¿Se puede legalizar la cohabitación sexual entre personas del mismo sexo?


Ruinas

La ley positiva no puede ir en contra de la ley natural. Pero legalizar lo que es contrario a la ley natural es ir en contra de la ley natural. Y las uniones del mismo sexo son contrarias a la ley natural. Por tanto, la ley positiva no puede incluir la legalización de las uniones del mismo sexo.

Lo que va contra el bien común no puede ser establecido como un derecho por la ley positiva. Pero las uniones del mismo sexo van contra el bien común. En efecto, lo que genera escándalo va contra el bien común, y las uniones del mismo sexo generan escándalo, porque inducen a otros pensar que es moralmente lícito lo que en realidad no lo es.

No solamente están de por medio los casos individuales de escándalo, sino también la contribución a una mayor confusión general a nivel social acerca de la ley moral natural, pues la mayoría de las personas no distingue entre lo moral y lo jurídico y tiende a pensar que lo que la ley permite es ya por eso moralmente lícito.

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En particular, legalizar las uniones del mismo sexo va contra el bien integral de los menores de edad, porque esa legalización, o bien ya contiene, o bien muy probablemente va a desembocar en la legalización de la adopción de menores de edad por parte de parejas del mismo sexo, con el consiguiente daño para esos menores, por lo menos en el plano de su formación personal.

Es lógico pensar que si la forma natural en que el ser humano viene al mundo es por la unión de un varon y una mujer y en el contexto por tanto de una familia basada en una pareja heterosexual, eso quiere decir que el desarrollo de ese ser humano que ha de criarse en esa familia requiere el influjo de los dos sexos, tanto del masculino del padre como del femenino de la madre. 

Como bien ha señalado tantas veces Benedicto XVI, en una época como la nuestra tan sensible a las exigencias de la naturaleza como para darle centralidad al tema “ecológico” no debería ser tan difícil tener igual sensibilidad para las exigencias de la naturaleza humana

Lo cuidadosos y escrupulosos que suelen ser los informes que se elaboran sobre los matrimonios que quieren adoptar niños son testimonio elocuente del cuidado con que hay que proceder en esta materia, y no se compaginan para nada con la muy probable autorización para adoptar niños dada a parejas del mismo sexo que es una consecuencia natural y lógica del hecho de legalizar estas uniones.

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Se suele argumentar a partir del desamparo jurídico en que puede quedar uno de los miembros de estas uniones tras el fallecimiento, por ejemplo, del otro. Pero aquí hay dos principios que son muy claros: 1) no se puede hacer el mal para que venga el bien, o sea, el fin no justifica los medios 2) el bien común prima sobre el bien individual, es decir, no se puede infligir un daño al cuerpo social para atender situaciones individuales.

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Lo esencial de esta cuestión, por tanto, no está en si se llama o no “matrimonio” a estas uniones en caso de legalizarlas. Aunque no se lo haga, son contrarias a la ley natural y legalizarlas es contrario a la ley natural, por lo ya dicho. Es cierto que llamarlas “matrimonio” agrega una nueva gravedad al mal que se hace por el solo hecho de legalizarlas, ante todo porque introduciría el absurdo y el sinsentido en el mismo sistema legal, pues es esencial al matrimonio la complementariedad entre el varón y la mujer, como es obvio.

Pero además, una sociedad que padeciese una confusión tan grave en torno al concepto central del “matrimonio” (recordar que la familia es la célula de la sociedad) estaría en una situación realmente lamentable y muy peligrosa para su misma perduración.

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Ahora bien, si es absurdo llamar “matrimonio” a estas uniones, ello es en definitiva por la misma razón por la cual estas uniones son contrarias a la ley natural y por ello mismo no deben ser legalizadas bajo ningún concepto: porque es naturalmente esencial a la sexualidad humana la complementariedad de los sexos masculino y femenino, que tiene su lugar concreto en la institución del matrimonio.

Por tanto, no tiene sentido aceptar la legalización de estas uniones con la condición de que no se llamen “matrimonio”.

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A veces se introduce el subterfugio de decir que nada exige que tales uniones entre personas del mismo sexo sean de carácter sexual, sino que simplemente se trata de dar una cobertura legal a las personas que por la razón que sea determinan vivir juntas. Si estas personas tienen o no relaciones sexuales entre ellas sería indiferente a los efectos de una ley así, dicen.

Ahora bien, una cosa es que dos personas que conviven tengan o no relaciones sexuales entre sí, y otra cosa es que ésa sea precisamente parte esencial, al menos, de la razón de la convivencia, como sucede en lo que comúnmente se conoce como “uniones homosexuales”.

Al legalizar las “uniones civiles”, del tipo que sea, se está por ello mismo dando reconocimiento legal precisamente a ese tipo de uniones homosexuales cuyo fin declarado y público es la cohabitación sexual.

En la práctica, por tanto, el término “uniones civiles” queda como un eufemismo por “uniones homosexuales”, y se siguen todas las observaciones negativas arriba formuladas. 

21 comentarios

  
Ramón montaud
Queda claro que todo lo dicho, sobre el derecho natural, la ley moral natural y el bien común se da en un Estado que nunca aprobará el matrimonio homosexual y es el Estado Vaticano.
En el Occidente tanto americano como europeo, tierra de nueva evangelización, solo rige el dogma legislativo de la mayoría simple, por mayoría simple se aprueba una ley que tiene efectos jurídicos y de obligado cumplimiento.
En estas sociedades la fuente de derecho son las Constituciones que tienen en cuenta lo que tienen en cuenta, y no suele ser la ley natural la que prima, sino no tendríamos interpretaciones en contra del Tribunal Constitucional.
La democracia es reflejo de que cuando se llega al poder es el ideario político del que ha llegado el que se impone sin tener en cuenta el interés general y el bien común ni los derechos naturales, ni moral alguna.
La familia y las religiones son un incordio para los intereses del nuevo orden mundial, así como los estados-naciones, y el anticlericalismo sigue latente.
Países islámicos dudo que acepten el matrimonio homo, porque debe haber un elemento religioso que lo impida.Rusia ya ha dicho que un matrimonio que no tenga hijos no estará en la constitución.
Derecho natural era una asignatura que yo tenía cuando estudiaba derecho, pero hoy en día la palabra convence a la mayoría de las personas, y esto pasa tanto con el matrimonio homo como con las identidades de género LGBTIQA+, a las que no son de aplicación el derecho natural sino el positivo, consecuencias con el tiempo se veran.
Que ha pasado en China que ignorando el Derecho Natural en el año 1980 estableció tener solo un hijo, en el año 2015, permitió tener dos y este año tres.?

