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21.10.20

De la papolatría

Alejandro VI

La elevación al trono de Pedro de S.S. Alejandro VI (quien si bien fue el Papa de la providencial y felicísima donación de América al Imperio Español, tuvo algunas costumbres poco edificantes durante algún tiempo), puso a la Sierva de Dios Isabel La Católica en un aprieto. Isabel conocía bien a quien había sido antes el Cardenal español, Rodrigo de Borja; ahora como Sumo Pontífice, le merecía el mayor de los respetos y sumisión religiosa, pero como pecador, no; y no podía aprobar conductas indignas de un prelado que causasen incluso escándalo a los fieles.

Así, con motivo de haberse celebrado en los Estados Pontificios, con toda fastuosidad, las bodas de Lucrecia Borja, hija del Papa (nacida varios años antes de la asunción de éste al trono pontificio), la Reina Isabel citó al Nuncio Apostólico Mons. Francisco des Prats, a Medina del Campo, donde se encontraba la corte. Allí, con exquisita discreción (al punto que hoy se conoce esta reprimenda sólo por un informe secreto del nuncio al Papa, conservado en el Archivo Secreto Vaticano) luego de despedir a sus secretarios y ayudantes, presentó sus quejas:

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17.10.20

Los miserables infieles

 “¿Qué clase de hombres más acreedores a nuestra ayuda fraternal que los infieles, quienes, desconocedores de Dios y presa de la ceguera y de las pasiones desordenadas, yacen en la más abyecta servidumbre del demonio?” (1)… Con estas clarísimas palabras el Papa Benedicto XV hablaba de los pobres paganos, es decir, de todas aquellas personas que aun no tuvieron la gracia de escuchar la sagrada predicación de la Fe católica y recibir las aguas del Santo Bautismo.

Como enseña la Iglesia, hay tres tipos de apostolado: la Misión Ad Gentes, la Nueva Evangelización y la Atención Pastoral de los fieles. La Misión Ad Gentes es la Misión que busca la conversión de los paganos. Los paganos son todos aquellos que aun no recibieron el anuncio de la Fe. Aclaremos que el que ya recibió la Fe pero la rechazó, no es pagano sino apóstata –a ellos se dirige la llamada “Nueva Evangelización”, pero no la Misión Ad Gentes-. ¿Y cómo se llama la atención espiritual dirigida a los fieles? Esa es la “Atención Pastoral de los fieles”. Ahora bien, es muy bueno que nosotros cooperemos a fin de lograr la conversión de los paganos o infieles. Podemos cooperar, por ejemplo, rezando, dando limosna u ofreciendo penitencias y sacrificios por la conversión de los pobres paganos.

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12.10.20

¡Viva la Hispanidad!

 

Dios me dio el privilegio de haber nacido el 12 de octubre, que no es el día de la raza ni muchos menos el día del respeto a la diversidad cultural –como quieren los marxistas-, sino el Día de la Hispanidad.

La Hispanidad es un ideal épico que encierra un ideario sublime. Es un exquisito e inagotable don de Dios o, mejor, una amalgama de dones divinos. Podríamos destacar mil cosas de la Hispanidad, pero a las puertas de este nuevo aniversario de la gloriosa Conquista, destaco un aspecto de la Hispanidad, tal vez el más fascinante: ¡el Imperio! ¡Sí! ¡El Imperio!

La Hispanidad implantó y gestó el máximo Imperio Católico de toda la Historia. El Imperio Español era titánico. En él no se escondía el sol. Fue un Imperio de épica, de hazañas, de caballeros, de misiones martiriales, de quijoterías, de heroicidades y mística.

Algunos dicen que no hay que hacer una leyenda de oro de la Conquista de América. Estoy de acuerdo: la Gesta de Dios por medio de España no se puede ensalzar en términos crematísticos o monetarios sino sobrenaturales.

La Hispanidad no se apoya en el oro sino en el milagro… en los milagros de Dios. La Historia de la Hispanidad es una historia de milagros divinos y heroicidades españolas. Dios y la Virgen del Pilar quieren seguir operando esos milagros por medio de nuevos héroes de las Dos Españas. Seamos instrumentos del Cielo para que Dios y Su Madre vuelvan a hacer gestas imposibles por medio de la Hispanidad. 

