InfoCatólica / María Lourdes Quinn / Categorías: B) AÑO LITÚRGICO, .... 1) Tiempo Litúrgico (Ciclo B), ........ - Adviento, ........ - Cuaresma, ........ - Navidad, ........ - Pascua, ........ - Tiempo ordinario, .... 2) Solemnidades, ........ - Corpus Christi, ........ - Cristo Rey, ........ - Santísima Trinidad

20.01.11

La fotografía más bella

Una lectora me mandó un mensaje con el sujeto que entitula este post, refiriéndose a una imagen del fotógrafo sueco Óscar Gustav Rejlander (s. XIX) que ilustra el post: “¿Es demasiado severo el Dios del Antiguo Testamento?”. Comenta ella:

[Esa foto] es muy dolorosa para mí. Cuando yo veo a un niño aislado, maltratado, sobajado como éste, siento que soy yo. No sé… tal vez sufrí cosas similares en el pasado, pero me duelen, tanto… Un día me dijeron que recordara mi infancia y lo único que recordé y me visualizé yo misma fue una niña asustada, detrás de unos tambos. Y por eso, cada vez que veo una imagen así, me lo personifico… ¿Es demasiado severo este Dios, en el que ponemos todas nuestras esperanzas, todo nuestro amor, toda nuestra fe?

“Yo no recuerdo haber vivido momentos sumamente felices en mi vida. Hasta ahorita no los hay. A veces siento que uno nace con una estrella estrellada, y que otros nacen con estrellas iluminadas.

Estoy pasando por unos momentos extremadamente difíciles, tanto financieros como morales, sentimentales, familiares, y entonces yo me pregunto: ‘¿Para qué tanto rezar? ¿Para qué tanto pedir? ¿Para qué tanto creer?’ ¿Es demasiado severo entonces?

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25.11.10

¿Cómo distinguir entre el santo temor de Dios y los escrúpulos?

Le dice el Buen Ladrón al otro malhechor crucificado con el Señor enel Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey [21.11.2010]: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio?” (Lc. 23, 40) Más debemos temer perder a Dios por nuestros pecados que la muerte física, y ese Buen Ladrón, alcanzado por la gracia divina, lo comprendió.

Explica el Bto. Papa Juan Pablo II: “Esté siempre vivo en vuestros corazones ‘el temor de Dios’. Este es el ‘principio de la sabiduría’ (cf. Sal 110 (111), 10). Y de la sabiduría nace el ‘amor’.” (Homilía del 12.10.1984) Sta. Catalina de Alejandría era muy inteligente, pero fue su temor de ofender a Dios lo que le llenó de sabiduría para poder confirmar su amor en el martirio. “El amor perfecto echa fuera el temor” (1 Jn. 4, 18), y por eso su amor de Dios le llenaba de paz, como a los primeros cristianos. “La Iglesia gozaba de paz por toda Judea, Galilea y Samaría. Se consolidaba y caminaba en el temor del Señor y crecía con el consuelo del Espíritu Santo.” (Hechos 9, 31)

En cambio, los escrúpulos: “Son como espinas, que no dejan al alma reposar y sosegar en Dios y gozar de la verdadera paz.” (S. Pedro de Alcántara, “Tratado de la oración y meditación”, II,3).

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Un lector Alberto, tras leer el post “10 mandamientos para los escrupulosos” escribe con una duda sobre los escrúpulos:

“…tuve relaciones sexuales [con diferentes mujeres] y ahora me viene la duda por saber si tuvieron un hijo y me da ganas de ir a preguntarles, pero … mi director espiritual que es mi confesor también me dice que no tengo que averiguar nada, pero a mí me da la idea de que si no pregunto puede haber un hijo mío dando vueltas y del cual no me responsabilizo cometiendo un pecado grave y por lo tanto merecedor de infierno. ¿Es esto último un escrúpulo?

¿Cómo sé si es un escrúpulo? Vos definiste al escrúpulo como “la duda irrazonable sobre la moralidad de un acto hecho o por hacer”. En lo que yo entiendo, si tu definición es válida, yo sería escrupuloso porque no sé si un cierto acto por hacer, que sería no averiguar nada […], es moral o no.

Espero me respondas lo antes posible. Así puedo definir si mi problema son nada más que escrúpulos, con lo que me quedaría abandonarme en mi director espiritual.”

