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2.05.21

"Y se escandalizaban de Él" (Mt 13, 54ss)

¡Qué lección tan del hoy y para el hoy de la Iglesia Católica nos trae el Evangelio de la Misa de la conmemoración de San José, Obrero! (1-V-2021).

Jesús -lo constatamos una vez más-, no deja de darnos las verdaderas respuestas a todas las graves -o cotidianas- cuestiones que puedan suscitarnos tanto nuestro YO -que viene lastrado, hasta en las constantes antropológicas, por las consecuencias del pecado original-, como las que puedan provenir de las mil circunstancias de nuestra vida.

Pero es evidente que el tema es absolutamente actual. Y urgente y necesario que lo resolvamos más que bien, y de una vez por todas. Para nuestra Salvación: la que Cristo nos ha ganado ¡en la Cruz!

Porque, en la misma Iglesia Católica, escandalizarse del Señor -y, por tanto, de su Iglesia-, está a la orden del día. Con el agravante de que se persigue a todo el que no se entrega en cuerpo y alma a esta monstruosidad, inaceptable desde todo punto de vista: máxime si uno pertenece a su Jerarquía, en cualquiera de sus niveles, y pretende mantenerse fiel.

Vamos al Evangelio (Mt 13, 54-58): Volviendo Jesús a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían asombrados: ¿de dónde le viene a este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto? Y se escandalizaban a causa de Él.

Ciertamente, sus connaturales, los que le conocían desde crío, lo mismo que a sus familiares y próximos, no tienen otra fuente más cercana que ese conocimiento; casi íntimo.

Pero, como constata y deja patente san Mateo, cuando vuelve a Nazaret ya metido en su Vida Pública, le han oído una “sabiduría” y le han visto unos “milagros” que sobrepasan, no ya con mucho, sino con todo y por todo ese conocimiento cercano y directo que tenían de Él.

¿Entonces? Es muy lícito -obligado les es- que se pregunten: ¿de dónde le viene todo esto? Lo que ya no es de recibo, porque ni siquiera es la única forma de resolver su “asombro” inicial -muy “natural", por otro lado: hasta legítimo-, y que les había suscitado esa serie de interrogantes, elegir como única “salida” la tan desnortada como maligna “respuesta” con la que se quieren quedar: Y se escandalizaban a causa de Él.

Porque, además de que no les resuelve ninguna de sus “dudas", se las tragan todas. Pues, “¡que les aproveche!".

Este escándalo, que ni siquiera se queda en la categoría de “farisaico", pues es más profundo y mucho más malicioso, lo tenían resuelto, precisamente en el contraste entre lo que “conocían” de Él, y lo que le ven decir y hacer ahora; públicamente, además, y con toda intención: para darse a conocer como el Mesías prometido. Y que se les manifestaba como tal en su presencia.

Porque si conocen “todas” sus circunstancias cercanas y de años, y de repente le van decir y hacer no solo lo que está por encima de lo que le han visto y oído hasta el momento, sino lo que solo Dios puede, ¿cuál es la verdadera y lógica respuesta? Aquella a la que acude el mismo Jesús en otra ocasión: si no me creéis a Mí, creed al menos a mis obras. Lógico de toda lógica.

Como mínimo, podían haberle preguntado a Él: bien a mano lo tenían; y lo podían haber hecho con total confianza: como siempre le habían tratado, pues le conocían “de siempre". No me los imagino, ni a Él ni a sus padres en la tierra, como una familia “estirada” o “apartada” del resto. Para nada. Imposible. ¡Son la Sagrada Familia!

Pues no: en lugar de acudir a Jesús, conocido y vecino “de toda la vida", se cierran en banda… y se apartan: ¡Es que “se escandalizan de Él"! Que ya tiene mérito…

Y claro. Jesús, como no le preguntan, no les resuelve. ¿O sí? Porque no se calla tampoco; sino que acude a las Sagradas Escrituras -"el Libro", Palabra de Dios-, en las que los judíos fiaban nada más y nada menos que su Religión y su Salvación: su vida presente y futura.

