¿Qué es y qué no es un sacerdote?
Una de las causas – a mi modo de ver – de que no surjan, o de que no cuajen, en algunas zonas de la Iglesia, las suficientes vocaciones al sacerdocio ministerial puede estar relacionada con la pérdida, en la conciencia de los fieles, de la clara identidad del sacerdote ministerial.
Digamos qué no es el sacerdote ministerial – es decir, el obispo y el presbítero, ya que el diácono no es ordenado para ejercer el sacerdocio -:
1. No es un delegado “de” la comunidad.
2. No es “uno más”.
3. No es un “súper-laico”, ni un “súper-cristiano”.
4. No es un mero “oficiante” de ritos.
5. No es un “súper-hombre”, ni el “más listo de la clase” (aunque, eventualmente, pueda serlo), ni un ser impecable.
6. No es el señor de la grey.
7. No es alguien que haya ganado unas oposiciones.
¿Y qué es el sacerdote ministerial? Pues, en una síntesis incompleta, podríamos indicar:

A veces, leyendo determinadas noticias o informaciones, uno se siente perplejo. Parecería que, cuando se habla de los Seminarios, la clave, la piedra de toque, estaría casi exclusivamente en la cantidad de seminaristas con la que cuenta cada uno de estos centros. Es un error que se repite con demasiada frecuencia y que se aplica, con parecidos criterios, a conventos, órdenes o a cualquier tipo de entidad eclesiástica.
Los católicos de Galicia, y muchos más del resto de España, esperamos con gran ilusión
Homilía para el Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo C)
Quien haya visitado Florencia, esa ciudad donde todo es arte, habrá podido ver, en el convento de San Marcos, la celda que habitó Girolamo Savonarola (1452-1498). Entre las pertenencias del fraile dominico que allí se conservan destacan sus instrumentos de penitencia, entre ellos un severo cilicio.