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La ley natural es la única fuente posible de la ley positiva, que fuera de esto queda sin fundamento alguno, y eso en cualquier parte del mundo, más allá de que eso se reconozca o no. El bebedor puede estar convencido de que beber no le hace mal, pero eso no tiene efecto, por ejemplo, sobre una cirrosis hepática. Y el médico tiene que hablarle de las consecuencias negativas de la bebida, por ejemplo, la cirrosis. China sigue ignorando la ley moral natural, porque el Estado no tiene derecho a decirle a los matrimonios cuántos hijos pueden tener.

Saludos cordiales.
18/09/21 7:20 AM
  
JSP
1. Ex facto oritur ius.
2. Es imposible el hecho de la sexualidad entre varón-varón o mujer-mujer para la procreación, por lo que no puede existir ningún tipo de derecho asociado al matrimonio entre varón y mujer.
3. La naturaleza es la que es, me guste o no me guste, y los vientres de alquiler, la adopción de niños, fecundación in vitro, etc. por uniones o "matrimonios" igualitarios, un 1% de la población, es una imposición del Estado por pura ideología de un orden anti-natural y en contra del bien común con objeto de hacer esclavos "convencidos" sin ciencia y "felices" y controlando la población mundial.
18/09/21 10:40 AM
  
Luis Fernando
Pío XI, papa
Tanto el matrimonio como su uso natural son de origen divino; de la misma manera, la constitución y las prerrogativas fundamentales de la familia han sido determinadas y fijadas por el Creador mismo, no por la voluntad humana ni por los factores económicos.
Encíclica Divini Redemptoris (31-III-1937), n. 28
18/09/21 12:09 PM
  
templario
Por supuesto que sí, no olvide que nos encontramos bíblicamente en el "fin de los Tiempos": Apostasía general, reinado de las dos bestias de Apocalipsis 13 y Parusía.
2ª Tes 2.
Catecismo 675.
Apocalipsis 13 y 14.
Non Nobis.

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Me refiero a si se puede hacer lícitamente desde el punto de vista moral. Y en cuanto al fin de los tiempos, puede ser que sí, y puede ser también que no, lo importante es estar en gracia de Dios y perseverar en ella.

Saludos cordiales.
18/09/21 3:01 PM
  
claudio
Estimado y respetado Néstor.
Tienes toda la razón, pero de ahí a que lo acepten......
El orden jurídico parte de la Ley Divina a la Ley Natural y la llamada Ley Positiva local que debe, por su propia naturaleza y derivaciones, coincidir con el orden moral, hacer el bien y evitar el mal.
El concepto debe ser el de la familia, como afirma el Documento de Aparecida (433. La familia cristiana está fundada en el sacramento del matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la
humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Desde
esta alianza de amor, se despliegan la paternidad y la maternidad,
la filiación y la fraternidad, y el compromiso de los dos por una
sociedad mejor).
No existe por "analogía" una familia o matrimonio o como quiera denominarse, una asociación civil entre personas del mismo sexo no encaja en la tipología y por lo tanto no es una familia ni un matrimonio.
Es esencial a lo jurídico el "objeto social" y en estos casos podría darse un caso "de laboratorio" de unión de dos personas del mismo sexo sin el acto sexual o como se lo llame, pero eso es un caso posible pero irreal y en definitiva una golondrina solitaria.
18/09/21 7:42 PM
  
Juan Pablo
Néstor: ¿Qué es propiamente la "ley natural"? ¿Qué es la "naturaleza"? Más aún, ¿qué es la "naturaleza humana"?

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Buena pregunta :) Primero la definimos y después tratamos de explicarla. La naturaleza de una cosa es su esencia en tanto que principio de operaciones.

La esencia de algo es lo que hace que ese algo sea lo que es. Hay algo que hace que el gato sea gato y no perro. Las diferencias entre las cosas no son meramente cuantitativas. El perro no es un gato más grande. Tampoco es que las cosas se distingan por sus accidentes solamente, quedando idéntica en todas la sustancia. Hay diferencias sustanciales entre las cosas, por ejemplo, entre un perro y un gato, se distinguen por su mismo ser.

Y la esencia es el principio de las operaciones de una cosa: cada cosa actúa según es. El obrar sigue al ser, dicen los escolásticos. Y por eso mismo, también, el obrar manifiesta el ser, la esencia propia de cada cosa: si ladra, es un perro, si maúlla, es un gato.

Por eso, la esencia, considerada en tanto que principio de las operaciones de una cosa, es la naturaleza de esa cosa. Hay, por tanto, una naturaleza del perro, otra del gato, y otra del ser humano.

Y si el obrar sigue al ser, quiere decir que el ser es la ley del obrar, que habrá de adaptarse a él. Por eso el gato maúlla y no ladra. En los irracionales, es una ley necesaria, son las leyes naturales que estudia la ciencia: físicas, químicas, biológicas, etc.

Pero los seres racionales, como el hombre, tienen, por naturaleza justamente, libre albedrío, y entonces, bajo ese aspecto, no siguen leyes físicamente necesarias, sino una ley moralmente necesaria, que es la ley moral, y su necesidad es la obligación moral.

