra ha sido prevista por Dios en el plan de la creación como lugar en que se realizaría la Encarnación del Verbo y su Obra de Redención, por la cual asumiría todo lo creado en Sí (Col 1, 15-17).

Por lo tanto, los cristianos disponemos de los recursos teológicos, filosóficos y científicos para llevar adelante los trabajos exigidos por el Reino que Cristo ha confiado a la Iglesia.

Lo demás no tiene consistencia.
29/09/22 2:33 AM
Cicero
Estimado Daniel,
me ha sorprendido encontrar en este portal un artículo tan equilibrado como éste, y substancialmente estoy de acuerdo con tu tesis (o conclusión): la conciencia del católico debe estar fundada "en la tradición viviente, lo cual supone profundizar las verdades ya poseídas aunque no plenamente conocidas".
Sin embargo, si me lo permites, agregaría con modestia algunos puntos que me parecen útiles:
1) Como sabes, el único modo que tiene el católico de fundarse en la "tradición viviente" (liberado del riesgo de caer en otros modos de conciencia subjetiva) es a través del Magisterio de la Iglesia, única e imprescindible mediación, tanto a la Escritura como a la Tradición, fuentes de la divina Revelación.
2) Completamente de acuerdo contigo en que la crisis actual en el seno de la Iglesia tiene que ver, como tú dices, "fundamentalmente, con una inadecuada lectura de la modernidad", que ha conducido a buena parte de los católicos "a moverse pendularmente entre la condena y la adhesión plena, que es como decir, entre la reacción y el progresismo". Sin embargo me parece más claro y preciso usar otros términos: se trata de los dos extremos del modernismo (más preciso que el término progresismo, que hace necesario explicar que existe un sano modernismo) y el pasadismo (más preciso que el término tradicionalismo, que hace necesario explicar que existe un sano tradicionalismo).
3) Perfectamente de acuerdo contigo en que tanto el moderni
30/09/22 2:07 PM
Cicero
El mensaje anterior se publicó incompleto. Falta lo siguiente:

3) Perfectamente de acuerdo contigo en que tanto el modernismo como el pasadismo, han caído en el mismo error de interpretar la modernidad como un "totum", y que tanto los modernistas (los que tú llamas progresistas) "como los que se denominan reaccionarios" (o sea los pasadistas), "han asumido, de modo totalmente acrítico, esta vertiente ideológica de la modernidad", los modernistas para aceptarla acríticamente, y los pasadistas para rechazarla acríticamente. Como también lo dices en el artículo: los modernistas, "mostrando una total sumisión a esta interpretación de la modernidad" y los pasadistas o "reaccionarios, asumiendo esa falsa idea de la modernidad a la cual se opusieron de un modo radical".
4) Sin embargo, la puntualización que quisiera hacer a tu excelente artículo, y que me parece que es una importante laguna que en los tiempos que corren debe ser más que nunca señalada y subrayada, es que el correcto enfoque hacia la modernidad es precisamente el que ha hecho, y al cual nos impulsa hacer, el Concilio Vaticano II, vale decir, asumir de la modernidad todo aquello que sea positivo, verdadero y bueno, rechazando todo aquello que sea negativo, falso y equivocado. Es precisamente la obra eclesial que aún queda por llevar a cabo, y en la cual se han empeñado todos los Papas del postconcilio hasta el Pontífice actual.
30/09/22 3:21 PM
hornero (Argentina)
El mundo está sumido en la confusión del pensamiento moderno. Consecuencia en el occidente cristiano de la concepción copernicano-gelileana sobre el sistema planetario solar, la que desalojó a la Tierra del lugar central e inmóvil que la astronomía le adjudicaba hasta entonces.

Esto afectó la solidez de la teología y de la filosofía, de lo que derivó diversidad innúmera de cauces.

Es menester reconstituir la unidad del pensamiento cristiano en el orden de la teología, filosofía y ciencias.

Debemos afirmar con certeza científica que la Tierra es el término de los procesos seguidos por el universo desde su inicio. La configuración de la Tierra como albergue de la vida supone complejos y ordenados procesos llevados adelante bajo la orientación de un principio geo-teo-céntrico, que hizo posible no sólo la vida natural vegetal y animal, sino la del hombre espiritual-inteligente-moral que haría posible la Encarnación del Verbo.

