Las píldoras de las monjas son los dulces navideños
Algunos creen que las monjas son tontas, tanto las de vida activa o contemplativa, o están ancladas en siglos pasados. La que han montado los australianos pidiendo al Papa que conceda permiso a las monjas a que tomen la píldora que les pueda evitar padecer un cáncer en determinadas partes de su cuerpo.
Las religiosas de hoy son mujeres que pisan el suelo en todos los sentidos del término. Acuden a la medicina para todo lo que necesiten tanto para prevenir como para curarse todas las dolencias que padezcan. Por lo tanto, la iniciativa australiana llega tarde y mal. Todas las monjas están por delante de esa petición al Papa.
Una prueba de que no hay una monja tonta es la unión que han realizado para la venta de los productos celestiales al paladar que en muchos monasterios y conventos elaboran con motivo de las inmediatas fechas navideñas que son una fuente de ingresos económicos y un servicio a las mesas de la gente que compra las glorias monásticas.