La ley moral es la que brota de la naturaleza humana y sus exigencias, en tanto que se impone necesariamente al libre albedrío del hombre, y lo hace, precisamente por tratarse de un libre albedrío, con necesidad no física, sino moral, que es la obligación moral.

Es decir, debemos actuar de acuerdo con nuestra naturaleza humana, y por eso existe una ley moral.

En un sentido amplio, entonces, "ley natural" es toda ley que se basa en la naturaleza de una cosa, pero habitualmente, cuando hablamos en singular de la ley natural, hablamos de la ley moral propia del ser humano, mientras que cuando hablamos en plural de las leyes naturales, hablamos de las leyes físicamente necesarias que gobiernan a los irracionales (y también al ser humano, obviamente, en todo aquello que no depende de su libre albedrío).

Saludos cordiales.
18/09/21 11:02 PM
  
Jordi
Eso implica legalizar el formato poligamia, transexual, temporal, a prueba, bisexual, multigénero y con menores...

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Es que una vez que se abre la puerta, no se la puede tampoco entrecerrar.

Saludos cordiales.
19/09/21 5:04 PM
  
Federico
Humildemente pienso que la raíz del problema es haber permitido que la regulación legal del matrimonio pasara a ser competencia exclusiva del Estado, algo que ocurrió a partir de la Revolución Francesa. Antes, a ningún político se le hubiera ocurrido redefinir el matrimonio, porque la sociedad entendía que no era competencia del Estado sino de la Iglesia. De hecho, si vemos casos como los de Enrique VIII o los príncipes alemanes en el siglo XVI veremos que tuvieron que recurrir a una reforma religiosa previa, ya que incluso su poder temporal casi absoluto seguía siendo insuficiente para legalizar un divorcio.
Dicho esto, creo que de nada sirve quejarnos porque la ley positiva no sigue la ley natural y reclamar que vuelva a haber leyes acordes a la ley natural sobre el matrimonio, porque al final no estamos atacando la raíz del problema. Podremos tener políticos católicos que hagan leyes católicas, pero luego vendrán otros que las cambiarán con la misma facilidad. El problema no es el contenido de la ley positiva, es dar poder a una instancia contingente como un gobierno sobre una realidad natural como el matrimonio. Dicho de otra manera, no se trata de que los políticos legislen como a nosotros nos gustaría, sino que en algunas áreas no tengan poder para legislar en absoluto.

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Más que "permitir", entiendo que fue algo que no se pudo evitar. Y no se puede negar que la familia interesa al Estado, porque es la célula de la sociedad política. El asunto, claro, es que los Estados no son católicos. Pero no parece que volver a tener Estados católicos, con lo deseable que es, sea más práctico que reclamar leyes conformes con la ley natural. En todo caso, no se trata de quejarse, sino de que la Iglesia tiene una función magisterial que incluye también lo tocante a la ley natural, también en su aplicación a la sociedad política. Los políticos no tienen que legislar como a nosotros nos gusta, sino conforme a la ley natural.

Saludos cordiales.
19/09/21 6:15 PM
  
Juan Pablo
Estimado Néstor:
Gracias por tu respuesta sobre la naturaleza y la ley natural.
Ahora bien, entendiendo que la naturaleza de una cosa es su esencia en tanto que principio de operaciones y que la ley natural es toda ley que se basa en la naturaleza de una cosa, ¿por qué la relación homosexual es contraria a la naturaleza?¿Lo que la Iglesia ha enseñado sobre las relaciones homosexuales (Cf. Catecimo de la Iglesia Católica nn. 2357-2359) podría cambiar o reinterpretarse a partir de una mayor profundización sobre el tema con el aporte de la psiquiatría, la psicología, la sociología, ciencias auxiliares de la teología? ¿La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte podría ser un ejemplo de una profundización semejante? ¿Y lo que se entiende como contrario a la naturaleza no requiere, acaso, una mayor profundización sobre el concepto de ley natural (Cf. Comisión Teológica Internacional, En busca de una ética universal: Nueva perspectiva sobre la ley natural)?

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Lo que pasa es que habría que "profundizar" mucho para poder llegar a una conclusión opuesta a algo tan obvio como que las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza humana.

Con ese mismo grado de "profundización" se podría llegar a concluir que el órgano de la vista en realidad son los oídos y no los ojos.

Me parece que en nuestra época sobre todo hay que profundizar en la capacidad para captar lo obvio, que cuando se pierde es prácticamente imposible orientarse.

En definitiva, es obvio que la sexualidad tiene una relación esencial con la procreación, y que ésta implica esencialmente la complementariedad de los sexos masculino y femenino, y que eso es lo natural. La biología y la fisiología nos informan, precisamente, acerca de aspectos esenciales de la naturaleza humana.

Saludos cordiales.
20/09/21 5:43 AM
  
Centurión Cornelio
Hola Néstor

La raíz del problema es la que señala Federico en su comentario. El punto feble es cuando dice "haber permitido". ¿Quiénes han permitido? Esto se impuso con decenas de miles de asesinados y la labor de zapa de humanistas, masones y malos filósofos a partir de Descartes en adelante. La Iglesia del XVIII también tenía mucha agua dentro de la barca, por ejemplo muchos sacerdotes se referían a Dios como "el gran legislador" en la Francia prerrevolucionaria, otros sólo estaban en la Iglesia para hacer carrera, y así tantos apostataron cuando llegó siquiera la amenaza del martirio.

La democracia tal como ha sido concebida en occidente responde a la promesa satánica del "seréis como dioses". Uno de sus padres es Kant y su moral autónoma, un engendro que se deriva a su vez de la sola fides y de la libre interpretación. Entonces, en democracia no se reconoce la moral objetiva, sobre todo se puede legislar, basta crear una mayoría.

