¿Cómo te preparas para la Semana Santa?

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Reflexiones en torno a los 20 años de «La Pasión» de Mel Gibson

Recuerdo la polémica que desató la película «La Pasión» de Mel Gibson hace justo 20 años, cuando se estrenó en la gran pantalla. Algunos la tacharon de violenta y macabra; otros de peligrosa y antisemita. A estas críticas se sumaron anécdotas de desmayos, ataques al corazón e incluso alguna muerte en plena sala de cine. Este recuerdo aún está fresco en mi memoria porque, además del revuelo en la opinión pública, yo mismo presencié cómo mi profesora de religión enfrentó una fuerte oposición cuando quiso proyectarla en nuestra clase. Muchos profesores y algunas familias quisieron pararle los pies. Pero ella perseveró en su decisión, asumiendo la responsabilidad de las posibles consecuencias que, según los medios de comunicación, podían ser fatales. Parece que tal determinación fue acertada, por lo menos en mi caso. Gracias a su ejemplo, al escribir estas líneas, reflexiono sobre cómo vivir mejor estos días de Semana Santa.

Se cuenta que el Papa Juan Pablo II, cuando estaba ya muy enfermo, pudo ver el film antes de su estreno en cines. La contemplación de las últimas horas de Jesucristo que Gibson retrató le emocionaron profundamente. De hecho, el Pontífice confesó a su secretario, el arzobispo polaco Stanislaw Dziwisz, que «así debió ser como ocurrió», refiriéndose a lo que consideraba una descripción muy cercana de lo que Jesús sufrió como lo relatan los evangelios.

Esto abre una cuestión que ha calentado la cabeza (y la silla) de muchos teólogos: ¿Es el Cristo que encontramos al leer el Nuevo Testamento el mismo Jesús histórico? Es decir, ¿el Cristo que nos presenta el Evangelio es verdaderamente el que vivió en nuestra tierra hace 2000 años, o se trata solo de una figura más o menos mítica, fruto de una reconstrucción narrativa, como podría ser la visión que nos ofrece Mel Gibson en su película? La postura de algunos parece cerrar el camino a cualquier posible contacto con el Jesús que conocemos a través de la Biblia. Argumentan que no se puede saber nada de Él verdaderamente, por la distancia temporal y la falta de pruebas científicas. Como alternativa, sugieren que sólo cabría reconocer a Cristo mediante la fe, aceptando lo que nos dice la Iglesia. Pero, «¿tener datos históricos de Él?, eso es imposible».

Las reacciones a la película «La Pasión» parecen poner de manifiesto que la cuestión sigue abierta. Más allá de las críticas a la violencia del guión, algunos parecían especialmente perturbados por la representación de un Cristo «demasiado histórico», que no encajaba con su concepción del Jesús que caminó por nuestro mundo porque, en el fondo, es una figura que no podemos conocer.

Un último ejemplo. En otra época, el filósofo católico Maurice Blondel reaccionó de manera similar a los críticos de la película de Gibson, pero ante una representación de la Pasión que se ofrece cada diez años en el pueblo de Oberammergau, en la Alta Baviera. Este evento conmemora la protección sobrenatural de Dios ante la peste de 1633. Blondel, en un primer momento, se negó a ver dicho «teatro», porque temía las imperfecciones de los actores, que no eran profesionales, las añadiduras sentimentales del director, y otros prejuicios que le provocaba esta manifestación de piedad popular. Sin embargo, por alguna razón que no llegó a describir, accedió a contemplarla… y quedó profundamente conmovido, artística y espiritualmente. Después reflexionaría acerca de su descubrimiento: la característica de la verdad cristiana es la Encarnación». Tal espectáculo confirmaba la idea de encontrar verdaderamente a Jesús en la historia, que se identifica con el Cristo de la fe.

Blondel entendió esta idea viendo a los campesinos bávaros interpretando la Pasión de su Salvador, contemplando el amor con que asumían sus papeles, también en su dimensión espiritual. Es más, el filósofo francés descubrió allí la historia de Rosa Lang, la chica que interpretaba a la Virgen María. Esta joven se preparaba para su papel visitando a los enfermos del pueblo. Pero lo sorprendente fue descubrir, que tras la representación del año 1890, ella entró en un convento y consagró a Dios toda su vida, porque creía que el Jesús que había visto representar era el mismo que el que había encontrado en el Evangelio y estaba dispuesta a imitarle e identificarse con Él hasta sus últimas consecuencias.

En fin, mi consejo para la Semana Santa: contemplar los acontecimientos de siempre con ojos nuevos. Es decir, no quedarse con lo anecdótico sobre una historia dramática de sangre y latigazos; ni con una experiencia sentimentalista e individual. Lo propio de la verdad cristiana es que sea encarnada, porque lo propio de Cristo es ser Dios verdadero y hombre verdadero, un acontecimiento al mismo tiempo histórico y salvífico. También nos puede ayudar ver (o volver a ver, en muchos casos) la película «La Pasión» de Mel Gibson, y fijarnos en la mirada de María a Jesús camino del Calvario. En ese misterio la Virgen contemplaba al mismo tiempo a su pobre hijito sufriendo y a su Dios.

 

Ramón Fernández Aparicio

 

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2 comentarios

Maria Isabel perez Larbide
Gracias por tu comentario, si medito en lo que nuestro Señor Jesucristo sufrio ,esperimento y vivio pues doy gracias a mi Padre Celestial por enviarlo y darnos la oportunidad de ser eternos ,cosa que perdimos ..bendicciones y viva Cristo Rey ..
28/03/24 11:49 AM
Maria Hernández
Científicamente tenemos la Síndone de Turín.
17/04/24 11:45 PM

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