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27.12.08

Los laicistas medrosos (II) y una gran luz

Acabo de darme una vuelta por la plaza de Colón, en Madrid. Todo está en perfectas condiciones, tal como los organizadores del acto de mañana han previsto hasta el milímetro. He leido algunos digitales que están dirigidos por laicistas conversos, procedentes de otras organizaciones, y braman contra el acto de mañana. ¿A qué le temen?. ¿A quienes temen?.

Uno, muy especial, que posee dos doctorados, afirma que prefiere una Iglesia menos chula y prepotente. Y expresa su anhelo de una Iglesia que debería situarse en el paisaje y confundirse con él, y afirma que no se encuentra a gusto con una Iglesia tan vociferante. Concede a la Iglesia poder, como colectivo, a proclamar en la calle lo que quiera, pero que el gobierno contra el que van seguirá financiando a la Iglesia(sic).

En el diario ABC, el gran teologo Olegario González de Cardedal, bajo el título, La religion ¿invisible?, nos pone una cimentación teológica del acto de mañana en Colón de forma magistral. El profesor emérito de Salamanca termina su artículo con lo siguiente:

“La religión es el grito y susurro, nunca agotados en la historia de la humanidad, que rompen la soledad y las cerraduras del mundo. El cristianismo es la confesión de un mundo abierto a la esperanza porque previamente el Creador se nos ha abierto a nosotros, creándonos ojos nuevos para reconocerle Encarnado. Hacer silencio sobre esa historia de gracia y recluirnos en nuestros límites mortales es cercenar la mejor posibilidad humana: ver al Invisible, extendernos hasta el Infinito, vivir de una esperanza última que se revela matriz fecunda de esperanzas, creaciones y credenciales temporales. Los cristianos no pueden sucumbir ni a la provocación ni al silencio.

Al Dios que se nos ha hecho visible en la encarnación, los creyentes le trasparentan visible mediante actos explícitamente confesantes en sus celebraciones e instituciones propias, mediante las expresiones públicas y mediante el testimonio personal. A través de esas tres formas le hacen perceptible, inteligible y creíble. No le podemos callar, ocultar ni trasmutar, porque Dios es mucho más que ética o cultura; y no es reducible a ellas. Cada una de esas visibilizaciones de Dios tiene su lugar, lenguaje y signos apropiados, que no son intercambiables. Discernir y ejercitar los signos propios de esa visibilidad, haciendo justicia a la confesión cristiana a la vez que al ordenamiento jurídico y a la realidad social es un doble imperativo: tanto del cristiano y de la Iglesia para ejercitarlo como del Estado para reconocerlo. Con asombro y ternura estuvo Dios entre los hombres: con asombro y ternura podemos estar los hombres ante Dios. Ese es el último fundamento de la gloria y alegría de los mortales.”

Ante tales pensamientos, me quedo con Olegario. Los demás han escrito las rabietas propias de niños laicistas, bien alimentados y mejor ahormados por el laicismo rampante y beligerante.

Mañana, Dios mediante, contaremos el acto de la misa por la familia en este Madrid, capital de España todavía. En El Olivo nos encontraremos.

Tomás de la Torre Lendínez

Los laicistas tienen miedo

No hace falta nada más que leer los comentarios que nos dejan estampados en los diversos blogs. Los laicistas tienen miedo. Están asustados. Son unos cobardes. La misa de la familia de mañana en Madrid les ha vuelto a poner muy nerviosos.

Primero, los laicistas intentaron dividir a los obispos entre los que van y los que no van. Anoche pude hablar con uno que no irá, porque su jefe natural en la región nacionalista, les ha recomendado mantenerse en la diócesis. Está obedeciendo por miedo a males mayores. Lo reconoció claramente. Y como éste existe una cantidad respetable.

En segundo lugar, los laicistas han lanzado a todos sus medios de comunicación a escupir bilis en la cara de la Iglesia, como hacía ayer el diario Público, públicamente en su primera página.

En tercer lugar, los laicistas están frotándose las manos, porque el tiempo meteorológico está siendo adverso con nieves, granizadas, lluvia y frio. Confían que mañana en Madrid caigan chuzos de punta y la gente se quede en sus casas por comodidad y temor a pillarse una gripe de muchos bemoles.

En cuarto lugar, a los laicistas les molesta una inmensidad que los católicos ocupemos la via pública y participemos en una Eucaristía al aire libre. Esto lo consideran una demostración de fuerza contra…..Los católicos no vamos contra nadie, ni estamos frutrados, ni somos unos borregos, ni unos retablos, ni unos carrozones. Somos los hijos de Dios que ejercen su libertad de celebrar una Eucaristía en el centro de Madrid para pedir por la familia cristiana, y nada más.

En quinto lugar, los laicistas desearían que estuvieramos recluidos en los templos, o en los salones parroquiales, o en las sacristías, como ocurre en el lugar donde escribo este artículo, que es una balsa de aceite rancio o un charco amarillo, que tapa todo para que los laicistas sean felices y coman perdices.

En sexto lugar, los laicistas tienen preparadas sus afiladas maniobras en sus propios medios de comunicación para que, a partir de mañana al acabar la misa en Madrid, se diga que fue un fracaso…que hubo alusiones contra….que habia banderas de…..que se cantó no sé que…..que el más joven de los presentes tenía noventa años……

A pesar de todo esto, señores laicistas, un servidor estará, Dios mediante, mañana en Madrid, aunque a ustedes les pese y no les guste. Pero todavia soy libre y vivo en libertad mi religión católica, aunque ustedes sigan rechinándose los dientes. Ese es su problema.

Ya les contaré, en El Olivo, mi testimonio del acto eucaristico de Madrid, que siempre será más verdadero que el de sus cronistas que escriben a sueldo de ustedes. Yo escribo y oigo mi religión en libertad.

Tomas de la Torre Lendínez