La Hispanidad es la Cristiandad en Hispanoamérica, en la cual Dios fue pródigo. Podríamos citar incontables ejemplos de esta síntesis de prodigalidad divina y heroísmo hispano, pero en estas líneas nos contentaremos con uno traído a colación por el Padre Iraburu en su elogio a las Reducciones Jesuíticas en América:

“Las celebraciones religiosas eran frecuentes, y tan variadas y coloristas que apenas intentaremos describirlas, pues, al toque de las campanas, constituían un marco de vida permanente, lo mismo al levantarse que al finalizar el día, al ir al trabajo o al regresar de él, en los cantos y danzas: todo en las reducciones era vida explícitamente religiosa y cristianaEstos nuevos cristianos, dice el padre Mistrilli, confesaban con frecuencia sus pecados, y con «abundantes lágrimas. Salvo los muy jóvenes, todos son admitidos a la santa comunión, y es excepcional su devoción por la Madre de Dios, lo cual manifiestan rezando todos los días en su honor el rosario. Es admirable el fervor con que abrazan la Cruz y participan en las penas de la Santa Pasión, con castigos diversos y duros en Su honor» (102). De pocos años después de 1700 proceden los siguientes testimonios. Mathias Strobel: «apenas se puede describir la honestidad y piedad edificante sobremanera con que se presentan los indios cristianos» (146). Anton Betschon, jesuita tirolés: «Nuestros indios imitan en la vida común a los cristianos primitivos del tiempo de los apóstoles» (129; +Maxime Haubert titula el cp. VII de su libro Una imagen de la primitiva Iglesia). El Obispo de Buenos Aires, en una carta a Felipe V: «Señor, en esas populosas comunidades compuestas de indios, naturalmente inclinados a toda suerte de vicios, reina tan grande inocencia, que no creo que se cometa en ellas un solo pecado mortal»”.

 

La épica de la Hispanidad nos da materia para llenar bibliotecas enteras. Pero, parafraseando a Ximénez de Sandoval, las letras españolas necesitan nuevos temas. Hay que darle argumentos inéditos y emocionantes para las Crónicas del próximo siglo. El actual asedio comunista a la Cruz más grande del orbe es la ocasión providencial para que vuelva a brillar el espíritu épico-heroico de la Hispanidad.

 

¡Viva la Hispanidad!

¡Viva el Imperio Católico!

¡Viva Cristo Rey!

Padre Federico Highton, S.E.

29.09.20

Infiltrado en marcha comunista

Infiltrado en marcha comunista

Esperando la hora para partir a misionar al África, mientras me doy las vacunas, saco los pasajes, tramito las visas y paso unos días con mi familia, en la ciudad de Santa María de los Buenos Aires, veo pasar frente a mi casa, en plena cuarentena, una marcha comunista del Polo Obrero, que depende del “Partido Obrero”, una agrupación marxista cuyo lider más famoso fue (o es) Saúl Wermus, cuyo alias es “Jorge Altamira”. Para ubicar mejor a Wermus, aclaremos que él adhiere a la ideología de Lev Davídovich Bronstein (cuyo alias era “León Trotksi"), uno de los principales seguidores de Kissel Mordechai (conocido como “Karl Marx").

Me bastó salir al balcón para darme cuenta que más del 90 por ciento de los que marchaban no tenían la más mínima idea de cuál era el reclamo de la protesta. En su inmensa mayoría, era toda gente paupérrima sin educación, traída de los sectores más marginales del conurbano bonaerense. Salí vestido de laico y me puse a caminar con los manifestantes para preguntarles porqué estaban ahí.

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Conferencia sobre la virtud de la Caridad

«Caridad» es hoy, o una palabra desconocida o una virtud olvidada.

 

Para algunos puede ser sinónimo de «amor», «solidaridad», etc.

 ¿Qué es realmente, esta virtud, la única que se mantendrá en el Cielo y que, al final de los tiempos, «debido al aumento de la iniquidad» (Mt 24,12) se enfriará en muchos?

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