La principal opción educativa, por Monseñor Saiz Meneses
La Jornada Mundial de la Juventud, en su vigésima primera edición, ha marcado la actualidad religiosa de este mes, sobre todo en Sydney (Australia) por los jóvenes procedentes de todo el mundo, pero también en Lourdes, donde jóvenes de toda Europa –del Este y del Oeste- se han reunido y se han unido espiritualmente a las celebraciones presididas por Benedicto XVI en el continente austral.
La Jornada Mundial de la Juventud es una herencia espiritual del gran Papa que fue Juan Pablo II. El Papa actual lo reconoció en su primer saludo a los jóvenes que asistieron a la jornada del año 2005, celebrada en Colonia: “Este gran papa –dijo refiriéndose al Pala polaco- supo comprender los desafíos a los que se ven confrontados los jóvenes y, afirmando su confianza en ellos, no dudó en invitarles a ser unos testigos valientes del Evangelio y constructores intrépidos de la civilización de la verdad, del amor y de la paz”.
Esta actitud del Papa Wojtyla estaba inspirada en el amor. Y en este sentido se convierte en un gran ejemplo para todos cuantos trabajamos en la pastoral juvenil.

También los obispos tienen madre, gracias a Dios. Han venido al mundo como fruto del amor de unos padres, santificados por el sacramento del matrimonio, sobre el que se ha construido una familia cristiana. Doy gracias a Dios por haberme dado la vida en el seno de una familia cristiana.
Se quiere construir una sociedad sin Dios, y sin Dios el hombre no tiene futuro. Dios es el futuro de nuestra vida, a nivel personal y a nivel social. Si quitamos a Dios de la existencia humana, el hombre se queda sin horizonte. El hombre sin Dios queda amputado en una de sus principales dimensiones, la dimensión religiosa. Esta dimensión religiosa del hombre no se reduce a la esfera privada de la conciencia, sino que por la propia naturaleza humana tiende a expresarse y a vivirse en sociedad.
La Iglesia Católica defiende la sana laicidad, que nada tiene que ver con la confesionalidad del Estado ni tampoco con el laicismo radical y excluyente que, de forma diáfana o con ciertos camuflajes, se presenta actualmente en España, y también en otros países de tradición y mayoría cristiana.
Con el nombre de Educación para la Ciudadanía estableció la Ley Orgánica de Educación del año 2006 una nueva asignatura obligatoria para todos los alumnos de educación primaria, secundaria y bachillerato. En el Preámbulo de dicha Ley se concede a esta enseñanza un lugar muy destacado en el conjunto de las actividades educativas y se le asigna la finalidad de ofrecer a todos los alumnos un espacio de reflexión, análisis y estudio acerca de las características fundamentales y el funcionamiento de un régimen democrático, de los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en los Tratados internacionales sobre derechos humanos, así como de los valores comunes que constituyen el sustrato de la ciudadanía democrática.