El post mencionado por Alberto incluye información sobre la escrupulosidad, que llena a uno de temor en vez de amor. En este enlace: “Los escrúpulos”, el P. Fortea explica lo que son. Quizás ayude, además, recordar que esto es lo que dice el “Catecismo de la Iglesia Católica” sobre lo que constituye un pecado mortal (por el cual se condena uno al Infierno) y un pecado venial:

“1857. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: ‘Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento’ (RP 17).”

“1862 Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.”

Su director espiritual le ayudará a discernir sus pecados y si es escrupuloso. Le hará mucho bien confiar en él, como recomienda S. Josemaría Escrivá: “¡Todavía los escrúpulos! Habla con sencillez y claridad a tu Director. Obedece… y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo del Señor.” (“Camino”, n. 259). Añade el P. Jorge Loring, S.I., en “Para Salvarte”, edición 59, 56, 9:

“Deben buscarse [los escrupulosos] un sacerdote de su confianza, y dejarse dirigir por él. Ten en cuenta que el sacerdote es una persona preparada para estos temas, y además imparcial. Si él ve que eres culpable, te pide arrepentimiento y te perdona. Pero si él ve que son escrúpulos irresponsables, no los quiere fomentar. La solución está en que te fíes de lo que te dice el sacerdote, más de lo que tú sientas. Hay que dejar claro que los escrúpulos, generalmente, pueden curarse, si la persona escrupulosa es dócil a los consejos de su director espiritual” (V.M.O’Flaherty, S.I.: “Cómo curar escrúpulos”, I. Ed. Sal Terrae. Santander.1968)

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Amor y temor de Dios van mano a mano, y nos dice Sta. Teresa de Jesús: “Son dos castillos fuertes, desde donde se da guerra al mundo y a los demonios” (“Camino de perfección”, 40, 2) Debemos apoyarnos sobre ambos, como explica la Doctora de la Iglesia:

“Es fuego grande [el amor], no puede sino dar gran resplandor. Y si esto no hay, anden con gran recelo, crean que tienen bien que temer, procuren entender qué es, hagan oraciones, anden con humildad y supliquen al Señor no los traiga en tentación; que, cierto, a no haber esta señal, yo temo que andamos en ella. Mas andando con humildad, procurando saber la verdad, sujetas al confesor y tratando con él con verdad y llaneza, que, -como está dicho-, con lo que el demonio os pensare dar la muerte os da la vida, aunque más cocos e ilusiones os quiera hacer.

Mas si sentís este amor de Dios que tengo dicho y el temor que ahora diré, andad alegres y quietas, que por haceros turbar el alma para que no goce tan grandes bienes, os pondrá el demonio mil temores falsos y hará que otros os los pongan.

[…]Plega a Su Majestad nos le dé [el amor de Dios] antes que nos saque de esta vida, porque será gran cosa a la hora de la muerte ver que vamos a ser juzgadas de quien habemos amado sobre todas las cosas. Seguras podremos ir con el pleito de nuestras deudas. No será ir a tierra extraña, sino propia, pues es a la de quien tanto amamos y nos ama. Acordaos, hijas mías, aquí de la ganancia que trae este amor consigo y de la pérdida no le tener, que nos pone en manos del tentador, en manos tan crueles, manos tan enemigas de todo bien y tan amigas de todo mal.” (“Camino de perfección”, 40, 4-5, 8)

Que nos anime siempre lo que proclama la Ssma. Virgen María en su “Magnificat”:“Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen.” (Lc. 1, 50)

[Foto de estatua de Sta. Teresa de Jesús: Zarateman en Wikimedia Commons]


Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]
: ¿Cómo cree que se puede saber si uno es escrupuloso? ¿Cómo es el santo temor de Dios diferente de los escrúpulos?

Siguiente post – S. Juan Berchmanns – “en cambio, éste no ha faltado en nada” (Lc. 23, 41)

23.11.10

¿Ha dicho el Papa Benedicto XVI que no existe el Purgatorio?

En una carta que remonta a la época de los primeros cristianos, el Papa S. Clemente I (Papa entre los años 93-101) tercer sucesor de S. Pedro, exhorta a los corintios:

“El rebaño debe vivir en paz bajo la obediencia y tutela de los presbíteros y los miembros del Cuerpo de Cristo no deben estar separados de su cabeza. Abandonemos, pues, las investigaciones hueras y vanas y sigamos el canon venerable y glorioso de nuestra tradición.”

