Confesarse y confesar

Leía hoy, en el “Oficio de lectura", el comienzo del sermón de San Agustín sobre los pastores: “No acabáis de aprender ahora precisamente que toda nuestra esperanza radica en Cristo y que él es toda nuestra verdadera y saludable gloria, pues pertenecéis a la grey de aquel que dirige y apacienta a Israel".

Nuestra esperanza, nuestra gloria y nuestro Pastor es Cristo. Es muy importante no dudar al respecto. Sin Cristo todo quedaría privado de fundamento, de soporte, de razón de ser. Cristo, el Señor, es la revelación del Padre y es, a la vez, la Cabeza y el Esposo de la Iglesia.

El ministerio pastoral, sin Él, no sería nada. Ha sido Él quien nos ha hecho pastores a los sacerdotes - y , por excelencia, a los obispos - “según su dignación y no según nuestros méritos". Si el Señor ha querido que hubiese pastores ha sido únicamente con vistas al bien de su pueblo. Y jamás quien desempeña este ministerio debe olvidar dos cosas: que es cristiano y que, para ayudar a otros cristianos, es también pastor.

Un sacerdote - y un obispo - es, ante todo, un fiel cristiano. Como tal tiene una sola meta en su vida: llegar a Dios. Además, por el hecho de ser pastor, carga con un peso añadido; colaborar para que los demás lleguen también a Dios: “Son muchos los cristianos que no son obispos y llegan a Dios por un camino más fácil y moviéndose con tanta mayor agilidad, cuanto que llevan a la espalda un peso menor. Nosotros, en cambio, además de ser cristianos, por lo que habremos de rendir a Dios cuentas de nuestra vida, somos también obispos, por lo que habremos de dar cuenta a Dios del cumplimiento de nuestro ministerio".

Si San Agustín tiene razón, y yo creo que sí la tiene, los obispos habrán de dar cuentas a Dios doblemente. Y, junto a ellos, también los sacerdotes. Sería muy triste que, al final de la jornada, nuestras manos estuviesen completamente vacías. Mucho más que estuviesen manchadas. Pero, habiendo dado cuenta de nuestra pobre vida, nos quedaría aún dar cuenta de nuestro ministerio; del bien que hemos dejado hacer a Dios a través de nosotros o del bien que hemos impedido. O hasta del mal propiciado.

Dios hace el bien a través de sus sacerdotes de un modo destacadísimo en el sacramento de la Penitencia. Dios se complace en perdonar y ha querido instituir un sacramento - un signo sensible y eficaz - de esa voluntad suya. Un ministro del perdón es, antes que nada, un beneficiario del mismo. Parafraseando a San Agustín se podría decir: “con vosotros, penitentes; para vosotros, confesores".

Sí, primero penitentes. Porque un sacerdote es un ser humano. Es como cualquier otro hombre capaz de lo mejor y de lo peor. De ser dócil a la gracia o de traicionarla. De confesar a Cristo o de negarlo. Él es el primero que necesita oír las palabras de la absolución: “Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Desde esa humildad, desde ese realismo, se sabe también ministro, instrumento, del que el Señor se sirve para perdonar a otros. El sacerdote es siempre un recuerdo de que hay cosas que no podemos darnos a nosotros mismos, sino que nos vienen dadas como un regalo, como un don inmerecido: por antonomasia, la Eucaristía y el perdón.

Desde el comienzo de la Iglesia, se ha ejercitado esa mediación. La historia del sacramento de la Penitencia es singular. Muchas veces se ha querido evitar el rigorismo, en la conciencia de que no es lícito acotar la infinita misericordia de Dios.

Pese a los cambios históricos, la estructura fundamental del sacramento ha sido siempre la misma: por una parte están los actos del hombre - la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción - y por otra la acción de Dios por ministerio de la Iglesia.

La confesión de los pecados no ha sido, conviene insistir en este punto, un añadido reciente. La “Tradición apostólica", un documento importantísimo para el desarrollo de la Liturgia de la Iglesia, ya destacaba el papel central del obispo en la Penitencia. Los que cometían pecados graves se los confesaban a él, y él les daba la “correptio", la palabra de Dios acerca del pecado, y los exhortaba a la penitencia.

No “confesarse” está mal. No “confesar", en cierto sentido, es peor. Pero sembrar dudas sobre el sacramento del perdón nos sitúa, sin defensa, ante el doble juicio de Cristo: sobre la propia vida y sobre el ejercicio del ministerio confiado.

