Fe y emociones
En una reciente nota doctrinal titulada “Cor ad cor loquitur” – “el corazón habla al corazón”, evocando el lema cardenalicio de san Juan Enrique Newman- los obispos de la Comisión para la Doctrina de la fe de la Conferencia Episcopal Española abordan el papel de las emociones en el acto de fe. La experiencia de fe, señalan, se caracteriza por la integralidad, ya que abarca a toda la persona humana en el conjunto de sus dimensiones. La fe es confianza y conocimiento e incorpora, asimismo, emociones y sentimientos.
¿Por qué poner ahora el foco de atención en las emociones? Se debe a dos factores interrelacionados. Por una parte, dicen los obispos, “en los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada ‘generación Z’, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del 2000”. El segundo factor es la pujanza de nuevos métodos de evangelización, centrados en el “primer anuncio” de la fe, que conceden un peso importante a las emociones y a los sentimientos. El reconocimiento de los elementos positivos de estas iniciativas no debe impedir ver también los riesgos que pueden conllevar. Quizá el más importante de estos riesgos sea el reduccionismo “emotivista” de la fe, confinándola en el universo emocional y sentimental, haciendo que dependa excesivamente de la exaltación, del entusiasmo, de la efervescencia, de los cambiantes estados de ánimo, en detrimento de otras dimensiones constitutivas del creer.

El Vaticano ha confirmado la visita de León XIV a España del 6 al 12 de junio de 2026. Estará en Madrid, en Barcelona y en las Islas Canarias. Este acontecimiento es destacable tanto por el visitante como por el país visitado. El papa, por su oficio, representa a la totalidad de la Iglesia, ya que es el pastor universal de la misma. Como obispo de Roma y Sucesor de Pedro, es el nexo visible de unión de todos los católicos y el signo de continuidad con la tradición que proviene de Jesucristo a través de los apóstoles. España, por su parte, es una nación estrechamente vinculada al catolicismo. Sin esa referencia, no se puede entender su historia, su patrimonio artístico y su misma identidad cultural.
El Diccionario de la lengua española define la palabra “burka” del siguiente modo: “Vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos, que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos”.
Existen al menos dos palabras para designar el coleccionismo de tarjetas postales: “deltiología” y “cartofilia”. Inventadas en 1869 por el profesor austríaco Emmanuel Herman, las tarjetas postales se difunden por España a partir de 1871, editadas por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. En 1878 la Convención Postal Universal generalizó su uso y aparecieron las primeras vistas de lugares. Entre 1897 y 1905 la casa Hauser y Menet, pionera de las artes gráficas en España, introdujo la tarjeta postal ilustrada utilizando fotografías reproducidas mediante la fototipia, fomentándose así su coleccionismo. Como el texto de la tarjeta quedaba a la vista, se pedía a los carteros que detuviesen la transmisión, incluso recurriendo a los jueces, de cualquier tarjeta postal que contuviese indicaciones contrarias al orden público o a la moral y buenas costumbres.
El filósofo alemán Robert Spaemann (1927-2018) publicó, ya jubilado como profesor de Filosofía, un interesante comentario a los Salmos, titulado “Meditaciones de un cristiano”. “El Salterio – escribe en la introducción a esta obra- es el libro clásico de oración de la sinagoga y de la iglesia. Constituye la mayor parte del Libro de las Horas de los monjes cristianos de Oriente y Occidente, así como del Breviario cotidiano de los sacerdotes. Los salmos pertenecen – con independencia de la fe del lector o del cantor – al patrimonio cultural fundamental de Europa”.












