Entre prudentes y necios anda el juego
El evangelio de este domingo nos habla de las doncellas necias y de las prudentes. Las primeras acudieron a esperar al esposo sin aceite suficiente en las alcuzas. Las prudentes sí llevaron el necesario. Cuando llega el novio las prudentes entraron al banquete de bodas. Las necias se quedaron dando porrazos en la puerta y desde dentro nadie las conocía.
Hemos vivido casi ocho años con necios. Hemos sido gobernados por necios. La mediocridad se ha convertido en la reina de todas las instituciones humanas y hasta cristianas. Los prudentes han optado por vivir escondidos o, si han salido al palenque del debate social han sido tachados de retrógrados y han pillado algún tajo en la cara cuando los aceros han salido de sus fundas.
Nuestros obispos, en sentido solitario y diocesano, han optado por encerrarse en una penosa prudencia, buscando congraciarse con los necios mandamases, quienes les han puesto una cara por delante y otra diversa por detrás.




