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21.07.09

Teresa Gallifa

A los ojos humanos la vida de Teresa Gallifa Palmarola fue un fracaso. Nació en 1950, madre de siete hijos, se quedó viuda a los 32 años y en la pobreza más absoluta. Padeció toda clase de contradicciones y de calumnias, por no desviarse de las inspiraciones que tuvo del Espíritu Santo para recoger y ayudar a mujeres en estado de gestación para que no abortasen. En este empeñó fue perseguida hasta por “los buenos”, pues tenía que fundar una asociación que debía convertirse en un Instituto Religioso. El objetivo era imposible si se tiene en cuenta que a comienzos del siglo XX, las leyes civiles no permitían a una mujer soltera la profesión de obstetricia. Había que estar casada o viuda y Teresa se empeñaba en que unas religiosas se ocuparan en este oficio. Ella misma estudió obstetricia con muchos sacrificios.

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9.07.09

Sor Patrocinio

Hace poco más de 30 años que me encontré por primera vez con una referencia de Sor Patrocinio. Trabajaba entonces en mi tesis de Historia Contemporánea de España. Concretamente investigaba a uno de los personajes más importantes del partido progresista, como fue Pascual Madoz. Este hombre, que justificó desde su escaño en el Congreso de los Diputados las matanzas de los frailes, en los años 834 y 1835, y fue el autor de la desamortización de 1855, colocó al principio de uno de los libros que escribió la siguiente frase: “El siglo XIX, que es el siglo de las luces es incompatible con la existencia de los conventos”.

Esta era la línea de pensamiento del partido progresista de entonces, entre cuyos dirigentes se encontraba además de Madoz, Salustiano Olózaga y los generales Espartero y Prim. Como historiador me pareció entonces bastante sorprendente, y mucho más me lo parece hoy, que se culpara a una monja de clausura, como era la madre Patrocinio de las desgracias de España. Que la culparan y la castigaran injustamente con destierros y expatriaciones. Y aunque era evidente para mí que los políticos del siglo XIX habían encontrado en sor Patrocinio el pretexto sobre el que descargar sus propios errores, no me dejó de sorprender que la mayoría de mis colegas de Historia Contemporánea siguieran repitiendo en esa fechas los mismos tópicos y las mismas mentiras de más de 150 años. Hubo excepciones honrosas sin duda, entre las que debo destacar a Pedro Voltes, catedrático entonces de Barcelona, que publicó un libro riguroso y documentado sobre sor Patrocinio.

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10.06.09

Santos de pantalón corto

Santos de pantalón corto es el libro más breve de cuentos he escrito; son 150 páginas de un libro de bolsillo, que se lee en media tarde. Y sin embargo, de cuantos he escrito, Santos de pantalón corto es del que más orgullosos me siento. Cierto que está escrito en un tono divulgativo para que lo puedan leer todos los públicos, incluidos los niños, pero esto no puede llevar a pensar que el libro sea fruto de una inspiración de un momento. Santos de pantalón corto es la consecuencia de cuarenta años de oficio de historiador.

Todo empezó en 1969, cuando comencé mi carrera de Historia en la Universidad Autónoma de Madrid. Durante cinco años fui formado por una mayoría de profesores marxistas que hacían transitar el pasado por este par de raíles: Primero, la historia, y por lo tanto el hombre concebido como parte de un colectivo, obedecen a una leyes necesarias que nos conducen hacia la sociedad sin clases. Y segundo, para descubrir esas leyes hay que desalienarse mediante la crítica; y la crítica primera, la crítica de toda crítica es la crítica de la religión, que consiste en convencerse que el hombre es para el hombre el ser supremo. Y durante cinco años dale que te pego con la misma cantinela para poder aprobar.

Esa era la moda intelectual si querías hacer carrera universitaria, lo políticamente correcto que diríamos ahora, contra la que me rebelé y por eso mi tesis doctoral consistió en hacer una biografía, que en 1978 era tanto como escupir a la cara del marxismo. Sostuve entonces y sigo manteniendo ahora, que el hombre no es parte de un colectivo, sino persona, criatura de Dios; que la historia no se rige por ninguna ley necesaria porque la Historia es la historia de libertad; y que el fin de la Historia no es ni la grandeza de la Corona, ni la unidad del partido, ni la fortaleza del sindicato, sino que el fin de la historia es que el hombre llegue a ser plenamente hombre, que vuelva a Dios, que sea santo. Por eso, si la Corona, el partido o el sindicato impiden ese fin lo que hay que hacer es transformar la Corona, el partido o el sindicato o destruirlos si fuera necesario.

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