Guillermo Juan Morado.

42 comentarios

  
Catholicus
Son ustedes los que nos dan la verdadera Vida Pater, la sobrenatural. Su solo sí, el de cada unos de ustedes, es ya un regalo del cielo. Si encima son buenos, entonces mejor. Así que gracias siempre por su sí, Dios les bendiga a todos.

Y ahora, a una cosa que me viene al pelo dado todo lo que he escuchado desde hace muchos años y que acabo de leer con más cuidado en el pot de LF.

Este canon de Trento:

CAN. VI. [1] Si alguno negare, que la Confesión sacramental está instituida, o es necesaria de derecho divino;[2] o dijere, que el modo de confesar en secreto con el sacerdote, que la Iglesia católica ha observado siempre desde su principio, y al presente observa, es ajeno de la institución y precepto de Jesucristo, y que es invención de los hombres; sea excomulgado.

Yo leo [2] todo seguido y todo junto, es decir que la confesión secreta y personal de los pecados se ha practicado desde siempre y es instituida por Jesucristo.

Lo digo porque en 1447 lo de la penitencia en público me parece referida exclusivamente a la satisfacción.

Digo yo que en Trento antes de escribir esa frase se asegurarían, como siempre, de que refelja la verdad completa de las cosas. Porque a mi entender es muy clara.

Pero hohy por todos sitios (incluido mi querido LF) parece pensarse y repetirse que al principio siempre fue comunitaria y no existía la privada y personal.

Trento dice lo contrario si yo no leo mal y la traducción es fiel.

Bendiciones.
11/09/11 9:58 PM
  
Flavia
Dios hace el bien a través de sus sacerdotes de un modo destacadísimo en el sacramento de la Penitencia.
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El sacerdote es siempre un recuerdo de que hay cosas que no podemos darnos a nosotros mismos, sino que nos vienen dadas como un regalo, como un don inmerecido: por antonomasia, la Eucaristía y el perdón.
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Sabe usted que ya no participo en blogs si no es porque el tema requiera testimonios o aportaciones muy variadas. Y este es uno de ellos.

No deseo escribir " un rollo largo " como dando lecciones, Dios me libre. Nadie estamos para rollos largos. Pero sí le digo que esas dos frases de su post son de oro macizo.

Sólo deseo aportar esto:

1.- Los mejores consejos de mi vida los he recibido y recibo en la confesión.

2.- En el post de LF explico lo decepcionada que salí de una confesión comunitaria y digo por qué. Sustancialmente se resume en que no experimenté un encuentro personal, directo, mío, con Cristo.

Y en cuanto a que mediante el sacerdote recibimos lo que por nosotros mismos no podemos alcanzar, Eucaristía y perdón, eso...eso es tan conmovedor que mi pensamiento vuela hacia la figura de Cristo-Esposo de la Iglesia, dándose a ella enteramente.

A mí me corresponde el gozo inmenso de recibir intentando mantener mi lámpara encendida.



GJM. Muchas gracias por su testimonio. Es importante que se oiga. De lo contrario parecería que el pueblo fiel no quiere la confesión. Y no es verdad.
11/09/11 10:09 PM
  
Luis Fernando
Dice usted, y dice bien:
Pero sembrar dudas sobre el sacramento del perdón nos sitúa, sin defensa, ante el doble juicio de Cristo: sobre la propia vida y sobre el ejercicio del ministerio confiado.

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Pues para eso están los obispos. Para retirar del sacerdocio a los sacerdotes que no confiesan. Si no lo hacen, me temo que se entrentan también al doble juicio de Cristo.
11/09/11 10:47 PM
  
Maricruz Tasies
Bien, si de testimonios se trata también puedo decir que dos veces la confesión ha cambiando dramáticamente el rumbo de mi vida y para bien, por supuesto.

En mi país, padre, por si le sirve de consuelo y a los demás también, todavía se ven largas filas en los confesionarios de varios templos tanto durante como fuera de la misa.

Hasta el cura más amarrete en este tema dispone al menos de dos o tres horas a la semana para tal propósito.

11/09/11 10:48 PM
  
penitente
Confesarse supone un acto muy grande de humildad y por eso cuesta tanto.
Ese es el principal problema para la mayoría de la gente que no se acerca al sacramento.
11/09/11 11:20 PM
  
Eduardo Jariod
Creo que lo he dicho en algún otro lugar: sin los sacerdotes, los fieles no seríamos nada. Y ninguno, fieles y sacerdotes, nada sin Dios.

