La fornicación

En el contexto de una recta antropología, de una idea completa del ser humano en la que se asume su realidad biológica y psicológica, es fácil comprender que el acto sexual tiene una doble finalidad: es unitivo y procreativo. El gesto de la unión corporal acompaña, ratifica e incentiva la unión de las almas. La fornicación lo convierte en una gimnasia superficial y provisoria, propia de parejas desparejas, sin el compromiso de por vida que integra la expresión sexual en el conjunto de la convivencia matrimonial, con la apertura a los hijos.

Encabezo deliberadamente esta nota con un título chocante; lo es porque la palabra empleada ha caído en desuso y puede causar extrañeza. No cito la definición del catecismo sino la del diccionario: «tener ayuntamiento o cópula carnal fuera del matrimonio». Este vicio se ha convertido en algo trivial, común, insustancial. Lo llamo vicio porque el diccionario define «fornicario: que tiene el vicio de fornicar». Él o ella en principio, aunque hoydía la «igualdad de género» permite otras combinaciones, antinaturales.

Indico dos ejemplos de banalización. En la Sección Espectáculos de El Día [N. de E. El Día es el mismo diario en el que se publica la columna de Mons. Aguer] se puede seguir una crónica diaria de la fornicación en el mundo de la farándula; hay records notables de señoritas (no estoy seguro de que sea ésta la identificación que corresponde) que cambian de «novio» cinco o seis veces al año; se supone que no se reúnen con ellos a leer la Biblia. Antes, a estos comportamientos y a las personas que los practicaban se les aplicaban otros nombres. Se puede pensar que son casos extremos, que se exhiben en un escaparate para suscitar envidia y la ilusión de llegar a imitarlos. Escándalo, como se lo llamaba antaño: inducir a otro al mal, más intenso cuando la conducta desviada es promovida como una moda. La superficialidad de esos casos resulta irrisoria: escarceos, idas y vueltas, traiciones y arrepentimientos, cada tanto algún rumor de embarazo que no se confirma. La protagonista innombrada, por supuesto, es siempre la cama. Felizmente, la mayor parte de la gente no tiene tiempo ni plata para gastar en esas placenteras ociosidades. Pero el mal ejemplo cunde, fascina, lo anormal se puede ir convirtiendo en deseable primero, luego en moralmente neutro y finalmente en normal. «Lo hacen todos», ese es el lema.

Sexo en los Juegos Olímpicos

El segundo ejemplo prometido procede de los Juegos Olímpicos. El Ministerio de Salud de Brasil envió a Río de Janeiro nueve millones de profilácticos, 450.000 destinados a la Villa de los Atletas, donde se hospedaban 10.500 deportistas de todo el mundo, más los técnicos. La prensa brasileña hizo un cálculo: 42 condones por cada atleta, teniendo en cuenta los 17 días de duración de las competencias. La preparación para las mismas impone, como es lógico, la abstinencia, pero después de cada competición; ¡a coger atléticamente! No se asuste el lector por el uso de este verbo, no incurro en una grosería impropia de un obispo. El Diccionario de la Academia, en la acepción 24 del término señala que es un vulgarismo americano: «realizar el acto sexual»; pero en la acepción 19 define: «cubrir el macho a la hembra»; aquí entonces aparece en el significado de la palabra un matiz de animalidad. Quiero decir en consecuencia que la cultura fornicaria que se va extendiendo sin escrúpulo alguno es un signo de deshumanización, no es propia de mujeres y varones como deben ser según su condición personal. Algo de no humano, de animaloide aparecería en esa conducta.

