Carlo Acutis y el "Jubileo de los Adolescentes"
Uno de los grandes eventos del Año Santo de 2025 es el “Jubileo de los Adolescentes”, que se celebra del 25 al 27 de abril. La Misa de canonización del beato Carlo Acutis, prevista para el domingo 27, ha sido cancelada debido al fallecimiento del Santo Padre. Los adolescentes que vengan a Roma podrán participar en el funeral del Papa Francisco el sábado 26. El nuevo pontífice, elegido por el próximo cónclave, aprobará previsiblemente una fecha alternativa para la canonización.
Carlo Acutis, un muchacho nacido en Londres el 3 de mayo de 1991 y fallecido en Monza, una ciudad de Lombardía (Italia), el 12 de octubre de 2006, es extraordinariamente popular en Italia – y también en otros países -. El Dicasterio para las Causas de los Santos, en su sitio web, proporciona en pocas líneas una información básica sobre él: “Chico joven, estuvo muy apegado a la devoción a la Virgen y a la Eucaristía, realizando también proyectos informáticos sobre temas de fe; su experiencia de voluntariado con personas sin hogar y en comedores populares fue fuerte. Afectado por una leucemia fulminante, murió con solo 15 años, el 12 de octubre de 2006”.

Lo comunicaba en la mañana de hoy, 21 de abril de 2025, el cardenal Kevin Joseph Farrell, Camarlengo del Vaticano: “Queridos hermanos y hermanas, con profundo dolor debo anunciar el fallecimiento de nuestro Santo Padre Francisco. A las 7,35 de esta mañana el obispo de Roma, Francisco, regresó a la casa del Padre”. Ayer, domingo, el Papa impartía con gran dificultad la “Bendición Urbi et Orbi” desde el balcón central de la basílica de san Pedro. Su rostro, a decir verdad, era, más que el de un enfermo, el de un moribundo. ¡Descanse en paz!
En su novela “El loco de Dios en el fin del mundo”, Javier Cercas escribe: “la Iglesia no es solo un hospital de campaña, ni solo una ONG; también –o antes que nada– es el hogar inconcebible de Dios. Los Cristos de Elqui de Francisco no solo entregan su vida en holocausto por un mundo mejor; la entregan, sobre todo, por algo insuperable, infinitamente mejor que el mejor de los mundos: la resurrección de la carne y la vida eterna”.
El Domingo de Ramos abre la Semana Santa. Es el primer acto de un drama divino y humano que, atravesando el Calvario, desemboca, al tercer día, en la mañana de Pascua. La piedad popular, tras el gozo de las aclamaciones del Domingo de Ramos, tiende a acentuar los misterios de dolor del Nazareno, compartidos por su Madre, la Virgen de los Dolores: “Del Calvario subiendo a la cumbre/ el reo divino a su madre encontró,/ y una espada de filos agudos/ del Hijo y la Madre hirió el corazón”, canta un Via Crucis popular al contemplar la cuarta estación.
Acaba de ser publicado en Italia un libro del psiquiatra y escritor Vittorino Andreoli (Verona 1940) con el sugestivo título “La oración del no creyente”. Para los católicos, la oración, sepámoslo o no, “es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre”. Y, como enseña san Agustín, Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él. De esta sed, de este anhelo, de esta búsqueda del significado de la propia existencia, aun sin la certeza de Dios, da testimonio el escrito de Andreoli: La oración del no creyente – nos dice - “expresa el deseo de lo divino que está dentro de lo humano”. Y, ello, a pesar de que este deseo tiene como contexto una sociedad y una cultura marcada por la duda y por la pérdida de fe, por el cansancio de creer.