Como dice cierta canción, gracias por existir. Y gracias por este magnífico post, que pone el debate en sus justos términos.
11/09/11 11:25 PM
  
Koko
Afortunada reflexión.
11/09/11 11:50 PM
  
Yolanda
Este post, después de que la amargura de ayer, me conmueve hasta lo más profundo y renueva la paz y la confianza.

Gracias, padre, a usted y a todos los sacerdotes -la inmensa y menos ruidosa mayoría- fieles a la responsabilidad altísima de su ministerio.

Además de las verdades que contiene el texto, es de una belleza extraordinaria. Bien se ve desde que certeza, responsabilidad, vivencia y seguridad está escrito.

Y no digo más (que luego nos llaman palmeros, eh, Eduardo, et al. je je)
11/09/11 11:53 PM
  
Gaby
Sería insuficiente todo el Internet para contar las gracias que se reciben de la confesión y el maravilloso bien que nos hace. Para mí la confesión fue siempre fuente de alivio, pero no fue sino hasta que descubrí la confesión FRECUENTE que inicié mi proceso de crecimiento.

Y por allí voy...

Y me parecería terrible que ya no existiera este sacramento. Terrible.
12/09/11 12:49 AM
  
rastri
-Ciertamente que sí: Que la confesión, ya fuere la del pecador o la del justo que peca siete veces al día, es un acto de disciplina teológica muy consoladora cuando se hace con verdadera fe en espíritu de verdadero arrepentiminto.

Asunto éste que en cualquier caso visto desde la disciplina social, si lo comparamos con presencia ante el juez; o la visita al psiquiatra: dado que aquí no combran, salimos más aventajados.

-Y yo me pregunto: Entendido y asumido que quien se inclina ante el confesionario lo debe de hacer sin otras reservas del alma:
-¿Le cabe al confesor no llegar a entender el espíritu que anima el alma del penitente. Y por lo tanto desaconsejarle de la influencia de ese, espíritu, sentimiento o manía que en definitva tiene arte y parte en la confesión?

-Va al caso lo que leí hace unos días:
-Un penitente se llega al confesor. Y entre pecadillos veniales y otras preguntas del confesor al confesando; Éste, así como sorprendido y un tanto cohibido por lo que el cura intenta sonsacarle, le responde

-Padre es que yo soy el profeta Elías.
-Y quién te ha dicho a ti que tú eres el profeta Elías, hijo- le pregunta el confesor.
-Padre, me lo ha dicho Dios.- añade él.
-Asíque el cura más sorprendido aún que el penitente le contesta:
-Sabes hijo, vete en paz y mañana te daré la absolución eh.
-Al día siguiente éste se llega al confesionario. Y le dice al cura
-Padre vengo a que me de usted la absolución como quedamos ayer.
-Pues verás hijo- le reponde- El caso es que no te puedo dar la absolución porque yo he preguntado a Dios si tú eres el profeta Elías; Y Dios me ha dicho que no; que no eres el profeta Elías.

-Y el penitente se dijo para sus adentro.-Si sé no vengo-
12/09/11 2:32 AM
  
Luis Fernando
Yolanda, te aviso que vas camino de convertirte en una reaccionaria de corte tridentino.
Luego no digas que no se te advirtió, je je.
12/09/11 8:37 AM
  
Maren
Muy buen post padre.
12/09/11 8:58 AM
  
clara
Si la gente supiera la felicidad luminosa con la que uno sale después de una buena confesión, se apuntaba sin dudarlo. La conciencia, ese lugar donde se toman las decisiones definitivas y donde uno se encuentra con Dios, sale del confesonario con una sonrisa imposible de disimular. Gracias a Dios por su Misericordia, y gracias a los sacerdotes que la hacen visible.
12/09/11 11:21 AM
  
Yolanda
Ay, LF... ya casi me noto filolefe. Yo ya sólo hablo en latín en la intimidad. Y confieso, no sólo con celosia, sino que exijo lienzo morado.
12/09/11 12:52 PM
  
Eduardo Jariod
Yolanda:

"Palmero sube a la palma y dile a la palmerita
Que se asome a la ventana que su amor la solicita,
Que su amor la solicita, palmero sube a la palma."


No me importa ser palmero de personas admirables.


