Uno llega en Francia, en España ha nacido un aspirante
Las diferencias entre un partido en Francia y otro en España son pocas. En el campo de la economía están para gastar sin límites y arruinar los países dejando pobreza y miseria por doquier.
En la faceta de la ingeniería social son unos consumados maestros. Van abriendo, como ellos dicen, derechos sociales, que insertan en la sociedad, sin que el partido siguiente, en el gobierno nacional, se atreva a tocar una coma de esas leyes tan infames contra la dignidad humana y cristiana.
La aureola del “misticismo socialista” nadie la toca cuando abandonan el poder. Francia se había quedado unos pasos atrás en relación con España. A partir de ahora tendrán matrimonio homosexual de primer plato, eutanasia de segundo y alguna droga de postre. Es un menú de la casa socialista común a un lado y otro de los Pirineos.
Los obispos franceses “han bendecido” al recién elegido presidente. Estos pastores cuentan con una ventaja muy grande: conocen que el laicismo es la religión oficial de la república desde hace decenios. La persecuciones cruentas a la Iglesia gala no existen hoy. Y las incruentas tampoco. Las relaciones son de mutuo respeto.
En España ha nacido una estrella. Es el nuevo secretario general de las juventudes socialistas. Un asturiano, colocado, ya en el parlamento de su región.




