«Con el sudor de tu frente»
San José Carpintero, Georges de La Tour | © WikiMedia

«Con el sudor de tu frente»

Según el relato bíblico del Génesis, el trabajo es una de las consecuencias del pecado original, una verdadera maldición que pesará sobre el hombre a lo largo de la historia. Desde esta perspectiva, la felicidad del ser humano consiste en la contemplación, en el ocio sagrado.

La historia registra, a lo largo de los siglos, cómo en las diversas civilizaciones el trabajo fue exigido a modo de un castigo, impuesto por los vencedores, en las guerras, a los vencidos. En suma, el trabajo es un castigo.

Con la Encarnación del Hijo Eterno de Dios -la segunda Persona de la Santísima Trinidad-, la perspectiva es invertida. Cuando se produjo el nacimiento de Jesús, existían civilizaciones edificadas con el trabajo, como realización de hormigas que ponían en trabajar todo el empeño, como fin de su existencia. La maldición genesíaca se cumplía y en ese ejercicio debía hallarse la felicidad.

Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nació en el hogar artesano de San José, y él mismo fue considerado un trabajador, un artesano. «¿No es éste el hijo del carpintero?» (Mt 13, 55), se preguntaba la gente admirada por los milagros de Jesús. Valga a esta altura una aclaración: la carpintería no se limitaba, entonces, al trabajo sobre la madera, sino que incluía el hierro y otros materiales necesarios para los instrumentos del campo.

 El trabajo ha sido redimido por la Encarnación; por eso, desde el comienzo del cristianismo encuentra un lugar de privilegio en la Iglesia: es lo normal para un cristiano sostenerse y mantener a su familia, mediante el trabajo. De allí la expresión de San Pablo, en su Primera Carta a los Corintios, y en su Segunda Carta a los Tesalonicenses: «El que no quiera trabajar, que no coma» (2 Tes 3, 10).

En la Doctrina Social de la Iglesia el trabajo ocupa un lugar central, y toda su preocupación ha de ser que no falte; y que sea respetado y retribuido con justicia. Históricamente, hasta en los monasterios, donde los hombres se reunían para vivir en la contemplación y en la adoración de Dios, este anticipo de la vida eterna se sostenía mediante el trabajo. El trabajo, humanamente concebido, no debe impedir el legítimo ocio y el cultivo de la vida intelectual.

En la Argentina de hoy, la destrucción del Estado es replicada por el menoscabo de las empresas, y es la causa de la desocupación. La fantasía del neoliberalismo libertario, que está en el poder, desconoce la realidad de la familia; en la que tanto el hombre como la mujer trabajan. El varón las más de las veces, en diversas ocupaciones y la mujer en la casa; pero la mujer soltera y la viuda conocen el rigor del trabajo aún en la fábrica, el taller, y otros ámbitos. En una sociedad bien ordenada el ocio y el trabajo tienen un valor complementario. «El sudor de la frente» y el esfuerzo intelectual constituyen el todo de la ocupación del hombre en el mundo.

 

+ Héctor Aguer.
Arzobispo Emérito de La Plata.

Buenos Aires, martes 9 de junio de 2026.
San Efrén, diácono y doctor de la Iglesia. -

 

6 comentarios

Janus1870
Discrepo con Mons. Aguer. Según Gen. 2, 15: "El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara". El trabajo como tal antecede al pecado original y, por tanto, no es un castigo por éste. El castigo consiste en lo que se dice en Gen. 3, 17: "Y dijo al hombre: «Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida»".
11/06/26 3:56 PM
Ale Mendez
Aunque discrepo muchas veces con Monseñor en temas teológicos, morales sociales, pastorales y litúrgicos...esta vez concuerdo.
La lógica neoliberal en general y la libertaria en particular está en contra de la dignidad humana en general (esto ya es para estar alerta) y contra prácticamente todos los principios de la centenaria doctrina social de la iglesia (como dignidad del trabajo como co-participación con el plan de Dios, trabajo digno, rol subsidiario del estado, bien común, destino universal de los bienes, límites moral al mercado liberal, entre otros).
Sin duda el comunismo está condenado por la Iglesia. Pero el liberalismo tiene profundas críticas ya en Rerum Novarum y su versión neoliberal en Fratelli tutti de Francisco y en Magnifica humanitas de nuestro actual Santo Padre León XIV.
Todo cristiano y toda persona de buena voluntad busca siempre justicia social, fraternidad y caridad en lo laboral.
15/06/26 5:37 PM
Ricardo de Argentina
" En suma, el trabajo es un castigo."
" La maldición genesíaca se cumplía y en ese ejercicio debía hallarse la felicidad."
«El que no quiera trabajar, que no coma» (2 Tes 3, 10).
....
Grandes verdades acota usted, Monseñor.
La necesidad de que el hombre trabaje forma parte del Orden Natural, instituido por Dios.
La diabólica Revolución contra Dios (de la cual la francesa es una parte, la política, pero abarca también a la religión, a la filosofía y a la economía) se ha empeñado en destruir ese orden, contrariando en todo lo que pueda los designios divinos.
Así, desde la Revolución Industrial ha venido destruyendo elorden laboral, primero con el trabajo esclavo, y luego con la mecanización desenfrenada que ha desembocado en la tecnolatría y la inteligencia artificial actuales.
Por eso ya casi nadie trabaja, casi todo lo hacen las máquinas. Y los esclavos del Sudeste Asiático.
Nuestros estudiantes en las universidades, sobre todo las técnicas, se la pasan buscando formas de trabajar cada vez menos.
Pero el trabajo es la fuerza del pobre, que sin trabajo no puede ni reproducirse, al no poder fundar una familia digna.
En cambio la tecnología ha llevado a la tiranía del rico, a esto que padecemos y que han dado en llamar, con patético sentido del humor, "democracia".
"Ora et labora", enseñaba San Benito. Y la Iglesia siempre enseñó que el ocio sin el negocio lleva al pecado y al relajo moral.
Pidamos a Dios,
16/06/26 11:41 AM
Ricardo de Argentina
(concluyo)
Pidamos a Dios que al menos en nuestros limitado ámbito de influencia y de incumbencia, especialmente en nuestra familia, podamos mantener, y llegado el caso restaurar, el orden querido por Dios.,
16/06/26 6:10 PM
anibal soldani
A Janus hay que responderle que "el trabajo penoso" (del cual habla Mons Aguer, ese sì es castigo del pecado.
16/06/26 7:18 PM
Janus1870
Anibal Soldani, eso es lo que escribí.
17/06/26 2:53 PM

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