Alejandros:

Como admirable es la comunidad benedictina al completo del Valle de los Caídos.
12/09/11 2:21 PM
  
Martin Ellingham
Pater:

Dos sugerencias que, a lo mejor, en su parroquia ya se han puesto en práctica:

- que el cura esté en el confesionario media hora antes de cada Misa, así los penitentes saben de antemano que en días fijos a horas fijas pueden encontrarse con Cristo en el Sacramento;

- que se enseñe a confesar con integridad y BREVEDAD en la acusación, porque suele ocurrir que mientras uno espera en la fila, las hijas de Eva creen que acusar pecados es relatarle una novela al cura, y por circunstancias que mudan la especie, entienden una descripción con tantos detalles como pinceladas de un cuadro impresionista... :)

Saludos.

GJM. La primera sí se pone en práctica. Sobre la segunda... no sé qué decir.
12/09/11 2:23 PM
  
hija de Eva
Martin: algunos "hijos de Eva" tampoco son muy breves que digamos, aunque claro, nunca se sabe si la largura o la brevedad se debe al hijo/a o al padre.
12/09/11 4:56 PM
  
Martin Ellingham
No diga nada pater... Además, es posible que en su parroquia las "penitentas" sean muy sintéticas para acusarse. A mí me toca semanalmente padecer la espera. :)

Saludos.
12/09/11 5:09 PM
  
Yolanda
Martin,

¿Ha cronometrado sus propia confesiones? Con frecuencia, los hijos de Eva creen que sus eternas relaciones de la mili o sus prolijas descripciones de una jugada de fútbol se nos hacen breves, siendo la realidad que resultan apabullantes, insufribles y, siempre, de desmedido metraje. A usted a lo mejor se le hace breve su confesión porque, como suele suceder con los hijos de Eva, cree que hasta sus pecados son amenos e interesante. Pues mire, no: por lo general, se suele fingir que se les escucha las batallitas por deferencia; así que, el cura, pobre, les escuchará porque no le queda más remedio.

Se me ocurre otra última razón: pruebe a confesarse en España, donde creo que no padecerá ese problema. Y no por capacidad sintética, que ya ve que no.

En todo caso, esta semana a lleve un cronómetro de verdad, no sólo ese sesgado cronómetro interno ligado al cromosoma Y.
12/09/11 5:40 PM
  
penitenta
Lástima, Martin, no poder cronometrar tus confesiones. Me encantaría.
Saludos
12/09/11 6:00 PM
  
1 penitente
En mi país, padre, por si le sirve de consuelo y a los demás también, todavía se ven largas filas en los confesionarios de varios templos tanto durante como fuera de la misa.

Hasta el cura más amarrete en este tema dispone al menos de dos o tres horas a la semana para tal propósito.
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Qué envidia. ¿Qué ocurriría aquí si cada cura se pusiera un mínimo de dos o tres horas semanales a este deber inexcusable?
12/09/11 6:07 PM
  
1 penitente
Y confieso, no sólo con celosia, sino que exijo lienzo morado.
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A propósito de la foto y el comentario de Yolanda, me gustaría mucho saber cómo se realizaron la mayoría de las confesiones de la JMJ, si a través de la rejilla o cara a cara, ya que los modernos confesionarios del Retiro ofrecían las dos posibilidades. Y éso nos daría idea de por dónde van las preferencias de la gente cuando se les da a elegir realmente y no se les impone exclusivamente una de las dos formas.

Pero mi pregunta es de buena fe porque ignoro realmente qué pasó entonces.


12/09/11 7:04 PM
  
Fredense
Páter, excelente post.

Yolanda, déjalo ya que no puedo parar de reír ...

Un saludo muy cordial.
12/09/11 8:51 PM
  
Yolanda
¿Qué ocurriría aquí si cada cura se pusiera un mínimo de dos o tres horas semanales a este deber inexcusable?

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En España ocurriría lo que ya ocurre, porque los curas, de hecho, dedican más de dos o tres horas semanales a este deber inexcusable, aunque sin penitentes. Alguno querría que le llevaran el confesor a domicilio en sus horas de ocio y asueto y sin penitentas analíticas antes.

Ay, Fredense, si es que....
12/09/11 9:25 PM
  
Hijo de Adán
Yolanda e hija de Eva:

Aquí las "penitentas" sufren mucho de incontinencia verbal... En España no debe ocurrir lo mismo.

La verdad es que si uno se confiesa con frecuencia, y prepara la confesión un rato antes, es raro que demore más de un minuto en acusarse. Es lo que experimento todas las semanas desde hace años. Se lo debo a un confesor "gallego" que daba charlas formativas a sus penitentes y les hacía leer un libro de Benedicto Baur para aprender a confesarse.