De este modo, y con ellas, Jesús les dijo: “Únicamente en su Patria y en su casa desprecian a un Profeta". Porque, “a buen entendedor, con pocas palabras basta”.

Esta actitud de permanente, injusto, inmoral, ilógico, perverso y gratuito escándalo, en la Iglesia está a la orden del día. Por todas partes. En todos sus niveles y en todos sus horizontes. Con unas consecuencias demoledoras: basta abrir los ojos, y ver lo que hay pasa; no lo que uno “quiere” ver, selectivamente, negándose a la realidad. Y autoengañándose miserablemente.

Porque hoy, en la Iglesia, el escándalo es Cristo mismo. A esto se ha llegado. Si en un principio -por ejemplo, el mismo CV II y los tiempos que inauguró-, pudo ser esta o aquella otra cosa enseñada con tozudez y a contracorriente frente al mundo hasta hace cuatro días -como nos lo ha pedido el Señor-, hoy es TODO. Por tanto, es Cristo mismo: a causa de Él, nos dice expresamente el Evangelio; porque el Espíritu Santo ha querido que nos llegue dicho así.

¿Por qué? ¿Cómo se llega a esto? Por ese mismo procedimiento, absoluta y malignamente errado, que hemos visto en sus propios convecinos: escogieron el escándalo, se volvieron contra Él, y lo rechazaron. Rechazando, obligadamente y como premisa, “lo que habían visto y oído".

Hoy pasa igual, tanto en los jerarcas como en los católicos de a pie. Pero primero, y para marcar el camino, en los jerarcas. Nos escandaliza el decir y el hacer de Cristo. Y en lugar de resolver las cosas yendo a Él, nuestro Modelo, a lo que dice y hace, optamos por escudarnos en el escándalo… a causa de Él. Perdonad que lo repita.

Se rechaza la moral conyugal y la moral sexual, porque se ha enseñado y se ha animado a hacerlo así. Se administran los Sacramentos con desidia sacrílega y blasfema. Se desprecian las mismas Palabras de Cristo -se omiten, se edulcoran, se tergiversan y se cambian sin rubor alguno-, acudiendo y aceptando las propuestas mundanas; propias de una kultura sin Dios, para empezar a hablar. Se asumen compromisos inhumanos, contra y frente a los mandatos -compromisos- divinos. Y así podríamos seguir…

Pero, ¿cuáles son las consecuencias? Si ya no hay pecado…, ya no queda nada: todo es mentira en la Iglesia. Si ya no hay ni Sacramentos, sino un remedo de ellos, ya no queda nada: todo es mentira. Si se mantiene una Amoris letitia con las dos “notitas famosas", que pone todo patas arribas, ya no queda nada: todo es mentira. Si ya no hay infierno, no queda nada: todo es mentira; también el Cielo, por cierto. Si se puede obrar heréticamente, y dándole publicidad, y no pasa nada, es que no queda ya nada: es que ya no hay nadie para decir nada; y si lo hubiese, él o ellos se habrían convertido en nada. Y todo sería mentira…

Pero este modo de funcionar existe -con cientos de ejemplos que se podrían aducir para insistir en demostrarlo aún más-, porque en la Iglesia, tantísima gente se ha escandalizado de Cristo, su Dios y Señor. Que ya son ganas de escandalizarse: casi patológicas…, como mínimo. Por supuesto: blasfemas.

Lo más incongruente de todos estos es que se queden en la Iglesia…; excepto si su intención y su empreño es demolerla y arrasarla desde sus mismos cimientos; o sea: desde Cristo: la piedra que desecharon los arquitectos. Y en eso están.

Entonces, ¿de qué nos vamos a extrañar de lo que pasa, y de lo que vendrá? Y no hizo allí muchos milagros a causa de su falta de Fe. Hasta desapareció: se fue de su pueblo a Galilea, donde montó su residencia.

¡Lógico! Lo constatamos y lo sufrimos a día de hoy.

¡Piedad, Señor, hemos pecado!