Hace poco he estado leyendo a San Agustín; habla de los problemas de su época: del donatismo, del maniqueísmo, de los paganos, del saqueo de Roma por los bárbaros, de la filosofía de su época.

¿De qué hablan hoy los sacerdotes? ¿no son el aborto, y las ideologías LGTBIQ*** un peligro mortal para las almas? ¿no representan, no ya doctrinas contrarias a la fe católica, sino una guerra declarada a Dios mismo?

Levítico 18:22 No te echarás con varón como con mujer; es abominación.

Dice san Agustín que el que peca sabiendo que peca aún tiene esperanza, pero el que lo hace y aún presume de su descarrío a sí mismo se condena. Este asunto del "matrimonio" "homosexual" es un crimen contra la voluntad eterna del creador, y debemos pedir en consecuencia que este crimen sea también delito.

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La democracia, es decir, el sistema republicano, considerado en abstracto, es una forma lícita de gobierno, y considerado en concreto, depende de las influencias filosóficas a que esté sometido. En la modernidad estuvo sometido a dos influencias distintas: la tradición cristiana, progresivamente menguante, y la ideología masónica, progresivamente en avance en la sociedad.

Saludos cordiales.
20/09/21 9:36 AM
  
Federico
Es una pena que el formato de la web no admite réplica a las respuestas a los comentarios (o quizás no sé hacerlo) pero al hilo de su respuesta a mi primer comentario, no sé si era inevitable que el Estado asumiera la regulación del matrimonio. Fue el resultado de un proceso histórico, revoluciones en muchos casos violentas y al final la sociedad lo acabó aceptando. Tampoco estoy de acuerdo en que al Estado le interese la familia, porque siempre es más fácil gobernar una sociedad desestructurada que otra con instituciones naturales que pueden servir de contrapeso y freno a la abritrariedad del político. Ello no excluye por supuesto que haya políticos a favor de la familia, pero creo que el propio sistema ofrece incentivos para que el Estado intente destruirla.
Con respecto al último punto totalmente de acuerdo, la ley natural no es un gusto nuestro sino un principio fundamental en la vida social. La pregunta es, ¿por qué tenemos que depender de que un político interprete esa ley natural correctamente? ¿Es apropiado dejar que una realidad contingente y artificial como el Estado pueda definir y regular una institución natural y previa al Estado como el matrimonio?

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En la Edad Media el adulterio, por ejemplo, era delito ante la ley civil. Y es lógico que así sea, porque el objetivo de la política es el bien común de la sociedad temporal, y el núcleo de esa sociedad es la familia. El matrimonio y la familia tienen un innegable aspecto social y temporal que, en ese sentido, debe interesar al legislador civil.

Que eso pasase de legisladores civiles católicos a legisladores civiles no católicos no fue inevitable, obviamente, en el sentido del Hado, pero el hecho es que no se pudo evitar, y en ese sentido, tampoco se lo permitió. Las guerras de religión en Europa duraron décadas, es claro que se hizo un esfuerzo gigantesco (sobre todo lo hizo España) por evitar la ruptura de la unidad católica de Europa.

Saludos cordiales.
20/09/21 1:17 PM
  
Federico Ma.
Nuevamente gracias, Néstor, por el buen post.

Respecto de algunas afirmaciones de un comentario:

"Tampoco estoy de acuerdo en que al Estado le interese la familia, porque siempre es más fácil gobernar una sociedad desestructurada que otra con instituciones naturales que pueden servir de contrapeso y freno a la abritrariedad del político".

Pero gobernar, en su sentido auténtico, es todo lo contrario de la arbitrariedad y más bien exige el orden social. Al auténtico Estado, cuyo fin es el bien común, le ha de interesar sobremanera el matrimonio y la familia, y sin ellos sería imposible "gobernar".

"...una realidad contingente y artificial como el Estado".

Pero el Estado, entendido como comunidad política, es de iure exigencia y expresión de la natural sociabilidad del hombre. Y por tanto no está en contradicción con la persona ni con otras sociedades naturales, cual el matrimonio y la familia. Parece estar presupuesta cierta concepción contactualista del Estado, errónea y extraña a la doctrina social de la Iglesia.

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Efectivamente. Muchas gracias y saludos cordiales.
20/09/21 3:58 PM
  
al
Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia. Ante proyectos de ley a favor de las uniones homosexuales se deben tener en cuenta las
siguientes indicaciones éticas.

En el caso de que en una Asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral
de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral.


En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley ya en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse a ella por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo (Joseph Card. Ratzinger SCDF)
20/09/21 6:11 PM
  
Centurión Cornelio
Néstor,
Usted mucho mejor que yo sabe que la democracia es la corrupción de la República.
La democracia es ante todo una ideología.
Desde su inicio es una ideología, que funciona de manera muy similar al comunismo.
Dice el comunismo: " la riqueza está en manos de unos pocos, a vosotros (el "pueblo"), os ha sido arrebata injustamente, ¡id y tomad lo que es vuestro!
Dice la democracia: "el poder está en manos de unos pocos, a vosotros (el "pueblo") os ha sido arrebatado injustamente, ¡id y tomad lo que es vuestro!
La democracia niega el pecado original, la "massa damnata" que corre a las urnas a dar su opinión convenientemente macerada con el adobo de la demagogia (que es tan inevitable en democracia que deviene en sinónimo).
Claro, si los italianos son buenos católicos, la democracia será buena para Italia, pero NUNCA se ha dado tal caso. Explíquese la herejía cátara en el occidente cristiano ¡imposible!
La escuela de Salamanca acertó en unas cosas, y erró gravemente en otras; los liberales siempre la ponen de ejemplo. Dígame si es lícito para un católico matar a los gobernantes que niegan la ley natural.
La sodomía es un pecado nefando, es contra natura, contra la voluntad eterna de Dios, por lo tanto un crimen y todos los católicos debemos exigir que la legislación lo considere un grave delito con penas severas, lo contrario es ahondar en la perversión de la conciencia.