Saludos.



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GJM. Yo no puedo decir nada sobre la confesión. Ni datos periféricos... Pero usted se ha expuesto a la venganza conjunta de las "hijas de Eva". Y son la mitad de la población mundial!!!
13/09/11 12:16 AM
  
Carolina
Sr.Martin Ellingham, me abruma su falta de delicadeza; debería obsevar la humildad y honestidad que desprenden este post. Por cierto,usted es hijo de una "hija de Eva",¿verdad?. Sin duda, usted no es poseedor de la gracia-entendida como don, quede claro, no en su acepción semántica de sentido del humor- necesaria para ser sacerdote, aunque hablando de San Agustín, modelo de conversión para todos, siempre cabe la posibilidad de que encomendándonos a él, nos enseñe a arrepentirnos de las malas acciones o pensamientos que como los suyos estoy segura que ofenden a Dios.
A continuación, mencionaré palabras más importantes y trascendentes como las dirigidas por Monseñor Rouco Varela a los seminaristas:"Estos seminaristas de la JMJ de Madrid quieren ser santos sacerdotes,porque quieren ser buenos y fieles instrumentos de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote para la santificación de sus compañeros y del mundo entero(...)va configurándose su alma sacerdotal según la medida del Corazón de Cristo, aprendiendo a hacerse sacerdotes y víctimas con Él para la salvación de las almas." Posteriormente, las palabras del Papa los exhortaba a "identificarse cada vez más con Aquél que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima. Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de gastar toda su vida.Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas(...)Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino(...)La Virgen María sabrá forjar vuestra alma según el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que Él adquirió en el Calvario para la salvación del mundo."
13/09/11 2:54 AM
  
hija de Eva
Pues yo he visto a hijos de Adán sufriendo de incontinencia verbal en el confesionario, porque a veces me ha tocado esperar bastante tiempo por su culpa.
Y yo, hija de Eva, he terminado rapidito....
¡Cada quien cuanta de la feria cómo le va en ella!
¡Asi es la vida!
A veces el problema no es del hijo de Adán o de la hija de Eva, sino que es el cura el que sufre la incontinencia...jajaja (que conste que a mí me ha pasado)
13/09/11 12:02 PM
  
Eduardo Jariod
En la medida que al penitente le cueste enunciar con sencillez sus pecados, caerá en el circunloquio. Y esto le puede ocurrir a cualquiera, con independencia del sexo del confesante.

Es humano que no sea fácil muchas veces la enunciación de los pecados. Suele producir vergüenza, culpabilidad, etc.; puede darse cierta tendencia a justificar el pecado cometido, como para hacer méritos del perdón que va a recibir, o para, nunca mejor dicho, dis-culparse. Todo esto, insisto, es muy humano, y un buen confesor lo comprende. Por otro lado, quien acude a confesión se supone que va arrepentido, con un corazón contrito (o así debería ser). En la medida que se acuda al sacramento con cierta frecuencia estas dificultades se harán menores.

Queda al criterio de cada cual, y según las circunstancias, si prefiere confesar con un sacerdote o fraile conocido o desconocido, frente a frente o tras una rejilla (o con lienzo morado o ante desnuda ebanistería, Yolanda SPH), de rodillas o sentado. Esto es adjetivo. Si no se tiene un director espiritual o un trato asiduo con algún sacerdote o fraile en concreto, no importa a quien acudamos. En cualquier caso, más allá de los tiempos de cada uno, las premuras no son buenas. Cada uno tardará lo que tarde, pero en general para el penitente no es bueno (aunque se le perdone igual, obviamente) sentir que el sacerdote lleva prisa porque ha de celebrar la Eucaristía, por ejemplo.

El buen confesor partirá y tendrá en cuenta el estado espiritual de cada alma para escuchar con la atención y la misericordia debida su testimonio. Lo demás ya es cosa de Dios.
13/09/11 12:16 PM
  
Martin Ellingham
Carolina:

Le agradezco sus consideraciones y el ejercicio de la cardiognosia.

