Los seminarios diocesanos son necesarios

Los seminarios diocesanos son necesarios

¿Son los seminarios interdiocesanos una solución?, ¿qué nos dice la experiencia?, ¿qué nos dice la 'Ratio' formativa?

¿Qué hacer con la disminución de seminaristas en España, y en general en Europa? La Congregación para el Clero ha venido insistiendo ante los obispos en la necesidad de programar una reducción de seminarios, proponiendo una reagrupación de seminaristas y sugiriendo la posibilidad de crear algunos seminarios interdiocesanos o reagrupar las pocas vocaciones de dos o más diócesis. Los obispos siempre se han mostrado reticentes a una solución que en gran parte se asemeja a un atajo que no parece conducir fácilmente a la solución, ya que las pocas experiencias que conocemos de los seminarios que nos recomiendan no siempre han resultado todas exitosas. La propuesta de agrupación de seminaristas se haría con miras a los siguientes elementos de valoración de cada caso y según la propia Ratio formativa que gobierna los seminarios: 1) la formación que ofrece el seminario; 2) la calidad de los estudios eclesiásticos; y 3) la apertura al crecimiento de la vocación sacerdotal que puede significar la convivencia más numerosa de seminaristas en un centro regional, o en el seminario que tiene pocos seminaristas más que las diócesis que tienen menos.

Si nos detenemos primero en el centro académico, ya regional o sencillamente de otra diócesis, sobre todo si ambos centros cuentan con un Instituto Superior que imparte con garantía universitaria los estudios de Filosofía y Teología preceptivos, no siempre es mejor el centro regional o de reagrupación que el centro diocesano. Es un hecho objetivo la variedad de profesores que todo claustro lleva consigo, y los alumnos están prestos a evaluar a sus miembros, concluyendo por su cuenta que unos profesores son mejores que los propios de casa y otros notablemente peores y a veces científicamente menos preparados. Hoy son bastantes las diócesis que cuentan con nuevas generaciones de sacerdotes bien formados, que han cursado sus estudios en Universidades nacionales y de otros países, sobre todo en las Universidades romanas, pero también en Universidades civiles nacionales o extranjeras. Estos sacerdotes han cursado con éxito notable estudios de humanidades y ciencias, necesarias y complementarias de los estudios específicamente eclesiásticos. Los centros superiores diocesanos son centros afiliados e incluso integrados en Universidades y Facultades, centros que tienen hoy que pasar los estándares universitarios establecidos por las Facultades que los afilian o patrocinan conforme a norma. Estos centros no sólo cuentan con profesores sacerdotes, también con profesores laicos, hombres y mujeres, catedráticos y docentes en universidades civiles y que, con grande generosidad, son profesores de los claustros de los seminarios.

Por otra parte, cuando los obispos quieren pedir a alguien que complete o se especialice en estudios de postgrado suelen pensar en jóvenes sacerdotes más que en seminaristas, para enviarlos a una Universidad o Facultad. Esto no excluye que algunos seminaristas sean enviados a una determinada Universidad o Facultad de la Iglesia, a veces como residentes de un colegio o convictorio para seminaristas de distintas procedencias. Pasaron los años ochenta del pasado siglo que tan mal recuerdo nos traen y que a algunas diócesis dejaron sin ordenaciones durante años, hasta que los obispos devolvieron de nuevo los seminaristas a sus diócesis de origen.

Si ahora consideramos la necesaria formación humana, espiritual y pastoral que debe acompañar a la formación académica, y que los seminaristas han de recibir como candidatos al ministerio sacerdotal, como lo prescribe la Iglesia, no cabe la menor duda que esa formación encuentra en la propia diócesis un encaje natural que no suele darse del mismo modo fuera de ella. Es así precisamente por la variedad que los seminarios receptores tienen de pequeños grupos de seminaristas de otras diócesis, por lo que se ven obligados a orientar la formación, aun siguiendo las pautas generales de la Iglesia, de modo más genérico y sin el contexto y la referencia natural a la comunidad diocesana propia de cada grupo de seminaristas. Se puede decir que para eso ya está la diócesis, pero los seminaristas no pueden estar yendo y viniendo de un lugar a otro a lo largo del curso académico; y más si, por añadido, tienen que cumplir con el régimen pastoral que les ocupe el fin de semana, sin dejar espacios convenientemente tranquilos para el estudio personal prolongado y el tiempo que requieren las lecturas.