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Por eso digo que hay que distinguir entre la forma de gobierno y la ideología que la anima, que puede ser esta o aquella otra. Lo que la Iglesia reconoce como lícito, en el caso de los Estados modernos, es la forma de gobierno, no la ideología, obviamente.

Al exigir esa legislación acorde con la ley natural que Ud. dice, es claro que estamos reconociendo la legitimidad de esas instancias legislativas.

Saludos cordiales.
20/09/21 8:58 PM
  
Juan Pablo
Estimado Néstor:
Cuando me he referido a profundizar, me he referido a un serio ejercicio intelectual que busca la verdad. En realidad, si la conclusión “las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza humana” fuera tan obvia, no habría discusión posible, como si se tratara de discutir sobre los primeros principios que son evidentes e indemostrables, como por ejemplo el principio de no contradicción en sentido ontológico: “No es posible que una misma cosa sea y no sea en el mismo sentido y al mismo tiempo”.
Hablar de obvio, en ese sentido, no pareciera ser lo propio del filósofo ni del teólogo, aunque más no sea para poder decir: “Pareciera (o dicen algunos) que las relaciones homosexuales no son contrarias a la naturaleza; primero…, segundo…, tercero…; contra esto…; respondo…, a lo primero…; a lo segundo…; a lo tercero…” Tal ejercicio, evidentemente, no tendría sentido si habría que aplicar aquí la conocida frase del genial Chesterton: “Llegará el día en que será necesario desenvainar una espada para afirmar que el pasto es verde”. ¿Pero se aplica aquí? ¿Es tan obvio que la relación homosexual es contraria a la naturaleza humana como que el pasto es verde? ¿Desde dónde partimos para concluir eso? ¿Es eso una “evidencia” o hicimos una elección previa de “punto de partida”?…
Usted dice que con el mismo grado de profundización que lleve a una conclusión opuesta a algo tan obvio como que las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza humana, se podría llegar a concluir que el órgano de la vista en realidad son los oídos y no los ojos.
En primer lugar, nunca dije que tal profundización ha de llevar necesariamente a una conclusión opuesta a que las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza. De hecho, esta profundización podría llevarnos a concluir que estas relaciones son contrarias a la naturaleza. Simplemente he planteado interrogantes que entiendo merecen respuestas porque de esas respuestas dependerá la conclusión. Muchos son los interrogantes: en el campo filosófico, lo que se entiende por naturaleza, naturaleza humana y ley natural; en el campo teológico, la interpretación de la Sagrada Escritura, lo que es realmente la Tradición, lo que enseña el magisterio de la Iglesia; en el campo de la psiquiatría y la psicología, la comprensión de la condición sexual de la persona homosexual (el propio Catecismo de la Iglesia Católica reconoce en el n. 2357 que “el origen psíquico permanece en gran medida inexplicado”); en el campo de la historia, cómo se ha dado este fenómeno a lo largo de los siglos; etc.
En segundo lugar, lo que me dice pareciera ser más bien una falacia de falso dilema: “O las relaciones homosexuales son contrarias a la naturaleza, o es posible decir que el órgano de la vista en realidad son los oídos y no los ojos”, puesto que tiene usted razón al decir: “es obvio que la sexualidad tiene una relación esencial con la procreación, y que ésta implica esencialmente la complementariedad de los sexos masculino y femenino, y que eso es lo natural. La biología y la fisiología nos informan, precisamente, acerca de aspectos esenciales de la naturaleza humana”, pero esa obviedad no explica todo el misterio de la sexualidad humana, ¿o sí?... Tal vez sí, tal vez no… Eso es lo que entiendo cabe profundizar. Que la procreación depende de esa complementariedad de los sexos femenino y masculino es tan evidente como que el pasto es verde, pero que toda expresión sexual, romántica, erótica y afectiva esté determinada necesariamente por esta finalidad procreativa es una perspectiva que algunos autores han calificado de “biologicista”, y esto es lo que hay que investigar, aunque más no sea para comprender la objeción y refutarla. En todo caso, también hay evidencia de que, a lo largo de la historia, en todos los tiempos, lugares y culturas muy diversas entre sí, han existido personas que hoy la psiquiatría y la psicología denominan “homosexuales”. ¿No es necesario, acaso, estudiar con detenimiento la cuestión? ¿Qué es la homosexualidad? ¿La práctica homosexual es un mero vicio, o la consecuencia lógica de una condición u orientación sexual determinada, así como “el obrar sigue al ser”? ¿Se “es” homosexual, o la homosexualidad es un mero “sentimiento” o “tendencia intrínsecamente desordenada”? ¿Es posible dejar de “sentir” esa atracción? ¿Es innata, es adquirida? ¿Sería esta atracción la mera manifestación de heridas y traumas en la infancia? Y aunque fuese un mero sentimiento o tendencia, e incluso la manifestación de heridas, ¿no condiciona, acaso, a la persona al punto de sentir como “natural” en sí misma que su afectividad y sexualidad se orienta de un modo distinto al de una persona que se orienta sexual, romántica, erótica y afectivamente hacia el sexo opuesto? La propia Iglesia Católica reconoce que, en lo que respecta a los comportamientos homosexuales de las personas homosexuales “su culpabilidad debe ser juzgada con prudencia” (Cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Persona Humana. Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, n. 8).
Claro está que si la sexualidad humana sólo puede pensarse en su finalidad procreativa, o incluso en su finalidad unitiva pero sin separarla jamás de la procreativa, el tema está cerrado porque la relación homosexual frustra la finalidad procreativa. Ahora bien, la Iglesia reconoce en su magisterio una “orientación homosexual” que tienen algunas personas. ¿La única opción posible para estas personas es la continencia sexual o celibato?
Me parece, pues, que hay muchos interrogantes por resolver, y el punto de partida, en relación a su artículo que trata la cuestión de la ley natural al estudiar si se puede legalizar la cohabitación sexual entre personas del mismo sexo, será el abordaje de la naturaleza. Y para dicho abordaje, no se puede desconocer que la noción de naturaleza “es especialmente compleja y no es en modo alguno unívoca”, tal como expresó la Comisión Teológica Internacional (Cf. En busca de una ética universal: Nueva perspectiva sobre la ley natural, n. 64). Y habrá que hacer un estudio sobre la doctrina de la ley natural, empezando por el pensamiento de los sofistas griegos y pasando por los estoicos, Aristóteles, los Padres de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, San Juan Pablo II en su encíclica Veritatis Splendor, etc.
Me gusta mucho su blog “No sin grave daño” y, valorando su labor intelectual en el campo de la filosofía y la teología, simplemente he querido expresar que es necesario, a mi parecer, plantearnos ciertos interrogantes y reconocer que estamos ante una cuestión bastante compleja que requiere de un abordaje serio y desapasionado.
Saludos cordiales.