Saludos.
13/09/11 3:21 PM
  
Carolina
Don Eduardo, coincido totalmente con lo dicho por usted, aparte de la seriedad con que aborda el tema en cuestión, que creo no admite ninguna frivolidad.
13/09/11 4:56 PM
  
1 penitente
Yolanda, gracias por contestar pero, te pongo a continuación unos párrafos publicados en esta misma casa por dos sacerdotes -los comentarios de los laicos en el mismo sentido son abundantísimos- :

http://infocatolica.com/blog/elolivo.php/1108010828-el-carpintero-de-los-confesio
"Cada uno tenemos la experiencia vital de encontrarnos con la necesidad de acudir a un confesor y no encontrarlo. Los curas estamos tan pluriempleados que el tiempo pastoral dedicado a impartir el perdón de los pecados en el nombre de Dios a los penitentes, siempre es poco... hasta con la falta de una oferta eclesial valiente y comprometida con Cristo y su Iglesia".
(T. de la Torre)

http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=8634
"El haber descuidado el sacramento de la penitencia es la causa de muchos males en la vida de la Iglesia y en la vida de los sacerdotes. La crisis de este sacramento se debe no sólo a que la gente ya no va a confesarse, sino también a que nosotros, los sacerdotes, ya no estamos presentes en él".

http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=10033
"Este verano me he encontrado con tres casos muy claros de desorientación doctrinal por parte de sacerdotes: uno ha sido el de un amigo mío, ya jubilado, quien me afirmó: “Creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia Católica”... La segunda me la dijeron un par de sacerdotes que no confesaban “porque no tiene interés apostólico”.

http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=9981
"también es verdad que los curas no nos sentamos en el confesionario porque la gente no viene, y la gente no viene porque no estamos en el confesionario. Creo que somos los sacerdotes los que debemos romper este círculo vicioso..."
(P. Trevijano)



13/09/11 4:57 PM
  
1 penitente
También para Yolanda, de otro sacerdote de esta casa:

http://infocatolica.com/blog/conversando.php?blog=34&paged=4
"En la carta de convocatoria del Año Sacerdotal, el Papa, proponiendo el ejemplo del Santo Cura de Ars, nos decía que los sacerdotes no deberíamos resignarnos jamás a ver los confesionarios vacíos. Ni de fieles, ni de sacerdotes" (J. Antoni Mateo)
13/09/11 5:09 PM
  
1 penitente
Por último, para Yolanda, de otro sacerdote, el cuarto, de esta casa:

Si San Agustín tiene razón, y yo creo que sí la tiene, los obispos habrán de dar cuentas a Dios doblemente. Y, junto a ellos, también los sacerdotes. Sería muy triste que, al final de la jornada, nuestras manos estuviesen completamente vacías. Mucho más que estuviesen manchadas. Pero, habiendo dado cuenta de nuestra pobre vida, nos quedaría aún dar cuenta de nuestro ministerio; del bien que hemos dejado hacer...
Dios hace el bien a través de sus sacerdotes de un modo destacadísimo en el sacramento de la Penitencia.

No “confesarse” está mal. No “confesar", en cierto sentido, es peor. Pero sembrar dudas sobre el sacramento del perdón nos sitúa, sin defensa, ante el doble juicio de Cristo: sobre la propia vida y sobre el ejercicio del ministerio confiado.

Guillermo Juan Morado.
13/09/11 5:48 PM
  
Yolanda
Vaya trabajo que se toman algunos penitentes en buscar autoinculpaciones de los propios sacerdotes. Y por más que encuentren, ninguna en el sentido del cura quipuzcoano, la única que realmente debería escandalizarnos.

De ninguna de las muestras de honestidad de los sacerdotes citados se sigue que los católicos no se confiesen porque no encuentren con quién.

Que un cura esté más de la mitad de la jornada dando vueltas de aquí para allá atendiendo cinco parroquias aldeanas; que los curas dedicados a otras tareas (necesarias en la Iglesia) tengan que atender además parroquias, que los escasos penitentes sean caprichosillos con los horarios, no son circunstancias que importen al penitente 1.

De todos los curas que conozco me consta que son más de dos o tres horas semanales las dedicadas a estar disponibles para la confesión.

Aunque no tanto como el que emplean los católicos aficionados en juzgar al clero, y en perseguir curas con denuedo y dedicación propias de un miliciano del 36 y en cronometrar las confesiones a curas y penitentas.

13/09/11 6:11 PM
  
1 penitente
Para don Guillermo:

Será mejor que no publique este comentario pues no quiero excederme. Ni quiero excederme con Yolanda, ni que cunda el desánimo entre tantos sacerdotes (verdaderos curas) y obispos que viven entregados a la Iglesia y también a la confesión todo lo que pueden.

