"Deo omnis gloria", por monseñor Gilberto Gómez González
Momilía de monseñor Gilberto Gómez González en su toma de posesión como obispo de Abancay, diócesis del Perú:
Deo Omnis Gloria
“Para Dios toda la gloria", para alabanza y gloria de la Trinidad Beatísima nos hemos reunido. Y celebramos esta Eucaristía en honor de Santa María, la Madre de la Iglesia, Madre y Patrona también de esta partecita de la Iglesia, que es la diócesis de Abancay. Imploramos su protección sobre esta familia diocesana y sobre mi persona débil e indigna, que, desde hoy, será vuestro pastor.
Saludo al Arzobispo metropolitano de Cuzco y a todos los Obispos que han querido acompañarme con su oración y su aliento. Efectivamente, los obispos, sucesores de los Apóstoles formamos, bajo el Papa, un Colegio, y estamos unidos en la solicitud por la Iglesia Santa. Sé que el obispo nunca está solo, que está siempre y continuamente unido a sus hermanos en el episcopado y al Sucesor de Pedro.
Permítanme saludar, especialmente, a Monseñor Isidro, a quien agradezco en nombre propio y en nombre de toda la diócesis su dedicación misionera, amorosa y entregada, de 40 años -23 como obispo. Él ha sido mi padre y maestro en estos siete años como obispo auxiliar a su lado.
Saludo a Mons. José Luis López-Jurado, Vicario regional del Opus Dei, a quien agradezco la atención espiritual que la Obra me presta a mí, como a otros sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.
Saludo agradecido a los sacerdotes: a los que han venido de fuera y a los que en esta viña del Señor- en Abancay o Andahuaylas, Aymaraes o Chincheros- “soportan el peso del día y del calor". Ustedes son mis más estrechos colaboradores, “mi alegría y mi corona".
Saludo a las religiosas y religiosos, indispensables en la misión, testigos de la presencia viva de Dios en medio de su pueblo.
A los seminaristas, futuros sacerdotes, esperanza y porvenir de la diócesis. A la formación de sacerdotes he dedicado 28 años de mi vida. El seminario será, ciertamente, “la niña de mis ojos”
Saludos a Juan y Tere, mis queridos sobrinos, y a Enrique y Ana , hermanos y papás, a la vez.
Y a todos ustedes mis queridos hermanos presentes de todas las parroquias de nuestras cuatro provincias, miembros de los grupos apostólicos y cofradías; padres de familia, jóvenes, abuelos y niños, que están representando a la grey que debo apacentar.
El día 20 de Junio, fiesta del Corazón Inmaculado de María, se hizo pública la noticia de mi nombramiento como Obispo de Abancay. Nuestra vida está en manos de la Providencia del Buen Dios. Hemos de cumplir la voluntad de Dios y “servir a la Iglesia como ella quiere ser servida". Escribí al Santo Padre agradeciendo la confianza que pone en mi débil e indigna persona. La tarea es muy superior a mis fuerzas.