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Es que todo eso está ya más que visto, y al final se llega siempre al mismo problema: la concepción filosófica del que no está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia se aparta del sano realismo natural y cristiano.

El tema de la naturaleza de las cosas es un tema filosófico, y ahí no pueden hacer nada las ciencias particulares, pues al contrario, sus resultados tienen que ser interpretados filosóficamente, no por lo que toca a esa misma ciencia particular, pero sí para ser integrados en una visión global del hombre.

Todo se reduce a que las cosas tienen una naturaleza inmutable, o no la tienen. Lo primero es el realismo natural y cristiano, lo segundo es el nominalismo. Y la discusión entre esos dos señores es puramente filosófica, no se gana nada con mechar resultados de las ciencias particulares, por lo dicho. La Filosofía está siempre al comienzo, antes, en el punto de partida.

Esas largas encuestas históricas de suyo no aportan nada en lo relativo a aceptación o rechazo final de una tesis filosófica. En Filosofía todo depende, efectivamente, de evidencias primeras, y de razonamientos que se apoyan en esas evidencias primeras. Por eso dice Aristóteles que "el que yerra sobre los fundamentos es impersuasible". La evidencia primera e inmediata no se puede demostrar, porque no hace falta. Si alguien la niega, que la Fuerza esté con él.

Por eso, el sentido común, entendido como mera opinión media en una sociedad dada, no es norma de nada, pero entendido como la captación de las evidencias primeras y fundamentales, es la norma de la misma Filosofía, y por eso digo que no hay que perder la capacidad de ver lo obvio, porque no se la sustituye con investigaciones ni argumentos.

Además, la carga de la prueba no corresponde al que afirma que el pasto es verde, sino al que lo pone en duda, es ése el que tiene que responder preguntas en vez de plantearlas. En todo caso, al que duda de esas verdades de sentido común es al que le corresponde argumentar contra ellas. Si no hay argumentos en contra, aquí paz y luego gloria, como dicen en la Península.

Ahora, que el ser humano tiene la capacidad de negar lo obvio y evidente, sin duda. El apasionamiento, el partidismo, la influencia de las decisiones morales equivocadas, la negativa a cambiar el modo de vida que se tiene. Ya lo dice el Evangelio de San Juan: "La luz vino al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas".

Es cierto que la misión divina de Jesucristo no es una verdad evidente, sino una verdad de fe, pero la razón que pone ahí el Evangelista sin duda que puede funcionar también en el caso de las verdades evidentes, o que se demuestran a partir de principios evidentes. Como dicen que dijo Rousseau: "Si la geometría tuviese consecuencias morales, hace tiempo que Euclides estaría en discusión".

Saludos cordiales.
21/09/21 4:36 AM
  
Federico
Solamente algunas observaciones con respecto a la respuesta a uno de mis comentarios:
1. No debemos confundir gobierno y Estado. Una sociedad puede tener gobierno, es decir un poder establecido que pueda determinar las condiciones de la vida pública y obligar a que esas condiciones se respeten a través de la violencia. Otra cosa muy distinta es un Estado, entendido como una entidad autónoma y desligada de la responsabilidad personal del gobernante. En la Edad Media, por ejemplo, había gobierno pero no Estado, ya que la autoridad del rey se ejercía a título personal. En el antiguo reino de Israel, Dios instauró una monarquía primero en Saúl y luego en David, pero ninguno de los dos construyó una estructura burocrática y autónoma que hoy identificaríamos con un Estado.
2. Que el Estado pueda ser una forma útil de organización social no quita que sea contingente y artificial. Ni siquiera es la forma preferida por el pueblo de Israel: primero una estructura de gobierno tribal, luego basada en jueces, y solamente como último recurso una monarquía sin Estado (recordemos que además Dios les advierte de los peligros de dar tanto poder a un gobernante).
3. En ningún momento asumo una concepción contractualista porque el poder de todo Estado en última instancia es el monopolio de la violencia, por tanto no es necesario el consentimiento explícito de cada individuo. Buena parte del engaño de las democracias actuales es precisamente hacer creer que se basan en el consenso de todos, cuando en realidad no existe nada parecido a un "contrato social".
4. Sobre lo de haber permitido que el poder político regule aspectos que nada tienen que ver con la vida pública, simplemente matizar que la raíz del problema está en el absolutismo monárquico, y es evidente que en esto la Reforma Protestante tuvo mucho que ver. Sin embargo, no debemos olvidar que desde la Paz de Ausburgo las monarquías católicas también a su manera se unieron a este proceso.

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Bien, cambiemos "Estado" por "autoridad legítima de la sociedad política", que abarca todas las formas posibles. Es lo mismo, esa autoridad legítima tiene que legislar inevitablemente sobre temas de familia. Otra cosa es sobre qué temas y cómo, porque es claro que ahí, como en todas las cosas, se puede apartar también de la ley natural.