Pero en RL acabo de encontrar ésto, de hoy mismo también:
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=17623
"En cuanto a la Penitencia, considero que es muy importante la disponibilidad generosa de los sacerdotes a la escucha de las confesiones: un confesor disponible, un confesionario “con la luz verde”, es una mano tendida hacia la conversión.

Sobre este punto, Benedicto XVI nos sugirió recientemente “seguir el ejemplo de los grandes Santos de la historia, desde San Juan María Vianney a San Juan Bosco, desde San Josemaría Escrivá a San Pío de Pietrelcina, desde San José Cafasso a San Lepoldo Mandić” (Discurso a los participantes en el curso organizado por la Penitenciaría Apostólica, 2011)". Del Prelado del Opus Dei.

El problema es que Yolanda también tiene razón. También es cierto que algunos curas "dedican más de dos o tres horas semanales a este deber inexcusable, aunque sin penitentes"

Así es la dolorosa situación actual y éste es precisamente el drama: penitentes que no encuentran curas y curas que se desaniman porque no acuden los penitentes. Y se puede constatar fácilmente en internet que ésto es así. Y se puede constatar también cuando se visitan las iglesias de alguna o varias ciudades.

Lo que yo he visto es que lo de la media hora de confesiones antes de las misas no se cumple practicamente nunca. Por falta de tiempo de los párrocos, o por falta de vocación o convicción, se ha generalizado la práctica de no ponerse en el confesionario en los dias laborables, que, a veces ni existe en las pequeñas capillas donde se suele celebrar la Misa esos dias. Y los domingos y festivos, si se ponen a confesar, no es ni mucho menos media hora sino 5-10 mn escasos, pues, suele haber una Misa cada hora y el cura lo hace en el tiempo que va entre la que acaba y la que empieza después.
Si a ésto le sumamos los festivos en que hay circunstancias especiales como bodas, confirmaciones, primeras Comuniones, actos de las cofradías, visitas del Obispo y las mil cosas de una parroquia, los dias y el tiempo disponibles son mínimos.
Y los dias laborables, la confesión bajo petición y cara a cara se hace obligatoria.

También he visto que en cada ciudad se pueden encontrar confesores durante más tiempo en dos o tres iglesias, o alguna más, según su tamaño. Y son éstos de los que habla Yolanda y los que se quejan de la falta de penitentes.

El comentario que he citado del P. Trevijano sobre la JMJ, en que dice que acudieron a los confesionarios del Retiro principalmente madrileños, me hace pensar que tal vez el problema no es otro que ¡las sedes penitenciales inadecuadas!
Estas son a mi entender las responsables de que los sacerdotes pierdan el tiempo esperando penitentes que nunca llegan.
En cambio han acudido cuando se les han ofrecido unas sedes que contaban con un espacio más amplio y con un tiempo no tan limitado como habitualmente.

Y quizás esos confesionarios no deberían ser destruidos o reciclados como se dijo, sino tenerlos almacenados y sacarlos al menos una vez al año, en una fiesta del Perdón anual, por Cuaresma o Semana Sta. Probablemente queden algunos sorprendidos al ver repetirse el espectáculo de la JMJ.

Aunque mejor aún sería modificar las sedes penitenciales actuales para que no sean causa del alejamiento, tanto de los fieles, como de los mismos confesores, como se comentó ampliamente en el post Ciberconfesión de don Joan Antoni (¿Cómo pretender que se confiesen bien los fieles en semejantes circunstancias?)
http://infocatolica.com/blog/conversando.php/1103140847-iciberconfesion-pros-y-contra#comments

Perdón por la extensión







13/09/11 9:14 PM
  
Yolanda
El problema es que Yolanda también tiene razón.

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¡Vaya problema! Ojalá todos los probelemas fueran así...

;)

Penitente 1, ese comentario tuyo tan largo es excelente (y no porque me des la razón en algo), no sé por qué no querías que se publicara.

El problema no viene de que los curas no quieran sentarse a esperar a ver si cae algún penitente, sino de todas esas condiciones complejas y variadas que has analizado.

Y luego, sí, hay algunos verdaderamente indignos del sacerdocio. Pero como los ha habido durante 2000 años o como los hay en cualquier actividad.

13/09/11 9:47 PM
  
Norberto
Pugnas y porfías aparte - hijos de Adán versus hijas de Eva - lo que más me preocupa es la situación de la confesión hogaño, porque nadie confiesa, ni siquiera reconoce.