Las ciencias deben trascender los límites de una concepción empíreo-matemática, para alcanzar las profundidades últimas de la realidad material-biológica del cosmos.

Esta realidad pertenece al orden del conocimiento inteligible, inefable y sacro, siendo la misma, el verbo participado por el Verbo Creador.

Realidad que Cristo sobreelevó al asumir en Sí todo lo creado.

Es el nuevo horizonte cristiano en el que debe ser concebido el universo que nos pertenece y al que pertenecemos.




1/10/22 8:47 PM
hornero (Argentina)
“La noche que ha caído sobre el mundo y oprime los corazones, tiene señales claras de una alba que vendrá, a la que besará un sol nuevo y más esplendoroso” (Pío XII).
“Ha venido el Día ¿Y no lo ven? Ha venido la Misericordia ¿Y no la aceptan?” (Mens. de Jesús en San Nicolás -Argentina, 2-11-2013).
“Lo que se está preparando es algo tan grande como nunca lo ha sido desde la creación del mundo” (Mensaje de la Virgen al P. E. Gobbi, Mov. Sacerdotal Mariano, 13-oct-1990).

El racionalismo-irracional ha hecho imposible la comunicación racional de las inteligencias, obscurecidas por los prejuicios disolventes de toda certeza y por un voluntarismo negativo que se sobrepone al acto del conocimiento. Así, la palabra es inútil ante el muro de obstinación y odio a lo real.

El pensamiento moderno ha sido sacado de sus quicios, se disgrega en las múltiples measmas de la corrupción que acompaña a la muerte; su movimiento oscila excéntrico entre contradicciones y utopías.

Permanece la profecía como salud del alma racional; don de la gracia sobrenatural, inviste a la inteligencia racional y le permite elevarse a los altos misterios de la Fe.

Si el presente resiste a corregir el desvarío, el don de profecía restablece al pensamiento en sus quicios, abriendo paso a la sabiduría, luz más elevada y cierta.

María trae la Misión de sanar nuestras dudas y perplejidades, anunciando que el mundo no está sólo en manos de hombres extraviados sino absolutamente en manos de Dios. Nos devu
2/10/22 9:37 PM
hornero (Argentina)
Nos devuelve la esperanza y la alegría de saber que el camino emprendido por la humanidad hacia el Reino de Cristo continúa, a pesar de los terremotos que el príncipe de este mundo, el demonio, no cesa de provocar.

El tiempo histórico del “hombre viejo del pecado” ha terminado. Amanece el “hombre nuevo” nacido en Cristo por el Bautismo. “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, también, entonces, vosotros os manifestaréis en gloria con Él” (Col 3,4).
Porque “toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8, 19-21).

Y bien, María hace presente su Aurora, Luz de la Gloria de Cristo que irradia sobre la Iglesia, la humanidad y el universo todo. “Causa de la Aurora más resplandeciente es el Señor. Yo haré que la veáis” (Mens. de la Virgen en San Nicolás – Argentina, 9-3-1986).

“Días gloriosos os esperan, en Mí os regocijáis amados hijos míos” (Mens. de Jesús en San Nicolás, 17-11-1983).

La sabiduría debe sanar y sobreelevar la inteligencia a fin de estar capacitados para trabajar en el Reino, antes que en las añadiduras. Mas, esto supone la conversión, a la que la Virgen y Cristo llaman con apremio.
3/10/22 5:55 AM
hornero (Argentina)
La confusión en que está sumido el mundo no sólo ocupa la atención sino que preocupa. No es posible pensar en una paz continua, ni siquiera a corto plazo, mientras las naciones vivan bajo el sistema tecnológico surgido de la ciencia empirista-racionalista, incapaz de concebir un orden de las cosas fuera del orden mecanicista.

Es inevitable que el despliegue de la industria acrecentado de modo constante por sistemas y energías crecientes, provoque choques entre los distintos centros de producción, cuando no hay un principio moral que armonice este crecimiento, que lo regule de modo armonioso entre las naciones.

Para que ello ocurra debe existir algo que ni la ciencia ni la técnica proponen: la caridad que subordina los actos humanos al bien común. Pero tal virtud no cuenta para un mundo resultado del racionalismo-irracional-nihilista-ateo.

