13.02.10

Blasfemia

La blasfemia es uno de los pecados que menos se pueden comprender. Injuriar a Dios, faltarle al respeto, abusar de su Nombre, despreciar a la Iglesia de Cristo, a los santos y a las cosas sagradas, es absolutamente reprobable.

La blasfemia ofende a Dios. Y, porque ofende a Dios, nos ofende a nosotros, que creemos en Él; más aun, que nos sabemos hijos suyos. Ofende infinitamente más que ver insultado al propio padre o a la propia madre. Y, si todas las blasfemias son dolorosas, especialmente repugnantes resultan las injurias contra la Madre de Dios, porque ningún hijo soporta que vilipendien a su madre.

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11.02.10

Amando conocemos

“Amando conocemos”, ha dicho el Papa caracterizando uno de los rasgos de la teología franciscana; a saber, “el papel asignado al amor divino, que entra en la esfera de los afectos, de la voluntad, del corazón, y que es también la fuente de la que brota un conocimiento espiritual, que sobrepasa todo conocimiento”.

Es muy digno de ser tenido en cuenta este rasgo de la teología franciscana, iniciada por San Antonio de Padua y con representantes tan destacados como San Buenaventura y el beato Duns Scoto.

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10.02.10

Por si a alguien le sirve

Como tengo que dar un curso sobre “Antropología de la fe cristiana” iré colgando en el blog los esquemas básicos, por si a algún lector les resultan de utilidad.

Curso 2009-2010
Bienio / II Semestre

Antropología de la fe cristiana
Prof. Dr. D. Guillermo Juan Morado

COMPETENCIAS/OBJETIVOS

Realizar una aproximación teológico-fundamental a la antropología de la fe cristiana. Reflexionar sobre el hombre como destinatario de la revelación. Capacitarse para mostrar el anclaje humano de la fe cristiana.

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9.02.10

Lo “mío” y lo “suyo”

La Cuaresma es una especie de combate entablado entre lo “mío” y lo “suyo”. Entre lo que me pertenece a mí y lo que no puede pertenecerme sin que Otro me lo dé.

El hombre no puede tener lo suyo como suyo sin recibirlo como don: No se puede decir “que en lo nuestro seamos totalmente nuestros”, decía Blondel en su Carta sobre Apologética.

Esta dialéctica entre lo que más necesito y lo que, sin embargo, no puedo darme a mí mismo, aparece perfectamente reflejada en el “Mensaje” de Benedicto XVI para la Cuaresma. Un mensaje que se puede resumir en una frase: El hombre necesita a Dios, necesita, como algo muy propio, la gracia de Dios.

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8.02.10

“No me toques”

“λέγει αὐτῇ Ἰησοῦς, Μή μου ἅπτου, οὔπω γὰρ ἀναβέβηκα πρὸς τὸν πατέρα: πορεύου δὲ πρὸς τοὺς ἀδελφούς μου καὶ εἰπὲ αὐτοῖς, Ἀναβαίνω πρὸς τὸν πατέρα μου καὶ πατέρα ὑμῶν καὶ θεόν μου καὶ θεὸν ὑμῶν".

Un jovencísimo lector me ha hecho llegar una duda acerca de la interpretación de un pasaje del IV Evangelio, en el que Jesús dice a María Magdalena: “No me toques, que todavía no he subido al Padre” (Jn 20,17). Yo no soy un especialista en la exégesis neotestamentaria, esa ciencia tan complicada que puede, bien entendida, acercarnos a la Escritura o, por el contrario, alejarnos de ella, como una sobredosis de crítica literaria puede apartarnos del gozo de la literatura, que supone una cierta inmediatez con el texto, sin infinitos filtros que nos hagan sospechar que lo que leemos no es en realidad lo que leemos.

No es extraño que un jovencísimo lector se sorprenda de ese versículo. Nos sorprendemos todos. Y el mismo Catecismo habla, al respecto, del carácter velado de la gloria de Cristo Resucitado que se transparenta en sus “palabras misteriosas” a María Magdalena (n. 660). La revelación es revelatio, manifestación, y re-velatio, volver a velar; es decir, ocultamiento.

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