En la Iglesia Católica, los Papas ejercen la suma autoridad respecto a materias de fe cuando hablan desde la Cátedra de S. Pedro como Vicarios de Cristo en el mundo. No es de extrañar, entonces, que sean blancos de tergiversaciones mediáticas que acaben confundiendo a los fieles respecto a temas como la cuestión por la cual escribe un lector, José:

“[…]resulta que hace algunos días escuchó mi hermana en las noticias que según un reportaje el Papa Benedicto XVI había dicho que el purgatorio no existe o que él decretaba que ya no existiera. No recuerdo las palabras precisas y quisiera saber si eso es cierto.”

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22.11.10

¿Por qué no consideramos mágicas las reliquias de los santos?

El Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey [21.11.2010] nos muestra a un malhechor crucificado con el Señor que le decía: “Sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lc. 23, 39). Precisamente en ese momento estaba el Señor padeciendo por él y por el resto de la humanidad, pero ese malhechor no se dio cuenta al burlarse de Él, aunque seguro que en el fondo le hubiese gustado mucho que Jesucristo le hubiera salvado de la muerte física.

Quizá se pensó: “¿No es ese Hombre coronado de espinas y clavado sobre una cruz el mismo que curó a una mujer con hemorragia que apenas había tocado Su manto? ¿Es que ya no tiene poderes mágicos?” Y como muchos que han buscado de Dios a lo largo de los siglos soluciones instantáneas a los problemas de este mundo, se podría haber perdido de vista el Cielo que Jesucristo, verdadero Dios, nos ofrece.

Como en los tiempos del Señor, es normal que deseemos soluciones milagrosas en momentos difíciles, y que recemos ante reliquias de santos para pedirles su intercesión ante el Señor. Si Dios ha concedido milagros por medio del manto de Elías (II Reyes 2, 9-14), los huesos de Eliseo (II Reyes 13, 21) y los pañuelos usados por S. Pablo (Hechos 19, 11-12), ¿por qué no esperar gracias de los huesos de mártires, por ejemplo, como si fueran varitas mágicas?

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21.11.10

Cuando los hijos se niegan a rezar

En el Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey [21.11.2010], el Señor le dice al Buen Ladrón desde el Trono de Su Cruz: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc. 23, 43). ¡Cuánto nos gustaría alcanzar esa meta celestial con nuestros seres queridos!

Pero por el camino nos tenemos que armar de paciencia y enfrentar situaciones que nos desafían cuando menos nos lo esperamos, como nos cuenta una lectora, María, que escribe para pedir consejo:

Mi hija de 2 años y medio siempre ha rezado con nosotros antes de acostarse y ha bendecido las comidas. Una de sus primeras 20 o 30 palabras fue ‘amén’ y siempre antes de dormir me decía que había que rezar a Jesusito y a la Virgencita, se ponía de rodillas y con las manos juntas y rezábamos las dos juntas.

Hace uno o dos meses, cuando vamos a rezar dice ‘Yo no’ y aunque la digo que yo sé que ella es una niña buena y que quiere mucho a Jesusito y a la Virgencita, que no quiere que se pongan tristes, etc. no hay manera de convencerla. A veces al terminar de rezar ha dicho “ahora a la Virgencita, pero yo no", como diciendo ¡eh! ¡que se te olvida!. Yo pensaba que tendría un dilema cuando empezaran a negarse a ir a Misa ¡¡¡¡pero no tan pronto!!!! Y la verdad es que no tengo claro qué debo hacer.

“Yo, por supuesto, sigo rezando y ella me sigue viendo, repetimos el mismo ritual todos los días… Los domingos vamos juntos a Misa y antes de salir de la iglesia nos acercamos a despedirnos del sagrario y de la Virgen… Pero cuando llega la hora de acostarse o la de bendecir la mesa, nos encontramos invariablemente con el “Yo no".

“Sin embargo, sí que es cierto que en otras ocasiones, cuando entra en un sitio nuevo que tiene un crucifijo, a veces sí se acerca, lo mira, me dice que es Jesusito, le pregunto si le quiere y me dice que sí; me dice que tiene pupa y yo le digo que se la han hecho las personas malas, pero que nosotras se la curamos con besitos y oración… En fin, que otras veces es un verdadero ángel, lo único que se niega a rezar como venía haciendo desde hace como un año… Y no tengo claro cual debería de ser mi reacción…”

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María, es maravilloso que haya conseguido establecer tan buenas costumbres en su familia como describe. Ese buen ejemplo, sin duda alguna, tiene y seguirá teniendo su efecto en su hija, aunque esté pasando por un período “rebelde”, lo cual es algo muy normal a su edad. Está haciendo lo debido al seguir invitándole a rezar con la familia y no permitiéndole dejar de rezar sin más. Quizá podría preguntarle a su hija que por qué en esos momentos determinados se niega a rezar (y supongo que ya lo habrá hecho).