Más todavía, si se alejan del desarrollo que la vida litúrgica tiene en la propia diócesis, para la cual se preparan en el Seminario diocesano, vinculados a la celebración del Obispo en la catedral de la diócesis y en las parroquias a criterio del propio Obispo. Una liturgia más doméstica, sin duda bien realizada correcta, les recortará la experiencia fundamental de la celebración de la fe como meta a la que conduce la vocación al sacerdocio. La introducción en la vida pastoral, aconsejada especialmente para los últimos cursos de formación del candidato al sacerdocio, es inseparable de esta experiencia celebrativa y solemne en aquellos tiempos y festividades que la reclaman. Esta experiencia de litúrgica que acompaña la misma introducción en la acción pastoral, a la que introduce el Seminario, es el ámbito en el que se aprende a vivir la imposibilidad de separar práctica pastoral y celebración de la fe, como lo ha clarificado para quienes padecen confusiones indeseadas la Comisión Teológica Internacional en el documento «La reciprocidad entre fe y sacramentos», que sancionó con su aprobación el papa Francisco el 19 de diciembre de 2019.

Falta en esta reflexión aludir al Seminario diocesano como la plataforma determinante de la pastoral vocacional, continuada y no eventual, que constituye la comunidad del Seminario diocesano para los adolescentes y jóvenes que sientan la llamada de Jesús que les invita a seguirle; y para aquellos a los que se les comunique por contagio deseable la inquietud y la pasión de la vocación sacerdotal. Una pastoral vocacional sin contexto pierde enteros a la hora de su concreción cotidiana y de su programación a lo largo del año pastoral en la diócesis.

Por todo ello, la reagrupación de seminaristas sólo puede darse por necesidad perentoria, sin que la opción por ella contribuya a disminuir aún más el número de seminaristas. Donde se cierra el Seminario será muy difícil volverlo a abrir durante años, como pone de manifiesto la experiencia. No enumeramos los cierres que esta experiencia nos proporciona, para que nadie piense que menoscabamos cualquier situación de emergencia, porque las emergencias acontecen contra nuestra voluntad. Sin embargo, hemos de contar con que los prejuicios han sido siempre malos consejeros, porque desforman la realidad, y algunas soluciones que se postulan pueden ser necesarias en las emergencias reales, pero a veces ni siquiera, cuando sobre su realidad se suscita la crítica sospecha de que se pueden crear primero las emergencias para aplicar después las soluciones.

Estas reflexiones que me sugiere la fiesta de San José, custodio del primer Seminario de la historia, la casa y la familia de Nazaret, quieren ayudar a poner en común la preocupación que la disminución de las vocaciones sacerdotales suscita, y a no cesar en suplicar de Dios las vocaciones que necesitamos, sin tranquilizar nuestra conciencia con la vana ilusión de que se puede paliar esta pérdida de vocaciones con el compromiso pastoral de los laicos. Esta resignación parece a veces esconder falta de fe en que Dios escucha siempre nuestras súplicas y, como único Señor de la mies, no dejará de enviar obreros a su mies, porque los campos, la mies y los obreros son siempre y sólo suyos.

En la Fiesta de San José
Patrono de la Iglesia y de las vocaciones sacerdotales
19 de marzo de 2022

X Adolfo González Montes
Obispo emérito de Almería

 

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16 comentarios

Jaume
Muy buena idea. Por la falta de profesores, que es lo que se esgrime para mandar los seminaristas a las facultades, no es problema. Basta un solo profesor culto en el seminario diocesano para que coordine y supervise, porque la Teología se puede estudiar mucho mejor ONLINE DESDE EL PROPIO SEMINARIO. Sale muy barato y es muy cómodo y seguramente no se pierde el tiempo con comentarios baladíes y huecos que se dan en las clases presenciales. Y puede ser una teología de alto nivel, la que se enseña ONLINE.
19/03/22 12:11 PM
JCA
Independientemente de si son necesarios o no, los seminarios diocesanos son de siempre potestad del obispo. Dudo mucho que una Congregación para el Clero tenga potestad para contravenir el Derecho Canónico
19/03/22 12:20 PM
Juan Mariner
Sólo cuando ya son eméritos, les empieza a llegar el valor, la cordura, la valentía y el tesón...
19/03/22 1:14 PM
Jordi
JCA
Independientemente de si son necesarios o no, los seminarios diocesanos son de siempre potestad del obispo. Dudo mucho que una Congregación para el Clero tenga potestad para contravenir el Derecho Canónico

