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30.05.10

Los contemplativos: el Valle de los Caídos

Artículo publicado hoy en el Diario Ideal, edición de Jaén, página 29

A la altura de la solemnidad de la fiesta de la Santísima Trinidad
que es hoy, la Iglesia en España se acuerda de unas personas, más
mujeres que hombres, que fueron llamados por Dios a seguirle dentro del
claustro de un monasterio. Son los monjes y monjas de clausura o de
vida contemplativa, quienes con su trabajo y oración buscan a Dios, su
propia santidad y rezan por el resto de las personas que estamos fuera
de los muros de su convento.

Es cierto que las vocaciones a esta vida religiosa no son numerosas
en estos tiempos. Aunque sí existen monasterios que se mantienen en un
nivel realmente positivo. Estoy siguiendo, durante los últimos meses,
la vida de los monjes benedictinos de una comunidad concreta.

Estos hijos de San Benito, que fue su fundador, siguen la conocida
Regla resumida en la siguiente sentencia: Ora et labora. Disponen el
horario del día distribuido en tres tramos: ocho horas para trabajar
en su estudio y vida intelectual; ocho horas para su encuentro don Dios
en la oración y en el rezo del Oficio Divino; y las últimas para el
descanso del cuerpo y del alma.

El santo patrono de Europa, San Benito les pide a sus hijos que se
consagren a Dios con los votos de pobreza, castidad y obediencia. Les
suma un cuarto voto: la stabilitas loci, es decir, la permanencia en el
lugar, la estabilidad en el monasterio en el que vivan hasta el final
de sus días.

De esta manera, vive la comunidad benedictina a la que me refiero
desde hace cincuenta años que crearon el monasterio o abadía. Han
contribuido a mantener una escolanía muy famosa por sus voces blancas
que han cantado en la liturgia monástica y han grabado discos de canto
gregoriano.

Además, poseen dentro una rica biblioteca que se ha ido actualizando
progresivamente, sobre todo con las propias publicaciones, que los
religiosos han escrito, tras horas de investigación en archivos de
facultades de Teología, de Historia y Liturgia. Muchos de ellos son
profesores invitados a impartir cursos en diversas universidades de
España y de fuera, donde se los rifan por su profundo saber y
conocimiento de su propia especialidad intelectual dentro del
pensamiento cristiano.

Esta comunidad monástica es un lugar a donde acuden muchos cristianos
buscando a través de la dirección espiritual llenar sus vidas de la
gracia de Dios por la recepción del sacramento de la Penitencia y por
la participación en la Eucaristía tomando el Cuerpo y la Sangre del
Señor. Otros han acudido solamente a visitar aquel lugar por su
historia y su arte moderno. Medio millón de visitantes han llegado
anualmente.

De pronto, alguien de la cúpula del poder ha decidido poner una
entrada a cuentagotas a la Abadía Benedictina de la Santa Cruz del
Valle de los Caídos, justificando unas reparaciones en la Piedad que
corona la entrada a la Iglesia. Y en esas estamos a fecha de hoy. Los
monjes de allí siguen rezando a Dios por todos, a pesar de todo.

Tomás de la Torre Lendínez

De la prensa a la música coral en el Sacromonte

En el marco de los actos organizados con motivo del IV Centenario de la Fundación de la Abadía del Sacromonte, de Granada hoy domingo 30 de mayo tendrá lugar un concierto de música sacra en la Abadía del Sacromonte, titulado “Espiritualidad sacromontana”.

El Coro litúrgico de la Abadía del Sacromonte, que dirige el sacerdote diocesano y canónigo D. Jesús Blanco Zuloaga, será el encargado de ofrecer este concierto, que tendrá lugar a las 12:30 horas, en la Iglesia Colegiata, tras la Eucaristía. La entrada es libre.

D. Jesús Blanco introducirá cada pieza musical con una explicación. El programa musical comprende: “Gaudeamus omnes” (gregoriano), Himno Laudes San Cecilio” y “María Magdalena” (J. Blanco), “Ave María” (Victoria), “Ecce panis” (J. A García), “O salutaris” (Ruiz Aznar), “Envía tu Espíritu” (A. Peinado), “Cielos lloved” (L. Deiss), “Cómo podría…” (con letra de F.R. Ratia y música de J. Blanco), “Un prodigio, pastores” (anónimo), “Miserere” (Otaño) y “Subir al Sacromonte” (con letra de A. Pérez Casanova y música de A. Peinado).

Hace unas semanas, aquí en El Olivo, dejé escrito que el señor Blanco Zuloaga era uno de mis maestros. En aquella fecha presentaba un libro con sus últimos artículos de prensa, a la que abandonaba por motivos de una afección ocular.

Hoy, es noticia porque hace la introducción a cada pieza musical del concierto de esta mañana en la abadía sacromontana. Admiro mucho a los curas que trabajan hasta el último suspiro. Son curas todoterreno. Se les cierra una puerta y abren otras tantas para seguir con las manos puestas en el arado sin poner la vista atrás, sin rendirse ante ninguna dificultad.

El sentido clásico de su formación le lleva a don Jesús Blanco a encontrar, ahora en la música y sus comentarios, el servicio pastoral e intelectual que lleva dentro.

Esperemos que el acto sea un éxito musical, pastoral y espiritual.

Tomás de la Torre Lendínez