Fanatismo y secretismo en la Iglesia
Amigos comentaristas, amigos por la calle, amigos por correo electrónico, me han indicado sus opiniones sobre el contenido del artículo que dejé en este blog el domingo pasado sobre la dosis de fanatismo que existe en el interior de la Iglesia.
Ahora trato de contestar y profundizar más.
Llamo “fanatismo” al “secretismo” con el que muchas personas que están encuadradas en movimientos laicales se esconden por motivos que solamente ellos saben.
Llamo “fanatismo” al “secretismo” en la forma de actuar de equis personas que nunca se presentan como miembros de tal o cual grupo; sino que se tapan, se esconden, o no son sinceros al presentarse en público o en privado.
Llamo “fanatismo” al “secretismo” con el que engañan, pretenden hacerlo y a veces lo consiguen con algunos incautos que van por lana y salen trasquilados.
Llamo “fanatismo” al “secretismo” con el que, siempre, miran a los demás como “pobrecitos” porque no están con “nosotros” para encontrar la salvación.
Llamo “fanatismo” al “secretismo” con el que muchos de esos adscritos a equis movimientos laicales se autoproclaman como los “puros” y los demás somos unos “impuros” que no pasamos el umbral de la “santidad".

Llamo “fanatismo” a todo aquel que no se identifica como cristiano desde el primer momento en que entramos en diálogo.
Para mí no son fanáticos, porque ejemplo, los que piden entrar en la clase de Religión identificándose desde el primer momento: campaña de Domund, campaña de Cáritas con motivo de Navidad, campaña contra el hambre en el mundo, campaña en favor del Seminario, cofradía tal o cual que me da un cartel informativo de sus actos….
Para mí no son fanáticos los cristianos que se presentan como tales y si tienen una pertenencia a cualquier grupo cristiano lo dicen con sencillez a tirios y troyanos, a cercanos y lejanos.
La verdad siempre convence; el ocultamiento es doblez y fariseismo.
Tomás de la Torre Lendínez