A decir la verdad, mis hijos no siempre se limitan a un simple “Yo no” cuando se les ocurre negarse a rezar y a veces han acabado castigados por la rabieta. Poquito a poquito, van comprendiendo mejor las razones por las cuales rezamos y se van interesando más por su cuenta en lo que decimos al rezar juntos. Necesitan ser guiados por el buen camino porque les cuesta hacerlo (como a todos).

Rezo por ellos (como hace por su hija) y pido al Señor que ilumine sus corazones, pero también que me conceda la paciencia para no dejar de buscar todos los medios posibles para acercarles a Él. ¡Tantas veces quisiéramos que Cristo Rey reinara ya en nuestras almas y en nuestros hogares, pero Él no se impone y espera con paciencia y ternura a que Le abramos nuestros corazones uno a uno! Nos pide a los padres que cooperemos con Él, enseñándoles a los hijos que ha puesto bajo nuestro cuidado a reconocer esa llamada suya en la oración.

Él mismo nos dio en el Calvario el mejor ejemplo de paciencia. Él podría haber concedido al Buen Ladrón su conversión en cualquier momento, pero eligió hacerlo tras cargar con la Cruz y ser crucificado. Podría haber bajado de la Cruz para demostrar su poder y obligarles a todos los que se reían de Él a reconocer Su Divinidad. Pero no lo hizo.

Hace poco oí a un sacerdote explicar que la palabra “paciencia” viene de “passio”, “pasión”, o “sufrir”. Ser pacientes, dijo a un grupo de madres, no es algo pasivo como esperar al autobús sin hacer nada, sino una acción por la cual aceptamos el sacrificio que nos espera por amor a Dios y al prójimo, como hizo el Señor sobre la Cruz. Sto. Tomás de Aquino nos recuerda: “Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: ‘Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia” (Heb. 12, 2). (“Exposición sobre el Credo”).

Así deberíamos de renunciar nuestra comodidad para darles buen ejemplo a nuestros hijos cuando nos cuesta y no darnos por vencidos cuando no quieren hacer lo que es mejor para ellos. Hay esperanza para todos cuando nos resistimos a Dios en algún momento u otro, o sea que pidamos ayuda a Jesucristo Rey.

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Jesús dulcísimo, Redentor (Acto de consagración del género humano a Jesucristo Rey)

“Jesús dulcísimo, Redentor del género humano, míranos arrodillados humildemente en tu presencia. Tuyos somos y tuyos queremos ser; y para estar más firmemente unidos a ti, hoy cada uno de nosotros se consagra voluntariamente a tu Sagrado Corazón. Muchos nunca te han conocido; muchos te han rechazado, despreciado tus mandamientos. Compadécete de unos y de otros, benignísimo Jesús, y atráelos a todos a tu Sagrado Corazón.

Reina, Señor, no sólo sobre los que nunca se han separado de ti, sino también sobre los hijos pródigos que te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no mueran de miseria y de hambre. Reina sobre aquellos que están extraviados por el error o separados por la discordia, y haz que vuelvan al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que pronto no haya más que un solo rebaño y un solo pastor.

“Concede, Señor, a tu Iglesia una plena libertad y seguridad; concede a todo el mundo la tranquilidad del orden; haz que desde un extremo al otro de la tierra no se oiga más que una sola voz: Alabado sea el Divino Corazón, por quien nos ha venido la salvación; a él la gloria y el honor por los siglos. Amén.

“Al fiel cristiano que rece piadosamente el precedente acto de consagración del género humano a Jesucristo Rey se le concede indulgencia parcial. La indulgencia será plenaria si este acto se reza públicamente en la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo Rey.” (“Manual de Indulgencias”, 1986)

[Foto de estatua sobre Montaña Cristo Rey en New Mexico, EE.UU.: MJCdetroit en Wikimedia Commons]


Preguntas del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]
: ¿Qué le contestaría a María, teniendo en cuenta las enseñanzas de la Iglesia? Si tiene hijos, ¿cómo ha superado situaciones parecidas?

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