Los seminarios interdiocesanos, en general y con excepciones, son un fracaso total y absoluto en el aumento de vocaciones: otro experimento Vaticano segundo fallido. Trento dejó claro que la proximidad diócesis-seminario, como la proximidad diócesis-obispo, es esencial.
19/03/22 2:40 PM
Carmelo
Lo que a mí me suscita la fiesta de San José es que el seminario es lugar de discernimiento de la vocación, donde se ayuda a los seminaristas a leer en sus vidas los signos de una llamada especial a servir a la Iglesia como sacerdotes. La formación no es sólo académica, humana y pastoral; ¿dónde queda la formación en la fe? Se supone que un sacerdote está dispuesto a cambiar de lugar, y muchas veces a cambiar también de planes, como aconteció por otra parte en la vida de san José. Y también es bueno que se vea en los obispos una mirada más ancha, que aspire a ir más lejos de su propio huerto.
19/03/22 3:46 PM
Pep
"Sólo cuando ya son eméritos, les empieza a llegar el valor, la cordura, la valentía y el tesón..."

Es duro de oír, pero es así.
Igual en la Iglesia, que en política...
19/03/22 4:42 PM
Javier
Acabo de leer una demagogia carmelitana que mismamente diría que es canteriana. Incluso por la escasa capacidad para razonar de otra forma que no sea reproducir el discurso progre del contemporismo.
¿Pretende acaso rivalizar en la fe con quien no puede rivalizar en la razón?
Muy bien por Mons. Gónzalez Montes
19/03/22 5:18 PM
Antonio C
En política también ocurre que cuando no hay argumentos para refutar lo que se expone se acude al descrédito. Entiendo que de ahí surge la idea repetida de que algunos obispos se vuelven sensatos una vez jubilados.

He leído con detenimiento el artículo y sólo puedo expresar su absoluta fidelidad a lo que ha enseñado la Iglesia con respecto a la formación de los candidatos al sacerdocio desde que existen los seminarios.

Independientemente de lo que expone Carmelo, en cuanto a la apertura y la disposición a salir de su tierra. Entenderá Carmelo que el clero regular se forma y ordena para servir a su Iglesia local. Y esa Iglesia local, unida a la universal, tiene su propio sentir. Es por ello, que cualquier obispo abierto a entender el lugar y la historia que hereda, si no es un déspota inquisidor que navega inventado mentirás hará lo posible por mantener lo que ha heredado. Ya que lo que hereda no es el cortijo de nadie, como sólo un terco podría pensar, sino que es la grandeza de una Iglesia que tiene 2000 años y no comienza y acaba con él.

En un tiempo de confusión y mediocridad eclesial se agradecen artículos como este.
19/03/22 6:06 PM
Carlos Dueñas
El tema de los seminarios interdiocesanos no es nuevo. Durante la guerra civil española el Vaticano elaboró un plan de unificación de seminarios ante la devastación causada por el conflicto, con cuya distribución geográfica no estaban de acuerdo los obispos españoles. El episcopado era partidario de los seminarios interdiocesanos para ofrecer una mejor formación a los seminaristas, ya que no todos los centros eran viables, como ocurre en estos momentos.

Algunos obispos llamaban la atención de la “falta de entusiasmo por el ideal sacerdotal”, como Francisco Barbado, el obispo de Coria. Hay informes de obispos españoles que señalaban el descenso de vocaciones sacerdotales durante las dos primeras décadas del siglo XX, que se confirman con estudios sobre demografía eclesiástica. Durante la dictadura de Primo de Rivera se produce un aumento de seminaristas, cuyo número vuelve a bajar en la República, para incrementarse durante la posguerra.

Atribuir la crisis vocacional al progresismo eclesiástico es un poco simple. No obstante, creo que debería analizarse la hipótesis de si la relajación de la vida consagrada puede ser un factor que contribuya al descenso de vocaciones y si las personas con mayor predisposición religiosa prefieren un estilo de vida más espiritual y menos mundano.
19/03/22 6:17 PM
Antonio
Lo que a mi me suscita es pensar que visto desde lo que se escribe en los comentarios la veracidad de lo expuesto hace que ante la falta de criterios para rebatir sólo se intente descalificar con fina elegancia, diciendo que los obispos aprenden jubilados.

