Carta abierta al cardenal Jean-Claude Hollerich, S.J.
Cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo (captura de imagen)

Carta abierta al cardenal Jean-Claude Hollerich, S.J.

El biógrafo de Juan Pablo II pregunta al relator del Sínodo si la Iglesia ha malinterpretado a Cristo durante dos mil años o si es el cardenal quien se equivoca al reabrir un debate cerrado.

Su Eminencia:

En un artículo publicado recientemente por un importante sitio web católico alemán, usted sugirió que la cuestión de si la Iglesia puede ordenar a mujeres no ha sido establecida de forma definitiva: «No puedo imaginar cómo puede seguir existiendo una Iglesia a largo plazo si la mitad del pueblo de Dios sufre por no tener acceso al ministerio del orden». Dejando de lado por un momento las cuestiones de qué y cómo ese sufrimiento sería causado por la antigua práctica de la Iglesia de reservar solo a los hombres para las órdenes sagradas, su formulación plantea interrogantes sobre el pasado, el presente y el futuro.

¿Está usted sugiriendo, por ejemplo, que ha habido algo esencialmente erróneo en la concepción católica de las órdenes sagradas durante dos milenios? ¿Cómo encajaría tal idea con la promesa del Señor de preservar a su Iglesia en la verdad mediante la continua asistencia del Espíritu Santo (Juan 15:16; 16:13)? La cuestión de quién puede ser admitido a las órdenes sagradas nunca ha sido entendido como un asunto secundario de disciplina eclesiástica, sino que se ha entendido que afecta a la naturaleza misma del ministerio ordenado, que es parte constitutiva de la estructura de la Iglesia --y la Iglesia es creación de Cristo, no nuestra. ¿Ha malinterpretado la Iglesia a Cristo durante dos mil años? ¿O se equivocó Cristo al estructurar la Iglesia y su ministerio ordenado tal y como han estado estructurados durante dos milenios?

En cuanto a su incapacidad para imaginar un futuro para la Iglesia en el que las mujeres no sean llamadas a las órdenes sagradas, ¿no sugiere eso una concepción bastante clerical del Reino de Dios que ya ha llegado y en el que vivimos (Marcos 1, 15)? Si el Reino irrumpió en la historia durante el tiempo que el Señor pasó entre nosotros, y si esa irrupción y su promesa de vida eterna es la realidad en la que vivimos ahora (por mucho que a menudo lo olvidemos), ¿cómo puede «la mitad del pueblo de Dios» quedar excluida de la plenitud de la vida en el Espíritu? ¿Y qué refleja su temor por el futuro sobre su comprensión de la irrupción del Reino en el pasado? ¿Se vio Nuestra Señora privada de vivir la plenitud de la vida del Reino proclamada por su Hijo porque él no la llamó a las órdenes sagradas? ¿Lo estuvieron Catalina de Siena, Teresa de Ávila y Edith Stein, todas ellas santas patronas de Europa? ¿Lo estuvo su madre? ¿Lo estuvo la mía?

Pero vayamos al presente. La Iglesia católica se toma en serio la revelación divina, lo que significa que la creación de los seres humanos por parte de Dios como hombres y mujeres --igualmente humanos, distintivamente humanos y complementariamente humanos-- no se trata simplemente de un Creador actuando a través de los mecanismos de la biología evolutiva. Génesis 1, 27 --«Varón y mujer los creó»-- no es una mera descripción, sino que revela verdades profundas inherentes a la condición humana. Por eso la Iglesia católica no acepta ni puede aceptar la presunción tardomoderna y posmoderna de una humanidad unisex en la que la masculinidad y la feminidad se reducen a una mera diferencia anatómica.

En el capítulo quinto de la Carta a los Efesios, san Pablo describe la relación del Señor con su Iglesia como una relación esponsal: el Señor ama a la Iglesia como un esposo ama a su esposa. El sacerdote ordenado, tal y como lo entiende la Iglesia católica, encarna esa relación esponsal de Cristo con la Iglesia. Los sacerdotes no son simplemente miembros de una casta clerical autorizada para desempeñar ciertas funciones eclesiásticas. Más bien, el sacerdote ordenado es un icono de Cristo Sumo Sacerdote, el esposo de la Iglesia.

