La gloria y la muerte en Roma
La ciudad de Roma, eterna capital de la cristiandad, vivió ayer otra página gloriosa de su historia. Todo salió como estaba previsto en el guión de las ceremonias importantes de la Iglesia Católica. Benedicto XVI tuvo una homilía preciosa, profunda, fraternal, teológica, litúrgica, bíblica y literariamente exquisita. El Beato Juan Pablo II estará alegre por la multitud de fieles presentes en la plaza de San Pedro y por los millones que lo han seguido por televisión.
Pero la ciudad de Roma, no sería la Roma milenaria, si no ocurriera lo que pasó: la defunción repentina del cardenal emérito de Valencia, don Agustín García Gasco. Ya han empezado los rumores en los digitales de siempre sembrando sospechas peliculeras y de mala novela negra sobre esta triste e inesperada muerte.