No me refiero al sacramento, sino a los hechos y acontecimientos de la vida cotidiana, nadie se salta un semáforo, ni cruza en rojo un paso de peatones, ni se cuela en la cola del super, ni suspende el examen de conducir por pisar la raya continua, ni ha sido infiel con, ni...

Lo que era un comportamiento infantil en años de mi infancia y juventud, se ha convertido en un comportamiento generalizado del que nadie se libre:no se reconoce nada, por parte de nadie. Cuando en clase se daba el "...¿quien ha sido el que...?...bien si no ha sido nadie cero colectivo", entonces el culpable reconocía su culpa pero a los demás no se les castigaba.

El "niñismo" irresponsable cultivado por unos padres más irresponsables todavía, "...tu no hijo, habrá sido X...", hace que si nadie es responsable de nada, ¿qué hay que reconocer, qué hay que confesar?: nada de nada.

En ese ambiente social hablar de pecado "no pega" y muchos sucumben a ocultar la molesta palabra, se buscan sucedáneos como faltas, errores, fallos; si no soy perfecto ¿por qué me tengo que confesar de fallos o errores si está en la naturaleza humana - humanum est errare -, cómo puedo ser responsable de mis limitaciones si me han parido así?.

La confesión sacramental está de capa caída y lo seguirá estando, mientras no se recupere el sentido de pecado, ¿quien le pone el cascabel al gato?.
13/09/11 10:53 PM
  
Guillermo Juan Morado
Está en crisis la fe. Eso es obvio. Faltando el fundamento, todo lo demás son consecuencias. Consecuencias que repercuten, a medio y largo plazo, en la vida social. Vivimos aún de rentas, pero ¿por cuánto tiempo?

13/09/11 10:57 PM
  
Norberto
Esta en crisis la fe y están rotos los valores humanos más elementales del hombre y, como consecuencia de la sociedad, ya lo decía Herrera Oria : hacer hombres para poder hacer cristianos.
13/09/11 11:40 PM
  
Eduardo Jariod
Gracias, Carolina.

Aunque con la confesión, bromas las justas, y más como está el patio, lo cierto es que el comentario de Martin hay que tomarlo con humor. Unas veces la provocación es simpática, y otras, de la peor especie. Creo que la de Martin es de las primeras, aunque cada uno es libre de tomárselo como quiera, por supuesto.


Norberto:

Es verdad todo lo que comentas. Hasta tal punto es así que podrían clasificarse las diferentes escuelas psicoanalíticas según donde sitúen la responsabilidad de los actos. Y se dan los extremos más recalcitrantes en ambos lados. Desde los que tienden a pensar que la culpa siempre es de otro (los seguidores de Kohut o de la psicología del self) hasta los que piensan que somos un pozo sin fondo de inmundicia (los discípulos de Klein, con sus diversas variantes). También en esto, la sabiduría está en el punto medio. Los kohutianos y su doctrina caen bien; son gente simpática, muy comprensiva, miman el vínculo. Los kleinianos son implacables; te interpretan de forma inmisericorde hasta cuando estornudas. Sobrevivir a un tratamiento de corte kleiniano durante años es gesta propia de titanes o de masoquistas. Con los kohutianos casi da gusto ser paciente.

Y lo que dice el Páter es la esencia de lo que está ocurriendo con el sacramento de la Penitencia: si falta la fe, todo se cae por su base (la confesión, la eucaristía, el acercarse a la Sagrada Escritura, la vulneración generalizada cuando no el desconocimiento de la moral católica, etc.).
14/09/11 1:03 PM
  
Longinos
A mí me parece increíble la maravilla de la confesión, una maravilla del amor de Cristo. Uno va allí con su fardo, que casi ya no puede con él, se lo entrega a Cristo para que lo cargue Él -es un abuso, desde luego, pero ese es el regalo quie nos ha querido hacer con su amor excesivo-, y se va de allí nuevo, limpio, ¡libre!

¡Gloria a Dios! Y bendito sea por sus sacerdotes.
14/09/11 5:02 PM
  
Gregory
Estoy en una parroquia donde me han pasado cosas curiosas donde una joven pregunto ¿Los padres se confiesan? hasta el reencontrarse con el sacramento por parte de personas que no se podian confesar porque el sacerdote no tenía animo para ello. Y puedo decir que no existe nada más saludable para el alma que el sacramento de la confesión pruebenlo y veran.
14/09/11 5:02 PM

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