La sinodalidad de la Iglesia

La sinodalidad de la Iglesia

La organización aprobada en la cúspide romana para el XVI Sínodo comprenderá, según se ha anunciado, una fase de consulta a los fieles para la cual se enviará un cuestionario a cada diócesis. He oído hablar también de una especie de sínodo general de toda la Iglesia, como un parlamento permanente. Entre tanto, ya no se predica a Jesucristo, no se reclama la conversión a la Verdad y a la Gracia.

Se ha inaugurado recientemente, con una misa en la basílica de San Pedro, la sesión XVI del Sínodo de los Obispos, que a partir de su creación por Pablo VI, con el correr de los años se ha convertido prácticamente en una institución del gobierno eclesial. En realidad, se trata de un recurso que se ha ejercido diversa y variadamente desde la antigüedad en las distintas regiones y provincias eclesiásticas, convocadas por los patriarcas. No es el objeto de esta nota trazar una historia de los sínodos, reflejo de la vida eclesial que resulta apasionante y permite apreciar la organización de las iglesias locales y sus relaciones. Es una riqueza admirable de la Iglesia Católica. También se advierte en esa historia que la realización de un sínodo procuraba afrontar situaciones difíciles, crisis, y salir al paso de deformaciones de la fe. No es un invento extravagante, sino que surgió naturalmente, como expresión de que la Iglesia de Cristo es una comunión.

La palabra sínodo expresa la marcha en la historia de la Iglesia-Comunión. Viene del griego, lo cual muestra también el origen antiguo y oriental de esta institución. Sínodo es syn-hodós: la preposición o el adverbio syn, es decir, con se antepone al sustantivo hodós, camina, hacer juntos el camino. El término griego es femenino, va con el artículo he; habría que traducir entonces la vía, o la ruta. Así es como en las reuniones o asambleas sinodales se tomaban decisiones conjuntas, después del estudio y los debates. El episcopado, los sucesores de los apóstoles de Jesús, ejercía el encargo que se le había impuesto de vigilar. (skopeîn: mirar desde arriba, desde lo alto, para poder advertir cómo se encaminaban las cosas y juzgar sobre ellas con autoridad). El servicio o ministerio del obispo es el de un centinela, expresión de amor a Cristo y a su pueblo. Tenemos documentos de la actualidad en las exhortaciones postsinodales de los grandes pontífices San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Es al Obispo de Roma, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal, a quien corresponde la presidencia de esta institución. Es él, el Papa, quien indica los temas y las actitudes pastorales que deben sostenerlos.

En la anunciada reunión XVI del Sínodo de Obispos, en la misa de inauguración, el Sumo Pontífice reiteró las ya conocidas orientaciones suyas. Dijo nuevamente que la Iglesia no ha de ser «aséptica», sino «apegada a la realidad y sus problemas», debe internarse en las «rutas ásperas» de la vida del mundo, debe estar dispuesta a la «aventura del camino», no temer ante lo incierto ni refugiarse en excusas juzgando que no hace falta algo nuevo porque «siempre se ha hecho así». Abogó, según han recogido los medios de comunicación, por «una Iglesia que atienda los desafíos del mundo moderno». Este lenguaje se viene repitiendo desde hace por lo menos medio siglo, tiempo en que es innegable que la Iglesia ha caído en una noche pavorosa, salvo los resplandores breves y locales que permiten sostener la esperanza en la acción de Dios y su misteriosa providencia. Los pontificados de San Juan Pablo II y Benedicto XVI han tutelado con diligencia esos resplandores. Pero eso es ya el pasado.

La organización aprobada en la cúspide romana para el XVI Sínodo comprenderá, según se ha anunciado, una fase de consulta a los fieles para la cual se enviará un cuestionario a cada diócesis. He oído hablar también de una especie de sínodo general de toda la Iglesia, como un parlamento permanente. Entre tanto, ya no se predica a Jesucristo, no se reclama la conversión a la Verdad y a la Gracia. Los pecados que se denuncian son la proliferación costosísima de las armas, el estropicio de la naturaleza, la deforestación, el descuido que promueve el cambio climático, y más recientemente se ha insistido en la obligación moral de vacunarse contra el Covid.