De hecho los Estados modernos, por lo general al menos, son las autoridades legítimas de sus respectivas sociedades políticas.

La autoridad social legítima no es simplemente el "monopolio de la violencia", sino que es el resultado de una exigencia natural del ser humano como ser social. El hombre necesita la sociedad, y la sociedad necesita la autoridad.

No había ningún "absolutismo monárquico", que es cosa moderna, en los Fueros de los reyes medievales que penaban el adulterio.

Y repito que en la pérdida de la influencia social que la Iglesia tenía en la Edad Media hubo de todo, y sin duda muchos pecados, pero lo que menos aparece, en todo caso, es una "permisión" de parte de los católicos. Sería como decir que Felipe II permitió el fracaso de la Armada Invencible.

El que sí lo permitió, sin duda, es Dios Nuestro Señor, por motivos santos y justos que Él conoce.

Saludos cordiales.
21/09/21 3:02 PM
  
Federico
Creo que la raíz del desacuerdo es considerar como usted ha dicho a los estados modernos como autoridades legítimas, así que dudo que podamos ponernos de acuerdo. Tenemos posturas demasiado alejadas, sería un debate interesante pero más largo y el formato de la web ayuda poco en ese sentido.
Solamente quisiera puntualizar una cosa: en la Edad Media, cuando hablamos de "legislar" sobre el matrimonio, no debemos confundirlo con el sentido moderno de definir y darle contenido. Recordemos que la función de la autoridad se limitaba a castigar el incumplimiento de normas de derecho privado cuyo contenido estaba fuera del alcance del legislador. Es interesante el caso del divorcio, porque entre los cristianos estaba castigado abandonar a una mujer y en su lugar vivir en concubinato pero en cambio no se castigaba a los judíos que se divorciaban porque lo admitía la ley mosaica. Es decir, el papel de la autoridad era castigar a quien rompiera el ordenamiento del derecho privado de su comunidad, no definir por sí misma el contenido y los límites del matrimonio. Mucho cuidado, porque eso es muy distinto a lo que hacen los estados modernos.
En España, en las ciudades donde había comunidades musulmanas y judías estos grupos tenían sus propios tribunales para dirimir pleitos relacionados con estos temas, y para los cristianos había juzgados eclesiásticos. Los reyes, como autoridad establecida, se limitaban a dar cumplimiento a las condenas que estos tribunales emitían, por ejemplo un judío que repudiara a su mujer sin darle acta de divorcio, o un musulmán que no reconociese a uno de los hijos de sus esposas. Por tanto, no se trataba de establecer un ordenamiento estatal para el matrimonio sino de asegurar que se respetasen las normas privadas de cada comunidad, sobre las cuales el rey poco tenía que decir.
Dicho esto lo felicito por su blog y espero que Dios lo guarde muchos años, para poder seguir haciendo tanto bien con sus publicaciones.
Saludos cordiales.

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Muchas gracias.

En el Estado moderno, como en cualquier otra forma de gobierno, hay que distinguir por un lado lo que deriva de la naturaleza social del hombre, independientemente, por tanto, de su voluntad, y por otro, las formas históricamente contingentes. Los Estados modernos no son solamente Estados modernos, como los hombres modernos no son solamente modernos; son ante todo sociedades políticas que como tales tienen como finalidad el bien común y que por lo mismo requieren una autoridad legítima. Parafraseando a Santo Tomás, la modernidad supone la naturaleza. Todos nosotros reconocemos de hecho la legitimidad de estos Estados en tanto que participamos de la vida de estas sociedades de mil maneras diferentes, de acuerdo con las leyes establecidas, al menos cuando no van contra la ley natural.

Buena parte del código civil y penal está en su contenido fuera del alcance del legislador, simplemente porque depende de la ley natural, por ejemplo, el hecho de que el homicidio o el robo sean delitos.

La ley positiva es aplicación de la ley natural, no es algo que deba ser creado desde cero.

En cuanto a la legislación medieval, si el poder público penalizaba el adulterio, es porque éste tiene también una dimensión pública y no solamente privada. De lo contrario no tendría sentido que el poder público se inmiscuya en cosas que serían puramente de derecho privado.

Y el poder público agrega efectivamente, al menos, la penalización pública de la transgresión de la norma. El tribunal eclesiástico no podía ir más allá de la excomunión.

Y no eran estos reyes católicos, tampoco, simples legisladores neutrales que atendían a lo que cada religión pedía. Eran católicos y legislaban en principio para los católicos, que constituían la inmensa mayoría de la población de sus reinos, lo que pasa es que los judíos formaban parte de esa misma sociedad, y por otra parte no se los podía convertir a la fuerza.

Saludos cordiales.
22/09/21 9:29 AM
  
Federico Ma.
Además de que la Iglesia es muy clara respecto de la homosexualidad (CDF, Carta "homosexualitatis problema", passim):

Por ejemplo, en cuanto a los actos:
"...están privados de su finalidad esencial e indispensable, como «intrínsecamente desordenados» y que en ningún caso pueden recibir aprobación".

En cuanto a la tendencia:
"...la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada".

En fin...
"La Iglesia, cuando rechaza las doctrinas erróneas en relación con la homosexualidad, no limita sino que más bien defiende la libertad y la dignidad de la persona, entendidas de modo realístico y auténtico".

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En efecto, gracias y saludos cordiales.
22/09/21 3:02 PM
  
María José Nazaret
De un hecho natural nace el derecho natural.
Ser engendrado por una mujer y un varón es el hecho natural.
El derecho natural es tener madre y padre.
Para un niño huérfano, la adopción es una oportunidad de ver restablecido su derecho natural: tener madre y padre.
La adopción es derecho del niño, no de los adoptantes.

