Algunas advertencias sobre el demonio (Mc. 1, 27)
Según el lector Ignacio, Satanás o Diablo se refieren a la misma persona, siendo el primero de origen semítico y la segunda una traducción griega, y significan “Tentador”; era el angel caído, la antigua serpiente o el dragón mencionado en el Apocalipsis. En tiempos de Jesús se les atribuían a los espíritus malignos las dolencias físicas inexplicables como la sordera, la mudez, los ataques epilépticos, etc., aunque no están asociados a esas dolencias en el Evangelio de S. Juan. Aun así, no cabe duda que el Señor tenía un gran poder sobre los demonios.
Nos dice el Evangelio del 5o. domingo de Tiempo Ordinario sobre los demonios que:“éstos le obedecen” (Mc. 1, 27) al Señor. Los fariseos explicaban eso diciendo que Jesús curaba “por el poder de Beelzebul, príncipe de los demonios” (Mt. 12, 24). Les respondió Jesucristo: “Si Satanás arroja a Satanás, está dividido contra sí; ¿cómo, pues, subsistirá su reino?…Mas si yo arrojo a los demonios con el espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mt. 12, 28). Algunos piensan que “Beelzebul” significa “Señor de las moscas”, asociándole con la muerte y la putrefacción, los cuales venció Jesús con Su Resurrección.
El Señor nos quiere ayudar con estas advertencias:

Oímos en
Foix comentó en el artículo de ayer que Cristo enseña por palabra y hechos coherentes y comparó la vida de los cristianos que siguen ese ejemplo con “una música maravillosa, como el plectro y la cuerda de la cítara cuando suena una canción.” La cítara es un instrumento que se encuentra en formas variadas en muchas culturas, como la china, y que los antiguos griegos asociaban con su dios mitológico de la música, Apolo. Esas dos culturas no solían conocer a Jesucristo, esa música preciosa que cantamos los cristianos con nuestras vidas.
El 14 de noviembre de 2008, en el décimo Día del Dominó, el grupo Weijers Domino Productions batió 10 récords mundiales, incluyendo uno en caída de fichas de dominó en la ciudad de Leeuwarden en los Países Bajos. Para hacerlo, diseñaron un plan creativo que incorporara 4.500.000 fichas de tamaños diferentes (de las cuales cayeron con éxito 4.345.027), hechos de poliesterina, plomo o madera según la función y la velocidad de la caída que necesitaban de cada una.