La Iglesia ha quedado entrampada en un moralismo de inspiración racionalista, kantiana. Dios, el misterio de Cristo y su obra salvadora bajo el influjo de la Razón Práctica. Es terrible la responsabilidad en que incurren los pastores de la Iglesia si con fervor apostólico no llaman a la conversión. Es muy doloroso comprobar desde este rincón desolado de la Argentina que aquel ferviente amor que transmite la Palabra debemos esperarla de algún pastor de alguna iglesia evangélica, no de las grandes Iglesias de la Reforma, más arruinadas que la Católica.

En verdad que esa predicación evangélica incluye cierto fundamentalismo y desbordes pseudocarismáticos, pero hace resonar la Verdad ante un mundo donde reina el pecado sin trabas: Jesús vendrá de nuevo, con gloria, para el juicio del mundo y la conclusión de la historia. Es la realidad proclamada en el credo Niceno: «Et iterum venturus est cum gloria iudicare vivos et mortuos, cuius Regnum non erit finis». Es la verdad que debe ser creída en el fervor humilde de la fe, sin incurrir en disparates milenaristas, porque sólo Dios sabe el cuándo; mientras dura este cuando, en ese silencio, se va ejerciendo el misterio de la salvación, que debemos ofrecer incesantemente a cada hombre y a cada mujer. El frío y seco moralismo, y las imprecaciones por su incumplimiento, necesita ser vivificado por la gracia del amor, porque sin ésta no podrá obtener ningún efecto. El aparato político de la Iglesia, que se despliega a la «corrección» que reina en el mundo, resultará una carga insoportable si no sirve al encargo que el Señor Resucitado, antes de volver al Padre, encomendó a los apóstoles.

Sínodo, hacer juntos el camino, ¿cuál?. La Iglesia moderna (o mejor modernista) subraya el syn, lo que cuenta es estar juntos, ¿adónde nos lleva en su «salida»?. En la conversación que mantiene con sus discípulos en la Última Cena, Jesús intenta explicarles su regreso al Padre; les dice que va a prepararles un lugar: en la Casa del Padre hay muchas moradas; ya saben ustedes adónde voy y conocen el camino. Tomás lo interpela: «Señor, no sabemos adónde vas ¿cómo podemos conocer el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino (ἐγώ εἰμι ἡ ὁδὸς) y la verdad y la vida (Jn 14,6); como señalan en su interpretación varios Padres de la Iglesia, es el Camino que da acceso al término que es él mismo en cuanto Verdad y Vida.

Sínodo: hacer juntos el camino que es Jesús. Este camino es el que con plena convicción y amor debe anunciar la Iglesia, desembarazándose del moralismo que la tiene atrapada, y la recluye en la asfixiante atmósfera de la Razón Práctica. Y, contemplando con alegría y amor este Camino, que es el único que tiene salida, encamine por él al mundo. Para eso le ha sido confiado el misterio sobrenatural de la fe, que debe transmitir.

 

+ Héctor Aguer

 

Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas.
Académico de Número de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro.
Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).

Buenos Aires, viernes 21 de enero de 2022.
Memoria de Santa Inés, virgen y mártir.