La deshumanización del eros, que por su propia naturaleza es carnal y espiritual, comienza por el descarte del pudor, de la honestidad, de la modestia, del recato. En estos valores cifra la plena humanidad de la actuación sexual, que no se exhibe obscenamente, ni en sus preparaciones. Pienso en el «petting» descontrolado en lugares públicos. Valga una muestra del impudor hodierno: los «trajes» de baño femeninos que se reducen a tres trocitos simbólicos de tela; ¿no sería más sincero que en la playa o la pileta se presentasen desnudas? No cargo la cuenta sobre el bello sexo; era tradicional que el varón tomara la iniciativa, y lo hace muchas veces abusando de su vigor, aunque las artes de la seducción no le sean ajenas, ahora desplegando instrumentos cosméticos, gimnásticos y hasta quirúrgicos. Por no hablar del cine, la televisión y las series de internet; a la pornografía la camuflan verbalmente hablando de «escenas fuertes».

Libertad lúcida

La banalización que he señalado implica asimismo una confusión fatal acerca del amor: no es éste una mera efusión sentimental, ni la sola atracción física, sino especial y esencialmente un acto electivo de la voluntad, en el que se ejercita en pleno la libertad, una libertad lúcida, consciente, una decisión de permanencia que aquieta para siempre en el bien amado. La seducción de la belleza, por cierto, cumple su papel –Platón asociaba sabiamente belleza y eros– en el conjunto de la elección personal. Lo propiamente humano es que tal decisión electiva sea para siempre, como signo de madurez, preparada en una educación para el respeto mutuo, la amistad sin fingimiento, la disposición a afrontar juntos él y ella las dificultades de la vida tanto como las infaltables alegrías. Entonces cobra sentido la unión sexual de un varón y una mujer.

En el contexto de una recta antropología, de una idea completa del ser humano en la que se asume su realidad biológica y psicológica, es fácil comprender que el acto sexual tiene una doble finalidad: es unitivo y procreativo. El gesto de la unión corporal acompaña, ratifica e incentiva la unión de las almas. La fornicación lo convierte en una gimnasia superficial y provisoria, propia de parejas desparejas, sin el compromiso de por vida que integra la expresión sexual en el conjunto de la convivencia matrimonial, con la apertura a los hijos. Una señal alarmante de deshumanización se manifiesta en el lenguaje: novio-novia, ex novio- ex novia, pareja-ex pareja, ya no marido y mujer, esposo y esposa; aquello debe llamarse, en realidad, concubinato. Las consecuencias personales y sociales se pueden percibir en la orfandad afectiva –e incluso efectiva- de tantos niños y adolescentes y la cantidad superior de abusos que se registra precisamente en el interior de esas formas de «rejunte», que no son verdaderas familias. Además la generalización de las relaciones sexuales entre adolescentes no permite augurar nada bueno. Comienza cada vez más temprano la banalización del sexo.

La finalidad procreativa del acto sexual es frecuentemente bloqueada, de modo expreso, intencional, en las fornicaciones ocasionales, pero también en la convivencia marital. El negocio de los anticonceptivos ha ocultado la sabia disposición de la naturaleza, que ordena en la mujer los ritmos de fertilidad. Todo ha sido bien hecho por el Creador, y el capricho humano se niega a utilizarlo, lo burla a su placer. La misma etimología lo esclarece de manera indiscutible: «genital», «generación», «génesis» integran una familia de palabras; en griego, en latín y en castellano: los órganos genitales y su uso sirven para dar origen a un nuevo ser.

Existe además –no lo olvidemos la fornicación «contra naturam», ahora avalada por las leyes inicuas que han destruído la realidad natural del matrimonio y que se fundan en la negación del concepto mismo de naturaleza y de la noción de ley natural. La razón comprende que el cuerpo del varón y el de la mujer se ensamblan complementariamente porque están hechos el uno para el otro; y también sus almas. La discriminación de los antidiscriminadores ha llegado a límites inconcebibles, como el de negar el derecho de los niños a ser criados y educados por un padre y una madre; así se ha visto en la entrega en adopción de niños a «matrimonios igualitarios». Los enciclopedistas anticatólicos del siglo XVIII se horrorizarían de semejante atentado a la razón.