Lo que a mi me suscita es que en un mundo de confusión los obispos que ahora sean titulares no pueden navegar inventando mentiras sobre las realidades que encuentran. Porque efectivamente un seminario y la realidad de una diócesis no es el cortijo de ningún prelado y menos su mesa de ensayo, para experimentar con los propios candidatos. En mi humilde opinión eso contribuye a destruir.
19/03/22 8:07 PM
Marta de Jesús
Desconozco totalmente este tema. Muy interesante.

19/03/22 10:59 PM
Javidaba
Recuerdo cuando en Pamplona, los casi mil seminaristas "producían" en sus padres, abuelos, tíos, primos y amigos, seis o siete mil familias vibrando por el hijo, hermano, nieto, sobrino o amigo en el seminario.
Llegó un rector que en dos años consiguió que quedaran sólo 6, sí, cinco más uno, 6. ¡Seis mil familias dejaron de vibrar!.
Pero eso sí, al poco tiempo ese rector fue ordenado Obispo.
Por esa misma época, coexistían en Navarra unos 17 noviciados de diferentes congregaciones, con unos 800 aspirantes y sus correspondientes tres o cuatro mil familias vibrando por su vocación, y que dejaron de vibrar.
Si a eso se suma el número de ordenados que "colgaron hábitos o sotana", y se tenga la tentación de recordar la frase "por sus frutos los conoceréis", ¡caramba!, ¿en qué manos hemos estado?.
20/03/22 10:15 AM
Ángel
Este emérito obispo emérito se opuso a que “su”seminario de Almería fuera desterrado, como “experiencia transitoria” , a Murcia, antes de alcanzar el emeritazgo. Maticemos, maticemos.
20/03/22 12:09 PM
hornero (Argentina)
El espíritu del mundo ha penetrado en la Iglesia, en parte por contaminación, y en parte mayor por infiltración de la masonería y del NOM.
No pidamos peras al olmo. Es un clero sumiso que no se atreve a levantar la voz, no quiere perder sus privilegios. Carece de grandes objetivos, porque los grandes objetivos no son compatibles con el mundo. No está capacitado para llevar adelante la evangelización de la humanidad, de los casi ocho mil millones.

Entonces, ¿qué les ofrece a los jóvenes esta Iglesia lánguida, desteñida, más allá de peroratas por la guerra de Ucrania?

Sus teólogos y demás especialistas en materias eclesiales dormitan, sin que por sus mentes se cruce una idea que trascienda lo mediocre. Sus erudiciones son vademecum de bolsillo.

21/03/22 3:25 PM
Gómez A
Tras leer con detenimiento, imagino que hoy en un ambiente de confusión habrá obispos que no valoren las vocaciones, los seminaristas y las estructuras propias. Habrá mediocres que sin conocer nada prefieran destruir todo simplemente porque tienen una visión trasnochada y sean motivados por críticas. Habrá mediocres que sin tener una buena formación teológica crean que se puede prescindir de los sacerdotes sustituidos por laicos clericalizados. Habrá mediocres que valoren mucho su propio ser, tanto que inconscientes del daño que hacen sus escarnios, lo pudieran llegar a celebrar con tarta y todo mientras siguen cruelmente aniquilando las vocaciones y la diócesis a ellos encomendada. Esto que imagino ¡ojalá sólo fuera imaginado! Es lo que a mi me sugiere.
21/03/22 10:09 PM
J. Martín G
Es triste y desolador ver un edificio restaurado y adaptado para los dos seminarios mayor y menor, de lo cual en Almería sólo se habla de mayor ya que el menor lo cerró y extinguió este obispo nuevo.
El problema es que no conocía ni la comunidad cuando lo cerró por decreto en el día De Santiago, a la comunidad le había prometido reunirse para informarle y hablar de ese tema y no cumplió su palabra. El día que reunió a los profesores dijo la noticia y breves momentos posteriores no les dijo nada a los seminaristas en la reunión.
Triste como nos dejamos gobernar por un hombre que no sabe de gobierno y está destrozando y poniendo patas arriba a una diócesis.

Espero que está situación dure poco y acabe pronto porque el clero y los fieles ya están cansados. Recemos por nuestro seminario para que pronto ocupe el lugar en el que debe estar, en la DIÓCESIS .
21/03/22 10:56 PM

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