Al que tiene se le dará y tendrá de sobra

Dios otorga dones a todos los seres humanos, tanto en general (por ejemplo el libre albedrío) como en particular (la capacidad de crear bellas melodías o de diseñar redes informáticas).Estos dones que recibimos son los que permiten que el ser humano pueda habitar con éxito cualquier lugar del planeta e incluso quizá pueda ocurrir fuera de él.
La historia del joven William, es la de tantos otros niños africanos. Nace y vive en un país con aparentes dificultades insalvables. Un clima hostil, con sequía o inundaciones imprevisibles, una sociedad bastante menos desarrollada que la occidental en el plano material, un sistema sanitario y educativo muy deficiente y un cierto fatalismo imperante.

¡Cuántas veces habré escuchado decir a algunos padres lo bien que están llevando los hijos la separación de los padres! Oigo el mantra de que los niños enseguida pasan página, se acostumbran y se hacen a la nueva situación. Que sus cerebros están en constante evolución y que los traumas no arraigan… A mí me recuerda el cerebro de un niño al cemento fresco, donde se puede escribir lo que se quiera, se puede borrar y sobrescribir cuanto se quiera, pero que una vez endurecido queda fijado para siempre. Pretender que el cerebro infantil, por estar en desarrollo no guarda recuerdo y cicatrices de los dolores infringidos es sostener algo sin base alguna.






