No perdamos la oportunidad

Me refiero a la oportunidad que nos ofrece el debate social sobre la reforma de la ley sobre el aborto para clarificar y fortalecer nuestra identidad como católicos.
Se trata de una discusión sobre algo fundamental como es el respeto a la vida de las personas, la obediencia al mandamiento de Dios No matarás.
Para todo el que quiera ser honesto consigo mismo y ver las cosas sin ideologías ni intereses de ninguna clase, es evidente que el aborto voluntario es un asesinato.
No es verdad que los que estamos contra la legitimación del aborto queramos que las mujeres que abortan o el personal sanitario que atiende a las embarazadas vayan a la cárcel. Lo que queremos es que no haya abortos. Por eso, a la vez que nos oponemos a la legalización y justificación del aborto voluntario, pedimos también que la sociedad y las instituciones públicas ayuden a las mujeres que se ven en el trance de llevar adelante un embarazo “imprevisto", o de traer al mundo un niño no deseado.