A las culturas unisex les cuesta entender esta idea. Lo mismo ocurre con las culturas que imaginan que dos hombres o dos mujeres pueden «casarse» entre sí. Pero la Iglesia no está obligada a rendirse ante las confusiones de ninguna cultura. Y, desde luego, no puede sacrificar a esas confusiones su convicción de que Dios reveló verdades importantes sobre nuestra humanidad cuando el Espíritu Santo inspiró al autor de Génesis 1, 27 a escribir lo que escribió, y cuando ese mismo Espíritu inspiró a san Pablo a escribir Efesios 5.

San Pablo también describió esa relación esponsal entre Cristo y la Iglesia --que es fundamental para la concepción que tiene la Iglesia católica de quién puede ser llamado a las órdenes sagradas-- como un «gran misterio», es decir, una profunda verdad de fe que sólo puede comprenderse desde el amor, por mucho que intentemos entenderla intelectualmente. Permítame sugerir, Eminencia, que los pastores de la Iglesia deberían evitar causar más confusión (y todo el sufrimiento causado por esas confusiones), ayudando al pueblo de Dios a abrazar los misterios de la fe en el amor, en lugar de sugerir que lo que ha sido establecido por la revelación divina y la enseñanza autorizada de la Iglesia (en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis de 1994) no ha sido establecido.

Atentamente, en la comunión de la fe pascual

George Weigel

Publicado originalmente en First Things

 

8 comentarios

Dámaso
Algunos pretenden ser más listos que Dios.Deberia fundar la iglesia de Hollerich la de Cristo ya está fundada.
15/04/26 12:03 PM
Tito España
Artículo perfecto.
El Cardenal, alemán y del camino sinodal de marras, pues está equivocado de la "a" a la "z", como todo lo que viene del "invento sinodal", desde el primer día y sin que nadie parezca tener intención de acabar con él.
15/04/26 12:17 PM
Oscar Alejandro
"Más bien, el sacerdote ordenado es un icono de Cristo Sumo Sacerdote, el esposo de la Iglesia"

Excelente!!!

Weigel, con serena claridad, ha corregido misericordiosamente al cardenal.

Recemos por Hollerich.
15/04/26 12:39 PM
Giacomo Arlecchi
Es inútil pero felicito al que escribió esta carta a este hereje bergogliano. Es inútil digo porque estos saduceos del siglo XXI están cerrados a la sabiduría de la Santa Escritura y a la tradición viva de la Iglesia y al poder de Dios. No ven a la Iglesia más que con una mirada puramente material. No han entendido nada. La toxina satánica de Lutero corre por sus venas. No tienen remedio.
15/04/26 1:45 PM
Jose
No se puede decir "No tienen remedio", si creemos en el remedio de la oración, como siempre nos ha pedido Nuestro Señor.
Rezad y velad (y no solo por uno mismo).
Recemos. Es mejor que andar escribiendo críticas todo el tiempo.
15/04/26 2:17 PM
Octavio
Magnífica la carta de Weigel, pero en línea con Arlecchi, Holerich no piensa como Weigel, ni como yo, ni como los de infocatólica. Para Holerich no se sabe lo que predicó Cristo y la Iglesia es ahora de una manera como podía haber sido de otra. Holerich no es católico. ¿Cristiano? No lo sé.
15/04/26 2:18 PM
Francisco Javier
Es un heterodoxo y para estos nada de la Iglesia es definitivo, sujetos como este cardenal deberían ser destituidos no premiados con cargos de importancia.
15/04/26 2:24 PM
Jordi
El problema se encuentra en León XIV, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica destinado a confirmar en la Fé y a cumplir la unidad de la Fé con sus máximos poderes (c. 331) para la salvación de las almas, sin escándalo ni confusión (c. 1752).

1. Cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo: a diferencia de los lefebristas, aquí hay un arzobispo y cardenal nombrado con mandato papal pero con una objetiva falta de plena comunión en la Fé católica: no debería de ser arzobispo...

2. León XIV ni siquiera ha exhortado, amonestado verbalmente o pedido retractación al Cardenal Jean-Claude Hollerich, arzobispo de Luxemburgo, lo que indica una indirecta falta de potestad papal: es un pontífice muy débil en autoridad.
15/04/26 3:03 PM

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