Tan no cuenta, que impávidas las naciones, sus dirigentes y sus pueblos se encaminan a sabiendas al choque de sus intereses, los que rebasado el plano de lo económico, no atinan sino al de la guerra en toda su dimensión y potencia.

El pensamiento moderno no tiene alternativa: o abandona lo irracional y se convierte a la Fe cristiana, o se estrellará contra el muro de las negaciones que cierra todo futuro.

El Cardenal Müller ha hablado de un “suicidio colectivo”, fruto del nihilismo.

Por mi parte. había escrito que “Un suicidio ontológico anima al anti-pensamiento moderno contra el ser” (ver comentario del 28-09-22-11:01 PM
3/10/22 8:18 PM
hornero (Argentina)
El doctor Lasa dice: “Para concluir podemos afirmar que la conciencia del cristiano de hoy puede recuperarse en plenitud si se funda en la tradición viviente, lo cual supone profundizar las verdades ya poseídas aunque no plenamente conocidas”.

Esto abre un horizonte trascendente que se eleva desde la “tradición viviente”, fruto de una inteligencia cristiana que profundiza en la Fe y obtiene el conocimiento de “verdades ya poseídas aunque no plenamente conocidas”.

Todo conforme a lo dicho por Cristo: “el Reino se asemeja a un tesoro escondido” (Mat 13, 44).

Lasa señala asimismo que “tanto el progreso personal como el progreso de la historia dependen del crecimiento de su conciencia en el conocimiento de la verdad”.

En efecto, cuando el error moderno cede en su obsesión contra la verdad, la noche del pensamiento es iluminada por el resplandor inesperado de la verdad que amanece de modo creciente.

Así, “una inadecuada lectura de la modernidad…entre la condena y la adhesión plena”, impide que el pensamiento discierna entre el error de lo falso y la verdad de lo real. Hay abundante trigo oculto por la cizaña del irracionalismo. El cristiano debe salvarlo y colocarlo en los graneros del Rey.

Podemos añadir que la parálisis sufrida por la inteligencia requiere para su recuperación la luz adicional de la gracia. Esto nos permite mirar más allá de la superficie de las cosas y de los acontecimientos, más allá del espacio y del tiempo. Tal la profecía.

Don concedid
5/10/22 10:27 PM
hornero (Argentina)
Don concedido a todo cristiano; no se ejercita sólo en los casos extremos de una revelación sobrenatural, sino de modo ordinario en nuestra misión de “sacerdotes, profetas y reyes” recibido en el Bautismo como participación en la Misión de Cristo.

Esta dimensión necesaria del pensamiento cristiano lo potencia en el doble sentido de conocer la realidad y darla a conocer a los demás. El cristiano no se conforma con poseer la verdad de la realidad sino que experimenta la vocación de difundirla, anunciarla, proclamarla y servirla, agradecer y glorificar a Dios Creador, por ella.

El i-rracionalismo puede y debe ser sanado, ¡cuántas inteligencias están aprisionadas en él! Las ciencias deben asumir la verdad total del universo, su objeto, pero para hacerlo de verdad, es necesario que respondan al llamado de Cristo: “buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”.

No basta buscar la verdad de la realidad, debemos trabajar para el Reino. El cristianismo no es una filosofía, ni siquiera una teología, es un apostolado al servicio del Reino, un sacerdocio por el que nos unimos al Sacerdocio Real de Cristo en su ofrecimiento al Padre de todo cuanto existe.

“Esta recuperación de la conciencia cristiana hará posible la existencia de una verdadera praxis cristiana (educativa, cultural, pastoral, etc.)”, nos dice Lasa, “que tanto su progreso personal como el progreso de la historia dependen del crecimiento de su conciencia en el conoci
6/10/22 4:40 PM
hornero (Argentina)
“Esta recuperación de la conciencia cristiana hará posible la existencia de una verdadera praxis cristiana (educativa, cultural, pastoral, etc.)”, nos dice Lasa, “que tanto su progreso personal como el progreso de la historia dependen del crecimiento de su conciencia en el conocimiento de la verdad“.

En esta perspectiva, el universo se nos revela en su plena dimensión de territorio del Reino confiado por Cristo al conocimiento y gobierno del hombre, tal la razón del geo-teocentrismo.