(Y, por si acaso, hablo de realidades naturales. No de que un hombre se perciba mujer o una mujer se perciba hombre.)

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Exacto. Gracias y saludos cordiales.


24/09/21 5:39 PM
  
Gerardo S. I.
¿se puede -y se debe- legalizar el divorcio? si; la Iglesia Catolica lo acepta.

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Pues no, la Iglesia no acepta el divorcio. El matrimonio es indisoluble.

Saludos cordiales.
27/09/21 3:40 AM
  
sofía
Yo sí creo que lo más importante es que esas uniones no se llamen "matrimonio", o más bien que no se consideren "matrimonio", ni pretendan equipararse con el matrimonio.
Y es que el matrimonio y la familia son realidades totalmente distintas a otros tipos de asociaciones, que pueden ser protegidas de modo específico.
Estoy totalmente de acuerdo con el comentario de María José sobre la familia natural y el derecho de los niños a ser adoptados por una familia natural.

Y esto debería tenerse en consideración por todo el mundo al margen de que consideren que las relaciones homosexuales sean naturales o antinaturales - lo que no son es matrimonio, eso está clarísimo.

Respecto a la legalización de uniones civiles homosexuales, si el argumento es el desamparo jurídico, no tienen por qué hacerse equiparándolas al matrimonio, con el que no tienen nada que ver, sino legislando para impedir que haya personas que queden en desamparo jurídico, independientemente de su condición sexual y su orientación sexual, que no necesitan tenerse en consideración para nada.

Es decir, se podría legislar de modo que una persona no quedara en desamparo jurídico por no estar casada o no tener hijos, independientemente de su condición sexual, que no viene al caso.
No hay nada que impida la asociación de personas con lazos de sangre o no, con el fin de apoyarse mutuamente.
Por ejemplo, nada debería impedir que igual que se legisla que en caso de enfermedad grave del padre o la madre se puede tener un permiso de x días, ese mismo derecho se pueda tener por relación formalizada con un tío abuelo sin mujer ni hijos o un amigo con el que se comparte vivienda, con el que no necesita tener relaciones sexuales para beneficiarse de ese permiso -faltaría más. Todo el mundo debería poder contar con alguien en caso de enfermedad.
Lo mismo digo en caso de herencias etc. No debería "penalizarse" no tener famliares cercanos, sino que todo el mundo debería tener derecho a "asociarse" para determinados fines con otras personas, sin necesidad de que haya relaciones sexuales para justificarlo.
Sin que esto impida que el matrimonio y la familia se consideren bienes especiales que la sociedad debe proteger específicamente.

Saludos cordiales

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Hay gente que muere sin testar, pero también habría gente que moriría sin formalizar la unión civil.

Si dos personas conviven, supongo que pueden formalizar ante el juez un acuerdo por el que los bienes comunes serán propiedad del sobreviviente en caso de fallecimiento de uno de ellos, y listo.

En cuanto a los solteros sin hijos, no necesariamente quedan desamparados jurídicamente. Lo que pasa es que no se casaron y no tienen hijos. Pero si tienen alguna propiedad, la ley protege esa propiedad, y lo mismo si son asalariados, hay legislación al respecto, etc.

Las personas pueden unirse para apoyarse mutuamente, pero tampoco hay nada que exija que la ley deba reconocer esas uniones. Hay que ver de qué uniones se trata, porque algunas pueden ser perjudiciales para la sociedad. Debe haber mucho apoyo mutuo en una banda de ladrones, por ejemplo. Si no, no funciona.

Al que tiene padre o madre es lógico que le dé un permiso en caso de enfermedad de sus progenitores, pero crear una figura jurídica de unión civil para poder extender esos permisos a otras situaciones es como construir un estadio de fútbol para que se puedan vender helados.

Todo el mundo debería poder contar con alguien en caso de enfermedad, del mismo modo en que todo el mundo debería ser sano, tener dos ojos, dos piernas, dos brazos, un buen pasar, ser santo y ser hincha de Peñarol. En todo caso, eso llevaría a potenciar la asistencia pública, o a dar bonos para afiliarse a la privada, no a crear nuevas uniones civiles. Otra vez el estadio y los helados.

En cuanto a las herencias y que no hay que penalizar el no tener familiares cercanos, tampoco habría que penalizar el que no haya nadie que quiera convivir con uno, de lo cual no es difícil que haya casos. Debería haber entonces una ley de herencia universal obligatoria, con o sin “unión civil” de por medio. A no ser que se prefiera la ley de unión civil universal obligatoria.

Con el mismo argumento además se diría que no hay que penalizar el bajo coeficiente intelectual, y crear una ley de pase obligatorio al grado siguiente, con igualdad de calificaciones…ah, no, ésa parece que ya existe en algunas partes. La realidad vuelve a dejar anticuada a la fantasía.

Y si todavía eso no existe, no hay necesidad de que exista, tampoco.

Para que una asociación pueda ser considerada por la ley como fuente de derechos, tiene que aportar algún bien que interese al bien común de la sociedad, que es el único ángulo desde el cual mira las cosas la ley civil. Pero eso mismo quiere decir que no tiene que ser dañina o perjudicial para la sociedad. Ahora bien, todo lo que va contra la naturaleza humana es dañino y perjudicial para la sociedad, sobre todo si pretende justamente tener relevancia social. Eso hace que no sea siquiera necesario considerar qué bienes podrían derivarse de esas situaciones.

Por tanto, la única ley de uniones civiles sobre la que se podría en todo caso conversar sería una que excluyese expresamente de su protección a las uniones homosexuales.

Obviamente que nadie propondría ni apoyaría algo así hoy día, y eso muestra que todo el tema de las "uniones civiles" no es más que una forma de "dorar la píldora" de la legalización de las uniones homosexuales.

Saludos cordiales.
27/09/21 7:46 AM

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