Cultura del desenfreno

El laborioso remedio de una cultura fornicaria, del desenfreno, «akolasía» como lo llama Aristóteles, es la «sofrosyne», la templanza, según el mismo Filósofo lo explicaba en el Libro III de su Ética a Nicómaco varios siglos antes de Cristo. Para nosotros, cristianos, a la destemplanza del incontinente la sana una especie concretísima de la templanza que se llama castidad. Aquel gran pensador observaba que hay algo de infantil, por la irreflexión, en el desenfreno, en la intemperancia; y añadía además que «se da en nosotros no en cuanto somos hombres, sino en cuanto animales». Lo propiamente humano es que la potencia sexual y su actuación se integren armoniosamente a la riqueza de la personalidad, y que ese ejercicio se desarrolle en el orden familiar. Es éste el logro de la virtud.

Tengo pleno respeto por las personas concernidas en todo lo que he dicho, y comprendo con cercanía y afecto sus conflictos, pero no puedo dejar de proclamar la verdad. Mal que le pese al INADI, si se entera.

+Mons. Héctor Aguer, Arzobispo de La Plata, Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas

Publicado originalmente en el Diario El Día

 

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13 comentarios

Piedad
En usted, Mons. Aguer, y en todos los Pastores que traen luz a nuestro espíritu y nos reconfortan en las duras batallas de esta vida, se inspiró el poeta del Himno para el Laudes de hoy, 24 de Agosto:

HIMNO

Vosotros, que escuchasteis la llamada
de viva voz que Cristo os dirigía,
abrid nuestro vivir y nuestra alma
al mensaje de amor que él nos envía.

Vosotros, que invitados al banquete
gustasteis el sabor del nuevo vino,
llenad el vaso, del amor que ofrece,
al sediento de Dios en su camino.

Vosotros, que tuvisteis tan gran suerte
de verle dar a muertos nueva vida,
no dejéis que el pecado y que la muerte
nos priven de la vida recibida.

Vosotros, que lo visteis ya glorioso,
hecho Señor de gloria sempiterna,
haced que nuestro amor conozca el gozo
de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo lo siga Bendiciendo. Amén
24/08/16 5:58 PM
Pub
Por cierto, tema tabú en las homilías en España. Aquí, lo de entregarse a los demás y dale que dale.
25/08/16 12:17 AM
Cristian Iglesias
Monseñor Aguer es uno de los Obispos con más coraje de Argentina.
Es el momento en que las ovejas debemos a poyar a los buenos Pastores.
25/08/16 4:34 PM
Ma. Teresa Gallegos
Felicito a Monseñor Aguer, por su artículo tan claro y tan franco, acerca de la fornicacion, que ahora se padece en todas partes, gracias a los medios de comunicación, y de la propaganda que hacen de esto y que a mucha gente sin criterio, sentido común y formación, les parece ya natural, fornicar como si fuera algo normal, y quien no lo practica es una persona rara, no entienden la virtud de la castidad, ni el valor de la virginidad antes del matrimonio. Aquí en México lee uno en las notas sociales el escándalo que hacen las parejas que se van a casar, cuando les dan el anillo de compromiso, ahora se usa que se los den por ej. en Europa, USA, etc. yo me pregunto y que tienen que hacer tan lejos los dos, para dar un anillo, no creo que estén rezando, ya a la gente no le importa que se sepa que fornican, le llaman convivencia, en Mexico el 90% de las parejas que buscan invalidar sus matrimonios son parejas que ha convivido antes del matrimonio, lo cual quiere decir que sólo han buscado el placer y cuando éste se acaba,buscan otro placer. Todo esto da mucha pena, pobres jóvenes..Ma. Teresa. México.
26/08/16 9:15 AM
Mª M. Marcos
¡Dios le bendiga por su valentía, Monseñor!
Ojalá muchos otros lo hagan.

Y los laicos, como hormiguitas, apoyándoles podamos mover esta montaña disparatada que amenaza como tierra movediza a nuestra sociedad.

Muchas gracias, de parte de esta abuela de sesenta años.
26/08/16 12:16 PM
Mª M. Marcos
¡Dios le bendiga por su valentía, Monseñor!
Ojalá muchos otros lo hagan.