El pensamiento moderno debe deponer su obstinado rechazo a Dios y a la Creación, debe responder al insistente llamado a la conversión que trae la Virgen de parte de Su Hijo, y poner el patrimonio de las ciencias al servicio del Reino.

Quiera el Señor salvar el trigo, antes que la catástrofe elimine la cizaña.


6/10/22 7:15 PM
hornero (Argentina)
Sí, como lo expone Lasa, el pensamiento puede y debe ser sanado del i-rracionalismo.

La inteligencia debe ser vuelta a sus quicios a fin de que la unidad del ser resplandezca en todo cuanto existe.

Que el Verbo participado por el Creador al universo sea auscultado en cada creatura, átomo o galaxia.

El Verbo Creador comunicó a la Creación el Discurso del Padre, su Designio de Sabiduría, Amor y Poder, que debe resonar, al decir de San Juan de la Cruz “como una música subidísima en la que las cosas, aún las inferiores, dicen lo que cada una de ellas es en Dios y lo que Dios es en cada una de ellas” (El Cántico Espiritual).

Esta sinfonía ejecutada por tantos y tan variados instrumentos, conforme a los tiempos de los procesos cósmicos y su distribución en los espacios, sea en las profundidades de la materia, sea en sus despliegues portentosos, convoca a los hombrea a tomar parte en ella, sumando sus propias personales y comunes partituras, integrando los acordes en tenues y sutiles plegarias, graciosos movimientos, hondos murmullos de cataratas, mares agitados, o plácidos cielos, hasta culminar en finales de estruendos vigorosos que elevan las voces en una sacra liturgia de gratitud, honor y gloria al Creador Uno y Trino.

Los Cielos convocan a la Tierra a tomar parte en las celebraciones eternas.

Nuestro “hombre viejo del pecado” ya cumplió su tiempo histórico, lo termina entre jirones y andrajos. Debemos despertar ante nuestro “hombre nuevo” que amanece bajo l
7/10/22 5:06 PM
hornero (Argentina)
Nuestro “hombre viejo del pecado” ya cumplió su tiempo histórico, lo termina entre jirones y andrajos. Debemos despertar ante nuestro “hombre nuevo” que amanece bajo los rayos de la Aurora de María, Luz de la Gloria de Cristo que se manifiesta, y transfigura la Creación, hombres y cosmos.

“Ha venido el Día ¿Y no lo ven? Ha venido la Misericordia ¿Y no la aceptan?” (Mens. de Jesús en San Nicolás – Argentina, 2-11-2013); “Causa de la Aurora más resplandeciente es el Señor. Yo haré que la veáis” (Mens. de la Virgen en San Nicolás, 9-3-1986).

Rompamos el capullo de crisálida de nuestras somnolencias e indiferencias; abandonemos las catacumbas, refugio ante las hostilidades y hartazgos de lo mundano.

Miremos con compasión a nuestros hermanos sumidos en la noche, topando entre ellos, tropezando con fantasmas, delirando en angustias, fracasos y odios suicidas.

Que la Misericordia de Cristo traída por María ilumine las inteligencias e incendie los corazones, y nos disponga a trabajar en los “nuevos tiempos” que han llegado. Tarea magna, para la que no bastan los laboratorios, bibliotecas, ni ordenadores, se requieren “ojos nuevos”, los de “El hombre de los ojos nuevos” (Poema profético de Juan Antonio Ahumada- Rev. de la Fac. de Filosofía y Humanidades – Univ- Nac. de Córdoba – Argentina, Año V-1953-Nros. 1-2-3).

Se requieren alas de ángeles que nos eleven sobre el suelo de lo profano para poner manos a la obra, sobre la realidad que nos pertenece y a la que perten
7/10/22 7:22 PM
hornero (Argentina)
Se requieren alas de ángeles que nos eleven sobre el suelo de lo profano para poner manos a la obra, sobre la realidad que nos pertenece y a la que pertenecemos. Convertir ocho mil millones de hermanos que deben sumar sus aportes a la construcción del Reino, “restablecer la armonía primitiva” (Pío XII), desalojar al enemigo, el demonio, de los feudos del Reino usurpados, reedificar el Paraíso sobre la Tierra desolada por el error y el pecado y extenderlo hasta los mundos siderales.

Porque "la Creación espera participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (Rom 8).

Vayamos de las Manos de María, al encuentro del nuevo Día.
7/10/22 10:07 PM

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