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14 comentarios

Esteban
Buenísimo!
22/01/22 2:48 AM
Perplejo
Creo que lo que dice monseñor Aguer es muy acertado: "La Iglesia (hoy) ha quedado entrampada en un moralismo de inspiración racionalista, kantiana. Dios, el misterio de Cristo y su obra salvadora (están) bajo el influjo de la Razón Práctica". Un moralismo frio y seco que ha atrapado a la iglesia en la correccion política y que raramente llama a la conversión
22/01/22 11:14 AM
Maribel
Muchos comentarios de luz como este hacen falta para ver claro que solo Jesus es camino verdad y vida y si nos olvidamos de El nada tiene sentido.
22/01/22 3:24 PM
maru
Muy buen artículo Mons. Aguer! El único camino es seguir a Jesucristo, así es. Dios se lo premie,!!!
22/01/22 4:15 PM
José María
Muy buen artículo de Monseñor Ager.
Conversión personal. Y de la conversión personal, se seguirá la transformación de la vida personal y social.
Pero el comienzo es la conversión personal, que surge tras el encuentro personal con Jesucristo. Y es urgente hablar de ella. Y hoy se habla poco.
22/01/22 8:30 PM
M Rosa
Seguir a Cristo:
Eercitar las virtudes de: la paciencia, la bondad, la mortificacion del corazón,la Humildad, la obediencia la Pobreza, la castidad, la Amabilidad con el prójimo,sufrir sus imperfecciones, la diligencia el Santo fervor.
Hay muchas pláticas que dar sobre los consejos que practicó Nuestro Señor, no cree?.
Gracias, por su misiva, Monseñor.
23/01/22 9:48 AM
Kim
Sinodo. Camino conjunto
Ir juntos, presupone saber a dónde vamos.
Lo demás son slogans.
Esta " Iglesia en salida ", etc. , nos puede llevar al hoyo. " Clericalismo "
- tantas veces citado - es precisamente lo contrario de lo que alguno en Roma apunta. Es, precisamente, dar prioridad a los temas propios de los seglares, dejando en segundo lugar los temas propios de los eclesiásticos. Un mundo al revés.
Por esa vía, los ingenieros deberían especializarse en teología moral y los párrocos en edafología, cambio climático y finanzas.
Todos debemos ayudar en todo, pero cada uno a lo suyo y Dios con todos.
¡ Gracias monseñor !
23/01/22 2:02 PM
Néstor
Excelente, Monseñor, gracias. Hay que volver a predicar la Palabra de Dios.

Saludos cordiales.
24/01/22 2:51 AM
Angeles Wernicke
Gracias, Monseñor Aguer!
24/01/22 6:49 AM
Juan F
Estimado Monseñor! Gracias por la claridad de su artículo. El Señor nos dejó una de las reglas más claras del discernimiento de espíritus y es el “ por sus obras los conoceréis”. Para quienes están confundidos… hoy la confusión es grande, porque la ignorancia es grande, especialmente la ignorancia de Dios y de Su palabra y que no decir de Su iglesia!
Los frutos de la actual salida hacia el mundo de la “nueva” iglesia, se hacen evidentes y solo queda, el mantenernos firmes en la Fe, confiados en el Señor, orando, reparando, pero sobretodo seguros que Cristo Jesús tiene la última palabra y que nos mantendrá firmes en la medida de nuestro abandono a Su voluntad! Dios lo bendiga!
24/01/22 8:07 PM
Enrique Alberto desde Argentina
Nuevamente gracias Monseñor por alumbrarnos en estos momentos tan oscuros y por favor siga confirmandonos en la Fe.
Saludos cordiales.
25/01/22 2:22 AM
Juan F
Estimado Monseñor! Gracias por la claridad de su artículo. El Señor nos dejó una de las reglas más claras del discernimiento de espíritus y es el “ por sus obras los conoceréis”. Para quienes están confundidos… hoy la confusión es grande, porque la ignorancia es grande, especialmente la ignorancia de Dios y de Su palabra y que no decir de Su iglesia!
Los frutos de la actual salida hacia el mundo de la “nueva” iglesia, se hacen evidentes y solo queda, el mantenernos firmes en la Fe, confiados en el Señor, orando, reparando, pero sobretodo seguros que Cristo Jesús tiene la última palabra y que nos mantendrá firmes en la medida de nuestro abandono a Su voluntad! Dios lo bendiga!
25/01/22 11:04 AM
Ricardo D C Ferrero
Me llamo al silencio orante ante el fuego de este amor apostòlico de JesuCristo en el P. Aguer. RDCFerrero
25/01/22 7:19 PM
Juan
En otra época, cuando Ud. era Obispo con jurisdicción, le prestaba más atención, era más medido.

Evientemente , me parece que Ud., sin la corresponsabilidad del Pastoreo con los otros Obispos, ahora se parece más inclinado hacia los aires lefevristas. No digo que lo sea, pero su denuncia de noche pavorosa es una pintura de esa secta y los filo.vergonzosos.lefevristas ocultos. Los aires pestilentes a veces llegan y nos dañan los pulmones.

Evidentemente Ud. con Francisco tiene una diferencia muy grande.

Ud. termina señalando a los Evangelistas. Cosas verdes Sancho que faran fablar las piedras.

Saludos Monseñor.





14/02/22 2:54 PM

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