Consagraciones y Lefebvre. Un fenómeno en boga: el fanatismo “marcelinista”

Nunca intenté hacer una campaña contra el lefebvrismo (si quieren que lo llame marcelinismo, no tengo problema, pero nadie lo entenderá), pero por un deber de caridad tuve que intervenir tres veces para responder a pedidos de varios prójimos: primero hice un posteo para responder al Padre Bianchetti y luego un libro (“El error lefebvrista”) para iluminar a laicos que me pedían guía al respecto. Era un tomo ad usum privatum, esto es, un subsidio misional. Lo compartí con los que lo querían en formato PDF. El archivo se viralizó y un amigo después, con mi feliz venia, lo subió en formato Kindle en Amazon.
Como no era mi intención hacer ninguna campaña contra el marcelinismo, no publiqué ni siquiera un posteo sobre el libro y decliné pedidos de hacer una o más entrevistas al respecto. Poco después otros amigos me pidieron encarecidamente permiso para traducirlo al portugués y al italiano y, por caridad, no se los denegué.
Pasado bastante tiempo de la publicación del libro, mi buen amigo el Padre Francisco Delgado me pidió que hiciera lo posible para participar de la tertulia contra-revolucionaria de ayer (12/2/26) de la SDLV en la que se habló de este tema. No fue fácil ya que tuve que conectarme en la selva amazónica en medio de un corte de luz, pero pude lograrlo gracias a la ayuda del dentista de la aldea y de su esposa que generosamente me preparó un buen café.
Como Dios hoy y ayer mandó mal tiempo y la avioneta no pudo buscarnos, tuve algo de tiempo libre para leer comentarios del programa de la SDLV de ayer y noté algo impresionante: hay muchos vivas a la FSSPX y ningún viva a la Iglesia Católica, salvo el que hicimos con los Padres al final del programa: “¡Viva la Religión Católica!”. Ésto me parece un fenómeno grave. No es sólo un dato estadístico. ¿Por qué a nadie se le ocurrió vivar a la Iglesia Católica mientras muchos vivaban a la FSSPX?
Tengo amigos que saben hacer análisis con IA de los comentarios de los videos. Me dieron la estadística: en el video de marras, hubo 17 vivas a la FSSPX y ninguno a la Iglesia Católica. Fueron trece “¡Viva la FSSPX!” y cuatro “¡Viva la Fraternidad!”. Mientras la FSSPX fue vivada 17 veces, Cristo solo lo fue 20 veces, casi igual que la FSSPX, la cual fue más vivada que la Virgen Santísima, que solo lo fue 12 veces.
Hay algunos comentarios (nueve según IA) que vitorean a la Iglesia pero no queda claro si es a la Iglesia Católica o a un ente imaginado por ellos. Nos referimos a estos vivas: “¡Viva la Santa Iglesia Tradicional!”, “¡Viva la Iglesia de siempre!” y “¡Viva la Iglesia que no se rinde!”. En la misma línea hay otros vivas similares como “¡Viva la resistencia católica!”.
La conclusión es interesante: para muchos tradicionalistas hoy no hay que vivar a la Iglesia sino a la Fraternidad San Pío X.
Otra cosa que llama la atención es la enorme frecuencia con la que vitorean a una congregación, la FSSPX. ¿Se imaginan los miembros del Opus Dei, o los del Verbo Divino, o la Orden de Predicadores o San Elías vitoreando frecuentemente a sus comunidades? No. No lo hacen ni lo harán. Sería visto como un congregacionalismo írrito.
Una observación suplementaria al respecto es que muchas veces el “¡Viva la FSSPX!” es el único comentario que tienen para hacer cuando carecen de argumentos teoréticos para responder las objeciones.
La lectura de comentarios me sirvió para descubrir otros fenómenos más, de los cuales menciono tres.
Primero, hay tradicionalistas que no entienden nada de nada, como el de una persona que me objetó el hecho de que yo haya dicho que la Última Cena fue la Primera Misa (a este tradicionalista mi afirmación le pareció protestante). En la misma línea, me dejó estupefacto leer estas expresiones en dos comentarios:
- “viva la única iglesia cristiana católica tridentina”;
- “Tienen que consagrar si quieren subsistir…y para …la defensa de la iglesia católica apostólica romana tradicional”. Este comentario hecho por María Del Campo Pinero López tiene 18 likes. ¿Se dan cuenta que hay tradicionalistas que se están inventando, aunque más no sea en su cabeza, una Iglesia paralela? ¿Qué cuernos es la “iglesia católica apostólica romana tradicional”? Ni hablemos de la “iglesia tridentina”. Ya que estamos, ¿por qué no hablamos de la “iglesia lateranense” haciendo alusión al IV Concilio de Letrán?
Segundo, me llamó la atención el tremendo complejo de víctimas que tienen muchos seguidores de la FSSPX. En esto se parecen a los wokes, que se la pasan quejándose de la persecución autopercibida (real o aparente) y denunciando “discurso de odio” (hate speech) a los que refutan sus errores. En concreto, muchos de los comentarios dicen que me movió el odio, esto es, me acusan de “hate speech”. ¿Se dan cuenta de que en ésto caen en la misma dinámica de los wokes? ¿Dónde está este victimismo en el Evangelio? Por otra parte es un victimismo anti-discurso-de-odio muy paradójico y contradictorio ya que ellos mismos no tienen problema cuando el “discurso de odio” fue proferido por Mons. Marcel Lefebvre, que, por poner un ejemplo, llegó a decir que “la Cátedra de Pedro y los puestos de autoridad de Roma [están] ocupados por anticristos” (Carta a los futuros obispos, 29/VIII/87).
Tercero me llama enormemente la atención el sentimentalismo de muchos de los seguidores de la FSSPX, entendiendo por ésto aquella actitud que reacciona ante objeciones intelectuales de modo puramente pasional, esto es, sensible y por tanto sentimentaloide y no con argumentos racionales. Es una gran carencia de logos que hay en muchos. Llama la atención. A este respecto merece una mención especial las reacciones de muchos ante el posteo de hoy de QNTLC intitulado “Para la FSSPX, a veces, la nulidad matrimonial dada por la Iglesia Católica sería inválida” (https://www.infocatolica.com/blog/notelacuenten.php/2602130310-para-la-fsspx-a-veces-la-nuli) en el que pega la foto de una pseudo-sentencia de nulidad (hecha por la FSSPX) de una sentencia de declaración de una nulidad matrimonial (hecha por la Iglesia). Es un caso escandaloso. Es un hecho que implica una sustitución de la Autoridad Eclesiástica y un acto que tiende de suyo a la fundación fáctica de una secta cismática






