24.05.26

¿“Centros de escucha”, en lugar de confesionarios?

Queridos lectores, con asombro y profunda preocupación he acogido la noticia referente a la intención de la Archidiócesis de Madrid de habilitar “centros de escucha” durante la ya próxima visita del Papa a dicha ciudad, y, al tiempo, de no instalar confesionarios en las proximidades de la vigilia juvenil y restantes actos multitudinarios del Santo Padre. Los “centros de escucha”, según leo en la noticia, serán atendidos por fieles laicos formados en “acompañamiento pastoral” (signifique esto lo que signifique). A esos laicos se les llama “agentes de escucha” y, por lo visto, no se ha publicado información sobre el perfil de estas personas y su preparación. Sobre el propósito de su labor, la Directora de Comunicación de la Archidiócesis de Madrid ha señalado que “los espacios de escucha están destinados a cualquiera que desee ser escuchado y conversar”. Y, aunque dicha Directora afirma que estos “centros de escucha” no pretenden sustituir a los confesionarios, lo cierto es que, durante el viaje del Papa, no se van a habilitar confesionarios en las calles para facilitar que quien lo desee pueda confesarse, al contrario de lo que se ha hecho en otros viajes papales.

Esta lamentable noticia me parece un síntoma muy serio de la espantosa crisis de fe que está atravesando la Iglesia Católica en no pocos de sus altos niveles. Desde luego, tengo claro que la idea de sacar a la calle “centros de escucha” y no los confesionarios no procede de Dios en absoluto. Quienes han concebido esta idea, sean quienes sean, demuestran no haber comprendido la fe católica o, directamente, carecer de ella.

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29.03.26

Ataque blasfemo contra el sentido de la Cruz en Religión Digital

Queridos lectores, en fechas recientes, un portal que pretende pasar por católico, llamado Religión Digital, ha publicado un artículo profundamente blasfemo contra Dios y contra la Iglesia y herético respecto al carácter salvífico y expiatorio de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No voy a enlazar el artículo, cuyo autor es un tal Jairo del Agua, por no facilitar la difusión ni del artículo en cuestión, ni del medio que lo aloja (un medio, por cierto, que, desde hace muchos años, ha demostrado ser profundamente anticatólico y que, por tanto, no debiera gozar del más mínimo apoyo de institución eclesial alguna). Considero, no obstante, que debo escribir en contra de ese artículo, pues constituye un ataque frontal y horrendo contra el corazón mismo de nuestra fe católica, esto es, contra el auténtico sentido de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y, también, de la penitencia practicada por los católicos a lo largo de la Historia de la Iglesia. No puedo, pues, callar ante semejante infamia.

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21.03.26

Quien anuncie otro evangelio, sea anatema

Queridos lectores, muy recientemente han sido publicadas por la Santa Sede unas consideraciones del papa León XIV sobre la Exhortación apostólica “Amoris Laetitia” que a mí me han resultado sumamente preocupantes. Su Santidad sostiene que ese documento constituye “un luminoso mensaje de esperanza sobre el amor conyugal y familiar” y la equipara a la Exhortación apostólica “Familiaris Consortio” de San Juan Pablo II. Sin embargo, ¿Es esto, realmente, así? ¿Es “Amoris Laetitia”, verdaderamente, un texto luminoso y es, en definitiva, bueno para la Iglesia?

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11.01.26

Sres. Obispos, no puede haber concordia con Satanás

Queridos lectores, debo confesarles que todavía no he cerrado la boca del asombro que me ha producido el acuerdo a que han llegado los obispos españoles con el infame Gobierno de España en relación a las “indemnizaciones” que se pretende que la Iglesia pague a supuestas víctimas de supuestos abusos sexuales no comprobados, ni declarados, ni condenados en vía judicial (y que, por lo visto, ya ha empezado a pagar, en parte). A mí esto me parece una aberración jurídica y, si se va a realizar con el dinero que los fieles aportan a la Iglesia, me parece, además, una grave equivocación moral. Comparto plenamente el espléndido análisis que, al respecto, realizó, en su día, Bruno Moreno.

Viendo esta noticia y teniendo presentes, además, noticias previas del tipo de las referentes a los tristes “enjuagues” eclesiales respecto al Valle de los Caídos, uno puede sentir la tentación de pensar que, lamentablemente, la Iglesia en España se halla bajo el control de una pléyade de prelados carentes de razón y del más básico sentido de la justicia. ¿Es así, realmente? Yo no lo creo. Escribiendo claro, no creo que los obispos españoles sean, ni mucho menos, tan necios como, seguramente a su pesar, pueden aparentar en ocasiones. Lo que sí creo, en cambio, es que, demasiadas veces, los obispos no nos explican nada a los fieles y nos tratan como si los necios fuéramos nosotros, en relación a asuntos muy dolorosos y de enorme gravedad. Y no me llamo a engaño: Puede ser que la falta de explicaciones episcopales no proceda de los propios obispos españoles, sino de la misma Roma, que les imponga silencio. Tampoco me sorprendería, la verdad, que la CEE, o bien Roma, hayan pactado algo con el Gobierno español a cambio del pago de esas indemnizaciones, sin que se nos diga a los fieles el qué. A estas alturas, todo me parece posible, siento decirlo. Lo que, desde luego, no me creo, como ya he dicho, es que los obispos españoles hayan pactado esos pagos infames porque sí y porque “pobrecitas las víctimas” de unos supuestos abusos no declarados probados judicialmente. 

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24.12.25

Queridos todos, ¡Feliz y Santa Navidad!

Queridos lectores, les deseo a todos ustedes y a sus familias una muy Feliz y Santa Navidad y un próspero Año Nuevo 2026, lleno de muchas alegrías.

Si me permiten una reflexión sobre el gran Misterio que vamos a celebrar esta Nochebuena y mañana, día 25 de enero, considero que la Navidad es la fiesta más entrañable y gozosa que existe. Solo puede rivalizar con ella, en alegría, la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, tras su sagrada y amarga Pasión y Muerte por todos nosotros. Quiero remarcar el gozo propio de estas fiestas, pues soy consciente de que hay personas a quienes la Navidad no les agrada. Ciertamente, la Navidad es, también, la fiesta más marcadamente familiar del año, sin lugar a dudas; de forma que no es extraño que quienes hayan perdido seres queridos experimenten una profunda nostalgia de ellos precisamente en estas fechas. También pueden sentir un dolor especial las personas que no pueden celebrar la Navidad como quisieran, por distintas circunstancias: Enfermedad, guerras, dificultades económicas, lejanía de la familia o del propio país, etc.

Todo esto es muy comprensible. Sin embargo, pese a todo ello, la alegría tiene que ser el sentimiento predominante en la Fiesta de la Navidad. No me refiero a que tengamos que estar dando, continuamente, saltos de alegría a lo largo de las Navidades (aunque, si llegan, bienvenidos sean, claro que sí); sino a una profunda alegría espiritual, que ilumine nuestra alma y la llene de esperanza y de paz. Debemos permitir y procurar que sean éstos los sentimientos que nos dominen y prevalezcan durante la Navidad, pues toda la Humanidad tenemos motivos sobrados para ello. No en vano, el Evangelio es llamado “la Buena Noticia”. A fe que lo es.

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