Y los laicos, como hormiguitas, apoyándoles podamos mover esta montaña disparatada que amenaza como tierra movediza a nuestra sociedad.

Muchas gracias, de parte de esta abuela de sesenta años.
26/08/16 12:16 PM
Daly Flores
Monseñor Aguer, Dios lo bendiga...hace el trabajo de un Buen Pastor.
26/08/16 5:28 PM
Néstor
Esa es una llaga de bulto y no hace falta un microscopio para verla, aunque es cierto, en muchas predicaciones el "compromiso con los demás" y yerbas análogas ocupan muchas veces el lugar que ésta debería ocupar.

Saludos cordiales.
26/08/16 8:01 PM
Mario
La pasión sexual desenfrenada frustrada por el uso continuado de anticonceptivos conduce a cotas de violencia física siempre mayores. Todo lo contrario de lo que anunciaban, en nombre del psicoanálisis, los paladines de la paz. Es así porque el primer y más importante proyecto vital de un ser humano es su descendencia. ¡Cómo cambian las personas, ellos y ellas, una vez contraído matrimonio y asegurada la prole! Existe una relación social directa entre anticoncepción y violencia, que llevada al extremo, desemboca en el crimen del aborto. De ninguna otra cosa advirtió abstinencia san Pablo con tanta claridad
26/08/16 11:27 PM
Eduardo
Un artículo que hable desde una perspectiva cristiana de la fornicación ya es un artículo valiente de por sí.
Y es de agradecer que venga de un obispo, gracias Monseñor, que Dios le guarde muchos años.
28/08/16 10:45 AM
Pat de Argentina
Ya empezó la violenta persecusión desde su mismo entorno....

GRACIAS MONS. AGUER POR SUS VALIENTES Y VERDADERAS PALABRAS!!!!

La verdad libera, pero la mundanidad en la que actualmente está sumergida nuestra Iglesia es algo repulsivo y piedra de escándalo para los que quieren ser fieles a NSJC.
28/08/16 7:09 PM
Marcela de La Pampa
Querido Monseñor, sus palabras son verdad, pero no se si duele mas eso que los propios catolicos, de misa, no piensen lo mismo. Ahora entre los catolicos decir algo como sus palabras es para pelearse con ellos. Me gustaria que hubiera una pronunciacion oficial de la Iglesia en Argentina. desde ya muchas gracias.
29/08/16 6:16 PM
Valeria Valle
La cultura de la muerte, el desenfreno y las pasiones,
la soberbia envanecida del súper yo, el narcisismo y el victimismo, dos caras de la misma moneda de ese ser, el hombre.
El hombre manipulando la obra de Dios y diciendo con arrogancia, “aquí estoy yo”.
Si el hombre no domina sus impulsos y pasiones, se entrega él mismo a su propia esclavitud.
El sexo o fornicación no es la fusión de dos almas, es el desprecio del hombre así mismo, convertido en un juego divertido y trivial, pero es vulgar y siniestro.
Es lo contrario a conocerse, dejando de lado las acepciones dominar y alternar más propio de lo mencionado renglón más arriba.
Las consecuencias de ello, abortos, abandono de los llamados al mundo, risas y carcajadas de los poderosos, negocio, dinero, poder, infamias, crimen organizado...Hipocresía y cinismo de la doble moral, incluso de la propia Iglesia, que ni se atreve a denunciar que la pandemia del mundo hippie solo dejaron dos cosas demoníacas, sexo, droga ... bueno, tres... y rock&roll. Esto último fue el mejor acicate para extender la inmoralidad y el vicio en todos los sentidos, hasta el satanismo.
En realidad no fue el mundo hippy, fue algo planeado en muy altas instancias norteamericanas con la colaboración de algunas universidades. Fue consecuencia del experimento MK ultra de lo cual estaba muy enterado el papado.

Sigue...
23/02/20 11:52 PM

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